{"id":11414,"date":"2024-01-30T15:40:42","date_gmt":"2024-01-30T15:40:42","guid":{"rendered":"https:\/\/www.korespa.com\/en\/?p=11414"},"modified":"2024-08-27T15:07:57","modified_gmt":"2024-08-27T15:07:57","slug":"la-isla-del-tesoro-por-robert-louis-stevenson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.korespa.com\/en\/la-isla-del-tesoro-por-robert-louis-stevenson\/","title":{"rendered":"La isla del tesoro por Robert Louis Stevenson"},"content":{"rendered":"<p><em>This is the Spanish version of the <span class=\"\"><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/La_isla_del_tesoro_(novela)\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Treasure Island <\/a><\/span>del escritor Robert Louis Stevenson. and although this is the English version of Korespa we do not lose sight of the fact that the reason for Korespa is the world of Spanish, that is why we show this version of the book here.<\/em><\/p>\n<p><em>This is a public domain book which for us means that it is free for you to read at no cost to you and that way Korespa shares it for you to use.<\/em><\/p>\n<h1><span style=\"font-size: 14pt;\">PARTE I. EL VIEJO FILIBUSTERO<\/span><\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO I. EL VIEJO LOBO MARINO EN LA POSADA DEL \u201cALMIRANTE BENBOW\u201d<\/h2>\n<p>IMPOSIBLE me ha sido rehusarme \u00e1 las repetidas instancias que el Caballero Trelawney, el Doctor Livesey y otros muchos se\u00f1ores me han hecho para que escribiese la historia circunstanciada y completa de la Isla del Tesoro. Voy, pues, \u00e1 poner manos \u00e1 la obra cont\u00e1ndolo todo, desde el <em>alfa<\/em> hasta el <em>omega<\/em>, sin dejarme cosa alguna en el tintero, exceptuando la determinaci\u00f3n geogr\u00e1fica de la isla, y esto tan solamente porque tengo por seguro que en ella existe todav\u00eda un tesoro no descubierto. Tomo la pluma en el a\u00f1o de gracia de 17\u2014y retrocedo hasta la \u00e9poca en que mi padre ten\u00eda a\u00fan la posada del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>,\u201d y hasta el d\u00eda en que por primera vez lleg\u00f3 \u00e1 alojarse en ella aquel viejo marino de tez bronceada y curtida por los elementos, con su grande y visible cicatriz.<\/p>\n<p>Todav\u00eda lo recuerdo como si aquello hubiera sucedido ayer: lleg\u00f3 \u00e1 las puertas de la posada estudiando su aspecto, afanosa y atentamente, seguido por su maleta que alguien conduc\u00eda tras \u00e9l en una carretilla de mano. Era un hombre alto, fuerte, pesado, con un moreno pronunciado, color de avellana. Su trenza \u00f3 coleta alquitranada le ca\u00eda sobre los hombros de su nada limpia blusa marina. Sus manos callosas, destrozadas y llenas de cicatrices ense\u00f1aban las extremidades de unas u\u00f1as rotas y negruzcas. Y su rostro moreno llevaba en una mejilla aquella gran cicatriz de sable, sucia y de un color blanquizco, l\u00edvido y repugnante. Todav\u00eda lo recuerdo, paseando su mirada investigadora en torno del cobertizo, silbando mientras examinaba y prorrumpiendo, en seguida, en aquella antigua canci\u00f3n marina que tan \u00e1 menudo le o\u00ed cantar despu\u00e9s:<\/p>\n<p>\u201c<em>Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto Son quince \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! son quince \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>con una voz de viejo, temblorosa, alta, que parec\u00eda haberse formado y roto en las barras del cabrestante. Cuando pareci\u00f3 satisfecho de su examen llam\u00f3 \u00e1 la puerta con un peque\u00f1o bast\u00f3n, especie de espeque que llevaba en la mano, y cuando acudi\u00f3 mi padre, le pidi\u00f3 bruscamente un vaso de rom. Despu\u00e9s que se le hubo servido lo sabore\u00f3 lenta y pausadamente, como un antiguo catador, palade\u00e1ndolo con delicia y sin cesar de recorrer alternativamente con la mirada, ora las rocas, ora la ense\u00f1a de la posada.<\/p>\n<p>\u2014Esta es una caleta de buen fondo\u2014dijo en su jerga marina\u2014y al mismo tiempo una taberna muy bien situada. \u00bfMucha clientela, patr\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014N\u00f3, le respondi\u00f3 mi padre, bastante poca, lo cual es tanto m\u00e1s sensible.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, dijo \u00e9l, entonces este es el camarote que yo necesito. Hola, t\u00fa, grumete, le grit\u00f3 al hombre que rodaba la carretilla en que ven\u00eda su gran cofre de \u00e1 bordo, trae ac\u00e1 esa maleta y s\u00fabela. Pienso fondear aqu\u00ed un poco. Y luego prosigui\u00f3:\u2014Yo soy un hombre bastante llano; todo lo que yo necesito es rom, huevos y tocino y aquella altura que se v\u00e9 all\u00ed para estar \u00e1 la mira de las embarcaciones. \u00bfQuieren Vds. saber c\u00f3mo han de llamarme? ll\u00e1menme Capit\u00e1n. \u00a1Oh! \u00a1ya s\u00e9 lo que van \u00e1 pedirme! Al decir esto arroj\u00f3 tres \u00f3 cuatro monedas de oro en el umbral y a\u00f1adi\u00f3 con un tono de altivez y una mirada tan orgullosa como de un verdadero Capit\u00e1n:\u2014\u00a1Avisarme cuando se acabe eso!<\/p>\n<p>Y la verdad es que, aunque su pobre traje no predispon\u00eda en su favor, ni menos a\u00fan su lenguaje tosco, no ten\u00eda absolutamente el aspecto de un tramposo, sino que parec\u00eda m\u00e1s bien un marino, un maestro de embarcaci\u00f3n acostumbrado \u00e1 que se le obedezca como \u00e1 Capit\u00e1n. El muchacho que tra\u00eda la carretilla nos refiri\u00f3 que la posta \u00f3 coche del correo lo hab\u00eda dejado la v\u00edspera por la ma\u00f1ana en la posada del \u201c<em>Royal George<\/em>,\u201d que all\u00ed se inform\u00f3 qu\u00e9 albergues hab\u00eda \u00e1 lo largo de la costa, y que habiendo o\u00eddo buenos informes probablemente acerca del nuestro, y habi\u00e9ndosele descrito como muy poco concurrido, lo hab\u00eda elegido de preferencia \u00e1 todos los dem\u00e1s para su residencia. Eso fu\u00e9 todo lo que pudimos averiguar acerca de nuestro hu\u00e9sped.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n era habitualmente un hombre de muy pocas palabras. Todo el d\u00eda se lo pasaba, ya vagando \u00e1 orillas de la caleta, \u00f3 ya encima de las rocas, con un largo telescopio \u00f3 anteojo marino. Por las noches se acomodaba en un rinc\u00f3n de la sala, cerca del fuego y se consagraba \u00e1 beber rom y agua con todas sus fuerzas. Las m\u00e1s veces no quer\u00eda contestar cuando se le hablaba: content\u00e1base con arrojar sobre el que le dirij\u00eda la palabra una r\u00e1pida y altiva mirada, y con dejar escapar de su nariz un resoplido que formaba en la atm\u00f3sfera, cerca de su cara, una curva de vapor espeso. Los de la casa y nuestros amigos y clientes ordinarios pronto concluimos por no hacerle caso. D\u00eda por d\u00eda, cuando llegaba \u00e1 la posada, de vuelta de sus vagabundas excursiones, preguntaba invariablemente si no se hab\u00eda visto algunos marineros atravesar por el camino. Al principio nos pareci\u00f3 que la falta de camaradas que le hiciesen compa\u00f1\u00eda era lo que le obligaba \u00e1 hacer esa constante pregunta; pero muy luego vimos que lo que \u00e9l procuraba m\u00e1s bien era evitarlos. Cuando alg\u00fan marinero se deten\u00eda en la posada, como lo hac\u00edan entonces y lo hacen a\u00fan los que siguen el camino de la costa para Br\u00edstol, el Capit\u00e1n lo examinaba al trav\u00e9s de las cortinas de la puerta, antes de entrar \u00e1 la sala, y ya se sab\u00eda que, cuando tal concurrente se presentaba, \u00e9l permanec\u00eda invariablemente mudo como una carpa.<\/p>\n<p>Para m\u00ed, sin embargo, no hab\u00eda mucho de misterio ni de secreto en sus alarmas, en las cuales ten\u00eda yo cierta participaci\u00f3n. Un d\u00eda me hab\u00eda llamado aparte y sigilosamente me hab\u00eda prometido darme una pieza de cuatro peniques el d\u00eda primero de cada mes con la sola condici\u00f3n de que estuviese alerta, y le avisara, en el momento mismo en que descubriera, la aparici\u00f3n de un \u201cmarino con una sola pierna.\u201d Con frecuencia, sin embargo, cuando el d\u00eda primero del mes iba yo \u00e1 reclamar mi salario prometido, no me daba m\u00e1s respuesta que su habitual y formidable resoplido de la nariz y clavar sus ojos airados en los m\u00edos, oblig\u00e1ndome \u00e1 bajarlos; pero antes de que se hubiera pasado una semana, ya estaba yo seguro de que su parecer habr\u00eda cambiado y lo ve\u00eda, en efecto, venir \u00e1 m\u00ed tray\u00e9ndome espont\u00e1neamente mi moneda de cuatro peniques, no sin reiterarme sus \u00f3rdenes de estar alerta para avisarle la aparici\u00f3n de aquel \u201cmarino con una sola pierna.\u201d<\/p>\n<p>Imposible me ser\u00eda contar hasta qu\u00e9 punto ese esperado personaje turbaba y entristec\u00eda mis sue\u00f1os. En las noches tempestuosas, cuando el viento hac\u00eda estremecer los cuatro \u00e1ngulos de nuestra casa y cuando la marea bramaba despedazando sus olas \u00e1 lo largo de la caleta y sobre los abruptos riscos, yo le ve\u00eda aparec\u00e9rseme en sue\u00f1os en mil formas diversas y con mil expresiones diab\u00f3licas. Ya era la pierna cortada hasta la rodilla, ya desarticulada desde la cadera; ya se me aparec\u00eda como una especie de criatura monstruosa que jam\u00e1s hab\u00eda tenido sino una sola pierna, y \u00e9sa de forma indescriptible. Otras ocasiones lo ve\u00eda saltar y correr y perseguirme por zanjas y vallados, lo cual constitu\u00eda, por cierto, la peor de todas mis pesadillas. Hay que convenir, pues, en que pagaba yo bien cara mi pobre soldada mensual de cuatro peniques, con aquellas visiones abominables.<\/p>\n<p>Pero si bien es cierto que tal era mi terror \u00e1 prop\u00f3sito del marino de una pierna, tambi\u00e9n es verdad que, por lo que respecta al Capit\u00e1n mismo, le ten\u00eda yo mucho menos miedo que cualquiera de los que lo conoc\u00edan. Hab\u00eda algunas noches en que se permit\u00eda tomar mucho m\u00e1s rom del que pod\u00eda razonablemente tolerar su cabeza. Entonces se le ve\u00eda sentarse y entonar sus perversas y salvajes viejas c\u00e1ntigas marinas de que ya nadie hac\u00eda caso. Pero \u00e1 veces le ocurr\u00eda pedir vasos para todos y forzaba \u00e1 su t\u00edmido y tr\u00e9mulo auditorio \u00e1 escuchar sus patibularias historias \u00f3 \u00e1 formar un coro \u00e1 sus siniestras canciones. Con frecuencia o\u00eda yo \u00e1 la casa entera estremecerse con aquel estribillo:<\/p>\n<p>\u201c<em>El diablo \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! el diablo \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>en el que todos los vecinos se le un\u00edan por amor \u00e1 sus vidas, con el temor de que aquel ogro les diese la muerte, y cada cual procurando levantar la voz m\u00e1s que el compa\u00f1ero de al lado, \u00e1 fin de no llamar la atenci\u00f3n por su negligencia, porque en aquellos accesos el Capit\u00e1n era el compa\u00f1ero m\u00e1s intolerante y arrebatado que se ha conocido. \u00c1 veces golpeaba bruscamente con su callosa mano sobre la mesa para imponer silencio absoluto \u00e1 los circunstantes; otras, se dejaba arrebatar \u00e1 un \u00edmpetu de c\u00f3lera salvaje \u00e1 la menor pregunta y en otras le produc\u00eda el mismo efecto el que ninguna se le dirijiese, porque dec\u00eda que la concurrencia no estaba atendiendo \u00e1 su narraci\u00f3n. Por ning\u00fan motivo hubiera \u00e9l consentido en que alma nacida abandonase la posada hasta que, sinti\u00e9ndose ya completamente ebrio y so\u00f1oliento \u00e9l mismo, se iba tambaleando \u00e1 tirarse sobre su cama.<\/p>\n<p>Sus cuentos y narraciones era lo que \u00e1 las gentes espantaba m\u00e1s que todo. Horribles historias eran, por cierto; historias de ahorcados, castigos b\u00e1rbaros como el llamado \u201c<em>paseo de la tabla<\/em>\u201d y temerosas tempestades en el mar y en el Paso de Tortugas\u2014y salvajes haza\u00f1as y abruptos parajes en el Mar Caribe y costa firme. Seg\u00fan sus narraciones debi\u00f3 pasar su vida entera entre los hombres m\u00e1s perversos que Dios ha permitido que crucen sobre los mares; y el lenguaje que usaba para contar todas sus historias disgustaba \u00e1 aquel sencillo auditorio de campesinos, casi tanto como los cr\u00edmenes espantosos que describ\u00eda con \u00e9l. Mi padre siempre estaba diciendo que la posada concluir\u00eda por arruinarse, porque las gentes pronto dejar\u00edan de concurrir \u00e1 ella para que se las tiranizase all\u00ed, y se las asustara y se las mandara \u00e1 acostar horripiladas y estremeci\u00e9ndose; pero yo creo que, al contrario su presencia no dej\u00f3 de sernos de alg\u00fan provecho. Las gentes comenzaron por tenerle un miedo atroz pero \u00e1 poco, seg\u00fan hoy puedo recordarlo, ya empezaban \u00e1 gustar de \u00e9l. Porque, \u00e1 la verdad, el Capit\u00e1n era una fuente de valiosas emociones, enmedio de aquella quieta y sosegada vida del campo. Algunos de los m\u00e1s j\u00f3venes de nuestros vecinos no le escatimaban ya ni su misma admiraci\u00f3n, llam\u00e1ndole un verdadero lobo marino, un tibur\u00f3n leg\u00edtimo y otros nombres parecidos, agregando que hombres de su ralea son precisamente los que hacen que el nombre de Inglaterra sea temido y respetado sobre el oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n, en cierto modo no dejaba de llevarnos bonitamente hacia la ruina; porque su permanencia se prolongaba en nuestra casa semana tras semana, y despu\u00e9s un mes tras de otro, de tal manera que ya las monedas de oro aquellas hab\u00edan sido m\u00e1s que devengadas, sin que mi padre se hiciese el \u00e1nimo de insistir demasiado en que renovase la exhibici\u00f3n. Si alguna vez se permit\u00eda indicar algo, el Capit\u00e1n resoplaba por el fuelle de su nariz de una manera tan formidable que casi se pudiera decir que bramaba y con su feroz mirada arrojaba \u00e1 mi pobre padre fuera de la habitaci\u00f3n. Yo lo v\u00ed, con frecuencia, despu\u00e9s de tales repulsas, retorcerse los manos desesperadamente y tengo la certeza de que, el fastidio y el terror que se divid\u00edan su existencia contribuyeron grandemente \u00e1 acelerar su anticipada \u00e9 infeliz muerte.<\/p>\n<p>En todo el tiempo que vivi\u00f3 con nosotros el Capit\u00e1n no hizo el menor cambio en su traje, sino fu\u00e9 el comprarse algunos pares de medias, aprovechando el paso casual de un buhonero. Habi\u00e9ndosele ca\u00eddo una de las alas de su sombrero, no se ocup\u00f3 de reducir \u00e1 su lugar primitivo aquel colgajo que era para \u00e9l una gran molestia, sobre todo, cuando hac\u00eda viento. Me acuerdo todav\u00eda de la miserable apariencia de su jub\u00f3n que remendaba, \u00e9l en persona, arriba en su habitaci\u00f3n y que, antes de su muerte, no era ya otra cosa m\u00e1s que remiendos. Jam\u00e1s escribi\u00f3 ni recib\u00eda carta alguna, ni se dignaba hablar \u00e1 nadie que no fuese de los vecinos que \u00e9l conoc\u00eda por tales, y aun \u00e1 \u00e9stos hac\u00edalo solamente cuando bull\u00edan en su cabeza los esp\u00edritus del rom. En cuanto al gran cofre de \u00e1 bordo, ninguno de nosotros hab\u00eda logrado verlo abierto.<\/p>\n<p>Solamente una vez sufri\u00f3 un verdadero enojo, lo cual sucedi\u00f3 poco antes de su triste fin, en ocasi\u00f3n en que la salud de mi padre estaba ya declinando en una pendiente, que acab\u00f3 por llevarlo hasta el sepulcro. El Doctor Livesey vino una vez con cierto retardo, por la tarde, con el objeto de ver \u00e1 su enfermo; tom\u00f3 alguna ligera comida que le ofreci\u00f3 mi madre y se entr\u00f3, en seguida, \u00e1 la sala, para fumar su puro, en tanto que le tra\u00edan su caballo desde el pueblo, porque en la posada carec\u00edamos de bestias y de caballerizas. Yo me fu\u00ed tras \u00e9l y me acuerdo haber observado el contraste que ofreci\u00f3 \u00e1 mis ojos aquel doctor fino y aseado, de cabellera empolvada, tan blanca como la nieve, de viv\u00edsimos ojos negros y maneras gratas y amables, con aquellos retozones palurdos del campo; y m\u00e1s que todo con el sucio, enorme y repugnante espantajo de pirata de nuestra posada, que se ve\u00eda sentado en su rinc\u00f3n habitual, bastante avanzado ya \u00e1 aquella hora en su embriaguez cuotidiana, y recargando sus brazos musculosos sobre la mesa. De repente nuestro hu\u00e9sped comenz\u00f3 \u00e1 canturriar su eterna canci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201c<em>Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto Son quince \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! son quince \u00a1viva el rom!<\/em><\/p>\n<p><em>El diablo y la bebida hicieron todo el resto,<\/em><\/p>\n<p><em>El diablo \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! el diablo \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Al principio me hab\u00eda yo figurado que el cofre del muerto que \u00e9l cantaba ser\u00eda probablemente aquel gran ba\u00fal suyo que guardaba arriba en su cuarto del frente de la casa, y este pensamiento no hab\u00eda dejado de mezclarse confusamente en mis pesadillas con la figura del esperado marino de una sola pierna. Pero cuando sucedi\u00f3 lo que ahora refiero, ya todos hab\u00edamos dejado de conceder la m\u00e1s peque\u00f1a atenci\u00f3n al extra\u00f1o canto de nuestro hombre que, con excepci\u00f3n del Doctor Livesey, no era ya nuevo para nadie. Pude observar, sin embargo, que al Doctor no le produc\u00eda un efecto de los m\u00e1s agradables, porque le v\u00ed levantar los ojos por un momento, con un aire de bastante disgusto, hacia el Capit\u00e1n, antes de comenzar una conversaci\u00f3n que emprendi\u00f3 enseguida con el viejo Taylor, el jardinero, acerca de una nueva curaci\u00f3n para las afecciones reum\u00e1ticas. Entre tanto el Capit\u00e1n parec\u00eda alegrarse al sonido de su propia m\u00fasica, de una manera gradual, hasta que concluy\u00f3 por golpear con su mano sobre la mesa de aquella manera brusca y autoritativa que todos nosotros sab\u00edamos muy bien que quer\u00eda decir: \u201c\u00a1Silencio!\u201d Todas las voces callaron \u00e1 la vez, como por encanto, excepto la del Doctor Livesey que continu\u00f3 dej\u00e1ndose oir imperturbablemente clara y agradable, interrumpida solamente, por las vigorosas fumadas que daba \u00e1 su puro cada dos \u00f3 tres palabras. El Capit\u00e1n lo mir\u00f3 fijamente por algunos momentos, volvi\u00f3 \u00e1 golpear sobre la mesa, le lanz\u00f3 una nueva mirada m\u00e1s terrible todav\u00eda y concluy\u00f3 por vociferar, con un villano y soez juramento:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Silencio, all\u00ed, los del entre-puente!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs \u00e1 m\u00ed \u00e1 quien Vd. se dirij\u00eda? pregunt\u00f3 el Doctor, \u00e1 lo cual nuestro rufi\u00e1n contest\u00f3 que s\u00ed, no sin a\u00f1adir otro juramento nuevo.<\/p>\n<p>\u2014No le replicar\u00e9 \u00e1 Vd. m\u00e1s que una cosa, dijo el Doctor, y es que si Vd. contin\u00faa bebiendo rom como hasta aqu\u00ed, muy pronto el mundo se ver\u00e1 libre de una bien asquerosa sabandija.<\/p>\n<p>Ser\u00eda in\u00fatil pretender describir la furia que se apoder\u00f3 del viejo al escuchar esto. P\u00fasose en pie de un salto, sac\u00f3 y abri\u00f3 una navaja marina de gran tama\u00f1o y balance\u00e1ndola abierta sobre la palma de la mano amenazaba clavar al Doctor contra la pared.<\/p>\n<p>El Doctor no hizo el m\u00e1s peque\u00f1o movimiento. Torn\u00f3 \u00e1 hablarle de nuevo, lo mismo que antes, por encima de su hombro y con el mismo tono de voz, solo un poco m\u00e1s alto de manera que oyesen bien todos los circunstantes, pero con la m\u00e1s perfecta calma y serenidad:<\/p>\n<p>\u2014Si no vuelve Vd. esa navaja al bolsillo en este mismo instante, le juro \u00e1 Vd. por quien soy que ser\u00e1 ahorcado en la pr\u00f3xima reuni\u00f3n del Tribunal del Condado.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3se luego un combate de miradas entre uno y otro, pero pronto el Capit\u00e1n hubo de rendirse, guard\u00f3 su arma y volvi\u00f3 \u00e1 su asiento gru\u00f1endo como un perro que ha sido mordido.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora, amigo\u2014continu\u00f3 el Doctor\u2014desde el momento en que me consta la presencia de un hombre como Vd. en mi distrito, puede Vd. estar seguro de que ni de d\u00eda ni de noche se le perder\u00e1 de vista. Yo no soy solamente un m\u00e9dico, soy tambi\u00e9n un magistrado; as\u00ed es que, si llega hasta m\u00ed la queja m\u00e1s insignificante en su contra, aunque no sea m\u00e1s que por un rasgo de groser\u00eda como el de esta noche, ya sabr\u00e9 tomar las medidas m\u00e1s del caso para que se le d\u00e9 \u00e1 Vd. caza y se le arroje del pa\u00eds. Haga Vd. que baste con esto.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 \u00e1 la puerta la cabalgadura, y el Doctor Livesey parti\u00f3 en ella sin dilaci\u00f3n. Pero el Capit\u00e1n se mantuvo pac\u00edfico aquella noche y aun otras muchas de las subsecuentes.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO II. \u201cBLACK DOG\u201d APARECE Y DESAPARECE<\/h2>\n<p>NO mucho tiempo despu\u00e9s de lo referido en el cap\u00edtulo precedente, ocurri\u00f3 el primero de los sucesos misteriosos que nos desembarazaron, por fin, del Capit\u00e1n, aunque no de sus negocios como pronto lo ver\u00e1n los que leyeren. Corr\u00eda, \u00e1 la saz\u00f3n, un invierno crudo y fr\u00edo, con largas y terribles heladas y deshechos temporales. Mi pobre padre continuaba empeorando de d\u00eda en d\u00eda, al grado de que ya se ve\u00eda muy claramente la poca probabilidad de que llegase \u00e1 ver una nueva primavera. El manejo de la posada hab\u00eda ca\u00eddo enteramente en manos de mi madre y m\u00edas, y ambos ten\u00edamos demasiado que hacer con ella para que nos fuese dable el parar mientes con exceso en nuestro desagradable hu\u00e9sped.<\/p>\n<p>Era una fr\u00eda y desapacible ma\u00f1ana del mes de Enero\u2014muy temprano todav\u00eda\u2014la caleta, cubierta toda de escarcha, aparec\u00eda gris \u00f3 blanquecina, en tanto que la mar\u00e9a sub\u00eda, lamiendo suavemente las piedras de la playa, y el sol, muy bajo a\u00fan, tocaba apenas las cimas de las lomas y brillaba all\u00e1 muy lejos en el conf\u00edn del oc\u00e9ano. El Capit\u00e1n se hab\u00eda levantado mucho m\u00e1s temprano que de costumbre y se hab\u00eda dirijido hacia la playa, con su especie de alfange, colgando bajo los anchos faldones de su vieja blusa marina, su anteojo de larga vista bajo el brazo y su sombrero echado hacia atr\u00e1s sobre la cabeza. Todav\u00eda me parece ver su respiraci\u00f3n, suspensa en forma de una estela de humo, en el camino que iba recorriendo \u00e1 largos pasos, y a\u00fan recuerdo que el \u00faltimo sonido que o\u00ed de \u00e9l cuando se hubo perdido tras de la gran roca, fu\u00e9 un gran resoplido de indignaci\u00f3n, como si todav\u00eda revolviese en su \u00e1nimo el recuerdo desagradable de la escena con el Doctor Livesey.<\/p>\n<p>Ahora bien, mi madre estaba \u00e1 la saz\u00f3n, con mi padre, en su habitaci\u00f3n y yo me ocupaba en arreglar la mesa para el almuerzo, mientras volv\u00eda el Capit\u00e1n, cuando repentinamente se abri\u00f3 la puerta de la sala y penetr\u00f3 \u00e1 \u00e9sta un hombre que yo no hab\u00eda visto hasta entonces. Era \u00e9ste un individuo p\u00e1lido y encanijado, en cuya mano izquierda faltaban dos dedos y que, aunque llevaba tambi\u00e9n su cuchilla al cinto, no ten\u00eda, ni con mucho, el aspecto de un hombre de armas tomar. Yo siempre estaba en acecho de marineros de una sola pierna, \u00f3 de dos, pero el que acababa de aparec\u00e9rseme era para m\u00ed un enigma. No ten\u00eda el aspecto de un verdadero marino y sin embargo hab\u00eda en \u00e9l no s\u00e9 qu\u00e9 aire de gente del mar.<\/p>\n<p>Le pregunt\u00e9, desde luego, en qu\u00e9 pod\u00eda servirle y \u00e9l me contest\u00f3 que deseaba tomar un poco de rom, pero apenas iba yo \u00e1 salir de la sala en busca de lo que ped\u00eda cuando se sent\u00f3 \u00e1 una de las mesas excit\u00e1ndome \u00e1 que me acercase \u00e1 \u00e9l. Yo me detuve en el sitio en que su indicaci\u00f3n me hab\u00eda cogido, teniendo en mi mano una servilleta.<\/p>\n<p>\u2014Ven aqu\u00ed, muchacho, me repiti\u00f3, ac\u00e9rcate m\u00e1s.<\/p>\n<p>Yo d\u00ed un paso hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs para mi camarada Bill para quien has preparado esta mesa? me pregunt\u00f3 diriji\u00e9ndome cierta mirada extra\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Ignoro quien es su camarada Bill, le contest\u00e9 yo; esta mesa es para una persona que se aloja en nuestra casa y \u00e1 quien nosotros llamamos el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Eso es\u2014replic\u00f3 \u00e9l\u2014mi camarada Bill lo mismo puede ser llamado Capit\u00e1n, que n\u00f3. Tiene una cicatriz en una mejilla y unos modos valientemente agradables, muy propios suyos, sobre todo, cuando est\u00e1 bebido. Como se\u00f1as, pues&#8230; \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s?&#8230; te repito que tu Capit\u00e1n tiene una cicatriz en un carrillo&#8230; y si m\u00e1s quieres, te dir\u00e9 que ese carrillo es el derecho&#8230; \u00a1Ah! \u00a1bueno! Ya lo hab\u00eda yo dicho&#8230; \u00bfcon que mi camarada Bill est\u00e1 aqu\u00ed, en esta casa?<\/p>\n<p>\u2014Ahora anda fuera, le contest\u00e9 yo; ha salido \u00e1 paseo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor d\u00f3nde se ha ido, muchacho?<\/p>\n<p>Se\u00f1al\u00e9 yo entonces en direcci\u00f3n de la roca, dici\u00e9ndole que el Capit\u00e1n no tardar\u00eda en volver; respond\u00ed \u00e1 algunas otras de sus preguntas y entonces \u00e9l a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1vamos! esto ser\u00e1 tan bueno como un vaso de rom para mi camarada Bill.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n de su cara, al decir esto, no ten\u00eda nada de agradable, y yo ten\u00eda mis razones para pensar que aquel extra\u00f1o se equivocaba, en el supuesto de que creyese lo que dec\u00eda. Pero, al fin y al cabo, pens\u00e9 que aquello no era negocio m\u00edo, adem\u00e1s de que no era asunto muy f\u00e1cil el saber qu\u00e9 partido tomar. El reci\u00e9n venido se manten\u00eda esquiv\u00e1ndose tras la parte interior de la puerta de la posada, ojeando de soslayo en torno de su escondrijo, como gato que est\u00e1 en acecho de un rat\u00f3n. Una vez, sal\u00edme yo afuera hacia el camino, pero \u00e9l me llam\u00f3 adentro inmediatamente y como no obedeciese su mandato tan pronto como \u00e9l quer\u00eda, un cambio instant\u00e1neo y espantoso se oper\u00f3 en su semblante enjuto, y me repiti\u00f3 su orden acompa\u00f1\u00e1ndola de un juramento que me hizo brincar. Tan luego como estuve de nuevo adentro resumi\u00f3 \u00e9l su primitiva actitud, mitad halag\u00fce\u00f1a, mitad burlona, di\u00f3me una palmadilla sobre el hombro y me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Vamos, chico, t\u00fa eres un buen muchacho, yo no he querido m\u00e1s que asustarte de broma. Yo tengo un hijo de tu edad, a\u00f1adi\u00f3, que se te parece como un mot\u00f3n \u00e1 otro, y te aseguro que ya es \u00e9l el orgullo de mi arte. Pero la gran cosa para los muchachos es la disciplina, chico&#8230; mucha disciplina. Mira, si alguna vez hubieras t\u00fa navegado con Bill, \u00e1 buen seguro que te hubieras quedado all\u00ed esperando que te hablaran segunda vez; yo te digo que no. Nunca Bill ha obrado de otro modo, ni ninguno de los que han navegado con \u00e9l. Ahora bien, no me enga\u00f1o, all\u00ed viene el camarada Bill con su anteojo bajo el brazo, bendito sea su viejo arte que me permite reconocerlo. Sea en hora buena: t\u00fa y yo, muchacho, v\u00e1monos all\u00e1 detr\u00e1s, \u00e1 la sala, y nos esconderemos tras de la puerta para dar \u00e1 Bill una peque\u00f1a sorpresa; y bendito sea de nuevo su arte una y mil veces!<\/p>\n<p>Al decir esto mi hombre retrocedi\u00f3 conmigo \u00e1 la sala y me coloc\u00f3 detr\u00e1s de \u00e9l, en el rinc\u00f3n, de tal manera que \u00e1 ambos nos ocultaba la puerta abierta. Yo estaba positivamente inquieto y alarmado, como es f\u00e1cil figur\u00e1rselo, y a\u00f1ad\u00eda no poco \u00e1 mis temores el observar que aquel nuevo personaje tampoco las ten\u00eda todas consigo. Yo le ve\u00eda alistar el pu\u00f1o de su cuchilla y aflojar la hoja en la vaina, sin que, durante todo el tiempo que estuvimos en espera, hubiera cesado de <em>tragar gordo<\/em>, \u00f3 como si hubiera tenido, seg\u00fan la expresi\u00f3n familiar, un nudo en la garganta.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo entr\u00f3 el Capit\u00e1n, empuj\u00f3 la puerta tras de s\u00ed, sin ver \u00e1 izquierda ni \u00e1 derecha, y march\u00f3 directamente, \u00e1 trav\u00e9s del cuarto, hacia donde le esperaba su almuerzo.<\/p>\n<p>Entonces mi hombre pronunci\u00f3, con una voz que me pareci\u00f3 se esforzaba en hacer hueca y campanuda, esta sola palabra:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bill!<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n gir\u00f3 r\u00e1pidamente sobre sus talones y se encar\u00f3 \u00e1 nosotros. Todo lo que hab\u00eda de moreno en su rostro hab\u00eda desaparecido en aquel momento y hasta su misma nariz ofrec\u00eda un tinte de una lividez azulada. Ten\u00eda toda la apariencia de un hombre que v\u00e9 un espectro, \u00f3 al diablo mismo, \u00f3 algo peor, si es que lo hay y, cr\u00e9aseme bajo mi palabra, sent\u00ed compasi\u00f3n por \u00e9l, al verle, en un solo instante, ponerse tan viejo y tan enfermo.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, Bill, t\u00fa me conoces bien. T\u00fa no has olvidado \u00e1 un viejo camarada, Bill, estoy seguro de ello; continu\u00f3 diciendo el reci\u00e9n-venido.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n exclam\u00f3 entonces en una especie de boqueada penosa:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Black Dog!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPues qui\u00e9n hab\u00eda de ser sino \u00e9l? replic\u00f3 el otro, comenzando \u00e1 sentirse un poco m\u00e1s tranquilo. Black Dog, s\u00ed, que, lo mismo que antes viene aqu\u00ed, \u00e1 la Posada del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d para saludar \u00e1 su viejo camarada Billy. \u00a1Ah, Bill, Bill, cu\u00e1ntas cosas hemos visto juntos, nosotros dos, desde la \u00e9poca en que perd\u00ed estos dos \u201cgarfios\u201d! a\u00f1adi\u00f3, levantando un poco su mano mutilada.<\/p>\n<p>\u2014Bien, dijo el Capit\u00e1n, ya veo que me has cogido&#8230; aqu\u00ed me tienes&#8230; vamos&#8230; \u00bfqu\u00e9 quieres?&#8230; habla&#8230; d\u00ed&#8230; \u00bfde qu\u00e9 se trata?<\/p>\n<p>\u2014Veo bien que eres el mismo, replic\u00f3 Black Dog; tienes raz\u00f3n Bill, tienes raz\u00f3n. Voy \u00e1 tomar un vaso de rom que me traer\u00e1 este buen chiquillo \u00e1 quien tanto me he aficionado desde luego; en seguida nos sentaremos, si t\u00fa quieres y hablaremos lisa y llanamente como buenos camaradas que somos.<\/p>\n<p>Cuando yo volv\u00ed con el rom ya los dos se hab\u00edan sentado en cada una de las cabeceras de la mesa en que el Capit\u00e1n iba \u00e1 almorzar. Black Dog hab\u00edase quedado m\u00e1s cerca de la puerta y se le ve\u00eda sentado de lado, de modo que pudiese tener un ojo atento \u00e1 su camarada antiguo, y otro, seg\u00fan me pareci\u00f3, \u00e1 su retirada libre.<\/p>\n<p>Despidi\u00f3me luego orden\u00e1ndome que dejase la puerta abierta de par en par, y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Nada de espiar por las cerraduras, muchacho, \u00bfentiendes?<\/p>\n<p>Yo no tuve m\u00e1s que hacer sino dejarlos solos y retirarme \u00e1 la cantina del establecimiento.<\/p>\n<p>Durante muy largo tiempo, por m\u00e1s que puse mis cinco sentidos en tratar de oir algo de lo que pasaba, nada lleg\u00f3 \u00e1 mis o\u00eddos sino fu\u00e9 un rumor vago y confuso de conversaci\u00f3n; pero al cabo las voces comenzaron \u00e1 hacerse m\u00e1s y m\u00e1s perceptibles; y ya me fu\u00e9 posible el escuchar distintamente alguna que otra palabra, la mayor parte de ellas, juramentos \u00e9 insolencias proferidos por el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1N\u00f3, n\u00f3, n\u00f3 n\u00f3! le o\u00ed proferir, n\u00f3! y concluyamos de una vez!\u201d Y despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3: si hay que ahorcar, ahorcarlos \u00e1 todos: y basta!<\/p>\n<p>Luego, de una manera repentina, todo se volvi\u00f3 una tremenda explosi\u00f3n de juramentos y otros ruidos temerosos. La silla y la mesa rodaron en masa, sigui\u00f3se un chisch\u00e1s de aceros que se chocaban y luego un grito de dolor: en ese mismo instante pude ver \u00e1 Black Dog en plena fuga y al Capit\u00e1n persigui\u00e9ndole encarnizadamente: ambos con sus cuchillas desenvainadas y el primero de ellos, manando sangre abundantemente de su hombro izquierdo. Precisamente al llegar \u00e1 la puerta, el Capit\u00e1n descarg\u00f3 sobre el fugitivo una \u00faltima y tremenda cuchillada con la cual sin duda alguna lo habr\u00eda abierto hasta la espina, si no hubiera tropezado su arma con la ense\u00f1a de nuestra posada que fu\u00e9 la que recibi\u00f3 el golpe, cuya se\u00f1al es f\u00e1cil ver, todav\u00eda hoy, en el marco de nuestro \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d hacia la parte de abajo.<\/p>\n<p>Aquel mandoble fu\u00e9 el \u00faltimo de la ri\u00f1a. Una vez afuera ya, y sobre el camino p\u00fablico, Black Dog, \u00e1 despecho de su herida, pareci\u00f3 decir, con una prisa maravillosa, \u201cpies, para qu\u00e9 os quiero\u201d y en medio minuto le vimos desaparecer tras de la cima de la loma cercana. El Capit\u00e1n, por su parte, permaneci\u00f3 clavado cerca de la ense\u00f1a del establecimiento como un hombre extraviado. Poco despu\u00e9s pas\u00f3 su mano varias veces sobre sus ojos, como para cerciorarse de que no so\u00f1aba, y en seguida volvi\u00f3 \u00e1 penetrar en la casa.<\/p>\n<p>\u2014Jim, me dijo, \u00a1trae rom! y al hablarme se bamboleaba un poco y con una mano se apoyaba contra la pared.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 Vd. herido? le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rom! me repiti\u00f3,\u2014necesito irme de aqu\u00ed&#8230; rom! rom!<\/p>\n<p>Corr\u00ed \u00e1 busc\u00e1rselo; pero con la excitaci\u00f3n que los sucesos ocurridos me hab\u00edan ocasionado, romp\u00ed un vaso, obstru\u00ed la llave, y cuando todav\u00eda estaba yo procurando despacharme lo mejor posible, escuch\u00e9 el golpe ruidoso y pesado de una persona que se desplomaba en la sala. Acud\u00ed corriendo y me encontr\u00e9 con el cuerpo del Capit\u00e1n tendido de largo \u00e1 largo sobre el suelo. En el mismo instante, mi madre, \u00e1 quien hab\u00edan alarmado las voces y rumores de la pelea, descend\u00eda corriendo la escalera para venir en mi ayuda. Entre ambos levantamos la cabeza al Capit\u00e1n, que respiraba fuerte y penosamente, pero cuyos ojos estaban cerrados y en cuya cara aparec\u00eda un color horrible.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cielos, cielos santos! grito mi madre, \u00a1qu\u00e9 desgracia sobre nuestra casa, y con tu pobre padre enfermo!<\/p>\n<p>Entre tanto \u00e1 m\u00ed no se me ocurr\u00eda la m\u00e1s insignificante idea sobre lo que pudiera hacerse para socorrer al Capit\u00e1n, pareci\u00e9ndome seguro que hab\u00eda sido herido de muerte en su encarnizado combate con aquel extra\u00f1o. Traje el rom para asegurarme de ello y trat\u00e9 de hacerlo pasar \u00e1 su garganta; pero ten\u00eda los dientes terriblemente apretados los unos contra los otros y sus quijadas estaban tan duras como si hubieran sido de acero. Fu\u00e9 para nosotros, entonces, un grand\u00edsimo alivio el ver abrirse la puerta y aparecer en ella al Doctor Livesey que ven\u00eda \u00e1 hacer \u00e1 mi padre su visita cuotidiana.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Doctor! exclamamos mi madre y yo \u00e1 la vez. \u00bfqu\u00e9 haremos? \u00bfen d\u00f3nde estar\u00e1 herido?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHerido? dijo el Doctor; \u00a1qu\u00e9 va \u00e1 estarlo! ni m\u00e1s ni menos que ustedes \u00f3 yo. Este hombre acaba de tener un ataque como yo se lo hab\u00eda pronosticado. Ahora bien, Mrs. Hawkins, corra Vd. arriba y, si es posible, no diga Vd. \u00e1 nuestro enfermo ni una palabra de lo que pasa. Por mi parte, mi deber es tratar de hacer cuanto pueda por salvar la vida tres veces in\u00fatil de este hombre. Anda pues, t\u00fa, Jim, y trae luego una palangana.<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed, trayendo lo que se me pidi\u00f3, el Doctor hab\u00eda ya descubierto el nervudo brazo del Capit\u00e1n, desembaraz\u00e1ndolo de sus mangas. Todo \u00e9l aparec\u00eda pintado con esas figuras indelebles que se dibujan en el cuerpo los marineros y los presidiarios. \u201c<em>Buena suerte<\/em>\u201d dec\u00eda una de sus inscripciones; y en otras, \u201c<em>Vientos pr\u00f3speros<\/em>,\u201d \u201c<em>Caprichos de Billy Bones<\/em>\u201d se pod\u00eda leer en caracteres claros y cuidadosamente ejecutados sobre el antebrazo. Un poco m\u00e1s arriba, cerca del hombro, se ve\u00eda un esbozo de pat\u00edbulo y pendiente de \u00e9l un hombre ahorcado, todo ello, seg\u00fan \u00e1 m\u00ed me pareci\u00f3, ejecutado con bastante destreza y propiedad.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Prof\u00e9tico! dijo el Doctor, tocando este \u00faltimo dibujo con su dedo. Y ahora, Maese Billy Bones, si tal es su nombre, vamos \u00e1 ver de qu\u00e9 color es su sangre. Jim, a\u00f1adi\u00f3, \u00bftendr\u00e1s t\u00fa miedo de la sangre?<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1or, le contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, replic\u00f3 \u00e9l; entonces t\u00e9nme la palangana.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 acto continuo su lanceta y con gran habilidad pic\u00f3 una vena.<\/p>\n<p>Una gran cantidad de sangre sali\u00f3 antes de que el Capit\u00e1n abriera los ojos y echase en torno suyo una mirada vaga y anublada. Reconoci\u00f3 luego al Doctor \u00e1 quien mir\u00f3 con un ce\u00f1o imposible de equivocar; en seguida me mir\u00f3 \u00e1 m\u00ed y mi presencia pareci\u00f3 aliviarlo un tanto. Pero de repente su color cambi\u00f3 de nuevo; trat\u00f3 de enderezarse por s\u00ed solo y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Black Dog?<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed no hay ning\u00fan Black Dog, d\u00edjole el Doctor, como no sea el que tiene Vd. dibujado sobre su espalda. Ha seguido Vd. bebiendo rom, y como yo se lo hab\u00eda anticipado ha venido un ataque. Muy contra mi voluntad me he visto obligado, por deber, \u00e1 socorrerle, pudiendo decir que casi lo he sacado \u00e1 Vd. de la sepultura. Y ahora Maese Bones&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Ese no es mi nombre, interrumpi\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014No importa, replic\u00f3 el Doctor, es el nombre de cierto filibustero \u00e1 quien yo conozco y le llamo \u00e1 Vd. por \u00e9l en gracia de la brevedad. Lo \u00fanico que tengo, pues, que a\u00f1adir es esto: un vaso de rom no le har\u00eda \u00e1 Vd. ning\u00fan da\u00f1o; pero si Vd. toma uno, tomar\u00e1 otro, y otro despu\u00e9s, y apostar\u00eda mi peluca \u00e1 que, si no se contiene pronto y \u00e1 tiempo, se morir\u00e1 muy en breve&#8230; \u00bfentiende Vd. esto&#8230;? se morir\u00e1 y se ir\u00e1 al mism\u00edsimo infierno, que es su propio lugar, como lo reza la Biblia. Ahora, vamos, haga un esfuerzo. Yo le ayudar\u00e9, por esta vez, \u00e1 llevarlo \u00e1 su cama.<\/p>\n<p>Entre los dos, y no sin mucho trabajo, nos dimos trazas de llevarlo arriba, \u00e1 su cuarto y acostarlo sobre su lecho, en el cual dej\u00f3 caer pesadamente la cabeza sobre la almohada como si se sintiera desmayar.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, recu\u00e9rdelo bien, dijo el Doctor, para descargo de mi conciencia debo repetirle que, para Vd. rom y muerte son dos palabras que significan lo mismo.<\/p>\n<p>Dicho esto se alej\u00f3 de all\u00ed para ir \u00e1 ver \u00e1 mi padre, tom\u00e1ndome del brazo para que me fuese con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Eso no es nada, dijo en cuanto hubo cerrado tras de s\u00ed la puerta. Le he sacado sangre suficiente para poderlo mantener bien por bastante tiempo. Debe quedarse por una semana en cama: eso es lo menos malo para \u00e9l y para Vds.; pero un nuevo ataque le traer\u00e1 la muerte inevitablemente.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO III. EL DISCO NEGRO<\/h2>\n<p>\u00c1 ESO de medio d\u00eda llegu\u00e9me al cuarto del Capit\u00e1n llev\u00e1ndole algunos refrigerantes y medicinas. Lo encontr\u00e9 acostado casi en la misma posici\u00f3n en que lo hab\u00edamos dejado, nada m\u00e1s que un poco m\u00e1s hacia arriba y me pareci\u00f3 al mismo tiempo d\u00e9bil y excitado.<\/p>\n<p>\u2014Jim, me dijo, t\u00fa eres aqu\u00ed el \u00fanico que vale algo y ya sabes muy bien que yo siempre he sido bueno para contigo. Jam\u00e1s he dejado de darte cada mes cuidadosamente tu moneda de cuatro peniques. Ahora, pues, chiquillo,&#8230; mira&#8230; yo me siento muy abatido, y abandonado de todo el mundo&#8230; por lo mismo, Jim&#8230; vamos&#8230; \u00bfvas \u00e1 traerme ahora mismo un vasillo de rom, no es verdad?<\/p>\n<p>\u2014El Doctor&#8230; comenc\u00e9 yo.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l me interrumpi\u00f3 en una voz d\u00e9bil aunque animada:<\/p>\n<p>\u2014Los m\u00e9dicos son todos unos lampazos, dijo, y en cuanto \u00e1 este de ac\u00e1, vaya,&#8230; \u00bfqu\u00e9 sabe \u00e9l de hombres de mar? Yo he estado en lugares tan calientes como un caldero de br\u00e9a, con mi tripulaci\u00f3n diezmada por la fiebre amarilla, y la condenada tierra bailando como si fuese un mar con sus terremotos\u2014\u00bfqu\u00e9 sabe el Doctor de tierras como esa?\u2014pues en ellas he vivido s\u00f3lo con el rom,\u2014puedes creerlo bien. \u00c9l ha sido para m\u00ed, bebida y alimento, cuerpo y sombra, s\u00ed se\u00f1or, y si ahora no me han de dar mi rom, ya no ser\u00e9 m\u00e1s que un pobre casco viejo abandonado en una playa de sotavento&#8230; mi sangre caer\u00e1 sobre t\u00ed, Jim, y sobre aquel lampazo del Doctor.<\/p>\n<p>Y luego continu\u00f3 con lo mismo, por alg\u00fan tiempo acompa\u00f1\u00e1ndolo con maldiciones; hasta que despu\u00e9s, cambiando de t\u00e1ctica, prosigui\u00f3 en tono pla\u00f1idero:<\/p>\n<p>\u2014Mira, Jim, c\u00f3mo se agitan mis dedos; no puedo ya ni sosegarlos, ni sosegarme&#8230; es que en todo este bendito d\u00eda no he probado ni una gota a\u00fan, \u00a1ni una sola gota! Ese Doctor est\u00e1 loco, puedes cre\u00e9rmelo. Si no se me da ahora mismo un poco de rom, siento que me dar\u00e1 la rabia&#8230; ya creo sentir en este momento algunos de sus horrores, algunas de sus visiones&#8230; all\u00ed estoy viendo al viejo Flint, en ese rinc\u00f3n&#8230; all\u00ed&#8230; detr\u00e1s de t\u00ed, tan claro como su imagen viva&#8230; \u00a1oh! si me cojen estas visiones, soy hombre que ha vivido una vida bastante ruda y resucitar\u00e9 \u00e1 Ca\u00edn! Tu mismo Doctor dijo que un vaso no me har\u00eda ning\u00fan da\u00f1o. Te dar\u00e9 una guinea de oro por uno s\u00f3lo, Jim.<\/p>\n<p>Yo v\u00ed que el Capit\u00e1n se pon\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s excitado y esto me alarm\u00f3 por mi padre que estaba m\u00e1s grave aquel d\u00eda y necesitaba mucha quietud; adem\u00e1s, tranquilizado por las palabras mismas del Doctor que se me recordaban, aunque un poco ofendido por aquel ofrecimiento de soborno le dije:<\/p>\n<p>\u2014Yo no necesito su dinero sino el que le debe Vd. \u00e1 mi padre. Voy \u00e1 traerle un vaso, pero no pida m\u00e1s porque ser\u00eda in\u00fatil.<\/p>\n<p>Cuando se lo hube tra\u00eddo lo asi\u00f3 con verdadera ansiedad y lo bebi\u00f3 de un sorbo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, ay, ay! dijo como sintiendo un grande alivio, esto ya es algo mejor, sin duda alguna. Y ahora bien, chico, \u00bfha dicho ese Doctor cuanto tiempo tengo que estar acostado en este viejo camarote?<\/p>\n<p>\u2014Una semana, por lo menos, le respond\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mil carronadas! grit\u00f3 \u00e9l, \u00a1una semana! Esto es imposible. En ese tiempo podr\u00edan ellos enviarme su disco negro. En este mismo momento ya los vagabundos esos enderezan su proa y tratan de hab\u00e9rselas conmigo; vagabundos que no sabr\u00edan conservar lo que cogieron y que quieren ara\u00f1ar lo que pertenece \u00e1 otro. \u00a1Vayan noramala! \u00bfes esa una conducta digna de marinos? quiero saberlo. Pero soy un bendito. Yo jam\u00e1s he derrochado un buen dinero m\u00edo, ni lo he perdido tampoco. Yo sabr\u00e9 peg\u00e1rselas una vez m\u00e1s. No les tengo miedo; les soltar\u00e9 otro rizo y ya los har\u00e9 virar de bordo, chico, \u00a1ya lo ver\u00e1s!<\/p>\n<p>En tanto que hablaba as\u00ed se hab\u00eda ido levantado de la cama, aunque con gran dificultad, agarr\u00e1ndose\u2014es la palabra\u2014agarr\u00e1ndose \u00e1 mi hombro con una presi\u00f3n tan fuerte que casi me hizo llorar y moviendo sus piernas como si fuesen un peso muerto. Sus palabras que, como se ve, estaban rebosando un pensamiento activo y lleno de vida contrastaban tristemente con la debilidad de la voz en que eran pronunciadas. Cuando se hubo sentado en el borde de la cama se detuvo un poco y luego murmur\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Ese Doctor me ha hundido&#8230; los o\u00eddos me zumban&#8230; acu\u00e9stame otra vez.<\/p>\n<p>Antes de que hubiera hecho gran cosa para complacerlo, \u00e9l hab\u00eda ca\u00eddo ya de espaldas, en su posici\u00f3n anterior, en la cual permaneci\u00f3 silencioso por alg\u00fan rato.<\/p>\n<p>\u2014Jim, me dijo al cabo, \u00bfviste hoy \u00e1 ese marinero?<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00c1 Black Dog? le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1Black Dog! exclam\u00f3 \u00e9l. Black Dog es un perverso, pero hay alguien peor que lo obliga \u00e1 serlo. Ahora bien, si no me es posible marcharme de aqu\u00ed, de ninguna manera, y si me env\u00edan el disco negro, acu\u00e9rdate que lo que ellos buscan es mi viejo cofre de \u00e1 bordo&#8230; Montas en un caballo.. \u00bflo har\u00e1s, no es cierto?&#8230; montas en un caballo y vas \u00e1 ver&#8230; pues, s\u00ed&#8230; no tiene remedio&#8230; \u00e1 ese eterno Doctor del diablo, y le dir\u00e1s que se d\u00e9 prisa \u00e1 reunir \u00e1 todas sus gentes&#8230; magistrados y cosas por el estilo&#8230; y que haga rumbo con ellos y los traiga aqu\u00ed \u00e1 bordo del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d&#8230; lo mismo que \u00e1 todo lo que haya quedado de la vieja tripulaci\u00f3n de Flint, hombres y grumetes. Yo fu\u00ed primer piloto, s\u00ed, primer piloto del viejo Capit\u00e1n Flint, y soy el \u00fanico que conoce el sitio verdadero. \u00c9l me lo descubri\u00f3 en Savannah, cuando estaba, como yo he estado hoy, pr\u00f3ximo \u00e1 la muerte. Pero t\u00fa no los denunciar\u00e1s \u00e1 menos que logren hacerme llegar su disco negro, \u00f3 en caso de que vuelvas \u00e1 ver \u00e1 ese Black Dog otra vez, \u00f3 \u00e1 un marinero con una pierna sola&#8230; \u00e1 este sobre todos, Jim!<\/p>\n<p>\u2014Pero \u00bfqu\u00e9 significa eso del disco negro, Capit\u00e1n? le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Esto no es m\u00e1s que una advertencia, chico, me contest\u00f3. Yo te lo explicar\u00e9 si ellos logran lo que quieren. Entretanto, Jim, ten siempre tu ojo alerta y por mi honor te juro que t\u00fa ser\u00e1s mi socio \u00e1 partes iguales.<\/p>\n<p>Divag\u00f3 todav\u00eda un poco m\u00e1s, y su voz era \u00e1 cada instante m\u00e1s y m\u00e1s d\u00e9bil. Le d\u00ed, en seguida, su medicina, que \u00e9l apur\u00f3 como un ni\u00f1o, sin hacer la m\u00e1s ligera observaci\u00f3n y a\u00f1adi\u00f3 luego:<\/p>\n<p>\u2014Si alguna vez un marino ha querido drogas, ese soy yo ahora.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de decir esto cay\u00f3 en un sue\u00f1o profundo, muy parecido al desfallecimiento, y en ese estado lo dej\u00e9.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que yo deb\u00eda haber hecho entonces para que todo hubiera salido bien? No s\u00e9. Probablemente deb\u00ed haber contado todo al Doctor, porque el hecho es que yo me encontraba en una angustia mortal temiendo que, cuando menos, se arrepintiera el Capit\u00e1n de sus confidencias y quisiera dar buena cuenta de m\u00ed. Pero lo que sucedi\u00f3 fu\u00e9 que mi pobre padre muri\u00f3 casi repentinamente aquella noche, lo que me oblig\u00f3 \u00e1 hacer cualquiera otra cosa \u00e1 un lado. Nuestra pesadumbre natural, las visitas de los vecinos, los arreglos del funeral y todo el quehacer de la posada que hab\u00eda que desempe\u00f1ar en el inter\u00edn, me tuvieron tan ocupado que apenas si tuve tiempo para acordarme entonces del Capit\u00e1n, mucho menos para pensar en tenerle miedo.<\/p>\n<p>\u00c1 la ma\u00f1ana siguiente, \u00e1 lo que creo, baj\u00f3 por s\u00ed solo \u00e1 la sala, tom\u00f3 sus alimentos, como de costumbre, s\u00f3lo que comi\u00f3 poco y, seg\u00fan me temo, consumi\u00f3 todav\u00eda mayor cantidad de rom que de ordinario, porque \u00e9l se despach\u00f3 por su propia mano en la cantina, enfurru\u00f1ado y soplando por la nariz, por lo cual ninguno se atrev\u00eda \u00e1 contrariarlo. La noche v\u00edspera del entierro, el Capit\u00e1n estaba tan borracho como siempre y era, en verdad, una cosa para sublevar contra \u00e9l, en aquella casa sumida en el luto y la desolaci\u00f3n, oirle cantar su eterna y horrible cantinela marina. Pero abatidos y tristes como est\u00e1bamos, no dejaba de preocuparnos la idea del peligro de muerte en que aquel hombre estaba, tanto m\u00e1s cuanto que el Doctor fu\u00e9 violentamente llamado \u00e1 muchas millas de distancia de nuestra casa para asistir \u00e1 un nuevo enfermo, y ya no volvi\u00f3 \u00e1 estar, como quien dice, al alcance de nuestra mano, despu\u00e9s de la muerte de mi padre. He dicho que el Capit\u00e1n estaba d\u00e9bil, y la verdad es que no s\u00f3lo lo estaba, sino que parec\u00eda decaer m\u00e1s y m\u00e1s visiblemente en vez de recuperar su salud. Yo le ve\u00eda subir y bajar la escalera con agitaci\u00f3n; ya iba de la sala \u00e1 la cantina, ya de la cantina \u00e1 la sala; ya se medio asomaba \u00e1 la puerta exterior de la casa como para aspirar las brisas salobres de la mar, sosteni\u00e9ndose en las paredes, como para no caer, y respirando fuerte y aprisa como un hombre que encumbra la pendiente abrupta de una monta\u00f1a. No volvi\u00f3 \u00e1 conversar conmigo de una manera especial, y yo creo buenamente que hab\u00eda olvidado sus confidencias, pero su car\u00e1cter se hab\u00eda vuelto m\u00e1s movible y dada su debilidad de cuerpo, mucho m\u00e1s violento que nunca. Ten\u00eda ahora un s\u00edntoma bien alarmante cuando estaba ebrio, y era el ponerse junto \u00e1 s\u00ed, sobre la mesa, su enorme alfange \u00f3 cuchilla, desenvainada. Pero con todo esto, se preocupaba menos de los concurrentes y parec\u00eda absorto enteramente en sus propios pensamientos, sin hablar casi para nada, pero divagando un poco. Una vez, por ejemplo, con grand\u00edsima sorpresa nuestra comenz\u00f3 \u00e1 dejar oir un canto diferente y nuevo para nosotros: era una especie de sonatilla amorosa, de gente del campo, que \u00e9l debi\u00f3 haber aprendido en su primera juventud, antes de que se dedicara \u00e1 la carrera de marino.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaron las cosas hasta el d\u00eda siguiente del entierro de mi padre. Ese d\u00eda, como \u00e1 las tres de una tarde nebulosa, helada y desagradable estaba yo parado hac\u00eda unos momentos \u00e1 la puerta del establecimiento, lleno de tristes y desconsoladoras ideas acerca de mi pobre padre, cuando percib\u00ed \u00e1 alguien que se acercaba por el camino lentamente. Era un hombre completamente ciego, porque tentaleaba delante de s\u00ed con un palo y llevaba puesta sobre sus ojos y nariz una gran venda verde. Aparec\u00eda jorobado como bajo el peso de a\u00f1os \u00f3 enfermedad terrible y vest\u00eda una vieja y andrajosa capa marina con capuch\u00f3n, que le daba un aspecto positivamente deforme y horroroso. Yo nunca he visto en mi vida una figura m\u00e1s horripilante y espantable que aquella. Det\u00favose un instante cerca de la posada y levantando la voz en un tono de canturria extra\u00f1a y gangosa lanz\u00f3 al viento esta relaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuerr\u00e1 alguna alma caritativa, informar \u00e1 un pobrecito ciego que ha perdido el don precios\u00edsimo de su vista en la defensa voluntaria de su patria Inglaterra\u2014as\u00ed bendiga Dios al Rey Jorge\u2014en d\u00f3nde \u00f3 en qu\u00e9 parte de este pa\u00eds se encuentra ahora?<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 Vd. en la posada del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>,\u201d caleta del Black Hill, buen hombre, le dije yo.<\/p>\n<p>\u2014Oigo una voz, una voz de joven, me replic\u00f3 \u00e9l. \u00bfQuisiera Vd. darme su mano y guiarme adentro, mi bueno y amable ni\u00f1o?<\/p>\n<p>Tend\u00edle mi mano y en un instante aquella horrible criatura sin vista, que tan dulce hablaba, se apoder\u00f3 de ella como con una garra. Asust\u00e9me tanto que pugn\u00e9 por desasirme, pero el ciego me atrajo poderosamente junto a s\u00ed con sola una contracci\u00f3n de su brazo.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, muchacho, d\u00edjome, ll\u00e9vame \u00e1 donde est\u00e1 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, le contest\u00e9, bajo mi palabra le aseguro que no me atrevo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! replic\u00f3 \u00e9l con una risita burlona, ll\u00e9vame en el acto \u00f3 te destrozo el brazo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed como lo dijo, me di\u00f3 un apret\u00f3n tan horrible que me oblig\u00f3 \u00e1 lanzar un grito.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, a\u00f1ad\u00ed entonces, si no me atrevo, es s\u00f3lo por Vd. El Capit\u00e1n ya no es el mismo que era antes. Ahora tiene siempre junto \u00e1 s\u00ed una cuchilla desenvainada. Otro caballero&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos, vamos, en marcha! me interrumpi\u00f3 el ciego, con una voz tan \u00e1spera, tan fr\u00eda, tan ingrata y tan espantable como no he vuelto \u00e1 oir jam\u00e1s otra en mi vida. Ella me atemoriz\u00f3 m\u00e1s todav\u00eda que el dolor que antes sent\u00ed, as\u00ed es que sin vacilar le obedec\u00ed, llev\u00e1ndolo directamente adentro, hacia la sala, en donde nuestro viejo y enfermo filibustero permanec\u00eda sentado, entregado \u00e1 su vicio de tomar rom. El ciego se manten\u00eda apretado \u00e1 m\u00ed, sujet\u00e1ndome como con una tenaza f\u00e9rrea, en su mano formidable, y dejando cargar sobre m\u00ed, m\u00e1s peso de su cuerpo, del que yo pod\u00eda razonablemente soportar.<\/p>\n<p>\u2014Ll\u00e9vame derecho \u00e1 donde \u00e9l est\u00e1, me repiti\u00f3, y cuando ya est\u00e9 yo \u00e1 su vista, gr\u00edtale: \u201cBill, aqu\u00ed esta uno de sus amigos.\u201d Si no lo haces as\u00ed yo te repetir\u00e9 este juego; y diciendo esto volvi\u00f3 \u00e1 retorcerme el brazo de una manera tan brutal y dolorosa que cre\u00ed que iba \u00e1 desmayarme. Con una y otra cosa fu\u00e9 tal el terror que me cogi\u00f3 por el mendigo ciego que me olvid\u00e9 de todo mi antiguo miedo al Capit\u00e1n y, tan luego como abr\u00ed la puerta de la sala exclam\u00e9 como se me hab\u00eda ordenado:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bill, aqu\u00ed est\u00e1 uno de sus amigos!<\/p>\n<p>El pobre Capit\u00e1n levant\u00f3 los ojos y le bast\u00f3 la primera ojeada para que su cabeza quedara instant\u00e1neamente libre de los humos del rom que hab\u00eda alojado en ella y se pusiera de todo punto natural y despejada. La expresi\u00f3n de su rostro no era tanto ya de terror como de mortal y angustiosa agon\u00eda. Hizo un movimiento para ponerse en pie, pero no creo que le quedara ya fuerza suficiente en el cuerpo para realizarlo.<\/p>\n<p>\u2014Veamos, Bill, d\u00edjole el mendigo, no hay para que incomodarse; qu\u00e9date all\u00ed sentado en donde est\u00e1s. Aunque yo no puedo ver, puedo oir, sin embargo, hasta el movimiento de un dedo. No hablemos mucho; vamos al asunto; negocio es negocio. Levanta tu mano izquierda&#8230; muchacho, toma su mano izquierda por la mu\u00f1eca y ac\u00e9rcala \u00e1 mi mano derecha&#8230;<\/p>\n<p>Ambos obedecimos como fascinados, al pie de la letra, y not\u00e9 entonces que el ciego hac\u00eda pasar \u00e1 la del Capit\u00e1n algo que \u00e9l tra\u00eda en la mano misma con que empu\u00f1aba su bast\u00f3n. El Capit\u00e1n apret\u00f3 y cerr\u00f3 aquello en la suya nerviosa y r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya est\u00e1 hecho! dijo entonces el ciego y al pronunciar estas palabras se desasi\u00f3 de m\u00ed bruscamente y con incre\u00edble exactitud y destreza, sali\u00f3, de por s\u00ed, fuera de la sala y se lanz\u00f3 al camino real, sin que yo hubiera podido todav\u00eda moverme del sitio en que me dej\u00f3, como petrificado, cuando ya se hab\u00eda perdido \u00e1 lo lejos el <em>tip-tap<\/em> de su ca\u00f1a tentaleando, \u00e1 distancia, sobre la v\u00eda por donde marchaba.<\/p>\n<p>Pas\u00f3se alg\u00fan tiempo antes de que el Capit\u00e1n y yo volvi\u00e9ramos \u00e1 nuestros sentidos, pero al cabo, y casi en el mismo momento, solt\u00e9 su pu\u00f1o, que todav\u00eda ten\u00eda cogido; lanz\u00f3 \u00e9l una mirada ansiosa \u00e1 lo que ten\u00eda en la palma de la mano y en seguida exclam\u00f3 poni\u00e9ndose violentamente en pie:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00c1 las diez!&#8230; \u00a1todav\u00eda es tiempo!<\/p>\n<p>Al decir esto y ponerse en pie, vacil\u00f3 como un hombre ebrio, llev\u00f3se ambas manos \u00e1 la garganta, se qued\u00f3 oscilando por un momento, y luego, con un rumor siniestro y peculiar, se desplom\u00f3 cuan largo era, dando su rostro en el suelo.<\/p>\n<p>Yo me precipit\u00e9 hacia \u00e9l, llamando \u00e1 gritos \u00e1 mi madre. Pero todo apresuramiento era vano. El Capit\u00e1n hab\u00eda ca\u00eddo ya muerto, acometido por un ataque de apopleg\u00eda fulminante.<\/p>\n<p>\u00a1Cosa extra\u00f1a y curiosa! Yo, que ciertamente no hab\u00eda tenido jam\u00e1s cari\u00f1o por aquel hombre, por m\u00e1s que en sus \u00faltimos d\u00edas me inspirase una gran compasi\u00f3n, tan luego como lo v\u00ed muerto, romp\u00ed en un verdadero mar de l\u00e1grimas. Aquella era la segunda muerte que yo ve\u00eda y el dolor de la primera estaba todav\u00eda demasiado reciente en mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO IV. EL COFRE DEL MUERTO<\/h2>\n<p>SIN perder un instante, por supuesto, hice entonces lo que quiz\u00e1s deb\u00ed haber hecho mucho tiempo antes, que fu\u00e9 contar \u00e1 mi madre todo lo que sab\u00eda, y desde luego v\u00ed que nos encontr\u00e1bamos en una posici\u00f3n sobre manera dif\u00edcil. Parte del dinero de aquel hombre\u2014si alguno ten\u00eda\u2014se nos deb\u00eda \u00e1 nosotros evidentemente; pero no era muy presumible que los extra\u00f1os y siniestros camaradas del Capit\u00e1n, sobre todo, aquellos dos que ya me eran conocidos, consintieran en deshacerse de parte del bot\u00edn que pensaban repartirse, por pagar las deudas del hombre muerto. La orden que el Capit\u00e1n me hab\u00eda dado, como se recordar\u00e1, de que saltase al punto sobre un caballo y corriese en busca del Doctor Livesey hubiera dejado \u00e1 mi madre sola y sin protecci\u00f3n, por lo cual no hab\u00eda que pensar en ello. La verdad es que nos parec\u00eda imposible \u00e1 ambos el permanecer mucho tiempo en la casa: los rumores m\u00e1s comunes \u00e9 insignificantes como el carb\u00f3n cayendo en las hornillas del fog\u00f3n de la cocina, el tic-tac del reloj de pared y otros por el estilo, nos llenaban, en aquellas circunstancias, de terror supersticioso. Las inmediaciones de la casa nos parec\u00edan llenar el aire con el ruido apagado de pisadas cautelosas que se acercaban, as\u00ed es que, entre aquel cad\u00e1ver del pobre Capit\u00e1n, yaciendo sobre el piso de la sala, y el recuerdo de aquel detestable y horroroso pordiosero ciego, rondando quiz\u00e1s muy cerca y tal vez pronto \u00e1 volver, hubo momentos en que, como dice un adagio vulgar, no me llegaba la camisa al cuerpo. Hab\u00eda, pues, que tomar una resoluci\u00f3n pronta, cualquiera que fuese, y al fin nos ocurri\u00f3 irnos juntos y pedir socorro en la aldea cercana. Todo fu\u00e9 decir y hacer. Aun cuando est\u00e1bamos con la cabeza toda trastornada, no vacilamos en correr, sin tardanza, enmedio de la tarde que declinaba y de la espesa y helada niebla que todo lo envolv\u00eda.<\/p>\n<p>La aldea, aunque no se ve\u00eda desde nuestra posada, no estaba, sin embargo, sino \u00e1 una distancia de pocos centenares de yardas, al otro lado de la caleta vecina, y\u2014lo que era para m\u00ed un grand\u00edsimo consuelo\u2014en direcci\u00f3n opuesta de la que el mendigo ciego hab\u00eda hecho su aparici\u00f3n, y probablemente de la que tambi\u00e9n hab\u00eda seguido en su retirada. No tardamos mucho tiempo en el camino, por m\u00e1s que algunas veces nos deten\u00edamos repeg\u00e1ndonos el uno al otro para prestar o\u00eddo. Pero no percibimos ruido alguno anormal; nada que no fuese el vago y suave rumor de la marea y los \u00faltimos graznidos y aleteos postreros de los habitantes de la selva.<\/p>\n<p>Acababa de oscurecer cuando llegamos \u00e1 la aldea, y jam\u00e1s olvidar\u00e9 lo mucho que me anim\u00f3 el ver en puertas y ventanas el brillo amarillento de las luces; aunque \u00a1ay! como muy pronto iba \u00e1 verlo, aquel era el \u00fanico auxilio que pod\u00edamos esperar por aquel lado. Porque no hubo un alma\u2014por m\u00e1s vergonzoso que esto sea para los hombres aquellos\u2014no hubo un alma que consintiera en acompa\u00f1arnos de vuelta \u00e1 la posada. Mientras m\u00e1s detall\u00e1bamos nuestras cuitas, m\u00e1s ve\u00edamos que hombres, mujeres y ni\u00f1os se aferraban en quedarse al abrigo de sus propios hogares. El nombre del Capit\u00e1n Flint, por m\u00e1s que para m\u00ed fuese completamente extra\u00f1o, era bastante conocido para algunos de aquellos campesinos y bastaba \u00e9l solo para llevar \u00e1 sus corazones un gran peso de terror. Algunos de aquellos hombres que hab\u00edan estado trabajando en el campo, en las cercan\u00edas del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>,\u201d recordaban, adem\u00e1s, haber visto varios extra\u00f1os en el camino y tom\u00e1ndolos por contrabandistas, los hab\u00edan obligado \u00e1 alejarse; otro aseguraba, por lo menos, haber visto una especie de bote de vela cuadrada, en la parte de la costa que llamamos Caleta del Gato. Por lo visto, cualquiera que fuese un simple camarada del Capit\u00e1n era bastante para producir un terror mortal \u00e1 aquellas gentes. Y aun cuando despu\u00e9s de muchas vueltas y revueltas encontramos \u00e1 algunos dispuestos \u00e1 montar \u00e9 ir \u00e1 prevenir al Doctor Livesey de lo que pasaba, para lo cual ten\u00edan que ir en otra direcci\u00f3n, lo cierto es que ninguno quiso venir \u00e1 ayudarnos \u00e1 defender la posada.<\/p>\n<p>Se dice comunmente que el miedo es contagioso; pero por otro lado, la elocuencia es una gran alentadora, as\u00ed es que, cuando cada uno hubo dicho su opini\u00f3n, mi madre les dijo un peque\u00f1o discurso.<\/p>\n<p>\u2014Yo declaro, dijo entre otras cosas, que jam\u00e1s consentir\u00e9 en perder un dinero que pertenece \u00e1 mi hu\u00e9rfano hijo, y si ninguno de Vds. se atreve \u00e1 ayudarme, Jim y yo nos atrevemos \u00e1 todo. Ahora mismo nos volvemos por donde hemos venido y pocas gracias doy \u00e1 Vds. camastrones, desentra\u00f1ados, corazones de pollo. Nosotros solos abriremos esa maleta, aunque deba costarme la vida mi atrevimiento. Gracias mil \u00e1 Vd., Sra. Crossley, por este saquillo que me ha prestado en el cual traer\u00e9 mi \u201cmuy m\u00edo\u201d y muy leg\u00edtimo dinero.<\/p>\n<p>Es claro que yo dije que ir\u00eda con mi madre, y claro es tambi\u00e9n que todas aquellas gentes protestaron contra nuestra temeridad; pero con todo y eso, no hubo un hombre solo que se resolviera \u00e1 acompa\u00f1arnos. Todo lo m\u00e1s que hicieron fu\u00e9 darme una pistola cargada por si acaso nos atacaban y prometernos que tendr\u00edan listos caballos ensillados para el caso de que fu\u00e9semos perseguidos en nuestra vuelta, y entre tanto un muchacho corr\u00eda ya en busca del Doctor para pedir auxilio armado.<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n lat\u00eda violentamente cuando mi madre y yo volv\u00edamos, solos de nuevo, en medio de aquella noche helada, para afrontar tan temible y peligrosa aventura. La luna llena comenzaba \u00e1 levantar su disco rojizo sobre las vagas siluetas de las nieblas del horizonte, lo cual nos impel\u00eda \u00e1 acelerar el paso, porque era evidente que antes de mucho rato, y antes de que volvi\u00e9semos de nuevo, todo estar\u00eda ya inundado con una claridad como de d\u00eda, y nuestra partida quedar\u00eda expuesta, por lo mismo, \u00e1 los ojos investigadores de nuestros vigilantes enemigos. Desliz\u00e1monos cautelosamente \u00e1 lo largo de los setos y vallados, sin hacer el menor ruido y no vimos ni o\u00edmos nada que fuese parte \u00e1 aumentar nuestras zozobras, hasta que, al fin, con gran consuelo nuestro, la puerta de la posada se cerr\u00f3 tras de nosotros, que est\u00e1bamos, al cabo, en ella.<\/p>\n<p>Corr\u00ed instintivamente el cerrojo tan luego como entramos, y nos quedamos, por un momento, enmedio de la oscuridad, jadeando y palpitantes, solos, sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que el cad\u00e1ver del Capit\u00e1n. Mi madre enseguida fu\u00e9 al mostrador y tom\u00f3 una bug\u00eda, y cogidos ambos de las manos nos introdujimos \u00e1 la sala. El muerto estaba all\u00ed, tal como lo hab\u00edamos dejado, con sus ojos abiertos y un brazo echado hacia fuera.<\/p>\n<p>\u2014Baja el trasparente, Jim, murmur\u00f3 mi madre; podr\u00eda suceder que viniesen \u00e1 espiarnos desde afuera. Y ahora\u2014a\u00f1adi\u00f3 cuando su orden estaba ejecutada\u2014tenemos que buscar la llave de <em>eso<\/em>, y ya veremos quien es el que lo coje. Y al decir esto exhal\u00f3 algo como un suspiro \u00f3 un sollozo.<\/p>\n<p>P\u00faseme de rodillas inmediatamente. En el suelo, muy cerca de la mano del difunto me encontr\u00e9 en el acto un disco peque\u00f1o de papel, ennegrecido de un lado. No pude dudar de que esto fuese el disco negro \u00e1 que \u00e9l se hab\u00eda referido y levant\u00e1ndolo, encontr\u00e9 escrito, al otro lado, en letra muy buena y muy clara, esta intimaci\u00f3n demasiado lac\u00f3nica. \u201cSe le<\/p>\n<p>da \u00e1 Vd. de plazo hasta las diez, de esta noche.\u201d<\/p>\n<p>\u2014Se le da hasta las diez, madre, dije, y no bien acababa de pronunciar estas palabras cuando nuestro viejo reloj cruji\u00f3 para dar una hora, y comenz\u00f3 \u00e1 sonar pausadamente sus campanadas, haci\u00e9ndonos extremecer con un movimiento involuntario&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Una&#8230; dos&#8230; tres&#8230; cuatro&#8230; cinco&#8230; seis! Las seis! son las seis apenas&#8230; tenemos tiempo, Jim, dijo mi madre. Ahora, veamos; esa llave!<\/p>\n<p>Busqu\u00e9 en cada una de sus bolsas: algunas peque\u00f1as monedas, un dedal, un poco de hilo, agujas gruesas, un pedazo de tabaco de pipa, su navaja de mango corvo, una br\u00fajula de bolsillo, y una cajita con eslab\u00f3n y yesca fu\u00e9 todo lo que en ellas encontr\u00e9 y ya comenzaba, por lo mismo, \u00e1 desesperar.<\/p>\n<p>\u2014Tal vez la lleve colgada al cuello, sugiri\u00f3 mi madre.<\/p>\n<p>Sobreponi\u00e9ndome \u00e1 una gran repugnancia me resolv\u00ed \u00e1 abrirle la camisa y all\u00ed, desde luego, suspensa de un sucio cordoncillo embreado que me d\u00ed prisa \u00e1 cortar con su propia navaja, estaba la llave que tanto busc\u00e1bamos. Con esta primera victoria nos sentimos llenos de valor y de esperanza y nos apresuramos \u00e1 subir \u00e1 la habitaci\u00f3n del difunto, en la que hab\u00eda dormido por tan largo tiempo y en la cual su cofre de \u00e1 bordo hab\u00eda permanecido desde el d\u00eda de su llegada.<\/p>\n<p>Era aquella una maleta marina, com\u00fan y corriente, como la de otro navegante cualquiera, solo que por fuera llevaba esta inicial B hecha con un hierro candente, y las esquinas aparec\u00edan un poco rotas y estropeadas como por un uso largo y nada cuidadoso.<\/p>\n<p>\u2014Dame esa llave, dijo mi madre; y aun cuando la chapa estaba muy dura y en poco uso, ella la hab\u00eda ya abierto y levantado la tapa de la maleta, en un abrir y cerrar de ojos.<\/p>\n<p>Un fuerte olor \u00e1 tabaco y \u00e1 br\u00e9a sali\u00f3 inmediatamente del interior, pero nada pudimos ver en el compartimiento de arriba, con excepci\u00f3n de un traje de muy buena tela cuidadosamente cepillado y doblado que, seg\u00fan dijo mi madre, jam\u00e1s debi\u00f3 haber sido usado. Bajo de \u00e9l comenzaba la miscel\u00e1nea: un cuadrante, una cajilla de hoja de lata, varios palillos de tabaco, dos pares de muy buenas y hermosas pistolas, un pedacillo de barra de plata, un antiguo reloj espa\u00f1ol y algunas otras baratijas de muy poco valor, en su mayor parte de estructura extranjera, un par de br\u00fajulas montadas en lat\u00f3n y cinco \u00f3 seis extra\u00f1as y curiosas conchas de los mares de las Indias Occidentales. Con frecuencia me he maravillado despu\u00e9s pensando para qu\u00e9 hab\u00eda venido trayendo y guardando aquellos mariscos, en el discurso de su azarosa, culpable y agitada vida.<\/p>\n<p>Entre tanto, nada que valiese la pena hab\u00edamos encontrado, excepto la barrilla y las baratijas de plata, que por cierto no era lo que nosotros busc\u00e1bamos. Debajo hab\u00eda un viejo capote de \u00e1 bordo, blanqueado con las sales marinas, que mi madre levant\u00f3 con impaciencia y que descubri\u00f3 \u00e1 nuestra vista las \u00faltimas cosas del contenido de la maleta. Eran estas, un paquete \u00f3 liazo de papeles, envueltos cuidadosamente en tela impermeable, y una talega de c\u00e1\u00f1amo, que nos bast\u00f3 menear para que su sonido nos dijese que conten\u00eda oro.<\/p>\n<p>\u2014Yo les probar\u00e9 \u00e1 esos p\u00edcaros, prorrumpi\u00f3 mi madre, que soy una mujer honrada. Tomar\u00e9 de aqu\u00ed lo que se nos debe y ni un solo penique m\u00e1s. Ten el saquillo de la Sra. Crossley; y diciendo esto comenz\u00f3 \u00e1 contar escrupulosamente el monto de lo adeudado, pasando las monedas de la talega del Capit\u00e1n al saquillo que yo sosten\u00eda abierto con mis manos.<\/p>\n<p>Fu\u00e9 aquella una operaci\u00f3n larga y dif\u00edcil porque las monedas eran de todos los pa\u00edses y de todos los cu\u00f1os imaginables. Doblones y luises de oro, guineas y piezas de \u00e1 ocho, y no s\u00e9 cuantas otras m\u00e1s, todas mezcladas unas con otras y en mont\u00f3n. Las guineas, adem\u00e1s, eran las menos abundantes, y ellas eran las \u00fanicas con que mi madre sab\u00eda contar.<\/p>\n<p>Estar\u00edamos como \u00e1 la mitad de nuestra tarea, cuando s\u00fabitamente tuve que poner mi mano sobre su brazo, para imponerle silencio, porque acababa de oir enmedio de la atm\u00f3sfera fr\u00eda y callada, un rumor que hizo que el coraz\u00f3n me latiera de nuevo hasta querer sal\u00edrseme por la boca: era el formidable <em>tap-tap<\/em> del bast\u00f3n del ciego mendigo golpeando sobre la superficie helada del camino. Lo o\u00ed que se acercaba m\u00e1s y m\u00e1s, en tanto que nosotros procur\u00e1bamos contener hasta la respiraci\u00f3n. Por fin golpe\u00f3 con firmeza en la puerta de la posada y luego o\u00edmos distintamente que hac\u00eda jugar la perilla de fuera de la cerradura, y el cerrojo cruj\u00eda con los esfuerzos que aquel miserable hac\u00eda para entrar. Hubo, enseguida, un silencio largo y angustioso tanto afuera como adentro de la casa. Por fin el <em>tap-tap<\/em> del bast\u00f3n comenz\u00f3 de nuevo y, con alegr\u00eda indescriptible de nuestra parte, acab\u00f3 por irse extinguiendo \u00e1 lo lejos lentamente hasta que, por \u00faltimo, ces\u00f3 de oirse por completo.<\/p>\n<p>\u2014Madre, le dije yo, t\u00f3melo Vd. todo de una vez y v\u00e1monos. Parec\u00edame que la puerta con el cerrojo echado debi\u00f3 de excitar las sospechas de aquel hombre y que probablemente nos echar\u00eda encima \u00e1 todo su nido de gavilanes. Por lo dem\u00e1s, nadie que no se haya visto en presencia de aquel terrible ciego puede explicarse cu\u00e1nto me felicit\u00e9 de haber tenido antes la ocurrencia instintiva de correr el cerrojo cuando entramos.<\/p>\n<p>Empero mi madre, azorada como estaba, no quiso consentir en tomar ni un c\u00e9ntimo m\u00e1s de lo que se nos deb\u00eda; pero tambi\u00e9n se obstin\u00f3 en no contentarse con menos.<\/p>\n<p>\u2014Todav\u00eda no han dado las siete, dijo; falta mucho a\u00fan: yo s\u00e9 lo que me corresponde y lo quiero \u00e1 todo trance.<\/p>\n<p>Todav\u00eda estaba discutiendo conmigo cuando un ligero silbido lleg\u00f3 hasta nosotros, lanzado, \u00e1 buena distancia, sobre la loma. Aquello era bastante y m\u00e1s que bastante para nosotros dos.<\/p>\n<p>\u2014Me llevar\u00e9 lo que he contado, dijo mi madre poni\u00e9ndose violentamente en pie.<\/p>\n<p>\u2014Y yo tomo esto para redondear la cuenta, agregu\u00e9 apoder\u00e1ndome del l\u00edo de papeles, envueltos en tela impermeable.<\/p>\n<p>Un instante despu\u00e9s, ambos baj\u00e1bamos \u00e1 toda prisa la escalera, dejando la vela junto al ba\u00fal vac\u00edo, y no tardamos sino pocos segundos en abrir la puerta exterior y ponernos en plena retirada. Un minuto m\u00e1s de dilaci\u00f3n y hubiera sido ya demasiado tarde. La niebla se estaba desbaratando r\u00e1pidamente y ya la luna brillaba con toda su claridad en la parte elevada del terreno, \u00e1 uno y otro lado nuestro, y apenas se quedaba ya un t\u00e9nue velo \u00e1 la orilla de la hondonada y \u00e1 las puertas de la taberna para favorecer con su gasa, todav\u00eda no rota, los primeros pasos de nuestra fuga. Mucho antes de que hubi\u00e9ramos podido llegar \u00e1 la mitad del camino que lleva \u00e1 la aldea, muy poco m\u00e1s all\u00e1 del pie de la loma, deb\u00edamos penetrar forzosamente en el espacio claro y descubierto, alumbrado por la luna. Y aun esto no era todo: el rumor de pasos numerosos que se acercaban en tropel lleg\u00f3 hasta nuestros o\u00eddos, y al mirar en direcci\u00f3n de ellos, pudimos notar \u00e1 causa de las oscilaciones de una lucecilla y de su r\u00e1pida aproximaci\u00f3n, que uno de los que se acercaban tra\u00eda consigo una linterna.<\/p>\n<p>\u2014Hijo m\u00edo, d\u00edjome mi madre de repente, toma el dinero y esc\u00e1pate corriendo. Yo siento que voy \u00e1 desmayarme.<\/p>\n<p>Esto s\u00ed que era el fin de todo para nosotros, al menos as\u00ed lo pens\u00e9 yo. \u00a1Cu\u00e1nto no execr\u00e9 en aquel momento, la cobard\u00eda de los vecinos; cu\u00e1nto no desaprob\u00e9 \u00e1 mi pobre madre por su honradez y su avaricia, lo mismo que por su pasado atrevimiento y su extrema debilidad en aquella hora! Nos encontr\u00e1bamos, por nuestra gran fortuna en aquel instante sobre el peque\u00f1o puente; yo la sostuve lo mejor que pude, vacilante como estaba, hasta la extremidad de la ribera, en donde exhal\u00f3 un suspiro y se dej\u00f3 caer sobre mi hombro. No podr\u00e9 decir ahora c\u00f3mo encontr\u00e9 en m\u00ed fuerzas bastantes para hacer lo que hice en aquellas cr\u00edticas circunstancias, y aun me temo que lo que ejecut\u00e9 lo llev\u00e9 \u00e1 cabo con alguna brusquedad; el hecho es que me d\u00ed trazas para hacerla bajar conmigo el pared\u00f3n de la hondanada y casi arrastr\u00e9la de manera de colocarnos un tanto cuanto bajo el arco del mismo puente. Nada m\u00e1s pude hacer despu\u00e9s de esto, porque el puentecillo era demasiado bajo para permitirnos otra cosa que el acurrucarme \u00e1 m\u00ed debajo de \u00e9l, dejando \u00e1 mi madre casi enteramente afuera; pero quedando ambos \u00e1 tan corta distancia de la posada que pod\u00edamos oir claramente lo que se hablara en ella.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO V. DEL FIN QUE TUVO EL MENDIGO CIEGO<\/h2>\n<p>MI curiosidad, empero, pudo m\u00e1s que mis temores: comprend\u00ed que el permanecer all\u00ed donde estaba no me tra\u00eda m\u00e1s utilidad que la de pasarme agazapado, Dios sabe cuanto tiempo, por lo cual trep\u00e9 como pude, una vez m\u00e1s al pared\u00f3n del barranco y ocultando mi cabeza entre un sotillo de retamas pude colocarme en posici\u00f3n de dominar desde all\u00ed toda la parte del camino que pasa frente \u00e1 nuestra puerta. Apenas hab\u00eda logrado acomodarme cuando los enemigos comenzaron \u00e1 llegar en n\u00famero de siete \u00fa ocho, \u00e1 toda carrera, golpeando con sus pies el sendero descompasadamente y trayendo al frente de ellos al hombre de la linterna, \u00e1 pocos pasos \u00e1 vanguardia. Tres hombres corr\u00edan juntos, cogidos de las manos, y yo comprend\u00ed luego, aun \u00e1 trav\u00e9s de la niebla, que el que formaba el centro del tr\u00edo, no era otro que mi formidable mendigo ciego. Un momento despu\u00e9s su voz me prob\u00f3 que no me hab\u00eda equivocado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Abajo la puerta! grit\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Bien, bien, se\u00f1or! contestaron dos \u00f3 tres de los asaltantes los cuales se precipitaron en tropel sobre la puerta de la posada, seguidos por el hombre de la linterna; pero muy luego los v\u00ed detenerse y cambiar algunas palabras en voz baja, como sorprendidos de haber encontrado abierta la misma entrada que se propon\u00edan forzar. Pero su sorpresa fu\u00e9 muy pasajera: el ciego volvi\u00f3 \u00e1 lanzar sus \u00f3rdenes oy\u00e9ndose su voz m\u00e1s fuerte y m\u00e1s levantada, como si se sintiera encendido por un grande anhelo y una violenta rabia al mismo tiempo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adentro, adentro, adentro! les gritaba, no sin proferir maldiciones y juramentos por lo que \u00e1 \u00e9l le parec\u00eda tardanza.<\/p>\n<p>Cuatro \u00f3 cinco de ellos se apresuraron \u00e1 obedecer, permaneciendo dos en el sendero, al lado de aquel mendigo formidable. Hubo otra pausa no muy larga y tras ella reson\u00f3 una exclamaci\u00f3n de sorpresa, seguida por una voz que clam\u00f3 desde adentro:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bill ha muerto!<\/p>\n<p>Pero el ciego lanz\u00f3les un tremendo y nuevo juramento por su poca diligencia, a\u00f1adiendo:<\/p>\n<p>\u2014Reg\u00edstrelo alguno de Vds., tramposos, vagabundos, y \u00a1los dem\u00e1s arriba y \u00e1 bajarse la maleta!<\/p>\n<p>Hasta mi escondite llegaba el ruido de las pisadas de aquellos hombres en los pelda\u00f1os de madera de nuestra escalera, por tanto, es seguro que la casa entera deb\u00eda retemblar con ellas. En el momento se siguieron nuevas exclamaciones de sorpresa: la ventana del cuarto del Capit\u00e1n fu\u00e9 abierta de par en par con un empuj\u00f3n violento acompa\u00f1ado de ruido de vidrios que se romp\u00edan. Un hombre apareci\u00f3 en ella, iluminado por la luz plena de la luna y se diriji\u00f3 al mendigo ciego que se encontraba, como he dicho, en el camino y precisamente debajo de la ventana reci\u00e9n abierta.<\/p>\n<p>\u2014Pew, le grit\u00f3, nos han ganado por la mano. Alguien ha registrado ya la maleta, de arriba \u00e1 abajo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 <em>eso<\/em> all\u00ed? pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014El dinero, s\u00ed, contest\u00f3 el de arriba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Carguen mil diablos contigo y el dinero! lo que yo pregunto es si est\u00e1 all\u00ed el manuscrito de Flint, \u00a1bergante!<\/p>\n<p>\u2014Por lo que hace \u00e1 aqu\u00ed, no hay nada replic\u00f3 el otro.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, bajen Vds., y vean si est\u00e1 sobre el cad\u00e1ver de Bill.<\/p>\n<p>En ese momento, otro de los de la partida, probablemente el que se hab\u00eda quedado en la sala registrando el cuerpo del Capit\u00e1n, apareci\u00f3 en la puerta de la posada diciendo:<\/p>\n<p>\u2014Bill ha sido ya registrado antes: nada han dejado sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Han sido las gentes de la posada, ha sido ese muchacho. De buena gana le hubiera sacado yo los ojos, rugi\u00f3 el ciego Pew. No ha mucho que estaban aqu\u00ed todav\u00eda: ten\u00edan el cerrojo puesto cuando yo quise entrar. \u00a1\u00c1 registrar, muchachos, \u00e1 registrar y \u00e1 encontrarlos!<\/p>\n<p>\u2014Lo \u00fanico que nos han dejado aqu\u00ed es su vela, dijo el de la ventana. \u2014\u00a1Pues \u00e1 la obra, \u00e1 la obra! \u00a1\u00e1 registrar y \u00e1 dar con ellos! dijo de nuevo Pew, golpeando airadamente con su palo sobre el suelo.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3se entonces una gran batahola, un vaiv\u00e9n indecible adentro de la casa; ruidos de pisadas toscas resonaban de un lado y otro; rumor de muebles arrojados al suelo; puertas abiertas \u00e1 puntapi\u00e9s, hasta que las rocas repitieron con sus ecos aquel ruido infernal. Vi\u00f3se entonces \u00e1 todos aquellos hombres salir al camino, uno tras de otro, declarando que nada les quedaba que registrar y que, de fijo, no est\u00e1bamos ocultos dentro de la casa. En aquel instante el mismo silbido que tanto nos hab\u00eda alarmado \u00e1 mi madre y \u00e1 m\u00ed, cuando oper\u00e1bamos sobre el dinero del difunto Capit\u00e1n, volvi\u00f3 \u00e1 oirse clara y distintamente enmedio de la noche, pero en esta ocasi\u00f3n, dos veces repetido. Yo hab\u00eda cre\u00eddo que ese sonido era algo como la trompeta del ciego, ordenando con ella \u00e1 su tripulaci\u00f3n el lanzarse al abordaje, pero entonces comprend\u00ed que no era sino una se\u00f1al soltada sigilosamente del lado de la loma en direcci\u00f3n de la aldea y, seg\u00fan el efecto que ella produjo en nuestros filibusteros, era un aviso preventivo de alg\u00fan peligro cercano.<\/p>\n<p>\u2014Dirk ha silbado, dijo uno&#8230; y dos veces! \u00a1tenemos que ponernos en franqu\u00eda!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ponte en franqu\u00eda al infierno, mandria! grit\u00f3le Pew. Dirk se ha manifestado desde un principio cobarde y tonto, y Vds., no deben hacerle caso. Esas gentes deben estar por aqu\u00ed, muy cerca, tenemos la mano sobre ellas, con seguridad. Revolver todo, registrarlo todo&#8230; \u00bf\u00e1 qu\u00e9 hemos venido, si n\u00f3, perros de Satan\u00e1s? \u00a1Oh! \u00a1por vida del diablo!&#8230; \u00a1si tuviera yo mis ojos&#8230;!<\/p>\n<p>Estas exclamaciones parecieron producir alg\u00fan efecto, pues dos de los de la banda comenzaron \u00e1 registrar aqu\u00ed y acull\u00e1, entre las duelas y trastos que hab\u00eda por all\u00ed afuera, pero con muy poca resoluci\u00f3n, seg\u00fan me pareci\u00f3 y siempre teniendo un ojo listo para escapar al peligro que tem\u00edan, mientras que los restantes estaban a\u00fan indecisos y vacilantes en el camino.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, imb\u00e9ciles! clamaba el ciego; tienen Vds. las manos puestas sobre millares de millares \u00a1y se est\u00e1n all\u00ed como idiotas, con los brazos cruzados! Todos Vds. pueden hacerse en un momento tan ricos como reyes con solo encontrar eso que muy bien saben que est\u00e1 por aqu\u00ed, \u00e1 su alcance, \u00a1y ninguno quiere hacer su obligaci\u00f3n! \u00a1Mandrias! \u00a1mandrias! ninguno de Vds. se atrevi\u00f3 \u00e1 presentarse \u00e1 Bill, y tuve que resolverme \u00e1 hacerlo yo&#8230; \u00a1un ciego! \u00a1Pues bien yo no quiero perder la suerte que me toca, por culpa de Vds.! \u00a1Qu\u00e9! \u00bfvoy \u00e1 seguir siendo toda la vida un pordiosero que se arrastra, chicaneando y trampeando por un miserable vaso de rom, cuando debo y puedo rodar en coches magn\u00edficos? \u00a1Si esas gentes se volvieran ojo de hormiga, todav\u00eda deber\u00edan Vds. encontrarlas!<\/p>\n<p>\u2014Cierra tu escotilla, Pew, gru\u00f1\u00f3 uno de ellos, ya hemos pescado los doblones.<\/p>\n<p>\u2014Es seguro que ellos habr\u00e1n escondido bien el maldito l\u00edo, salt\u00f3 otro. Pero no perdamos tiempo; toma t\u00fa los Jorges, Pew, y no est\u00e9s all\u00ed chillando.<\/p>\n<p>Chillando era la palabra verdadera, y al oirla la muy mal contenida c\u00f3lera del ciego hizo explosi\u00f3n, excitada ya por las objeciones precedentes, de tal suerte y tan furiosamente, que su excitaci\u00f3n se sobrepuso \u00e1 todo; as\u00ed fu\u00e9 que, empu\u00f1ando su grueso bast\u00f3n, arremeti\u00f3 con \u00e9l \u00e1 sus secuaces, golpeando con rabia \u00e1 derecha \u00e9 izquierda, \u00e1 pesar de su ceguera, y dej\u00e1ndose oir sus tremendos golpes sobre m\u00e1s de alguno de los m\u00e1s pr\u00f3ximos \u00e1 \u00e9l.<\/p>\n<p>Estos, \u00e1 su vez, respondieron vomitando las m\u00e1s horribles injurias y amenazas sobre el perverso ciego, y se lanzaron sobre \u00e9l \u00e1 pretender apoderarse del garrote, retorci\u00e9ndoselo en su poderoso pu\u00f1o.<\/p>\n<p>Esta ri\u00f1a fu\u00e9 para nosotros la salvaci\u00f3n, pues todav\u00eda estaban empe\u00f1ados en ella aquellos hombres, cuando un nuevo ruido se dej\u00f3 oir hacia la cumbre de la loma, por el lado de la aldea, y era el galope tendido de varios caballos. Casi en el mismo instante un pistoletazo parti\u00f3 del lado del vallado, percibi\u00e9ndose simult\u00e1neamente la luz y el trueno del disparo. Aquello era, evidentemente, la \u00faltima se\u00f1al de peligro, porque los filibusteros se pusieron en fuga, en el instante, en una precipitada carrera de \u201cs\u00e1lvese quien pueda.\u201d Todos corrieron en direcci\u00f3n diferente: el uno rumbo al mar; otro hacia la caleta; otro obl\u00edcuamente por la loma y as\u00ed de los dem\u00e1s, de tal manera que en menos tiempo del que lo cuento, no quedaban ya ni trazas de ellos, excepto el ciego Pew. En cuanto \u00e1 \u00e9ste, lo hab\u00edan abandonado, no sabr\u00e9 decir si por el p\u00e1nico que de ellos se apoder\u00f3, \u00f3 en venganza de sus injurias y garrotazos. El hecho es que \u00e9l estaba all\u00ed, detr\u00e1s de todos, tentaleando sobre el camino con su bast\u00f3n, loca y desesperadamente, y llamando \u00e1 gritos \u00e1 sus camaradas fugitivos.<\/p>\n<p>Finalmente tom\u00f3 la peor direcci\u00f3n para \u00e9l, rumbo \u00e1 la aldea, y pas\u00f3 \u00e1 muy pocos pasos de mi escondite clamando fren\u00e9ticamente:<\/p>\n<p>\u2014Juanillo, Black Dog, Dirk, y otros nombres m\u00e1s&#8230;. Vds. no dejar\u00e1n aqu\u00ed \u00e1 su viejo Pew, compa\u00f1eros&#8230; \u00a1no dejar\u00e1n \u00e1 su pobre Pew!<\/p>\n<p>En aquel instante el ruido de los caballos lleg\u00f3 \u00e1 la cumbre y cuatro \u00f3 cinco ginetes aparecieron sobre la loma, alumbrados claramente por la luna y se precipitaron \u00e1 galope tendido hacia abajo, por el declive.<\/p>\n<p>Entonces Pew comprendi\u00f3 su error; trat\u00f3 de volverse prorrumpiendo en una maldici\u00f3n y se diriji\u00f3 hacia la zanja en la cual rod\u00f3. Pero en un segundo ya se hab\u00eda puesto en pie de nueva cuenta \u00e9 intent\u00f3 un nuevo escape; pero descarriado ya como estaba, no hizo m\u00e1s que ir \u00e1 colocarse precisamente bajo el m\u00e1s pr\u00f3ximo de los caballos que se acercaban. El ginete trat\u00f3 de salvarlo; pero fu\u00e9 en vano. El mendigo cay\u00f3, sin remedio, atropellado por el bruto que lo ech\u00f3 por tierra y estamp\u00f3 sobre \u00e9l, despedaz\u00e1ndolo, sus cuatro herrados y poderosos cascos. Pew dej\u00f3 oir un solo grito horrible y angustioso que se perdi\u00f3 en el silencio tr\u00e1gico de la noche. Cay\u00f3 sobre un costado, se volte\u00f3 luego d\u00e9bilmente con el rostro \u00e1 tierra y no volvi\u00f3 \u00e1 moverse nunca.<\/p>\n<p>Yo me enderec\u00e9 entonces y salud\u00e9 cort\u00e9smente \u00e1 los ginetes que ya se dispon\u00edan \u00e1 retroceder, horrorizados por el accidente ocurrido. Pronto me d\u00ed cuenta de quienes eran ellos. Uno, que ven\u00eda a\u00fan detr\u00e1s de todos, era el muchacho que hab\u00eda ido de la aldea en busca del Doctor Livesey; los dem\u00e1s eran aduaneros \u00f3 guardas fiscales que aqu\u00e9l hab\u00eda encontrado en su camino y con los cuales se hab\u00eda entendido para regresar sin p\u00e9rdida de tiempo. La noticia de aquella extra\u00f1a barca de vela cuadrada surta en la Caleta del Gato, hab\u00eda llegado hasta el Inspector Dance que, \u00e1 consecuencia de ella, hab\u00eda resuelto hacer una excursi\u00f3n aquella noche en direcci\u00f3n de nuestras playas, circunstancia, sin la cual, es seguro que mi madre y yo habr\u00edamos perdido la vida.<\/p>\n<p>En cuanto \u00e1 Pew, estaba muerto y muy bien muerto. Por lo que hace \u00e1 mi madre, \u00e1 quien condujimos \u00e1 la aldea, algunas lociones de agua fr\u00eda y algunas sales que le hicimos aspirar le volvieron por completo el conocimiento y aunque no qued\u00f3 enteramente exhausta de \u00e1nimo por sus terrores, sinembargo a\u00fan continuaba deplorando el resto del dinero que no quiso tomar. En el inter\u00edn, el Inspector apresur\u00f3 su marcha, tanto cuanto pudo, en direcci\u00f3n de la Caleta del Gato; pero sus guardas ten\u00edan que desmontar y que ir marchando \u00e1 tientas por las escabrosidades de la ca\u00f1ada, llevando del diestro \u00e1 los caballos, algunas veces conteni\u00e9ndolos y constantemente con el temor de una emboscada, por lo mismo no fu\u00e9 cosa de sorprenderse el que, cuando llegaron al lugar en que sab\u00edan que la barca estaba fondeada, \u00e9sta se hubiera hecho ya \u00e1 la mar, si bien estaba a\u00fan \u00e1 cort\u00edsima distancia de la playa. Todav\u00eda la voz del Inspector pudo llegar hasta los fugitivos, uno de los cuales le grit\u00f3 que se quitase de la luz de la luna porque podr\u00eda ir \u00e1 saludarle un poco de plomo. No acababa de apagarse el eco de esta intimaci\u00f3n cuando silb\u00f3 una bala de mosquete casi rozando el brazo de Dance y acto continuo la embarcaci\u00f3n dobl\u00f3 la punta de la caleta y desapareci\u00f3. El Inspector se qued\u00f3 all\u00ed, seg\u00fan su propia expresi\u00f3n \u201ccomo pez fuera del agua\u201d y todo lo m\u00e1s que pudo hacer fu\u00e9 enviar un hombre \u00e1 Br\u00edstol para prevenir el arribo posible de la fal\u00faa aquella, lo cual era lo mismo que nada, en su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Han salido salvos, a\u00f1adi\u00f3, y la cosa ha concluido all\u00ed. Solamente me alegro mucho de que hayamos trillado al paso \u00e1 Maese Pew, que de no ser as\u00ed ya hubiera recibido, \u00e1 estas horas, noticias m\u00edas.<\/p>\n<p>Volv\u00edme entonces con \u00e9l \u00e1 la posada del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d y no podr\u00eda nadie imaginarse qu\u00e9 cuadro de trastorno y destrozo encontr\u00e9 en nuestra casa. El reloj, con su gran caja de madera, hab\u00eda sido arrojado al suelo por aquellos b\u00e1rbaros en su desesperada cacer\u00eda emprendida para buscarnos \u00e1 mi madre y \u00e1 m\u00ed, y aun cuando es cierto que nada se hab\u00edan llevado \u00e1 excepci\u00f3n del talego de dinero del Capit\u00e1n y algunas monedas de plata de nuestra gaveta, pude hacerme cargo, desde la primera ojeada que d\u00ed, de que est\u00e1bamos arruinados. El Inspector Dance no pod\u00eda hacer nada en aquel caos.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, Jim, d\u00edjome; t\u00fa afirmas que ellos han cogido el dinero, \u00bfno es as\u00ed? entonces \u00bfqu\u00e9 fortuna era la que buscaban aqu\u00ed? \u00bfm\u00e1s dinero tal vez?<\/p>\n<p>\u2014No se\u00f1or, no creo que fuese dinero, le contest\u00e9, lo cierto es que yo creo tener aqu\u00ed, en la bolsa de pecho de mi jub\u00f3n lo que ellos buscaban y quisiera, de buen grado, depositarlo desde luego en un lugar seguro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara ponerlo \u00e1 salvo, muchacho? me parece muy bueno, dijo. Yo me lo llevar\u00e9 si t\u00fa quieres.<\/p>\n<p>\u2014Yo pensaba, tal vez, que el Doctor Livesey&#8230; comenc\u00e9 yo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Excelente! \u00a1magn\u00edfico! me interrumpi\u00f3 \u00e9l en muy plausible tono; tu idea es immejorable; \u00e9l es todo un caballero y todo un magistrado. Y ahora que pienso en ello, yo tambi\u00e9n debo ir all\u00e1 y dar cuenta, ya sea \u00e1 \u00e9l, ya al Caballero Trelawney, de la muerte de ese Maese Pew, que ya no tiene remedio. Y no es que yo la deplore, n\u00f3; sino que las gentes poco ben\u00e9volas podr\u00edan querer acriminar por ella \u00e1 un oficial del fisco de Su Majestad, si acriminaci\u00f3n cupiere en este caso. Ahora, pues, Hawkins, si t\u00fa quieres, puedo llevarte conmigo.<\/p>\n<p>Le d\u00ed cordialmente las gracias por su ofrecimiento y nos fuimos \u00e1 pie otra vez \u00e1 la aldea en donde estaban los caballos. Mientras fu\u00ed \u00e1 avisar \u00e1 mi madre lo que iba yo \u00e1 hacer ya las cabalgaduras estaban ensilladas.<\/p>\n<p>\u2014Dogger, dijo el Sr. Dance, t\u00fa llevas all\u00ed un buen caballo, ponte \u00e1 este chiquillo en ancas.<\/p>\n<p>No bien hube yo montado y as\u00eddome al cintur\u00f3n de Dogger, el Inspector di\u00f3 la se\u00f1al de partida y toda la caravana se puso en movimiento saliendo al camino, \u00e1 un trote bastante vivo, y cruzando el puente que nos sirvi\u00f3 de escondite, rumbo \u00e1 la casa del Doctor Livesey.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO VI. LOS PAPELES DEL CAPIT\u00c1N<\/h2>\n<p>CAMINAMOS bastante de prisa hasta que por fin nos detuvimos \u00e1 la puerta del Doctor Livesey. La casa estaba enteramente oscura en el exterior.<\/p>\n<p>El Inspector Dance me dijo que me apeara y llamase \u00e1 la puerta y Dogger me di\u00f3 uno de sus estribos para que bajara por \u00e9l. La puerta se abri\u00f3 casi inmediatemente y apareci\u00f3 la criada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 en casa el Doctor? le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014N\u00f3, me contest\u00f3, estuvo aqu\u00ed en la tarde, pero volvi\u00f3 \u00e1 salir rumbo \u00e1 la Universidad en donde iba \u00e1 comer y \u00e1 pasar la velada con el Caballero Trelawney.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, vamos all\u00e1, muchachos, dijo el Inspector.<\/p>\n<p>Por esta vez, como la distancia que hab\u00eda que recorrer era muy corta, ya no volv\u00ed \u00e1 montar, sino que march\u00e9 teni\u00e9ndome \u00e1 la correa del estribo de Dogger hasta el pabell\u00f3n del conserje, y de all\u00ed arriba por la larga y desnuda avenida, alumbrada \u00e1 aquella hora por el resplandor de la luna, y \u00e1 cuyo t\u00e9rmino se ve\u00eda, de uno y otro lado, en medio de viejos jardines, la blanca silueta del grupo de edificios que forman la Universidad. Aqu\u00ed el Inspector Dance desmont\u00f3, y llev\u00e1ndome consigo, obtuvo el permiso de pasar al interior del establecimiento para un peque\u00f1o asunto.<\/p>\n<p>El criado nos condujo \u00e1 un pasillo esterado \u00e1 cuyo extremo nos mostr\u00f3 la gran biblioteca, toda forrada de inmensos estantes, coronados de bustos de sabios de todas las edades. All\u00ed encontramos al Caballero Trelawney y al Doctor Livesey, charlando animadamente, puro en mano, \u00e1 los lados de un fuego alegre y brillante.<\/p>\n<p>Hasta aquella noche no hab\u00eda yo tenido ocasi\u00f3n de ver de cerca al Caballero Trelawney. Era un hombre alto, de m\u00e1s de seis pies de estatura y de anchura proporcionada, con un rostro agreste, \u00e1spero y encarnado que sus largos viajes hab\u00edan puesto as\u00ed, como forrado por una m\u00e1scara.<\/p>\n<p>Sus pupilas eran muy negras y se mov\u00edan con gran vivacidad, lo cual le daba la apariencia de poseer un temperamento, no dir\u00e9 malo, pero s\u00ed violento y altivo.<\/p>\n<p>\u2014Pase Vd., Sr. Dance, dijo entonces, en un tono ben\u00e9volo y amable.<\/p>\n<p>\u2014Buenas noches, Dance, dijo \u00e1 su vez el Doctor con una inclinaci\u00f3n de cabeza. Y buenas noches, t\u00fa tambi\u00e9n, amigo Jim, \u00bfqu\u00e9 buenos vientos traen \u00e1 Vds. por ac\u00e1?<\/p>\n<p>El Inspector qued\u00f3se de pie, derecho y tieso como un veterano, y cont\u00f3 lo acaecido como un estudiante que recita su lecci\u00f3n. Era de verse c\u00f3mo aquellos dos caballeros se acercaban insensiblemente, y qu\u00e9 miradas se dirij\u00edan el uno al otro, embarg\u00e1ndoles la sorpresa de tal modo que hasta se olvidaron por completo de fumar sus puros. Cuando se les refiri\u00f3 c\u00f3mo mi madre hab\u00eda vuelto sola conmigo \u00e1 la posada, el Doctor se di\u00f3 una buena palmada en el muslo y el Caballero Trelawney exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bravo, bravo! y en su entusiasmo arroj\u00f3 su excelente puro \u00e1 la chimenea. Mucho antes de que lo hiciera se hab\u00eda ya puesto de pie, y med\u00eda \u00e1 pasos agitados la habitaci\u00f3n, en tanto que el Doctor, como si esto le ayudara \u00e1 oir mejor, se hab\u00eda arrancado la empolvada peluca y se nos exhib\u00eda all\u00ed, haciendo una figura extra\u00f1\u00edsima, con su propio pelo negro, cortado \u00e1 peine, como se dice en t\u00e9rminos de barber\u00eda.<\/p>\n<p>Al fin el Inspector Dance concluy\u00f3 su narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Sr. Dance, dijo el Caballero, es Vd. un hombre de muy noble coraz\u00f3n. En cuanto al hecho de haber atropellado \u00e1 aquel perverso lo considero, se\u00f1or m\u00edo, como un acto meritorio, tal como el pisar sobre una alima\u00f1a venenosa. Y por lo que hace \u00e1 este buen mozalbete Hawkins, \u00e9l ha sido \u201ctriunfos\u201d en este juego. Vamos, chicuelo, \u00bfquieres hacer el favor de tirar el cord\u00f3n de esa campanilla? Es preciso que obsequiemos al Sr. Inspector con un buen vaso de cerveza.<\/p>\n<p>\u2014Por lo visto, Jim, \u00bft\u00fa cr\u00e9es tener en tu poder lo que esos malvados buscaban? interrog\u00f3 el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed lo tiene Vd., dije alarg\u00e1ndole el paquete envuelto en tela impermeable.<\/p>\n<p>El Doctor lo tom\u00f3 y le di\u00f3 vueltas y m\u00e1s vueltas, como si sus dedos danzaran con la impaciencia nerviosa de abrir aquello; pero en vez de hacerlo as\u00ed, deposit\u00f3 el paquete tranquilamente en su bolsillo.<\/p>\n<p>\u2014Caballero Trelawney, dijo, as\u00ed que el Sr. Dance haya tomado su cerveza, tiene, por fuerza, que salir de nuevo al servicio de Su Magestad; pero en cuanto \u00e1 Jim, me propongo hacerlo que se quede esta noche \u00e1 dormir en mi casa, as\u00ed es que con su permiso, propondr\u00eda yo que le mand\u00e1ramos dar una buena tajada de pastel fr\u00edo para que cene.<\/p>\n<p>\u2014Como Vd. quiera, Livesey, dijo el Caballero, Hawkins se ha hecho acreedor \u00e1 algo mucho mejor que un pastel fr\u00edo.<\/p>\n<p>Dicho esto, me trajeron y colocaron en una mesita lateral un grande y apetitoso pastel de pich\u00f3n, con el cual me despach\u00e9 concienzudamente y muy \u00e1 mi sabor, porque la verdad es que ten\u00eda yo tanta hambre como un halc\u00f3n. En el inter\u00edn, el Sr. Dance recib\u00eda nuevos cumplidos, tomaba su cerveza y conclu\u00eda, al fin, por despedirse.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora Caballero, dijo el Doctor&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Y ahora, Livesey, exclam\u00f3 el Caballero en el mismo tono.<\/p>\n<p>Cada cosa \u00e1 su tiempo, como lo reza un adagio, dijo el Doctor riendo; \u00bfVd. ha o\u00eddo hablar de ese Flint, \u00e1 lo que creo?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1O\u00eddo hablar de \u00e9l! exclam\u00f3 el Caballero, o\u00eddo hablar de \u00e9l! Pues si ha sido el m\u00e1s sanguinario filibustero que jam\u00e1s ha cruzado el oc\u00e9ano. Barbaroja era un ni\u00f1o de pecho junto \u00e1 \u00e9l. Los espa\u00f1oles le ten\u00edan un miedo tan horrible que, debo decirlo con franqueza, me sent\u00eda yo orgulloso de que Flint fuese un ingl\u00e9s. Yo he visto, con mis propios ojos, las gavias de su nav\u00edo, \u00e1 la altura de la <em>Trinidad<\/em>, y el gallinazo hijo de borrach\u00edn con quien yo me hab\u00eda embarcado, hizo proa atr\u00e1s, refugi\u00e1ndose \u00e1 toda prisa en Puerto-Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, dijo el Doctor, tambi\u00e9n yo he o\u00eddo hablar de \u00e9l en Inglaterra; pero la cuesti\u00f3n es esta, \u00bften\u00eda dinero?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dinero! exclam\u00f3 el Caballero Trelawney, \u00a1ha o\u00eddo Vd. cosa! \u00bfpues qu\u00e9 es lo que esos villanos buscaban sino dinero? \u00bfqu\u00e9 les importa \u00e1 ellos nada que no sea dinero? \u00bfy por qu\u00e9 otra cosa arriesgar\u00edan sus viles pellejos que no fuese por dinero?<\/p>\n<p>\u2014Eso lo veremos pronto, replic\u00f3 el Doctor; pero Vd. est\u00e1 tan extraordinariamente excitado y declamador que no acierto \u00e1 sacar en limpio nada de lo que deseo. Lo que yo quiero saber es esto: suponiendo que tengo yo en mi bolsa, aqu\u00ed, la llave para descubrir el punto en que Flint ha sepultado su tesoro, \u00bfel tal tesoro ser\u00e1 algo que valga la pena?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Que valga la pena! \u00a1Por San Jorge! Valdr\u00e1 nada menos que esto: si tenemos esa clave que Vd. sospecha, yo fletar\u00e9 un buque en Br\u00edstol y llevar\u00e9 conmigo \u00e1 Vd. y \u00e1 Hawkins, y crea que desenterrar\u00e9 el tal tesoro aunque deba buscar un a\u00f1o entero.<\/p>\n<p>\u2014Muy bien; ahora pues, si Jim consiente, abriremos este paquete, dijo el Doctor poni\u00e9ndolo sobre la mesa.<\/p>\n<p>El l\u00edo estaba cosido, as\u00ed fu\u00e9 que el Doctor tuvo que sacar de su estuche unas tijeras y cortar las hebras que lo aseguraban. Dos cosas aparecieron: un cuaderno y un papel sellado.<\/p>\n<p>\u2014Primero examinaremos el cuaderno, sugiri\u00f3 el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014Tanto el Caballero como yo est\u00e1bamos ya observando por encima de su hombro cuando \u00e9l lo abri\u00f3, pues por lo que hace \u00e1 m\u00ed ya el mismo Doctor me hab\u00eda antes invitado \u00e1 que me acercase sin ceremonias, dejando la mesa donde hab\u00eda cenado, para participar en el placer de la curiosa investigaci\u00f3n. En la primera p\u00e1gina no hab\u00eda m\u00e1s que algunos rasgos de manuscrito, como los que un hombre, con una pluma en la mano, puede hacer por v\u00eda de pr\u00e1ctica \u00f3 de entretenimiento. Una de las frases escritas era la misma que el Capit\u00e1n llevaba en los dibujos indelebles de su brazo \u201cCaprichos de Billy Bones.\u201d Luego se le\u00eda esto: \u201cMaese W. Bones, piloto,\u201d \u201cNo m\u00e1s rom,\u201d y \u201cCerca de Punta de Palma lo hubo\u201d y algunos otros motes y palabras sueltas, en su mayor parte ininteligibles. No pude prescindir de que se excitara mi curiosidad pensando qui\u00e9n ser\u00eda el que <em>lo hubo<\/em> y qu\u00e9 fu\u00e9 <em>lo que hubo<\/em>. Lo mismo pod\u00eda tratarse de una buena estocada en la espalda que de otra cosa cualquiera.<\/p>\n<p>\u2014No sacaremos de aqu\u00ed gran cosa en limpio, dijo el Doctor volviendo la hoja.<\/p>\n<p>Las diez \u00f3 doce p\u00e1ginas siguientes estaban llenas con una curiosa serie de entradas. En la extremidad de cada una de las l\u00edneas se ve\u00eda una fecha, y en la otra una suma de dinero, como en los libros de cuentas comunes y corrientes; pero en vez de palabras explicativas, s\u00f3lo se encontraba un n\u00famero variable de cruces entre una y otra. En la fecha marcada 12 de Junio de 1745, por ejemplo, se ve\u00eda claramente que la cantidad de setenta libras esterlinas se deb\u00eda \u00e1 alguno, y no se ve\u00edan sino seis cruces para explicar la causa \u00fa origen de la deuda. En algunos lugares, para mayor seguridad, se a\u00f1ad\u00eda el nombre de alg\u00fan lugar como \u201c\u00c1 la altura de Caracas,\u201d \u00f3 bien una mera cita geogr\u00e1fica de latitud y longitud como, 53\u00b0 17\u00b4 20\u201d y 19\u00b0 2\u00b4 40\u201d.<\/p>\n<p>Aquel memor\u00e1ndum duraba muy cerca del espacio de veinte a\u00f1os, aumentando, como era natural, el guarismo total, \u00e1 proporci\u00f3n que el tiempo avanzaba, hasta que al \u00faltimo se ve\u00eda un gran total sumado, despu\u00e9s de cuatro \u00f3 cinco adiciones equ\u00edvocas rectificadas, y por todo ap\u00e9ndice estas tres palabras \u201cHucha de Bones.\u201d<\/p>\n<p>\u2014No le hallo \u00e1 esto pies ni cabeza, dijo el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014Pues la cosa es clara como la luz del medio d\u00eda, exclam\u00f3 el Caballero: este es el libro de cuentas del malvado sabueso. Esas cruces ocupan all\u00ed el lugar de los nombres de buques y aldeas que \u00e9l ech\u00f3 \u00e1 pique \u00f3 entr\u00f3 \u00e1 saqueo. Las sumas no son m\u00e1s que la parte que en cada haza\u00f1a de esas toc\u00f3 \u00e1 nuestro escorpi\u00f3n, y en donde ten\u00eda alg\u00fan error ya ve Vd. que cuidaba de a\u00f1adir algo que aclarara como \u201c\u00c1 la altura de Caracas\u201d ya puede Vd. colegir por esta inscripci\u00f3n que alg\u00fan desdichado buque fu\u00e9 tomado al abordaje \u00e1 la altura de las costas mencionadas. \u00a1Dios haya recibido en su seno \u00e1 las pobres almas que tripulaban esa barca, tiempo hace ya!<\/p>\n<p>\u2014Es verdad dijo el Doctor. Vea Vd. de lo que sirve ser uno viajero; es verdad. Y el monto aumenta \u00e1 medida que \u00e9l asciende en categor\u00eda.<\/p>\n<p>Muy poco m\u00e1s hab\u00eda en el libro, excepto determinaciones geogr\u00e1ficas de algunos lugares anotados en las hojas en blanco hacia el fin del cuaderno, y una tabla para la reducci\u00f3n de monedas francesas, inglesas y espa\u00f1olas \u00e1 un valor com\u00fan.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hombre arreglado! exclam\u00f3 el Doctor; no era \u00e1 \u00e9l \u00e1 quien pod\u00edan hac\u00e9rsele trampas, de seguro.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, prosigui\u00f3 el Caballero, veamos esto otro.<\/p>\n<p>El papel cuyo ex\u00e1men segu\u00eda, estaba sellado en diversos puntos, habi\u00e9ndose usado un dedal por v\u00eda de sello, tal vez el mismo que hab\u00eda yo encontrado en la bolsa del Capit\u00e1n. El Doctor abri\u00f3 los sellos con gran cuidado y apareci\u00f3 entonces el mapa de una isla, con su latitud, longitud, sondas, nombres de monta\u00f1as, bah\u00edas, caletas, abras, y todos los pormenores necesarios para poder llevar un buque \u00e1 anclar \u00e1 salvo en sus costas. Parec\u00eda como de unas nueve millas de largo y cinco de ancho, teniendo la figura de una especie de drag\u00f3n en pie, y presentaba dos magn\u00edficos fondeaderos, perfectamente cerrados y una eminencia en la parte central marcada con el nombre de \u201cEl Vig\u00eda.\u201d Ve\u00edanse algunas adiciones hechas en fecha m\u00e1s reciente, pero lo que m\u00e1s saltaba \u00e1 la vista eran tres cruces marcadas con tinta roja, dos en la parte norte de la isla y una al sudoeste, y adem\u00e1s, escrito con la misma tinta encarnada en caracteres muy claros y elegantes, bien distintos de la tosca escritura del Capit\u00e1n, estas tres significativas palabras \u201c<em>Aqu\u00ed el tesoro<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>Por detr\u00e1s, la misma mano hab\u00eda trazado estas explicaciones complementarias.<\/p>\n<p>\u2014\u201c<em>Un grande \u00e1rbol, en la vertiente de \u2018El Vig\u00eda,\u2019 en direcci\u00f3n al N.-N.N.E.<\/em><\/p>\n<p>\u201c<em>Islote del Esqueleto E.S.E. cuarta al E.<\/em><\/p>\n<p>\u201c<em>Diez pies.<\/em><\/p>\n<p>\u201c<em>La gran barra de plata est\u00e1 en el hoyo del lado Norte; puede <\/em><\/p>\n<p><em>encontr\u00e1rsela siguiendo el declive del montecillo al Este, diez brazas al Sur del pe\u00f1asco negro frente \u00e1 \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p>\u201c<em>Las armas se encontrar\u00e1n f\u00e1cilmente en la loma de arena que est\u00e1 en la punta Norte del fondeadero septentrional, en direcci\u00f3n Este, cuarta al Norte.\u2014J. F.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Esto era todo; pero conciso como era, y para m\u00ed incomprensible, llen\u00f3 de j\u00fabilo al Caballero y al Doctor Livesey.<\/p>\n<p>\u2014Livesey, dijo el Sr. de Trelawney, va Vd. \u00e1 abandonar en el acto su desdichada y penosa profesi\u00f3n. Ma\u00f1ana salgo para Br\u00edstol. En tres semanas&#8230; \u00a1n\u00f3! en dos semanas&#8230; en diez d\u00edas, le aseguro \u00e1 Vd. que tendremos el mejor buque, si se\u00f1or, y la m\u00e1s escojida tripulaci\u00f3n que puede suministrar la Inglaterra. Hawkins vendr\u00e1 con nosotros como paje de \u00e1 bordo. \u00a1Vamos! yo s\u00e9 que t\u00fa har\u00e1s un famoso paje de \u00e1 bordo, chico&#8230; Vd., Livesey, ser\u00e1 el m\u00e9dico del buque; yo me grad\u00fao Almirante desde luego. Nos llevaremos \u00e1 Redruce, Joyce y Hunter. Tendremos vientos favorables, viaje r\u00e1pido, y sin la menor dificultad hallaremos el sitio indicado y en \u00e9l, dinero en cantidad bastante para comer, para arrastrar carrozas y para gastar como pr\u00edncipes por el resto de nuestra vida.<\/p>\n<p>\u2014Trelawney, dijo el Doctor, prometo acompa\u00f1arle en la expedici\u00f3n, y puedo responder de su \u00e9xito; Jim tambi\u00e9n vendr\u00e1, por supuesto, y ser\u00e1 una honra para la empresa. Pero hay un hombre, uno solo \u00e1 quien yo temo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qui\u00e9n es \u00e9l? exclam\u00f3 el Caballero: nombre Vd. \u00e1 ese p\u00edcaro sin dilaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vd! replic\u00f3 el Doctor. Vd. que no tiene la fuerza necesaria para refrenar su lengua. Nosotros no somos los \u00fanicos en conocer la existencia de este documento. Esos individuos que han atacado la posada esta noche\u2014arrojados y valientes marrulleros sin duda alguna\u2014lo mismo que los que se hab\u00edan quedado guardando la extra\u00f1a barca de que nos habl\u00f3 Dance, todos esos, y me atrever\u00e9 \u00e1 afirmar que otros todav\u00eda, por angas \u00f3 por mangas, se cr\u00e9en con la resoluci\u00f3n inquebrantable de apoderarse de la hucha. Ninguno de nosotros, debe, pues, salir solo en lo de adelante hasta estar \u00e1 bordo. Jim y yo andaremos juntos en el inter\u00edn. Vd. llevar\u00e1 consigo \u00e1 Joyce y \u00e1 Hunter cuando salga para Br\u00edstol y del primero al \u00faltimo de los que aqu\u00ed estamos nos debemos comprometer \u00e1 no chistar palabra de lo que hemos descubierto.<\/p>\n<p>\u2014Livesey, dijo el Caballero; Vd. siempre tiene raz\u00f3n: por mi parte prometo estarme mudo como una tumba.<\/p>\n<h1>PARTE II. EL COCINERO DE \u201cLA ESPA\u00d1OLA\u201d<\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO VII. SALGO PARA BR\u00cdSTOL<\/h2>\n<p>PAS\u00d3 mucho m\u00e1s tiempo del que el Caballero Trelawney se imagin\u00f3 al principio, antes de que estuvi\u00e9semos listos para hacernos \u00e1 la mar, y ninguno de nuestros planes primitivos pudo llevarse \u00e1 ejecuci\u00f3n, ni aun el de que el Doctor Livesey me tuviese siempre consigo. El Doctor tuvo que marchar \u00e1 Londres para buscar un m\u00e9dico que se hiciera cargo de su clientela; el Caballero se fu\u00e9 \u00e1 Br\u00edstol en donde puso, con todo su ardor, manos \u00e1 la obra en los preparativos de la expedici\u00f3n, y en cuanto \u00e1 m\u00ed me qued\u00e9 instalado en la Universidad, \u00e1 cargo de Redruth el montero \u00f3 guarda-caza, casi en calidad de prisionero, pero lleno de ensue\u00f1os mar\u00edtimos y de las m\u00e1s atractivas anticipaciones imaginarias de islas extra\u00f1as y aventuras novelescas. Me deleitaba reproduci\u00e9ndome en un mapa, durante horas enteras, todos los detalles que recordaba. Y sin moverme de junto al fuego en el sal\u00f3n del amo de la casa, me acercaba con la fantas\u00eda \u00e1 la ansiada isla, en todas las direcciones posibles; exploraba cada acre de terreno de su superficie, sub\u00eda veinte veces \u00e1 la cumbre de aquel elevado monte que llamaban \u201cEl Vig\u00eda\u201d y desde su cima gozaba de los m\u00e1s deliciosos y variados panoramas. Algunas veces ve\u00eda yo aquella isla densamente cubierta de can\u00edbales con los cuales ten\u00edamos que batirnos; otras veces llena de bravos y salvajes animales que nos persegu\u00edan; pero la verdad es que todas las lucubraciones de mi fantas\u00eda distaron mucho de parecerse \u00e1 nuestras extra\u00f1as y tr\u00e1gicas aventuras en aquella tierra.<\/p>\n<p>As\u00ed fueron discurriendo semanas y semanas hasta que un hermoso d\u00eda lleg\u00f3 una carta dirijida al Doctor Livesey, con esta adici\u00f3n \u201cEn caso de ausencia del Doctor, abran esta carta Tom Redruth \u00f3 el joven Hawkins.\u201d En acatamiento de esta orden encontramos, pues, \u00f3 m\u00e1s bien dicho encontr\u00e9 yo, puesto que el guarda-monte era un hombre bastante atrasado en achaques de escritura, y lectura que no fuese en letras de molde, encontr\u00e9, digo, las importantes noticias siguientes:<\/p>\n<p>\u201cHotel del Ancla, Br\u00edstol, <em>Marzo 1 de 17\u2014<\/em>.<\/p>\n<p>\u201cQuerido Livesey:<\/p>\n<p>\u201cNo sabiendo si ha regresado Vd. \u00e1 la Universidad \u00f3 si permanece todav\u00eda en Londres, env\u00edo esta por duplicado \u00e1 ambos lugares.<\/p>\n<p>\u201cNuestro buque est\u00e1 ya comprado y arreglado con todo lo necesario. Ahora mismo est\u00e1 surto y listo para levar en el primer momento que se le necesite. Vd. no ha visto en su vida una goleta m\u00e1s esbelta ni m\u00e1s gallarda y velera. Un joven cualquiera podr\u00eda maniobrarla con la mayor facilidad: tiene doscientas toneladas de arqu\u00e9o y su nombre es <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>\u201cLa he comprado con la intervenci\u00f3n de mi viejo amigo Blandy que ha probado en esta ocasi\u00f3n ser un sorprendente conocedor de la materia. Este incomparable amigo literalmente se ha consagrado en cuerpo y alma \u00e1 mis intereses y\u2014puedo decirlo\u2014lo mismo han hecho en Br\u00edstol todos, en cuanto que han visto la clase de puerto \u00e1 que nos dirijimos: es decir <em>\u00e1 Puerto tesoro<\/em>&#8230;.\u201d<\/p>\n<p>\u2014Redruth, d\u00edjele interrumpiendo la lectura de la carta, el Doctor Livesey no se pondr\u00e1 muy contento con esto. Veo que, al fin y al cabo, el Caballero ha dejado que se deslice su lengua.<\/p>\n<p>\u2014Bueno \u00bfqui\u00e9n tiene m\u00e1s derecho de hacerlo? murmur\u00f3 el guarda-caza. Apuesto una botella de rom \u00e1 que el Caballero puede muy bien hablar sin esperar el permiso del Dr. Livesey.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto cre\u00ed prudente dar de mano \u00e1 todo comentario y continu\u00e9 leyendo:<\/p>\n<p>\u201cBlandy en persona di\u00f3 con <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, y con una habilidad que le admiro, la compr\u00f3 por una verdadera bicoca. Hay aqu\u00ed en Br\u00edstol ciertos hombres monstruosamente hostiles al pobre Blandy. Parece que andan por esas calles de Dios pregonando que mi honrado y excelente amigo no ha hecho m\u00e1s que una grosera especulaci\u00f3n; que <em>La Espa\u00f1ola<\/em> era propiedad suya y que todo lo que hizo fu\u00e9 vend\u00e9rmela \u00e1 un precio absurdamente alto. Todas esas no son m\u00e1s que calumnias evidentes, y lo cierto es que ninguno de sus autores se atreve \u00e1 negar las excelentes cualidades de nuestra goleta.<\/p>\n<p>\u201cEmpero \u00e9l, dije, no contaba ni con una sola vuelta-de-cabo. Los trabajadores, \u00f3 por mejor llamarlos, los aparejadores han andado verdaderamente \u00e1 paso de tortuga. Pero esto no era sino obra de pocos d\u00edas. Lo que me preocupaba era la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cYo quer\u00eda una veintena redonda de hombres\u2014en caso de ser del pa\u00eds, filibusteros; \u00f3 bien de los aborrecidos franceses\u2014pero parece que lo hac\u00eda el diantre mismo, el caso es que yo no daba ni con la mitad de lo requerido, hasta que un verdadero golpe de fortuna me trajo al hombre que yo necesitaba.<\/p>\n<p>\u201cUn d\u00eda estaba yo parado en el muelle cuando, por mera casualidad, entr\u00e9 en conversaci\u00f3n con \u00e9l. Me encontr\u00e9 con que es un viejo marino que tiene una especie de taberna en Br\u00edstol conocida de todos los marineros; que ha perdido su salud en tierra y que recibir\u00eda con mucho agrado una plaza de cocinero \u00e1 bordo, para volver al mar de nueva cuenta. D\u00edjome que aquella ma\u00f1ana andaba por all\u00ed con objeto de aspirar un poco las brisas salobres del oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>\u201cConmovi\u00f3me profundamente\u2014como Vd. mismo se hubiera conmovido\u2014y aunque no por mera conmiseraci\u00f3n, le contrat\u00e9 sobre la marcha, para cocinero de nuestra goleta. John Silver es su nombre y tiene una pierna menos, lo cual es \u00e1 mis ojos una recomendaci\u00f3n, puesto que la ha perdido en defensa de su patria, bajo las \u00f3rdenes del inmortal Hawke. No goza de pensi\u00f3n alguna, Livesey&#8230; d\u00edgame Vd. \u00a1en qu\u00e9 tiempos tan abominables vivimos!<\/p>\n<p>\u201cAhora bien, amigo m\u00edo; al principio cre\u00ed no haber encontrado otra cosa que un simple cocinero; pero fu\u00e9, en realidad, toda una tripulaci\u00f3n lo que yo descubr\u00ed. Entre Silver y yo hemos conseguido, en una semana, la m\u00e1s cumplida y caracter\u00edstica tripulaci\u00f3n que pudiera apetecerse; no de aspecto grato ni sonriente \u00e1 la verdad, sino sujetos, \u00e1 juzgar por sus caras, del m\u00e1s esforzado \u00e9 indomable esp\u00edritu. Me atrevo \u00e1 declarar que podr\u00edamos muy bien derrotar \u00e1 una fragata de guerra.<\/p>\n<p>\u201cSilver ha llevado su escrupulosidad hasta licenciar \u00e1 unos dos de los hombres que yo ten\u00eda ya ajustados. Sin gran trabajo me demostr\u00f3 en un momento oportuno que los aludidos no eran m\u00e1s que unos lampazos de agua dulce que para nada nos servir\u00edan, y que antes bien nos estorbar\u00edan en un caso de apuro.<\/p>\n<p>\u201cMe siento con la m\u00e1s excelente salud y en admirable disposici\u00f3n de \u00e1nimo: c\u00f3mo como un toro, duermo como un tronco y sin embargo no me dar\u00e9 punto de tregua ni de reposo hasta que no oiga y vea \u00e1 mis viejos lobos marinos maniobrar en torno del cabrestante. \u00a1\u00c1 la mar! \u00a1pronto \u00e1 la mar! \u00a1\u00c1 sacar ese tesoro! La locura de las glorias mar\u00edtimas se ha apoderado de mi cabeza. As\u00ed, pues, Livesey, v\u00e9ngase volando: si en algo me estima Vd. no pierda ni un minuto.<\/p>\n<p>\u201cDeje Vd. al jovencillo Hawkins que vaya, sin tardanza, \u00e1 visitar \u00e1 su madre, al cargo de mi viejo Redruth, y que ambos se vengan luego, \u00e1 toda prisa, para Br\u00edstol.<\/p>\n<p>Juan Trelawney.<\/p>\n<p>\u201c<em>Postscriptum.<\/em>\u2014Se me olvidaba decirle que Blandy, \u00e1 quien dejo con el encargo de enviar una embarcaci\u00f3n en busca nuestra si no hemos regresado para fines de Agosto, ha encontrado un sujeto admirable para Capit\u00e1n de nuestra goleta, un hombre muy serio y muy estirado\u2014lo cual deploro, de paso\u2014pero en todos los dem\u00e1s conceptos un verdadero tesoro. Silver, por su lado, nos ha tra\u00eddo un hombre muy competente para piloto: su nombre es Arrow. Tengo un contramaestre que silba para la maniobra que es una gloria, as\u00ed es que las cosas van \u00e1 marchar, \u00e1 bordo de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, como si hubi\u00e9ramos fletado un verdadero buque de guerra.<\/p>\n<p>\u201cSe me pasaba a\u00f1adir que Silver es un hombre de sustancia: me consta personalmente que tiene su cuenta en el banco y que sus gastos nunca han excedido \u00e1 sus dep\u00f3sitos. Deja \u00e1 cargo de su establecimiento \u00e1 su esposa y como \u00e9sta es una mulata, podemos decirnos aqu\u00ed, entre solteros como ambos somos, que me parece que no s\u00f3lo es la salud sino la mujer lo que hace que Silver quiera salir otra vez \u00e1 correr los mares. J. T.<\/p>\n<p>\u201c<em>P. P. S.<\/em>\u2014Hawkins puede quedarse una noche con su madre.<\/p>\n<ol>\n<li>T.\u201d<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cualquiera se figurar\u00e1, sin esfuerzo, la emoci\u00f3n que esa carta me produjo. Estaba medio fuera de m\u00ed de j\u00fabilo. Pero si hubo alguna vez hombre despechado sobre la tierra ese era ciertamente el pobre viejo Tom Redruth que no hac\u00eda ni pod\u00eda hacer m\u00e1s que gru\u00f1ir y lamentarse. Cualquiera de los guarda-montes subordinados suyos, se habr\u00eda cambiado por \u00e9l con el mayor placer, pero no eran esos los deseos del Caballero, y tales deseos eran como leyes entre aquellas buenas gentes. Nadie que no fuese el viejo Redruth se habr\u00eda tomado la libertad de murmurar siquiera como \u00e1 \u00e9l le era permitido hacerlo.<\/p>\n<p>\u00c1 la ma\u00f1ana siguiente \u00e9l y yo nos pusimos en marcha, \u00e1 pie, hacia la posada del \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>,\u201d en la cual encontr\u00e9 \u00e1 mi madre muy bien de cuerpo y de alma. El Capit\u00e1n aquel, que por tan largo tiempo hab\u00eda sido para nosotros causa de tanto disgusto, hab\u00eda ido ya al lugar en que los perversos cesan de molestar. El Caballero hab\u00eda hecho reparar todos los estragos \u00e1 sus expensas, y tanto los salones de la parte p\u00fablica de la casa como la ense\u00f1a de la posada, hab\u00edan sido pintados de nuevo, habi\u00e9ndose a\u00f1adido algunos muebles de que antes carec\u00edamos, entre ellos, principalmente, una muy c\u00f3moda silla de brazos para mi madre tras del mostrador. Al mismo tiempo le hab\u00eda buscado un muchachuelo, como de mi edad, en calidad de aprendiz, con el cual mi madre no necesitaba de m\u00e1s servidumbre durante mi ausencia.<\/p>\n<p>Al ver \u00e1 este rapaz fu\u00e9 cuando comprend\u00ed por completo mi verdadera situaci\u00f3n. Hasta aquel momento me hab\u00eda fijado tan s\u00f3lo en las aventuras que me esperaban, pero no en el hogar que dejaba tras de m\u00ed. As\u00ed fu\u00e9 que, all\u00ed, en la presencia de aquel palurdo extra\u00f1o, que iba \u00e1 quedarse en mi lugar, al lado de mi madre, tuve irremediablemente mi primer ataque de l\u00e1grimas. Me sospecho que aquel d\u00eda hice rabiar m\u00e1s de lo conveniente \u00e1 aquel pobre chico que, siendo nuevo en el oficio, me ofreci\u00f3 mil oportunidades que yo aprovech\u00e9 para corregirle lo que hac\u00eda y para humillarlo cuanto pude.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 la noche, y al d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de la comida, Redruth y yo salimos, de nuevo \u00e1 pie, por el camino real. Dije adi\u00f3s muy conmovido \u00e1 mi madre, \u00e1 la caleta en que hab\u00eda vivido desde que nac\u00ed, \u00e1 aquel viejo y querido \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d que, sin embargo, me parec\u00eda menos querido desde el instante en que ya lo hab\u00eda tocado la mano profana del pintor. Una de las \u00faltimas cosas en que pens\u00e9 fu\u00e9 en el Capit\u00e1n que tan frecuentemente sal\u00eda \u00e1 vagar \u00e1 lo largo de la playa con su sombrero vol\u00e1ndole sobre la espalda, con su gran cuchilla colgada bajo la blusa y su enorme anteojo de larga vista bajo el brazo. Un instante despu\u00e9s, ya hab\u00edamos volteado tras el \u00e1ngulo de las rocas, y mi hogar y sus contornos hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p>La tartana del correo nos recogi\u00f3, al oscurecer, en el <em>Royal George<\/em> hacia el brezal. Se me incrust\u00f3 en el coche aquel entre un viejo gordo y mi amigo Redruth, y \u00e1 pesar del desapacible movimiento y del aire fr\u00edo de la noche, debo haber cabeceado bonitamente desde un principio, y en seguida entreg\u00e1ndome \u00e1 un sue\u00f1o de lir\u00f3n, lo mismo de subida que de bajada, y estaci\u00f3n tras de estaci\u00f3n, porque cuando conclu\u00ed por despertar, lo hice gracias \u00e1 una insinuaci\u00f3n poco amable que sent\u00ed por el costado. Abr\u00ed entonces los ojos y me encontr\u00e9 con que nos acab\u00e1bamos de detener frente \u00e1 un grande edificio en la calle de una ciudad y que era ya perfectamente de d\u00eda, desde hac\u00eda mucho tiempo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn d\u00f3nde estamos?, pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014En Br\u00edstol, dijo Tom, b\u00e1jate ya.<\/p>\n<p>El Sr. Trelawney hab\u00eda sentado sus reales en una posada cerca de los muelles, para vigilar por s\u00ed mismo los trabajos en la goleta. Para ella ten\u00edamos que enderezar nuestro rumbo inmediatamente y, con gran contentamiento m\u00edo, nuestro camino iba \u00e1 lo largo de todos los muelles y, por consiguiente, al lado de una verdadera multitud de barcos de todos tama\u00f1os, de todas nacionalidades y de todos los aparejos imaginables.<\/p>\n<p>En uno, los marineros cantaban alegremente mientras trabajaban: en otro se ve\u00edan hombres suspensos all\u00e1 muy arriba, sobre mi cabeza, asidos solamente de cuerdas que no parec\u00edan m\u00e1s gruesas que las hebras de una telara\u00f1a. Aunque toda mi vida la hab\u00eda yo pasado en la playa, me parec\u00eda que hasta entonces era cuando conoc\u00eda el mar verdaderamente. El olor penetrante del alquitr\u00e1n y la sal eran para m\u00ed una novedad. Ve\u00eda las m\u00e1s extra\u00f1as y maravillosas cabezas que jam\u00e1s han cruzado sobre el oc\u00e9ano. Ve\u00eda, adem\u00e1s, muchos viejos marinos con arracadas en las orejas y con sus patillas rizadas en bucles; y los m\u00e1s ostentando sus embreadas coletas sobre la espalda, y marchando todos ellos con ese paso cimbrador propio de los marineros. Puede cre\u00e9rseme que si hubiera visto otros tantos reyes \u00f3 arzobispos juntos no me hubiera deleitado m\u00e1s de lo que lo estaba en aquellos momentos.<\/p>\n<p>\u00a1Y yo&#8230; yo mismo iba tambi\u00e9n \u00e1 hacerme \u00e1 la mar; iba \u00e1 penetrar \u00e1 una goleta con su contramaestre mandando la maniobra con su silbato, con sus marinos de trenza, cantando al comp\u00e1s de las ondas; y todos navegando en pos de una isla desconocida, en busca de tesoros enterrados!<\/p>\n<p>Todav\u00eda iba yo gozando con este ensue\u00f1o delicioso cuando de repente nos detuvimos frente \u00e1 una gran posada y nos encontramos con el caballero Trelawney, ya muy vestido y aderezado como un oficial de \u00e1 bordo, con un traje de grueso pa\u00f1o azul, saliendo, \u00e1 la saz\u00f3n, \u00e1 la puerta de la posada, con una expresi\u00f3n sonriente en todo su semblante, y con una perfecta imitaci\u00f3n del andar contoneado de un marinero.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos! ya est\u00e1n aqu\u00ed Vds., dijo. El Doctor ha llegado anoche de Londres. \u00a1Brav\u00edsimo! \u00a1La compa\u00f1\u00eda de nuestro buque est\u00e1 completa!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! se\u00f1or, exclam\u00e9 yo, \u00bfy cu\u00e1ndo zarpamos?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfZarpar?, me contest\u00f3, \u00a1ma\u00f1ana sin falta!<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO VIII. LA TABERNA DE \u201cEL VIG\u00cdA.\u201d<\/h2>\n<p>EN cuanto que hube almorzado, el Caballero me di\u00f3 una carta dirigida \u00e1 John Silver, \u00e1 su taberna de \u201cEl Vig\u00eda\u201d y me dijo que me ser\u00eda muy f\u00e1cil encontrarla, siguiendo la l\u00ednea de los muelles y estando alerta para cuando viese una peque\u00f1a taberna con un anteojo marino de larga vista, por ense\u00f1a. Lanc\u00e9me afuera sin dilaci\u00f3n todo alborozado con esta nueva oportunidad que se me presentaba de observar m\u00e1s atentamente y m\u00e1s de cerca todos aquellos buques y marineros, y tom\u00e9 mi derrotero, en consecuencia, por enmedio de una verdadera masa de gentes, carromatos y bultos de mercanc\u00edas, por ser aquella la hora de mayor quehacer y tr\u00e1fico en los muelles, hasta que d\u00ed, al fin, con la taberna en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Era ella, \u00e1 la verdad, un sitio de solaz bastante aceptable. La ense\u00f1a estaba reci\u00e9n pintada; las ventanas ten\u00edan flamantes cortinas rojas y los pisos aparec\u00edan cuidadosamente enarenados. El establecimiento hac\u00eda esquina, teniendo una puerta para cada calle, abierta de par en par, lo que hac\u00eda que el sal\u00f3n bajo tuviese bastante aire y luz, \u00e1 despecho de las nubes de humo de tabaco que sal\u00edan de las bocas de los parroquianos. Eran estos, en su mayor parte, de la mariner\u00eda del puerto y hablaban en voz tan alta que, al llegar, no pude menos que detenerme \u00e1 la puerta, vacilante y casi atemorizado de entrar.<\/p>\n<p>Estaba yo en espera del patr\u00f3n, cuando un hombre sali\u00f3 de un cuarto de al lado del sal\u00f3n, y \u00e1 la primera ojeada tuve la seguridad de que aquel no era otro que John Silver. Su pierna izquierda hab\u00eda sido amputada desde la cadera, y bajo el brazo izquierdo se apoyaba en una muleta que manejaba con la m\u00e1s incre\u00edble destreza, saltando sobre ella con la agilidad de un p\u00e1jaro. Era muy alto y fuerte, con una cara tan grande como un jam\u00f3n, rasurada y p\u00e1lida, pero inteligente y risue\u00f1a. No cab\u00eda duda en que estaba, \u00e1 la saz\u00f3n, del mejor humor del mundo, silbando alegremente mientras pasaba por entre las mesas, y soltando, \u00e1 cada paso, una broma graciosa \u00f3 dando una palmadilla familiar sobre el hombro \u00e1 cada uno de sus parroquianos favoritos.<\/p>\n<p>Ahora bien, si he de decir la verdad, confesar\u00e9 que, desde la primera menci\u00f3n que el Caballero hac\u00eda en su carta, de John Silver, comenc\u00e9 \u00e1 temer interiormente que este no fuese otro que el \u201cmarinero de una sola pierna\u201d por cuya temida aparici\u00f3n vigil\u00e9 tanto tiempo en el \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>.\u201d Pero me bast\u00f3 la primera ojeada que ech\u00e9 sobre \u00e9l para desvanecer mis temores. Yo hab\u00eda visto bien al Capit\u00e1n, y \u00e1 Black Dog, y al ciego Pew y cre\u00ed que ya con eso me bastaba para saber lo que era \u00f3 deb\u00eda ser un filibustero, es decir una criatura, seg\u00fan yo, bien distinta de aquel aseado, sonriente y bien humorado amo de casa.<\/p>\n<p>Todo mi valor me vino inmediatamente; pas\u00e9 el vest\u00edbulo y me dirij\u00ed sin rodeos al hombre aquel, en el lugar mismo en que estaba en aquel momento, recargado en su muleta y conversando con un parroquiano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl Sr. Silver?, pregunt\u00e9 tendi\u00e9ndole la carta.<\/p>\n<p>\u2014Yo soy, chiquillo; ese es mi nombre \u00e1 lo que parece. \u00bfY t\u00fa qui\u00e9n eres? Y luego como viese la escritura del Caballero en el sobre de la carta, me pareci\u00f3 como que conten\u00eda mal un sobresalto involuntario.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, d\u00edjome en voz muy alta y ofreci\u00e9ndome su mano, ahora comprendo, t\u00fa eres el pajecillo de c\u00e1mara de la goleta, \u00bfno es verdad? Mucho gusto tengo de verte.<\/p>\n<p>Y diciendo esto tom\u00f3 la m\u00eda en su larga y poderosa mano.<\/p>\n<p>Precisamente en aquel momento uno de los parroquianos que estaban en el lado m\u00e1s retirado, se levant\u00f3 repentinamente y se precipit\u00f3 fuera de la puerta que ten\u00eda muy cerca de s\u00ed, lo cual le permiti\u00f3 ganar la calle en un instante. Pero su precipitaci\u00f3n me hizo fijarme en \u00e9l y le reconoc\u00ed \u00e1 la primera ojeada. Era aquel mismo hombre de cara enjuta, \u00e1 quien faltaban dos dedos en una mano y que fu\u00e9 una vez al \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! grit\u00e9 yo, \u00a1det\u00e9nganlo! \u00a1ese es Black Dog!<\/p>\n<p>\u2014No me importa mucho quien pueda ser, exclam\u00f3 Silver, pero no ha pagado su cuenta. \u00a1Harry, corre y atr\u00e1palo!<\/p>\n<p>Uno de los otros que estaban cerca de la puerta se puso en pie de un salto y se precipit\u00f3 afuera en persecuci\u00f3n del fugitivo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! yo le har\u00e9 que pague su consumo, as\u00ed fuera el mismo Almirante Hawke en cuerpo y alma.<\/p>\n<p>En seguida a\u00f1adi\u00f3 solt\u00e1ndome la mano:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n dices t\u00fa que es ese?&#8230; <em>Black<\/em>&#8230; \u00bfqu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Black Dog, se\u00f1or, le contest\u00e9. \u00bfNo le ha contado \u00e1 Vd. el Sr. Trelawney lo de los filibusteros? Pues este era uno de ellos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es posible!, exclam\u00f3 Silver. \u00a1Y semejante hombre en mi casa! Mira t\u00fa, Ben, corre y ayuda \u00e1 Harry \u00e1 perseguir \u00e1 ese. \u00bfCon que \u00e9l era uno de esos pillastres, eh? Hola, t\u00fa, Morgan, v\u00e9n aqu\u00ed, \u00bfestabas t\u00fa bebiendo con ese hombre?<\/p>\n<p>El interpelado que era un viejo bastante cano y con cara color de caoba, se acerc\u00f3 con un continente bastante marino, contone\u00e1ndose \u00e1 babor y \u00e1 estribor.<\/p>\n<p>\u2014Veamos, dijo John Silver, con bastante rigidez, \u00bfno has visto t\u00fa antes de ahora \u00e1 ese Black&#8230; Black Dog? \u00a1D\u00ed pronto!<\/p>\n<p>\u2014Yo no, se\u00f1or, contest\u00f3 Morgan con una reverencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa no sab\u00edas c\u00f3mo se llamaba, eh?<\/p>\n<p>\u2014No se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rayos y truenos! Tom Morgan; d\u00e1le gracias \u00e1 Dios por ello, exclam\u00f3 el irritado tabernero, porque si yo averiguo que te andas mezclando con canallas de esa ralea, te prometo, por quien soy, que no vuelves \u00e1 poner un pie en mi casa, enti\u00e9ndelo bien. \u00bfY que te estaba platicando?<\/p>\n<p>\u2014La verdad no lo s\u00e9, no puse cuidado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es cre\u00edble! y luego dir\u00e1n Vds. que tienen la cabeza sobre los hombros! \u00bfno es \u00e9ste un bendito que nada ve? \u00bfCon que no lo sabes? \u00bfcon que no pusiste cuidado? tal vez ni supiste con qui\u00e9n estabas hablando, \u00bfno es verdad? ni qu\u00e9 es lo que dec\u00eda, eh? Vamos, haz por acordarte, \u00bfqu\u00e9 es lo que charlaba, \u00bfviajes? \u00bfcapitanes? \u00bfbuques?&#8230; vamos, \u00bfqu\u00e9 era?<\/p>\n<p>\u2014Yo creo que est\u00e1bamos hablando de estirar la quilla.<\/p>\n<p>\u2014Con que de estirarla, \u00bfeh? \u00a1Grande asunto por cierto! Es muy posible, s\u00ed&#8230;! \u00a1Anda, vu\u00e9lvete \u00e1 tu lugar, harag\u00e1n!<\/p>\n<p>Mientras Morgan se volv\u00eda \u00e1 su asiento, Silver murmur\u00f3 casi \u00e1 mi o\u00eddo, en un tono muy confidencial, que me pareci\u00f3 en extremo halagador para m\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Ese pobre Tom Morgan es todo un hombre honrado; solamente tiene la desdicha de ser est\u00fapido.<\/p>\n<p>Y luego levantando la voz de nuevo, prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Con que veamos,&#8230; \u00bfBlack Dog?&#8230; pues no, no conozco ese nombre, no por cierto. Sin embargo, tengo cierta idea&#8230; s\u00ed, yo creo haber visto ya antes \u00e1 ese <em>agua-dulce<\/em> por aqu\u00ed. Entiendo que sol\u00eda venir antes en compa\u00f1\u00eda de un mendigo ciego.<\/p>\n<p>\u2014Por supuesto, le dije yo con seguridad; puede Vd. creerlo. Yo conoc\u00ed tambi\u00e9n \u00e1 ese ciego. Se llamaba Pew.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es verdad! exclam\u00f3 Silver, en extremo excitado ya, \u00a1Pew! ese era su nombre, \u00e1 no caber duda. \u00a1Ah! parec\u00eda un tibur\u00f3n completo, de veras que s\u00ed! As\u00ed, si ahora cogemos \u00e1 este Black Dog, ya tendremos noticias que enviar \u00e1 nuestro buen Patr\u00f3n el Caballero Trelawney. Ben es un buen galgo; creo que pocos marineros tendr\u00e1n piernas m\u00e1s ligeras que \u00e9l. \u00a1Rayos y truenos! yo creo que deber\u00eda acogotarlo y tra\u00e9rnoslo aqu\u00ed bien agarrotado. \u00bfCon que estaba hablando de estirar la quilla, eh? \u00a1No le dar\u00e9 yo mal tir\u00f3n de quilla al belitre si me lo traen!<\/p>\n<p>Todo el tiempo que gast\u00f3 en disparar esa andanaba de amenazas, no ces\u00f3 de recorrer el sal\u00f3n de un lado al otro, brincando agitadamente sobre su muleta, golpeando con la mano sobre las mesas y manifestando una excitaci\u00f3n tal que hubiera bastado para convencer al juez m\u00e1s ducho y para hacer caer en el garlito al m\u00e1s avisado. Mis sospechas se hab\u00edan de nuevo despertado con gran fuerza al encontrarme con el Black Dog en la taberna misma de \u201cEl Vig\u00eda,\u201d por lo cual me propuse tener la mirada atenta sobre el cocinero de <em>La Espa\u00f1ola<\/em> y espiar sus menores movimientos. Pero aquel hombre era demasiado vivo, y demasiado zorro, y sobradamente astuto para m\u00ed; y as\u00ed es que pronto me distraje con la vuelta de los dos sabuesos soltados en persecuci\u00f3n de Black Dog, los cuales llegaban sin aliento confesando que hab\u00edan perdido el rastro de su presa en una apretura de gentes y que se hab\u00edan visto rega\u00f1ados como si fueran ladrones. En aquellos momentos habr\u00eda yo puesto mi cabeza fiando la inocencia de John Silver.<\/p>\n<p>\u2014Mira t\u00fa no m\u00e1s, ahora, Hawkins, dijo este, aqu\u00ed tienes, un compromiso para un hombre como yo. \u00bfQu\u00e9 va \u00e1 pensar de m\u00ed el Caballero Trelawney? \u00a1Tener yo, aqu\u00ed, en mi misma casa, \u00e1 ese hijo de un demonio, bebiendo mi propio rom! No m\u00e1s, ven y d\u00edme si no es diablura; y aqu\u00ed mismo, \u00e1 mis propios ojos le dejamos todos que tome las de Villadiego! \u00a1Rayos y truenos! Yo creo, muchachito, que t\u00fa me har\u00e1s justicia con el Capit\u00e1n. T\u00fa eres un chicuelo todav\u00eda, pero vivo como un zancudo. Yo te lo conoc\u00ed en cuanto que te puse el ojo encima. La cosa es esta: \u00bfqu\u00e9 puedo yo hacer con esta vieja muleta que es mi apoyo? Cuando yo comenzaba apenas mi carrera de marinero, ya habr\u00eda sabido yo traerme \u00e1 ese <em>agua dulce<\/em> por delante, mano sobre mano, y doblegarlo en una lucha, cuerpo \u00e1 cuerpo. S\u00ed, entonces lo habr\u00eda hecho, pero ahora, \u00a1rayos y truenos&#8230;!<\/p>\n<p>En aquel punto ces\u00f3 de hablar repentinamente, se qued\u00f3 con la quijada inm\u00f3vil y suspensa como si se hubiera acordado de algo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La cuenta!, prorrumpi\u00f3 al fin; \u00a1tres pases de rom! \u00a1mil carronadas! \u00a1pues no hab\u00eda yo olvidado ya la cuenta!<\/p>\n<p>Y dej\u00e1ndose caer en un banco, al decir esto, prorrumpi\u00f3 en una risotada tan sostenida que las l\u00e1grimas concluyeron por rodar sobre su rostro. No pude impedirme el imitarle, as\u00ed fu\u00e9 que re\u00edmos juntos, una carcajada tras de otra hasta que la taberna reson\u00f3 con los ecos de nuestras risotadas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos! \u00a1pues bonita foca soy yo!, dijo al fin, enjug\u00e1ndose las mejillas; t\u00fa y yo haremos buenas migas, Hawkins, pues \u00e1 permit\u00edrmelo el diablo cree t\u00fa que yo no ser\u00eda m\u00e1s que pajecillo de \u00e1 bordo, como t\u00fa. Pero ahora, \u00a1que le vamos \u00e1 hacer! ya no es tiempo para pensar patra\u00f1as. El deber es lo primero, camarada, as\u00ed es que voy \u00e1 ponerme en seguida mi viejo sombrero montado y marchar sin p\u00e9rdida de tiempo contigo \u00e1 ver al Caballero Trelawney y \u00e1 contarle lo que aqu\u00ed ha pasado. Porque, acu\u00e9rdate de lo que te digo, Hawkins, esto es serio, tan serio que ni t\u00fa ni yo saldremos de ello con lo que pomposamente llamar\u00e9 cr\u00e9dito. Ni t\u00fa tampoco, dije&#8230; \u00a1vaya con el tonto! Los dos estamos ahora tontos de capirote. Pero \u00a1voto \u00e1 San Jorge, aquel s\u00ed que supo hacerla con mi cuenta!<\/p>\n<p>Y diciendo esto, comenz\u00f3 \u00e1 reir de nuevo con todas sus ganas y con tal fuerza comunicativa que, por m\u00e1s que yo no encontraba ni sentido, ni maldita sea la gracia \u00e1 lo que acababa de decir, me v\u00ed arrastrado de nuevo \u00e1 acompa\u00f1arle en su estrepitosa carcajada.<\/p>\n<p>En nuestra peque\u00f1a excursi\u00f3n \u00e1 lo largo de los muelles se manifest\u00f3 conmigo el m\u00e1s servicial \u00e9 interesante compa\u00f1ero, explic\u00e1ndome cerca de cada uno de los principales buques junto \u00e1 los cuales pas\u00e1bamos todo lo relativo \u00e1 su aparejo, capacidad, naci\u00f3n, obras que en ellos se ejecutaban, si el uno estaba \u00e1 la carga y el otro \u00e1 la descarga, si el de m\u00e1s all\u00e1 estaba listo para zarpar y \u00e1 cada paso entreverando divertidas an\u00e9cdotas, de nav\u00edos y navegantes, \u00f3 repiti\u00e9ndome las frases del tecnicismo de \u00e1 bordo hasta que yo las aprend\u00eda perfectamente. Entonces comenc\u00e9 \u00e1 creer que aquel hombre era positivamente uno de los mejores marinos posibles.<\/p>\n<p>Cuando llegamos \u00e1 la posada el Caballero y el Doctor Livesey estaban sentados juntos concluyendo alegremente de apurar una botella de cerveza con su brindis correspondiente, antes de que se pusieran en marcha para ir \u00e1 hacer \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em> una visita de inspecci\u00f3n.<\/p>\n<p>John Silver les refiri\u00f3 lo que acababa de suceder, del <em>pe<\/em> al <em>pa<\/em>, con una verba llena de animaci\u00f3n y conservando la m\u00e1s perfecta verdad en su relato.<\/p>\n<p>\u2014Eso fu\u00e9 lo que sucedi\u00f3, \u00bfno es verdad Hawkins? se interrump\u00eda de vez en cuando, \u00e1 cuya interpelaci\u00f3n, por supuesto, ten\u00eda yo que contestar afirmativamente.<\/p>\n<p>Los dos caballeros deploraron mucho que Black Dog se hubiese escapado, pero todos tuvimos que convenir en que nada pod\u00eda hacerse, por lo cual, despu\u00e9s de haber recibido cordiales cumplimientos, John Silver tom\u00f3 su muleta de nuevo y se march\u00f3 \u00e1 su taberna.<\/p>\n<p>\u2014Todo el mundo \u00e1 bordo, esta tarde \u00e1 las cuatro, le grit\u00f3 el Caballero, cuando ya \u00e9l iba alej\u00e1ndose.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bravo, bravo, bravo! clam\u00f3 el cocinero con entusiasmo y siguiendo su camino.<\/p>\n<p>\u2014Oigame Vd., Sr. Trelawney, dijo el Doctor, por regla general yo no tengo una gran fe en los descubrimientos de Vd., mas por lo que hace \u00e1 este John Silver debo confesarle que me satisface por completo.<\/p>\n<p>\u2014Un hombre como \u00e9l es \u201ctriunfo\u201d en mano, declar\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora, a\u00f1adi\u00f3 el Doctor, opino que Jim debe venir con nosotros \u00e1 bordo, \u00bfno le parece \u00e1 Vd.?<\/p>\n<p>\u2014Estoy de acuerdo, replic\u00f3 el Sr. Trelawney. Toma tu sombrero, Hawkins, y vamos \u00e1 ver ese famoso buque.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO IX. P\u00d3LVORA Y ARMAS<\/h2>\n<p><em>LA ESPA\u00d1OLA<\/em> estaba \u00e1 una distancia considerable y nosotros hicimos nuestro camino entre las elaboradas y elegantes proas de unos buques y las popas de otros, cuyo cordaje y vergas, unas veces se liaban y yac\u00edan bajo nuestros pies, otras se balanceaban galanamente sobre nuestras cabezas. Por \u00faltimo llegamos \u00e1 nuestro barco en el cual nos recibi\u00f3, en cuanto saltamos \u00e1 bordo, el piloto, Sr. Arrow, un viejo marino de faz morena con arracadas en sus orejas y que, por desdicha, ten\u00eda los ojos torcidos. El Caballero y \u00e9l parec\u00edan congeniar bastante y llevarse en muy buenos t\u00e9rminos, pero no tard\u00e9 en observar que no acontec\u00eda lo mismo trat\u00e1ndose de las relaciones del mismo Sr. de Trelawney con el Capit\u00e1n de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo era un hombre de aspecto severo que parec\u00eda disgustado con todo, \u00e1 bordo de nuestra goleta, y pronto iba \u00e1 decirnos por qu\u00e9, pues no bien hab\u00edamos entrado al sal\u00f3n principal, cuando un marinero vino tras de nosotros y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Caballero: el Capit\u00e1n Smollet desea hablar con Vd.<\/p>\n<p>\u2014Siempre estoy \u00e1 las \u00f3rdenes del Capit\u00e1n, contest\u00f3 el Caballero. H\u00e1gale Vd. pasar adelante.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n que estaba muy cerca de su mensajero entr\u00f3 en el acto y cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Ahora bien, Capit\u00e1n Smollet, \u00bfqu\u00e9 es lo que Vd. tiene que decirnos? Supongo que todo aqu\u00ed marcha y est\u00e1 arreglado como entre buenos navegantes y verdadera gente de mar.<\/p>\n<p>\u2014Vea Vd., se\u00f1or, contest\u00f3 el Capit\u00e1n, creo que hablar sin rodeos es siempre lo m\u00e1s pr\u00e1ctico, aun \u00e1 riesgo de parecer que se ofende. H\u00e9 aqu\u00ed mi opini\u00f3n: no me gusta este viaje, no me gusta la tripulaci\u00f3n y no me gusta mi segundo \u00e1 bordo: esto es hablar claro y en plata.<\/p>\n<p>\u2014Tal vez, se\u00f1or m\u00edo, \u00bftampoco le gusta \u00e1 Vd. el buque?, a\u00f1adi\u00f3 el Caballero, bastante molesto, \u00e1 lo que me pareci\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014En cuanto \u00e1 eso nada puedo decir, puesto que no lo he visto moverse a\u00fan. \u00c1 la simple vista me parece un velero muy hermoso: m\u00e1s no puedo decir.<\/p>\n<p>\u2014Es tambi\u00e9n muy posible que le disguste \u00e1 Vd. el Patr\u00f3n, recalc\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>En este punto el Doctor Livesey crey\u00f3 oportuno intervenir diciendo:<\/p>\n<p>\u2014Un momento, se\u00f1ores, un momento, si Vds. gustan. Esas preguntas no conducen \u00e1 nada m\u00e1s que \u00e1 creer una mala voluntad perjudicial. Yo creo que el Capit\u00e1n, \u00f3 ha dicho demasiado \u00f3 ha dicho muy poco, y me creo en el deber de requerirle para que nos explique sus palabras. Ha dicho Vd. para comenzar, que no le gusta este viaje. Veamos&#8230; \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Se me ha contratado, se\u00f1or, por el sistema de lo que llamamos nosotros \u201cpliego cerrado.\u201d Se me ha requerido simplemente para gobernar un nav\u00edo, llev\u00e1ndolo al punto y rumbo que me designase el contratante. Hasta all\u00ed todo estaba bueno. Pero ahora me encuentro con que todos y cada uno de los hombres de la tripulaci\u00f3n, saben mucho m\u00e1s que yo acerca de nuestro viaje. Yo no puedo calificar esto de recto ni de natural; \u00bftengo raz\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed la tiene Vd., dijo el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014En seguida he sabido, por mis propios marinos, que vamos en busca de un tesoro\u2014no olvide Vd. que son ellos los que me lo hacen saber. Ahora bien, eso de tesoro es cosa que tiene sus peligros. \u00c1 m\u00ed no me gustan viajes de tesoros por ning\u00fan motivo, m\u00e1s cuando son secretos, y sobre todo\u2014perd\u00f3neme el Sr. Trelawney\u2014cuando el tal secreto ha sido confiado al loro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAl loro de Silver?, pregunt\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014He hablado en sentido figurado. Quiero decir que ha sido divulgado. Yo tengo la creencia de que ninguno de Vds., caballeros, sabe bien en lo que se ha metido. Les dir\u00e9, pues, m\u00ed opini\u00f3n lisa y llana: este es asunto de vida \u00f3 muerte y un albur positivamente delicado.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed lo veo yo, dijo el Doctor, y me parece que es tan claro como cierto.<\/p>\n<p>Estamos \u00e1 las contingencias, aunque no nos encontramos tan en tinieblas como Vd. lo supone. Pero a\u00f1adi\u00f3 Vd. tambi\u00e9n que no le gusta la tripulaci\u00f3n, \u00bfcree Vd. que los nuestros no son verdaderos marinos?<\/p>\n<p>\u2014No me agradan, se\u00f1or, insisti\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet. Me parece que se me debi\u00f3 haber dejado elegir mis hombres, yendo \u00e1 una expedici\u00f3n como la que vamos.<\/p>\n<p>\u2014Quiz\u00e1s tenga Vd. raz\u00f3n, replic\u00f3 el Doctor. Tal vez hubiera sido mejor que mi amigo hubiera hecho su elecci\u00f3n de acuerdo con Vd. Pero puede creer que la falta, si la hubo, fu\u00e9 enteramente involuntaria. Por \u00faltimo, dijo Vd. que tampoco le gusta su segundo el Sr. Arrow.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed es, se\u00f1or. Yo creo que es un buen marino, pero se roza demasiado familiarmente con la tripulaci\u00f3n para ser un buen oficial. Un piloto debe siempre darse \u00e1 respetar, y no permitirse brindar, como \u00e9ste, en compa\u00f1\u00eda \u00edntima, con los marineros.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuiere Vd. decir que el hombre bebe?, exclam\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014No se\u00f1or; solamente que mantiene una intimidad sobrado inconveniente con los hombres de la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, pues, Capit\u00e1n, dijo el Doctor; pero si hemos de zanjar dificultades, d\u00edganos Vd. lo que desea.<\/p>\n<p>\u2014Bien, se\u00f1ores; \u00bfest\u00e1n Vds. determinados \u00e1 llevar \u00e1 cabo esta expedici\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014Contra viento y marea, respondi\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014Muy bien, dijo el Capit\u00e1n. Pero supuesto que ya han tenido Vds. la paciencia de oirme cosas que no me era dable probar, escuchen algunas palabras m\u00e1s. Se est\u00e1 colocando la p\u00f3lvora y las armas en las bodegas de proa: \u00bfpor qu\u00e9 no ponerlas en un lugar muy \u00e1 prop\u00f3sito que hay aqu\u00ed, precisamente debajo del sal\u00f3n? Primer punto. Ahora, segundo: Vds. traen cuatro personas de su propia servidumbre que, seg\u00fan he o\u00eddo, van \u00e1 tener sus dormitorios \u00e1 proa, con los dem\u00e1s hombres \u00bfpor qu\u00e9 no darles los camarotes que hay aqu\u00ed al lado de la c\u00e1mara de popa?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHay algo m\u00e1s?, pregunt\u00f3 el Sr. Trelawney.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hay todav\u00eda otra exigencia, continu\u00f3 el Capit\u00e1n. Por desgracia ya se ha charlado y divulgado mucho sobre la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, demasiado, apoy\u00f3 el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014Dir\u00e9 \u00e1 Vds. lo que yo mismo he o\u00eddo, sigui\u00f3 el Capit\u00e1n: dicen que Vds. poseen un mapa de cierta isla en el cual hay cruces rojas que marcan el lugar exacto en que esas riquezas est\u00e1n enterradas; a\u00f1aden que la isla est\u00e1&#8230; (y aqu\u00ed nombr\u00f3 la longitud y latitud de ella con toda exactitud).<\/p>\n<p>\u2014Jam\u00e1s he dicho yo tal cosa, exclam\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014El hecho es que los hombres lo saben, replic\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Livesey, tal vez alguna indiscreci\u00f3n de Vd.; \u00f3 tal vez t\u00fa, Hawkins, exclam\u00f3 el Sr. Trelawney.<\/p>\n<p>\u2014No hace mucho al caso el averiguar qui\u00e9n haya sido el indiscreto, replic\u00f3 el Doctor.<\/p>\n<p>Por mi parte, me fu\u00e9 f\u00e1cil notar que ni \u00e9l ni el Capit\u00e1n daban mucho peso \u00e1 las afirmaciones y protestas del Sr. Trelawney, sin que yo mismo dejara de pensar como ellos, pues me constaba que el Caballero era un charlador incorregible. Sin embargo, en esta ocasi\u00f3n, dec\u00eda la pura verdad, seg\u00fan creo, y era un hecho que ninguno hab\u00eda revelado la posici\u00f3n geogr\u00e1fica de la isla.<\/p>\n<p>\u2014En hora buena, caballeros, continu\u00f3 el Capit\u00e1n; yo no s\u00e9 en manos de qui\u00e9n est\u00e1 ese mapa, pero pongo por condici\u00f3n estricta que se le mantenga de todo punto secreto y oculto aun de m\u00ed mismo y de mi segundo el Sr. Arrow, \u00f3 de no ser as\u00ed, renuncio mi puesto en este mismo instante.<\/p>\n<p>\u2014Entiendo, dijo el Doctor; lo que Vd. quiere es que el objeto real se mantenga tan velado como sea posible y que, entre tanto, convirtamos la popa en una especie de fortificaci\u00f3n, guardada por nuestros propios hombres y provista con toda la p\u00f3lvora y armas de que podamos disponer \u00e1 bordo. En otras palabras, teme Vd. una rebeli\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Caballero, dijo gravemente el Capit\u00e1n Smollet, protestando que no es mi intenci\u00f3n el lastimar \u00e1 Vd., perm\u00edtame negarle el derecho de poner en mis labios palabras que yo no he pronunciado. No existe capit\u00e1n alguno que pudiera juzgarse autorizado para hacerse \u00e1 la mar, si tuviese las pruebas necesarias para decir lo que Vd. me ha supuesto. Por lo que hace al Piloto, lo creo de todo punto honrado; algunos de nuestros tripulantes lo son tambi\u00e9n sin duda, y quiz\u00e1s lo sean todos, por lo que se ve. Pero Vds. se servir\u00e1n tener en cuenta que sobre m\u00ed pesa la doble responsabilidad de la seguridad de la embarcaci\u00f3n y de la vida de cada hombre que nuestra goleta lleva \u00e1 bordo. Me ha parecido que las cosas no iban por un camino muy derecho y he juzgado prudente el pedir \u00e1 Vds. que se tomaran ciertas precauciones: eso es cuanto tengo que decir.<\/p>\n<p>\u2014Capit\u00e1n Smollet, comenz\u00f3 \u00e1 decir el Doctor con cierta sonrisa en los labios, \u00bfha o\u00eddo Vd. hablar alguna vez de cierta f\u00e1bula de la monta\u00f1a y el rat\u00f3n? Le pido \u00e1 Vd. mil perdones, pero la verdad es que me ha tra\u00eddo Vd. \u00e1 la memoria la tal f\u00e1bula. Cuando Vd. penetr\u00f3 aqu\u00ed, apuesto mi peluca \u00e1 que Vd. pensaba m\u00e1s de lo que confiesa.<\/p>\n<p>\u2014Doctor, es Vd. muy listo, respondi\u00f3 el Capit\u00e1n; cuando entr\u00e9 aqu\u00ed pens\u00e9 que se me iba \u00e1 separar del buque. No me imagin\u00e9 que el Sr. de Trelawney hubiese o\u00eddo una sola palabra de cuanto he dicho.<\/p>\n<p>\u2014Y no iba Vd. muy descaminado, exclam\u00f3 el Caballero. \u00c1 no ser por la oportuna mediaci\u00f3n de Livesey yo le hubiera enviado \u00e1 Vd. al diantre. Pero por ahora ya le he escuchado y se har\u00e1 todo lo que Vd. quiere; mas eso no me impide el creer que est\u00e1 Vd. equivocado en este asunto.<\/p>\n<p>\u2014En cuanto \u00e1 eso crea Vd. lo que guste, dijo el Capit\u00e1n. Vd. ver\u00e1 en todo caso, que cumplo con mi deber.<\/p>\n<p>Dicho esto salud\u00f3 y sali\u00f3 sin decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Trelawney, dijo el Doctor, contra todo lo que yo me figuraba, veo que Vd. se ha dado trazas de traer \u00e1 bordo dos hombres honrados: el Capit\u00e1n Smollet y John Silver.<\/p>\n<p>\u2014Silver, si Vd. lo quiere, grit\u00f3 el Caballero. En cuanto \u00e1 este intolerable trampantojo, declaro que su conducta no me parece digna ni de hombre, ni de marino, ni mucho menos de ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, dijo el Doctor, ya lo veremos.<\/p>\n<p>Cuando subimos sobre cubierta ya los hombres hab\u00edan comenzado \u00e1 cambiar de lugar las armas y la p\u00f3lvora, canturriando mientras trabajaban, en tanto que el Capit\u00e1n y el Piloto inspeccionaban el traslado.<\/p>\n<p>El nuevo orden de cosas era de todo mi gusto. Todo el arreglo primitivo del buque hab\u00eda sido cambiado. Se hab\u00edan hecho seis lechos-literas en el castillo de popa, tras de lo que constitu\u00eda la parte posterior del sal\u00f3n principal, siendo accesible esta secci\u00f3n de camarotes, para la galera y castillo de proa, \u00fanicamente por un estrecho pasadizo \u00e1 babor. Se hab\u00eda dispuesto, al principio, que el Capit\u00e1n, el Piloto, Hunter, Joyce, el Doctor y el Caballero ocupasen esos seis camarotes. Ahora se convino en que Redruth y yo tom\u00e1semos dos de ellos y que el Sr. Arrow y el Capit\u00e1n durmiesen sobre cubierta en lo que se llama en n\u00e1utica <em>la carroza<\/em>, la cual hab\u00eda sido ensanchada de un lado y otro hasta ponerla en estado de casi poder llamarle <em>la toldilla<\/em>. Era \u00e9sta bien baja, ciertamente, pero no tanto que no permitiese colgar con comodidad un par de hamacas, y aun creo que el Piloto pareci\u00f3 muy contento con el arreglo, aunque \u00e9l, quiz\u00e1s, no estaba muy seguro de la tripulaci\u00f3n. Empero esto no pasa de simple conjetura, pues como se ver\u00e1 muy pronto, no tuvimos por largo tiempo el beneficio de sus opiniones.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos todos trabajando rudamente en el cambio de la p\u00f3lvora y armas y en el arreglo de las literas y camarotes cuando los \u00faltimos dos tripulantes y John Silver con ellos llegaron en un botecito costanero.<\/p>\n<p>El cocinero salt\u00f3 \u00e1 bordo con la ligereza de un mono y no bien hubo visto lo que est\u00e1bamos haciendo, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Hola muchachos, \u00bfde qu\u00e9 se trata?<\/p>\n<p>\u2014Cambiando las municiones y las armas, ya lo ve Vd., respondi\u00f3 un marinero.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9, con mil diablos?, prorrumpi\u00f3 Silver. \u00a1Si nos entretenemos en eso vamos \u00e1 perder la marea de la ma\u00f1ana!<\/p>\n<p>\u2014Yo lo he mandado, dijo el Capit\u00e1n secamente. Vd., amigo, b\u00e1jese \u00e1 su cocina que las gentes deben sentir ganas de cenar antes de mucho.<\/p>\n<p>\u2014Corriendo, corriendo, contest\u00f3 el cocinero y toc\u00e1ndose, por v\u00eda de reverencia, la melena; y desapareci\u00f3 en el acto en direcci\u00f3n de su galera.<\/p>\n<p>\u2014Ese es un buen hombre, Capit\u00e1n, dijo el Doctor.<\/p>\n<p>\u2014Es muy posible, Caballero, replic\u00f3 el Capit\u00e1n, en paz con ese, en paz con todos. Di\u00f3 prisa, en seguida, \u00e1 los que estaban cambiando la p\u00f3lvora, y de repente, fij\u00e1ndose en m\u00ed, que estaba muy entretenido examinando el eslab\u00f3n de vuelta que tra\u00edamos en medio del nav\u00edo, me grit\u00f3 con aspereza:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hola t\u00fa, grumete, largo de ah\u00ed! M\u00e1rchate \u00e1 la cocina y busca algo que hacer.<\/p>\n<p>Y aunque me d\u00ed prisa \u00e1 obedecer su mandato, le o\u00ed todav\u00eda decir, en voz bien alta, al Doctor:<\/p>\n<p>\u2014Yo no traigo favoritos en mi nav\u00edo.<\/p>\n<p>Puedo asegurar \u00e1 Vds. que en aquellos momentos superabundaba yo en las opiniones y sentimientos del Sr. Trelawney respecto del Capit\u00e1n, \u00e1 quien aborrec\u00eda con todas mis fuerzas.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO X. EL VIAJE<\/h2>\n<p>TODA aquella noche la pasamos en gran movimiento alist\u00e1ndolo todo, poniendo cada cosa en su lugar y viendo llegar, uno tras de otro, botes llenos de amigos del Caballero, como el Sr. Blandy y otros por el estilo que iban \u00e1 desearle un buen viaje y feliz regreso. Nunca en nuestro \u201c<em>Almirante Benbow<\/em>\u201d tuve una noche semejante, ni siquiera la mitad del quehacer que tuve en \u00e9sta, y puede cre\u00e9rseme que estaba ya rendido de cansancio cuando un poco antes del alba, el contramaestre hizo sonar su silbato y la tripulaci\u00f3n toda comenz\u00f3 \u00e1 maniobrar al cabrestante. Pero aunque hubiera sido doble de la que era mi fatiga no me hubiera separado de sobre cubierta. Todo aquello era nuevo \u00e9 interesante para m\u00ed, las concisas \u00f3rdenes, la penetrante nota del silbato y los marineros movi\u00e9ndose hacia sus lugares al t\u00e9nue resplandor de las linternas del nav\u00edo.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora, Barbacoa, su\u00e9ltanos una estrofa, grit\u00f3 una voz.<\/p>\n<p>\u2014La conocida, a\u00f1adi\u00f3 otra.<\/p>\n<p>\u2014Vaya por la vieja conocida, camaradas, dijo Silver que estaba all\u00ed de pie, con su muleta bajo el brazo; y al punto prorrumpi\u00f3 en aquella horrible cantinela que me era tan conocida:<\/p>\n<p>\u201c<em>Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto.<\/em>\u201d \u00c1 lo cual la tripulaci\u00f3n entera contestaba en coro:<\/p>\n<p><em>Son quince \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! son quince \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Y \u00e1 la tercera repetici\u00f3n del coro, empuj\u00f3 las barras del cabrestante al frente de ellos con gran br\u00edo.<\/p>\n<p>Mas aun en aquel momento de excitaci\u00f3n, ese canto l\u00fagubre me trasladaba con la imaginaci\u00f3n en un segundo, \u00e1 mi vieja posada del \u201c <em>Almirante Benbow<\/em>\u201d en la cual o\u00eda de nuevo la voz de aquel Capit\u00e1n sobresaliendo sobre el coro entero. Pero muy pronto el ancla estaba ya fuera y se la dejaba colgar, escurriendo junto \u00e1 la proa. Pronto se izaron tambi\u00e9n las velas que comenzaron \u00e1 hincharse suavemente con la brisa, y las costas y los buques empezaron \u00e1 desfilar ante mis ojos de uno y otro lado, de tal manera que, antes de que hubiera ido \u00e1 buscar en el sue\u00f1o una hora de descanso, ya <em>La Espa\u00f1ola<\/em> hab\u00eda zarpado gentilmente, empezando su viaje hac\u00eda la Isla del Tesoro.<\/p>\n<p>No es mi \u00e1nimo referir todos y cada uno de los detalles de ese viaje: b\u00e1steme decir que fu\u00e9 en extremo pr\u00f3spero; que nuestra goleta di\u00f3 pruebas de ser una buena y ligera embarcaci\u00f3n; que los tripulantes eran, todos, marineros experimentados, y que el Capit\u00e1n entend\u00eda muy bien lo que tra\u00eda entre manos. Pero antes de que lleg\u00e1 semos cerca de las costas de la Isla del Tesoro, acontecieron dos \u00f3 tres cosas que es indispensable referir para la inteligencia de esta narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Arrow, el Piloto, pronto se volvi\u00f3 mucho peor de lo que el Capit\u00e1n hab\u00eda temido: no ten\u00eda la menor autoridad sobre los marineros, los cuales hac\u00edan con \u00e9l lo que mejor les acomodaba. Pero no era esto lo peor, sino que uno \u00f3 dos d\u00edas despu\u00e9s de nuestra partida comenz\u00f3 \u00e1 presentarse sobre cubierta con los ojos inyectados, los p\u00f3mulos enrojecidos, la lengua torpe y todas las se\u00f1ales m\u00e1s evidentes de la embriaguez. Una vez y otra se le tuvo que mandar \u00e1 la cala, castigado. Algunas veces se ca\u00eda rompi\u00e9ndose la cara; otras se echaba el d\u00eda entero en su tarim\u00f3n al lado de la toldilla. Como una reacci\u00f3n, que duraba uno \u00f3 dos d\u00edas, se le miraba sobrio y listo atender \u00e1 su trabajo, por lo menos pasablemente.<\/p>\n<p>Pero entre tanto nosotros no pod\u00edamos averiguar en d\u00f3nde tomaba lo que beb\u00eda; este era el secreto misterioso de nuestro buque. Nuestra vigilancia redoblada y multiplicada nada pudo; fu\u00e9 in\u00fatil cuanto hicimos para descubrirlo. Sol\u00edamos pregunt\u00e1rselo abiertamente y entonces, una de dos; \u00f3 nos re\u00eda \u00e1 las barbas si estaba borracho, \u00f3 nos negaba tercamente que se embriagase si acontec\u00eda que estuviera en su juicio, protestando que no probaba nada que no fuese agua.<\/p>\n<p>No solamente era in\u00fatil en su calidad de oficial del buque, y p\u00e9simo como fuente de malas influencias entre los hombres de la tripulaci\u00f3n, sino que se ve\u00eda muy claramente que, al paso que iba, muy pronto acabar\u00eda por matarse contra todo derecho. As\u00ed es que nadie se sorprendi\u00f3 ni se apen\u00f3 mucho tampoco cuando en una noche muy oscura en que la mar parec\u00eda menos sosegada que de costumbre el hombre aquel desapareci\u00f3 sin que hubi\u00e9ramos vuelto \u00e1 verle m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hombre al agua!, dijo el Capit\u00e1n. En hora buena, se\u00f1ores, esto nos ahorra la molestia de tener que mandarle poner grillos.<\/p>\n<p>La cosa es que, desaparecido \u00e9l, nos encontr\u00e1bamos enteramente sin piloto y era preciso, en consecuencia, ascender \u00e1 uno de los tripulantes. Job Anderson, el contramaestre, era el m\u00e1s apto de los de \u00e1 bordo, as\u00ed fu\u00e9 que, aunque conservando su t\u00edtulo primitivo, pas\u00f3 \u00e1 desempe\u00f1ar el cargo de piloto. El Sr. Trelawney que hab\u00eda estudiado la marina y viajado mucho, como se recordar\u00e1, ten\u00eda conocimientos que le hac\u00edan muy \u00fatil en aquellas circunstancias, y realmente los puso en pr\u00e1ctica ejerciendo la vigilancia propia del piloto en los d\u00edas en que el tiempo era propicio. En cuanto al timonel Israel Hands, era un viejo y experimentado marino, cuidadoso y astuto, de quien pod\u00eda uno fiarse en todo y para todo.<\/p>\n<p>Era este el gran confidente de Silver, cuyo nombre me lleva \u00e1 hablar de nuestro cocinero Barbacoa, como la tripulaci\u00f3n lo llamaba.<\/p>\n<p>\u00c1 bordo de la embarcaci\u00f3n cargaba este su muleta suspendi\u00e9ndola al cuello por medio de un acollador, \u00e1 fin de tener ambas manos libres y expeditas lo m\u00e1s que pod\u00eda. Era digno de llamar la atenci\u00f3n el verle acu\u00f1ar el pie de su muleta contra la abertura de alguna tablaz\u00f3n y apoy\u00e1ndose en ella, despachar bonitamente su cocina, como podr\u00eda hacerlo alg\u00fan hombre sano y completo en tierra. Pero todav\u00eda era m\u00e1s extra\u00f1o verle en los d\u00edas de tiempo m\u00e1s malo atravesar la cubierta. Ve\u00edasele trasladarse de un lugar \u00e1 otro, ya usando su muleta, ya arrastr\u00e1ndola tras s\u00ed por medio del acollador, tan r\u00e1pida y expeditamente como pudiera hacerlo un hombre que tuviera el uso de sus dos piernas. Y sin embargo, algunos de los marineros, aquellos que ya hab\u00edan hecho otras traves\u00edas con \u00e9l, dec\u00edan que daba l\u00e1stima el verle tan abatido.<\/p>\n<p>\u2014Este Barbacoa no es un hombre com\u00fan; me dec\u00eda una vez el timonel. All\u00e1 en sus mocedades tuvo sus estudios y, cuando se ofrece, puede hablar como un libro. Y valiente, \u00a1eso s\u00ed! Un le\u00f3n es nada comparado con Barbacoa. Yo le he visto despachar \u00e1 cuatro enemigos, de una sola vez, haci\u00e9ndoles morder el polvo, y sin tener \u00e9l una sola arma en la mano.<\/p>\n<p>Toda la tripulaci\u00f3n le respetaba y aun puedo decir que le obedec\u00eda. Pose\u00eda un modo muy peculiar de insinuarse al hablar \u00e1 cada uno, y siempre hallaba ocasi\u00f3n de hacer \u00e1 todos un peque\u00f1o servicio. Respecto \u00e1 m\u00ed, Silver era siempre extraordinariamente amable y siempre se mostraba contento de verme aparecer en su galera, que ten\u00eda siempre limpia y brillante como un espejo: las cacerolas colgaban bru\u00f1idas y lustrosas y su loro estaba en su reluciente jaula, en un rinc\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, Hawkins, ven ac\u00e1, sol\u00eda decirme. Ven \u00e1 echar un p\u00e1rrafo con tu amigo John. Nadie m\u00e1s bien venido que t\u00fa, hijo m\u00edo. Si\u00e9ntate y ven \u00e1 oir lo que pasa. Aqu\u00ed tienes al <em>Capit\u00e1n Flint<\/em>\u2014as\u00ed le llamo yo \u00e1 mi loro en memoria del c\u00e9lebre filibustero\u2014aqu\u00ed tienes al <em>Capit\u00e1n Flint<\/em>, predici\u00e9ndonos el buen \u00e9xito de nuestro viaje. \u00bfNo es verdad <em>Capit\u00e1n<\/em>?<\/p>\n<p>Y el perico, como si le dieran cuerda se soltaba gritando:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho!, y esto con una rapidez tal, que hab\u00eda que maravillarse de c\u00f3mo no se le acababa el aliento; y no cesaba hasta que Silver no sacud\u00eda su pa\u00f1uelo sobre la jaula del animal.<\/p>\n<p>\u2014Ahora bien, Hawkins, all\u00ed donde lo ves, ese p\u00e1jaro debe tener ya lo menos doscientos a\u00f1os. Casi todos ellos son poco menos que eternos y yo creo, respecto de este, que solamente el diablo habr\u00e1 visto m\u00e1s atrocidades y horrores que \u00e9l. Fig\u00farate que \u00e9ste fu\u00e9 del Capit\u00e1n England, del c\u00e9lebre y gran pirata England. Ha estado en Madagascar y en Malabar; en Surinam, en Providencia y en Porto Bello. Este asisti\u00f3 \u00e1 la exploraci\u00f3n y repesca de los buques cargados de plata echados \u00e1 pique, y all\u00ed fu\u00e9 donde aprendi\u00f3 su refr\u00e1n de \u201c<em>Piezas de \u00e1 ocho<\/em>\u201d lo cual no es muy de maravillar, porque, fig\u00farate Hawkins, que se sacaron de ellas m\u00e1s de trescientas y cincuenta mil. Concurri\u00f3 tambi\u00e9n al abordaje del Virrey de las Indias, cerca de Goa, y al verle ahora, se creer\u00eda que entonces estaba reci\u00e9n nacido. Pero ya has olido la p\u00f3lvora, \u00bfno es verdad Capit\u00e1n?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Prep\u00e1rate para el zafarrancho!, grit\u00f3 el animal.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! este animalito es un joya, a\u00f1ad\u00eda el cocinero, alarg\u00e1ndole trozos de az\u00facar que sacaba de sus faltriqueras. Entonces el p\u00e1jaro se pegaba \u00e1 los barrotes de su jaula y comenzaba \u00e1 jurar y \u00e1 maldecir redondo, de una manera tan llena de maldad, que parec\u00eda incre\u00edble. Entonces John se ve\u00eda obligado \u00e1 a\u00f1adir:<\/p>\n<p>\u2014El que entre la brea anda, que pegarse tiene. Aqu\u00ed tienes, si no, \u00e1 este inocente animalito m\u00edo, jurando como un desesperado y no por eso lo debemos acusar. Puedes creer que lo mismo jurar\u00eda, vamos al decir, delante de monjas capuchinas y frailes descalzos.<\/p>\n<p>Y John entonces se tocaba su melena de aquel modo solemne y peculiar que \u00e9l ten\u00eda y que me confirmaba \u00e1 m\u00ed en la creencia de que aquel era el mejor de los hombres.<\/p>\n<p>En el entretanto, el Caballero y el Capit\u00e1n continuaban todav\u00eda sus relaciones en t\u00e9rminos muy poco amistosos. El Caballero no hac\u00eda gran misterio de sus sentimientos, sino que menospreciaba claramente al Capit\u00e1n. Este, por su parte, jam\u00e1s hablaba sino cuando le dirig\u00edan la palabra, y aun en esos casos, corto y seco y brusco, y ni una palabra in\u00fatil. Reconoc\u00eda, cuando se le llevaba \u00e1 un rinc\u00f3n, que hab\u00eda estado injusto y equivocado acerca de su tripulaci\u00f3n; que algunos de sus hombres eran tan vigorosos y aptos como \u00e9l pudiera desearlos y que todos se hab\u00edan conducido hasta all\u00ed perfectamente bien.<\/p>\n<p>Por lo que respecta \u00e1 la goleta, estaba el hombre enamorado de ella, y sol\u00eda decir:<\/p>\n<p>Siempre est\u00e1 lista para enfilar el viento, con m\u00e1s docilidad y ligereza que si fuera una buena esposa complaciendo \u00e1 su marido. No obstante\u2014a\u00f1ad\u00eda\u2014todav\u00eda no estamos de vuelta en casa, y repito que no me gusta esta expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00c1 estas \u00faltimas palabras, el Caballero volv\u00eda la espalda y se pon\u00eda \u00e1 recorrer la cubierta, dando aquel hombre al diablo como de costumbre.<\/p>\n<p>\u2014Una chanzoneta m\u00e1s de ese hombre, y un d\u00eda de estos estallo, sol\u00eda decir.<\/p>\n<p>Tuvimos un poco de mal tiempo, lo cual sirvi\u00f3 para probarnos las buenas cualidades de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>. Todos y cada uno de los hombres de \u00e1 bordo parec\u00edan contentos, y la verdad es, que hubieran pecado de sobra de exigencia si hubiera sido de otra manera, pues tengo para m\u00ed que jam\u00e1s tripulaci\u00f3n alguna estuvo m\u00e1s mimada y consentida desde que el Patriarca No\u00e9 naveg\u00f3 en su b\u00edblica arca. Con el menor pretexto dobl\u00e1base el rom cuotidiano, y el <em>pudding<\/em> de harina en d\u00edas extraordinarios, por ejemplo, si el Caballero sab\u00eda que era el cumplea\u00f1os de alguno de los marineros, y nunca faltaba un barril de buenas manzanas, abierto y colocado en el comb\u00e9s, para que se despachara por su mano todo aquel \u00e1 quien le viniera el antojo de comerlas.<\/p>\n<p>\u2014Nunca he visto cosa buena salir de tratamientos parecidos, hasta ahora, dec\u00eda el Capit\u00e1n al Dr. Livesey. Al que cuervos cr\u00eda, \u00e9stos le sacan los ojos: esta es simplemente mi opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, <em>cosa buena<\/em> result\u00f3 del barril de manzanas como se ver\u00e1 muy pronto, que \u00e1 no haber sido por \u00e9l, nada nos habr\u00eda prevenido \u00e1 tiempo y habr\u00edamos todos perecido \u00e1 manos de la traici\u00f3n y de la infamia.<\/p>\n<p>H\u00e9 aqu\u00ed lo que sucedi\u00f3: hab\u00edamos hasta entonces navegado \u00e1 favor de los vientos alisios para ponernos en direcci\u00f3n de la isla que busc\u00e1bamos. No me es permitido ser m\u00e1s expl\u00edcito. Y \u00e1 la saz\u00f3n baj\u00e1bamos ya en sentido opuesto manteniendo una asidua y cuidadosa vigilancia de d\u00eda y de noche. Aqu\u00e9l era ya el \u00faltimo d\u00eda, seg\u00fan el m\u00e1s largo c\u00f3mputo presupuesto para el viaje, y de un momento \u00e1 otro aquella noche, \u00f3 \u00e1 m\u00e1s tardar la ma\u00f1ana siguiente antes de medio d\u00eda deber\u00edamos llegar \u00e1 la vista de la Isla del Tesoro. Nuestra proa enfilaba al Sur-Suroeste y llev\u00e1bamos una firme brisa de baos, con una mar muy quieta. <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se deslizaba con seguridad, sumergiendo en las ondas de cuando en cuando su baupr\u00e9s, y produciendo con \u00e9l algo como peque\u00f1as explosiones de espuma; todo segu\u00eda su curso natural desde las gavias hasta la quilla, y todos parec\u00edan llenos del m\u00e1s esforzado \u00e1nimo, supuesto que ya casi toc\u00e1bamos con la mano, por decirlo as\u00ed, el fin de la primera parte de nuestra aventura.<\/p>\n<p>En tales condiciones y ya mucho despu\u00e9s de puesto el sol, cuando mi trabajo del d\u00eda estaba concluido y ya me iba en derechura \u00e1 mi camarote para dormir, ocurri\u00f3seme el deseo de comer una manzana. Sub\u00ed sobre cubierta. La vigilancia estaba toda \u00e1 proa, como es natural, en espera de descubrir la isla. El timonel observaba la orza de la vela y se divert\u00eda silbando alegremente. Este era el ruido \u00fanico que se escuchaba, \u00e1 excepci\u00f3n del rumor del mar que hend\u00eda la proa y que murmuraba suavemente sobre los costados de la goleta.<\/p>\n<p>Me lanc\u00e9 gentilmente hasta el fondo del gran barril de las manzanas en busca de alguna, y me encontr\u00e9 con que apenas si hab\u00edan quedado en sus profundidades una \u00f3 dos. Cruc\u00e9me de piernas tranquilamente en aquel fondo oscuro, sin m\u00e1s intenci\u00f3n que la de concluir con mi manzana; pero ya fuese el mon\u00f3tono rumor del mar, ya el suave balanceo de la goleta en aquel momento, el hecho es, \u00f3 que dormit\u00e9 por unos instantes \u00f3 que estuve \u00e1 punto de hacerlo, cuando un hombre pesado se sent\u00f3 repentinamente junto \u00e1 mi escondite. El barril se estremeci\u00f3 cuando aquel hombre recarg\u00f3 su espalda y ya iba yo \u00e1 saltar afuera cuando el reci\u00e9n venido comenz\u00f3 \u00e1 hablar. Era la voz de Silver y no hab\u00eda yo o\u00eddo una docena de palabras todav\u00eda, cuando ya no hubiera osado mostrarme ni por todo el oro del mundo. Qued\u00e9me, pues, all\u00ed, tr\u00e9mulo y atento, en el \u00faltimo extremo de la angustia y de la curiosidad, porque aquellas pocas palabras bastaron para darme \u00e1 entender que las vidas de todos los hombres honrados que iban \u00e1 bordo depend\u00edan de m\u00ed solamente.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XI. LO QUE O\u00cd DESDE EL BARRIL<\/h2>\n<p>\u2014\u00a1NO! \u00a1yo no!, dec\u00eda Silver. Flint era el Capit\u00e1n: yo no era m\u00e1s que contramaestre, con mi pierna de palo. En el mismo abordaje perdimos, yo mi pierna y el viejo Pew la vista. Me acuerdo que fu\u00e9 un cirujano recibido, con su t\u00edtulo con muchos latines, que no hab\u00eda m\u00e1s que pedir, el que me aserr\u00f3 esta pierna; pero todas sus ret\u00f3ricas y sus serruchos no lo libraron de que lo ahorc\u00e1ramos como \u00e1 un perro y lo dej\u00e1ramos sec\u00e1ndose al sol en el castillo del Corso. \u00a1Esos eran los hombres de Flint, esos, s\u00ed se\u00f1or! Eso tambi\u00e9n fu\u00e9 el resultado de cambiar nombre \u00e1 sus nav\u00edos, <em>Royal Fortune<\/em> y otros. Pero yo digo que el nombre con que han bautizado \u00e1 un nav\u00edo es el que debe qued\u00e1rsele. As\u00ed sucedi\u00f3 con <em>La Casandra<\/em> que nos trajo sanos y salvos \u00e1 nuestra casa despu\u00e9s que England se apoder\u00f3 del Virrey de Indias, y lo mismo con el viejo <em>Walrus<\/em> que era el antiguo buque de Flint y que yo v\u00ed rojo de sangre de popa \u00e1 proa, algunas veces, y otras repleto de oro hasta zozobrar con su peso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, exclam\u00f3 otra voz, que luego conoc\u00ed por la del m\u00e1s joven de los de la tripulaci\u00f3n, y que expresaba la admiraci\u00f3n m\u00e1s completa; \u00a1ah! \u00a1Flint s\u00ed que era la flor de toda esa banda!<\/p>\n<p>\u2014Davis tambi\u00e9n era todo un hombre cabal, no lo dudes, dijo Silver; yo nunca navegu\u00e9 con \u00e9l, sin embargo. Mi historia es esta: primero con England, luego con Flint y ahora por mi cuenta&#8230; \u00a1vamos al decir! Yo pude ahorrar novecientas libras durante mi servicio con England y dos mil con Flint. Ya ves t\u00fa que eso no es poco para un simple marinero. Y todo eso bien guardadito en el banco, muy guardado, no te quepa duda, \u00bfY qu\u00e9 se ha hecho hoy de los hombres de England? \u00a1No s\u00e9! \u00bfY de los de Flint? En cuanto \u00e1 esos, la mayor parte est\u00e1n aqu\u00ed, \u00e1 bordo, con nosotros. Al viejo Pew que hab\u00eda perdido la vista le tocaron mil doscientas libras que\u2014verg\u00fcenza da decirlo\u2014gast\u00f3 completamente en un a\u00f1o, como puede hacerlo un Lord del Parlamento. \u00bfEn d\u00f3nde est\u00e1 ahora? Muerto, bien muerto y bajo escotillas. Pero, dos a\u00f1os antes de morir&#8230; \u00bfqu\u00e9 hizo? \u00a1mil tempestades! ladrar de hambre como un perro; pedir limosna, mendigar, robar, degollar gentes y con todo eso morirse de hambre y de miseria&#8230; \u00a1voto al demonio!<\/p>\n<p>\u2014Voy creyendo que no sirve, pues, de mucho la carrera, observ\u00f3 el joven catec\u00fameno de Silver.<\/p>\n<p>\u2014No le sirve de mucho \u00e1 los manirrotos y locos; por supuesto que no, replic\u00f3 Silver. Pero en cuanto \u00e1 t\u00ed, mira; t\u00fa eres un chicuelo todav\u00eda, pero vivo como un zancudo. Yo te lo conoc\u00ed en cuanto te puse el ojo encima, y ya ves que te hablo como \u00e1 un hombre hecho.<\/p>\n<p>Se comprender\u00e1 sin esfuerzo lo que sent\u00ed al oir \u00e1 este viejo y abominable brib\u00f3n dirigiendo \u00e1 otro las mism\u00edsimas palabras aduladoras que hab\u00eda usado para conmigo. Cr\u00e9aseme que si hubiera podido, con todo mi coraz\u00f3n lo habr\u00eda anonadado \u00e1 trav\u00e9s de mi barril. Pero \u00e9l prosigui\u00f3, entre tanto, muy ajeno de que alguien le estaba escuchando:<\/p>\n<p>\u2014Mira t\u00fa lo que sucede con los <em>caballeros de la fortuna<\/em>. Se pasan una vida dura y est\u00e1n siempre arriesgando el pescuezo, pero comen y beben como can\u00f3nigos y abades, y cuando han llevado \u00e1 cabo una buena expedici\u00f3n, \u00a1c\u00e1! entonces&#8230; entonces los ves ponerse en las faltriqueras miles de libras, en vez de pu\u00f1aditos de miserables peniques. Ahora, los m\u00e1s de ellos lo botan en org\u00edas y francachelas, tambi\u00e9n eso es cierto, y luego los ves volviendo al mar, en camisa, como quien dice. Pero \u00e1 fe que yo no he ido por semejante vereda. \u00a1No, que no! Yo he puesto todo muy bien asegurado, un poquito aqu\u00ed, otro poco acull\u00e1, y en ninguna parte mucho para no excitar sospechas in\u00fatiles y peligrosas. Ya tengo cincuenta a\u00f1os, f\u00edjate bien, y una vez de vuelta de esta expedici\u00f3n me establezco como un perezoso rentista. <em>Ya es tiempo de ello<\/em>, me parece que replicas. \u00a1Ah, s\u00ed! pero puedo asegurarte que entre tanto he vivido con desahogo. Jam\u00e1s me he privado de nada que me haya pedido el cuerpo; sue\u00f1os largos, comidas apetitosas, y todo esto, d\u00eda por d\u00eda, excepto cuando viajo por el agua salada, \u00bfY c\u00f3mo comenc\u00e9? Pues ni m\u00e1s ni menos que como t\u00fa ahora, de puro y simple marinero.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, replic\u00f3 el joven; pero lo que es ahora, todo ese otro dinero es como si ya no existiera, \u00bfno es verdad? Porque \u00e1 buen seguro que despu\u00e9s de esta expedici\u00f3n \u00a1vaya Vd. \u00e1 dar la cara en Br\u00edstol!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bah! contest\u00f3 Silver ir\u00f3nicamente. \u00bfPues en d\u00f3nde te figuras t\u00fa que ese dinero estaba?<\/p>\n<p>\u2014Pues&#8230; en Br\u00edstol, es claro, en los bancos y \u00e1 r\u00e9dito; contest\u00f3 su interlocutor.<\/p>\n<p>\u2014Es verdad, all\u00ed estaba cuando levamos anclas; pero \u00e1 la hora que es, <em>mi mujer<\/em>&#8230; ya t\u00fa me entiendes&#8230; mi mujer lo tiene ya bien realizado, y todo en su poder. La taberna del \u201cVig\u00eda\u201d est\u00e1 ya vendida, \u00f3 arrendada, \u00f3 regalada \u00f3 qu\u00e9 s\u00e9 yo. Pero en cuanto \u00e1 la muchacha, yo te aseguro que ya ella ha salido de Br\u00edstol para reun\u00edrseme. Yo te dir\u00eda de muy buena gana en d\u00f3nde va \u00e1 esperarme, pero esto har\u00eda que nacieran celos entre tus compa\u00f1eros por mi preferencia, y no quiero celos aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY tiene Vd. plena confianza en su&#8230; <em>mujer<\/em>, como Vd. la llama?, pregunt\u00f3 el catec\u00fameno.<\/p>\n<p>\u2014Los <em>caballeros de la fortuna<\/em>, replic\u00f3 el cocinero, generalmente somos poco confiados entre nosotros mismos, y \u00e1 fe que\u2014puedes creerlo\u2014no nos falta raz\u00f3n para ello. Pero yo tengo unos modos m\u00edos muy particulares; de veras que s\u00ed. Cuando un camarada es capaz de tenderme una celada&#8230; quiero decir, uno que me conoce, ya puede estar seguro de que no le ser\u00e1 posible vivir en el mismo mundo que el viejo John. Hab\u00eda algunos que le ten\u00edan miedo \u00e1 Pew; otros que se aterrorizaban de Flint, pero yo te digo que el mismo Flint no las ten\u00eda todas consigo trat\u00e1ndose de m\u00ed, con ser quien era. S\u00ed que me ten\u00eda miedo, y eso que estaba orgulloso de m\u00ed, vamos al decir. Nunca ha habido sobre los mares una tripulaci\u00f3n m\u00e1s escabrosa que la de Flint, al extremo de que el diablo mismo hubiera temido ir con ella \u00e1 bordo. Pues, sin embargo, ya t\u00fa me ves, no soy ning\u00fan finchado ni ning\u00fan fanfarr\u00f3n, y s\u00e9 hacer la compa\u00f1\u00eda con todos mis camaradas con tanta llaneza como si no fuera quien soy. Pero cuando era yo contramaestre&#8230; \u00a1ah, diablo! entonces s\u00ed que no pod\u00eda decirse de ninguno de nuestra camada de viejos filibusteros que fuese un <em>corderito<\/em>. \u00a1Ah! yo s\u00e9 lo que te digo: puedes estar seguro de t\u00ed mismo en este nav\u00edo del viejo John.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, replic\u00f3 el mancebo; ahora le dir\u00e9 \u00e1 Vd. que cuando vine aqu\u00ed no me gustaba el proyecto, ni <em>tanto as\u00ed<\/em>; pero ahora que ya hemos tenido esta explicaci\u00f3n, John, ya sabe Vd. que cuentan conmigo, suceda lo que suceda.<\/p>\n<p>\u2014Mucho que me alegro, porque tu eres un mocito de provecho, contest\u00f3 Silver sacudiendo la mano de su converso de la manera m\u00e1s cordial. Puedes creer que no he visto en mi vida una apariencia mejor que la tuya para ser uno de los <em>caballeros de fortuna<\/em>.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed yo ya hab\u00eda comenzado \u00e1 comprender que por <em>caballeros de la fortuna<\/em> entend\u00edan aquellos hombres ni m\u00e1s ni menos que piratas comunes y corrientes y que aquella peque\u00f1a escena que yo hab\u00eda o\u00eddo, era nada m\u00e1s que el \u00faltimo acto en la corrupci\u00f3n de uno de los hombres honrados que iban \u00e1 bordo, tal vez ya el \u00faltimo de ellos. No obstante, pronto deb\u00eda recibir alg\u00fan consuelo sobre este particular como se ver\u00e1 luego. Silver, en aquel momento dej\u00f3 oir un ligero silbido y un tercer personaje apareci\u00f3 muy pronto y vino \u00e1 reunirse \u00e1 aquel concili\u00e1bulo.<\/p>\n<p>\u2014Dick es hombre de pelo en pecho, dijo Silver al reci\u00e9n venido.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! eso ya me lo sab\u00eda yo, replic\u00f3 una voz que reconoc\u00ed al punto por la del timonel Israel Hands. Este Dick no tiene un pelo de tonto. Pero vamos all\u00e1, prosigui\u00f3; lo que yo quiero saber es esto, Barbacoa; \u00bftanto tiempo nos vamos todav\u00eda \u00e1 quedar afuera en esta especie de maldito bote vivandero? Yo digo que ya tengo bastante de Capit\u00e1n Smollet, con mil diablos; ya bastante me ha aburrido, y ya quiero poder instalarme en su c\u00e1mara; ya quiero sus <em>pickles<\/em>, ya quiero sus vinos, ya quiero todo eso.<\/p>\n<p>\u2014Israel, le replic\u00f3 Silver, t\u00fa has tenido ahora y siempre cabeza de chorlito. Pero creo que te podr\u00e1 entrar la raz\u00f3n, \u00bfno es esto? Abre, pues, las orejas, que bien grandes las tienes para oirme lo que te voy \u00e1 decir ahora mismo: seguir\u00e1s durmiendo \u00e1 proa, y seguir\u00e1s pas\u00e1ndola penosamente y seguir\u00e1s hablando con suavidad, y seguir\u00e1s bebiendo con la mayor mesura hasta que yo d\u00e9 la voz, y entre tanto te conformar\u00e1s con lo que te digo.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, yo no digo que no, gru\u00f1\u00f3 el timonel. Lo \u00fanico que yo digo es esto: <em>\u00bfcu\u00e1ndo?<\/em> \u00a1Eso es todo!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ndo? \u00a1mil tempestades!, exclam\u00f3 Silver. Con que cu\u00e1ndo, \u00bfeh? Pues mira, puesto que lo quieres, voy \u00e1 decirte cuando. Hasta el \u00faltimo momento que me sea posible: \u00a1entonces! aqu\u00ed traemos \u00e1 un excelente marino, \u00e1 este Capit\u00e1n Smollet, que viene dirigiendo en provecho nuestro el bendito buque. Aqu\u00ed traemos igualmente \u00e1 ese Caballero y \u00e1 ese Doctor con su mapa y dem\u00e1s cosas que nos interesan y que ni yo ni Vds. sabemos en d\u00f3nde diablos las guardan. Enhorabuena; entonces tenemos que aguardar que este Caballero y este Doctor encuentren la hucha y nos ayuden hasta \u00e1 ponerla \u00e1 bordo del buque, con cien mil diantres. Entonces veremos. Si yo estuviera bien seguro de Vds., hijos del demonio, dejar\u00eda al Capit\u00e1n Smollet que nos condujera de vuelta hasta medio camino, antes de dar el golpe definitivo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAcaso no somos marinos todos los que estamos aqu\u00ed \u00e1 bordo? Yo creo que s\u00ed, dijo el muchacho Dick.<\/p>\n<p>\u2014Quieres decir que entendemos la maniobra, \u00bfno es verdad?, prorrumpi\u00f3 Silver. Nosotros podemos seguir una direcci\u00f3n dada, \u00bfpero qui\u00e9n puede darnos esta? He ah\u00ed en lo que se dividen todas las opiniones de Vds. desde el primero hasta el \u00faltimo. En cuanto \u00e1 m\u00ed, si yo pudiera obrar conforme \u00e1 mi solo deseo, dejar\u00eda al Capit\u00e1n Smollet que nos llevara hasta \u00faltima hora en nuestro regreso, para no exponernos \u00e1 c\u00e1lculos err\u00f3neos y \u00e1 andar luego \u00e1 raci\u00f3n de agua por esos mares del diablo. Pero yo se muy bien qu\u00e9 casta de bichos son Vds. y&#8230; no hay remedio, acabar\u00e9 con ellos en la isla, tan luego como nos hayan ayudado \u00e1 poner la hucha \u00e1 bordo, lo cual es una l\u00e1stima. \u00a1Que reviente yo en hora mala si no es cosa que enfullina y disgusta el navegar con zopencos como Vds.!<\/p>\n<p>\u2014Eso s\u00ed que es hablar por hablar, exclam\u00f3 Israel. \u00bfQui\u00e9n te da motivo para enojarte, John?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hablar por hablar!, replic\u00f3 exaltado Silver. \u00bfPues cu\u00e1ntos nav\u00edos de alto bordo te figuras t\u00fa que he visto al abordaje, y cuantos vigorosos muchachos sec\u00e1ndose al sol en la Plaza de los Ajusticiados y todo esto solamente por esta maldita prisa? \u00bfMe oyes bien? Pues mira; yo he visto una que otra cosa en el mar, puedes creerlo, y te digo que si Vds. se limitaran \u00e1 poner sus velas siguiendo el viento que sopla, llegar\u00edan, sin duda, un d\u00eda al punto de arrastrar carrozas, \u00a1por supuesto! \u00a1Ah! \u00a1pero no ser\u00e1 as\u00ed! Los conozco muy bien \u00e1 Vds. Comenzar\u00e1n por andar de taberna en taberna, ahitos de rom, y ma\u00f1ana \u00fa otro d\u00eda ya ir\u00e1n por sus pasos contados \u00e1 hacerse ahorcar.<\/p>\n<p>\u2014Todos sab\u00edamos bien que t\u00fa has sido siempre una especie de abad, John. Pero hay otros que han podido maniobrar y gobernar tan bien como t\u00fa, dijo Israel. Y sin embargo, \u00e1 ellos les gustaba un poco el jaleo y la diversi\u00f3n. Ellos no eran tan entonados ni tan severos, despu\u00e9s de todo, sino que entraban \u00e1 la bromita, tomando su parte como camaradas alegres y de buen humor.<\/p>\n<p>\u2014Es verdad, dice Silver, es muy verdad. S\u00f3lo que \u00bfen donde est\u00e1n esos \u00e1 la hora presente? Pew era de ese jaez y ha muerto de limosnero. Flint era tambi\u00e9n as\u00ed y muri\u00f3 de rom en Savannah. \u00a1Oh! muy alegres y muy divertidos que eran, s\u00ed se\u00f1or; pero lo repito, \u00bfen d\u00f3nde est\u00e1n ahora?<\/p>\n<p>\u2014Todo eso est\u00e1 muy bien, interrumpi\u00f3 Dick, pero lo que yo pregunto es esto: cuando demos el golpe y tengamos \u00e1 nuestros hombres pie con mano, \u00bfqu\u00e9 vamos \u00e1 hacer con ellos?<\/p>\n<p>\u2014Eso se llama hablar en plata, dijo Silver con un tono de gran admiraci\u00f3n. Este muchacho me gusta. \u00a1Al negocio y s\u00f3lo al negocio! Est\u00e1 bien; pero Vds. \u00bfqu\u00e9 opinan? \u00bfLos dejamos en tierra en esa isla desierta como Robinsones? Eso ser\u00eda lo que hubiera hecho England. \u00bf\u00d3 los degollamos sencillamente como \u00e1 cerdos? Este hubiera sido el procedimiento de Flint \u00f3 de Billy Bones.<\/p>\n<p>\u2014Billy era el hombre para estas cosas, dijo Israel. \u201cLos muertos no muerden,\u201d sol\u00eda decir. El muy taimado ya sabe \u00e1 qu\u00e9 atenerse sobre ese punto, puesto que ya \u00e9l mismo est\u00e1 debajo de tierra, pero si alguna vez mano alguna fu\u00e9 dura \u00e9 implacable, esa era sin duda la de Billy.<\/p>\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, observ\u00f3 Silver, dura, pero pronta. Ahora bien, entend\u00e1monos. Yo soy un hombre complaciente, casi un caballero, como Vds. dicen; pero amigos m\u00edos, por hoy la cosa es seria. El deber es el deber, y este antes que todo. He aqu\u00ed cual es mi parecer: <em>matarlos<\/em>. Cuando yo me haya convertido en un Lord, y ande tirado en carrozas, no quiero que ninguno de estos tinterillos de primera c\u00e1mara, se me pueda aparecer un d\u00eda, cuando menos lo espere, como el diablo \u00e1 la hora del rezo. Pero lo \u00fanico que digo es esto: aguardemos, y cuando el tiempo oportuno llegue d\u00e9monos gusto degollando \u00e1 uno tras otro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1John, exclam\u00f3 el timonel, eres todo un hombre!<\/p>\n<p>\u2014Ya dir\u00e1s eso cuando me veas \u00e1 la obra, Israel, dijo Silver. Para entonces no reclamo m\u00e1s que una cosa, y es que no me quiten \u00e1 Trelawney. Quiero darme el placer de cortar con mis propias manos esa cabeza de res.<\/p>\n<p>Y como cortando la conversaci\u00f3n repentinamente, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Oye, Dick, salta y dame una manzana de aqu\u00ed del barril, para remojarme un poco el gaznate.<\/p>\n<p>Se comprender\u00e1 el espantoso terror que sent\u00ed al escuchar esto. Hubiera yo saltado y echado \u00e1 correr, si hubiera tenido la fuerza suficiente para ello, pero no tuve ni piernas ni \u00e1nimo y permanec\u00ed inm\u00f3vil. O\u00ed que Dick comenzaba \u00e1 levantarse, pero en el instante mismo alguien lo contuvo y se oy\u00f3 la voz de Hands, decir:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u00a1deja eso! no vas \u00e1 chupar semejante <em>pantoque<\/em>, John. Echemos una ronda de lo fino.<\/p>\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n, Dick, dijo Silver. En el barril del rom tengo puesta una sonda, con su llave respectiva. Ll\u00e9nate una vasija y s\u00fabela en seguida.<\/p>\n<p>Terrificado como estaba, no pude impedirme el pensar que as\u00ed quedaba explicado el misterio de la fuente en que el piloto Arrow beb\u00eda las <em>aguas <\/em>que acabaron por matarle.<\/p>\n<p>Dick se fu\u00e9 por un rato no muy largo, pero durante su ausencia Israel habl\u00f3 al o\u00eddo del cocinero en voz muy baja pero animada. Yo pude apenas recoger dos \u00f3 tres frases, pero en ellas supe, sin embargo, algo interesante, pues adem\u00e1s de otras palabras que tend\u00edan \u00e1 confirmarlo, esto lleg\u00f3 muy distintamente \u00e1 mis o\u00eddos:<\/p>\n<p>\u2014Ninguno otro de ellos quiere ya entrar en el negocio.<\/p>\n<p>Claro era, por lo tanto, que todav\u00eda nos quedaban hombres leales \u00e1 bordo.<\/p>\n<p>Cuando Dick volvi\u00f3, cada uno de los del terno aquel tom\u00f3 sucesivamente la vasija del rom y le hizo los honores concienzudamente, bebiendo, el uno \u201c<em>\u00a1al buen \u00e9xito!<\/em>\u201d otro \u201c<em>\u00a1por el viejo Flint!<\/em>\u201d y cerrando Silver la ronda con estas palabras:<\/p>\n<p><em>\u00a1A nuestra salud! y orza al estribor \u00a1Presas y fortuna! \u00a1dinero y amor!<\/em><\/p>\n<p>En aquel punto cierta claridad cay\u00f3 sobre m\u00ed, adentro del barril; alc\u00e9 la vista y me encontr\u00e9 con que la luna acababa de aparecer en el cielo, plateaba la gavia de mesana y comunicaba un tinte blanquecino \u00e1 la palma del trinquete. Casi en el mismo instante la voz del vig\u00eda se alz\u00f3 gritando:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tierra! \u00a1tierra!<\/p>\n<p>85<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XII. CONSEJO DE GUERRA<\/h2>\n<p>PASOS precipitados sonaron por donde quiera al grito de <em>\u00a1tierra! <\/em>apresur\u00e1ndose todos \u00e1 subir sobre cubierta, tanto mis amigos de la c\u00e1mara de popa como las gentes de la tripulaci\u00f3n. Yo salt\u00e9 r\u00e1pidamente afuera de mi barril; me deslic\u00e9 cubri\u00e9ndome con la vela de trinquete, d\u00ed la vuelta hacia el alc\u00e1zar de popa y volv\u00ed sobre cubierta por el camino de todos los dem\u00e1s, \u00e1 tiempo de reun\u00edrmeles en el acto de acudir \u00e1 proa.<\/p>\n<p>Todo el mundo estaba ya congregado all\u00ed. Una cinta de niebla se hab\u00eda alzado casi al mismo tiempo que aparec\u00eda la luna. All\u00e1 \u00e1 lo lejos, hacia el sudoeste, divis\u00e1bamos dos monta\u00f1as no muy altas, como \u00e1 unas dos millas de distancia y por encima de una de ellas aparec\u00eda una tercera eminencia, notablemente m\u00e1s alta que las otras, y cuya cumbre se miraba todav\u00eda envuelta entre las gasas de la niebla. Las tres parec\u00edan de figura aguzada y c\u00f3nica.<\/p>\n<p>Esto fu\u00e9, \u00e1 lo menos, lo que yo cre\u00ed ver, puesto que a\u00fan no me recobraba de mis terrores de hac\u00eda dos \u00f3 tres minutos. En seguida o\u00ed la voz del Capit\u00e1n Smollet dando \u00f3rdenes. <em>La Espa\u00f1ola<\/em> fu\u00e9 puesta unos dos puntos m\u00e1s cerca de la direcci\u00f3n del viento y comenz\u00f3 \u00e1 enderezar el rumbo de tal manera que enfilar\u00eda precisamente la costa oriental de la isla.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora muchachos, dijo el Capit\u00e1n, cuando la maniobra estuvo ejecutada, \u00bfalguno de Vds. ha visto esa tierra antes de ahora?<\/p>\n<p>\u2014Yo, dijo Silver. Siendo cocinero de un buque mercante anclamos en ella para proveernos de agua.<\/p>\n<p>\u2014El fondeadero est\u00e1 al Sur, tras un islote, \u00bfno es esto?, pregunt\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed se\u00f1or, el islote del <em>Esqueleto<\/em> que le llaman. Este lugar ha sido alguna vez abrigadero de piratas, y un hombre que llev\u00e1bamos \u00e1 bordo sab\u00eda los nombres de todos aquellos sitios. Aquel cerro al Norte le llaman <em>El Trinquete<\/em>. Hay tres cerros colocados en l\u00ednea hacia el Sur y que les llaman, con nombres marinos, <em>El Trinquete<\/em>, <em>El Mayor<\/em> y <em>El Mesana<\/em>. Pero el principal es el m\u00e1s grande, que tiene el pico sumido en la nube. Lo llamaban tambi\u00e9n el <em>Cerro del Vig\u00eda<\/em>, \u00e1 causa de la vigilancia que desde su cima manten\u00edan esos hombres, mientras sus embarcaciones permanec\u00edan al ancla limpiando sus fondos, con perd\u00f3n de Vd., porque aqu\u00ed es donde ellos llevaban \u00e1 cabo esa operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed tengo un mapa, dijo el Capit\u00e1n Smollet; vea Vd. si este es el lugar que Vd. dice.<\/p>\n<p>En los ojos de Silver pas\u00f3 algo como un rel\u00e1mpago de alegr\u00eda feroz al tomar la carta que le alargaba el Capit\u00e1n. Pero en el instante mismo en que sus ojos cayeron sobre el papel, le conoc\u00ed que su esperanza de un segundo sufr\u00eda una terrible decepci\u00f3n. Aquel no era el mapa encontrado en la maleta de Billy Bones, sino una copia cuidadosa en todos sus detalles, nombres, alturas y sondajes, con la sola excepci\u00f3n de las cruces rojas y de las notas manuscritas. Sin embargo, por aguda que haya sido la contrariedad de Silver, tuvo la presencia de \u00e1nimo necesaria para dominarse y aparecer sereno.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed se\u00f1or, contest\u00f3, este es el lugar seg\u00fan entiendo, y muy bien trazado ciertamente. \u00bfQui\u00e9n habr\u00e1 sido el autor de esta carta? Los piratas eran demasiado ignorantes, \u00e1 lo que creo, para poder dibujar esto. \u00a1Ah! \u00a1vamos! aqu\u00ed est\u00e1 marcado \u201c<em>Ancladero del Capit\u00e1n Kidd<\/em>\u201d; precisamente este es el nombre que le di\u00f3 mi Patr\u00f3n. All\u00ed existe una fuerte corriente \u00e1 lo largo de la costa Sud y luego sube en direcci\u00f3n Norte, \u00e1 lo largo de la costa occidental. Ten\u00eda Vd. raz\u00f3n, prosigui\u00f3, en ce\u00f1ir el viento y poner la proa hacia la isla, por lo menos si su intenci\u00f3n era que entr\u00e1semos luego y carenar all\u00ed, porque la verdad es que en todas estas aguas no hay lugar m\u00e1s \u00e1 prop\u00f3sito que ese.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, mi amigo, dijo el Capit\u00e1n Smollet. M\u00e1s tarde creo que pedir\u00e9 \u00e1 Vd. algunos otros informes para ayudarnos en algo. Puede Vd. retirarse.<\/p>\n<p>No pude menos que sorprenderme al ver la sangre fr\u00eda con que Silver confesaba su conocimiento de la isla. Por mi parte, yo continuaba medio aterrorizado todav\u00eda y me sent\u00ed m\u00e1s aun cuando v\u00ed \u00e1 aquel hombre acercarse \u00e1 m\u00ed, m\u00e1s y m\u00e1s. Por supuesto que ni remotamente se figuraba que hubiese yo escuchado su concili\u00e1bulo desde el fondo de un barril de manzanas, y sin embargo, en aquel punto hab\u00eda yo cogido tal horror de su crueldad, doblez y poder\u00edo, que muy mal contuve un estremecimiento nervioso cuando su mano tom\u00f3 mi brazo mientras \u00e9l me dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, muchachuelo! Aqu\u00ed tienes un precioso lugar para un chico como t\u00fa, en esta isla. Aqu\u00ed puedes ba\u00f1arte, trepar \u00e1 los \u00e1rboles, cazar cabras monteses, todo lo que quieras. T\u00fa mismo podr\u00e1s ir como las cabras subi\u00e9ndote \u00e1 los m\u00e1s altos pe\u00f1ascos y monta\u00f1as. \u00a1Ah! cr\u00e9eme que me rejuvenece todo esto y casi casi me iba ya olvidando de mi pierna de palo. Linda cosa es ser uno joven y tener uno sus veinte dedos cabales, puedes estar seguro. Cuando quieras ir \u00e1 hacer un pase\u00edto de exploraci\u00f3n, nada m\u00e1s av\u00edsale \u00e1 tu viejo amigo John y \u00e9l cuidar\u00e1 de darte tu cestilla de v\u00edveres muy bien arreglada, para que la lleves contigo.<\/p>\n<p>Dicho esto me di\u00f3 una palmada sobre el hombro de la manera m\u00e1s amistosa, se alej\u00f3 cojeando y se perdi\u00f3 en el interior de las galeras.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n Smollet, el Caballero y el Doctor Livesey se quedaron conversando junto al alc\u00e1zar de proa. \u00c1 pesar de mi impaciente ansiedad por contarles lo que la casualidad me hab\u00eda hecho oir, no me atrev\u00ed \u00e1 interrumpirlos abiertamente. Entre tanto y cuando m\u00e1s absorto estaba yo en mis pensamientos para encontrar alguna excusa probable, el Doctor Livesey me llam\u00f3. Hab\u00edasele olvidado su pipa abajo en la c\u00e1mara, y, como era un verdadero esclavo del tabaco, me iba \u00e1 indicar que bajara \u00e1 tra\u00e9rsela, sin duda. Pero en cuanto que estuve bastante cerca de \u00e9l para que me oyese \u00e9l solo, le dije r\u00e1pidamente:<\/p>\n<p>\u2014Doctor, perm\u00edtame Vd. que le hable. Ll\u00e9vese consigo al Capit\u00e1n y al Caballero inmediatamente abajo \u00e1 la c\u00e1mara, y con cualquier pretexto manden Vds. por m\u00ed. Tengo nuevas terribles.<\/p>\n<p>El Doctor pareci\u00f3 desconcertarse por un instante, pero en el acto fu\u00e9 otra vez due\u00f1o de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, Jim, dijo en voz bien alta; eso es todo lo que quer\u00eda saber. Fing\u00eda, con esto, haberme hecho alguna pregunta \u00e1 la que yo hubiese respondido.<\/p>\n<p>En seguida gir\u00f3 sobre s\u00ed mismo y se volvi\u00f3 \u00e1 reunir al grupo de que formaba parte. Hablaron los tres por algunos momentos y aun cuando ninguno de ellos di\u00f3 muestras de sobresalto ni levant\u00f3 la voz, me pareci\u00f3 evidente que el Doctor Livesey les acababa de comunicar mi s\u00faplica, porque lo primero que lleg\u00f3 \u00e1 mis o\u00eddos fu\u00e9 que el Capit\u00e1n daba \u00f3rdenes \u00e1 Job Anderson y el silbato son\u00f3 luego llamando sobre cubierta \u00e1 toda la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Muchachos, dijo el Capit\u00e1n en cuanto que todos estuvieron reunidos; tengo dos palabras que decir \u00e1 Vds. Esa tierra que acabamos de ver es el lugar de nuestro destino. El Patr\u00f3n de este buque, hombre muy liberal y generoso, seg\u00fan todos lo sabemos por experiencia, acaba de hacerme dos preguntas que yo he podido contestar dici\u00e9ndole que cada marinero de esta goleta ha cumplido con su deber, desde el tope hasta la cala, de tal manera que nada mejor pudiera pedirse. Por tal motivo \u00e9l, el Doctor y yo, vamos \u00e1 la c\u00e1mara \u00e1 beber \u00e1 la salud y buena suerte de todos ustedes, mientras que \u00e1 Vds. se les servir\u00e1 un buen <em>grog<\/em> para que brinden, \u00e1 su vez, por nosotros. Yo les dar\u00e9 \u00e1 Vds. mi opini\u00f3n sobre esto: yo lo encuentro magn\u00edfico. Si Vds. son de mi parecer, les propondr\u00e9, pues, que env\u00eden un buen aplauso al caballero que as\u00ed se porta.<\/p>\n<p>El aplauso se dej\u00f3 oir, esto era claro; pero estall\u00f3 tan compacto y tan cordial, que confieso que me fu\u00e9 dif\u00edcil convencerme de que aquellos mismos que lo daban estaban arreglando tramas infernales contra nuestras vidas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Un aplauso m\u00e1s por el Capit\u00e1n Smollet!, grit\u00f3 Silver cuando el \u00faltimo hubo cesado.<\/p>\n<p>Lo mismo que el anterior, este segundo aplauso parec\u00eda enteramente sincero y voluntario.<\/p>\n<p>Apenas pasado esto los tres caballeros bajaron \u00e1 la c\u00e1mara y no pas\u00f3 mucho rato sin que enviasen un recado diciendo que se necesitaba \u00e1 Jim Hawkins en el sal\u00f3n.<\/p>\n<p>Encontr\u00e9los \u00e1 todos tres en torno de la mesa, con una botella de vino espa\u00f1ol y algunas uvas delante de ellos; el Doctor fumando fuerte y con la peluca puesta sobre sus rodillas, lo cual me constaba que era un signo de agitaci\u00f3n en \u00e9l. La ventanilla de popa estaba abierta porque la noche era bastante c\u00e1lida, y pod\u00eda verse perfectamente desde dentro el resplandor de la luna cintilando sobre la estela de nuestro buque.<\/p>\n<p>\u2014Ahora bien, Hawkins, d\u00edjome el Caballero, parece que tienes algo que decirme: habla ya.<\/p>\n<p>H\u00edcelo como se me mandaba y, sin alargarme demasiado, cont\u00e9 todos los detalles de la conversaci\u00f3n de Silver. Ninguno trat\u00f3 de hacer la m\u00e1s peque\u00f1a interrupci\u00f3n hasta que todo lo hube dicho; ni ninguno tampoco hizo movimiento de ninguna especie, sino que todos tres mantuvieron sus ojos clavados en mi semblante desde el principio hasta el fin de mi narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Si\u00e9ntate, Jim, d\u00edjome el Doctor.<\/p>\n<p>Hici\u00e9ronme lugar entonces \u00e1 la mesa, junto \u00e1 ellos, sirvi\u00e9ronme un vaso de vino y me pusieron en las manos un gran racimo de uvas; y todos tres, con un saludo cordial, bebieran \u00e1 mi salud, felicit\u00e1ndome por mi valor y por mi buena suerte.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, Capit\u00e1n, dijo el Caballero, es ya tiempo de proclamar que Vd. estaba en lo justo y yo estaba equivocado. Me declaro sencillamente un borrico y espero las \u00f3rdenes de Vd.<\/p>\n<p>\u2014Nadie m\u00e1s borrico que yo, replic\u00f3 el Capit\u00e1n. Yo no he visto jam\u00e1s tripulaci\u00f3n alguna tramando una rebeli\u00f3n que no deje escapar perceptiblemente algunos signos de su descontento, de manera que todo hombre que no es ciego puede ver el peligro y tomar las medidas necesarias para evitarlo. Pero confieso que esta tripulaci\u00f3n derrota toda mi experiencia.<\/p>\n<p>\u2014Capit\u00e1n, dijo el Doctor, con su permiso dir\u00e9 que esta es obra de Silver y que este es un hombre muy notable.<\/p>\n<p>\u2014Me parece que muy notable aparecer\u00eda colocado en un pe\u00f1ol de las vergas, replic\u00f3 el Capit\u00e1n. Pero esto no es m\u00e1s que charla que no conduce \u00e1 nada. He fijado mi atenci\u00f3n en tres \u00f3 cuatro puntos y con permiso del Sr. de Trelawney voy \u00e1 exponerlos.<\/p>\n<p>\u2014Caballero, dijo el Sr. Trelawney en un tono solemne, Vd. es el Capit\u00e1n y \u00e1 Vd. es \u00e1 quien toca hablar.<\/p>\n<p>\u2014Primer punto, comenz\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet: tenemos que seguir adelante porque es ya imposible retroceder. Si esto \u00faltimo se intentara la rebeli\u00f3n estallar\u00eda inmediatamente. Segundo punto: tenemos \u00e1 nuestra disposici\u00f3n tiempo hasta que se encuentre ese tesoro. Tercer punto: todav\u00eda nos quedan hombres leales \u00e1 bordo. Ahora bien, se\u00f1ores, es una cosa que no tiene remedio el que tarde \u00f3 temprano debamos entrar en hostilidades.<\/p>\n<p>Hay que tomar, pues, \u00e1 la calva ocasi\u00f3n cuando nos presente sus cabellos, es decir, propongo que seamos nosotros los que rompamos el fuego, el d\u00eda m\u00e1s \u00e1 prop\u00f3sito y cuando ellos menos lo esperen. Me parece, Sr. de Trelawney que podremos fiar en los criados de su casa, \u00bfno es verdad?<\/p>\n<p>\u2014Tanto como en m\u00ed mismo, declar\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014Tres, dijo el Capit\u00e1n, y con nosotros cuatro, somos ya siete, incluyendo \u00e1 Hawkins. \u00bfY cu\u00e1ntos ser\u00e1n los hombres leales?<\/p>\n<p>\u2014Muy probablemente, replic\u00f3 el Doctor, han de ser los contratados personalmente por Trelawney antes de que se hubiera echado en brazos de Silver.<\/p>\n<p>\u2014No por cierto, replic\u00f3 el Caballero. Hands es uno de esos hombres.<\/p>\n<p>\u2014Yo hubiera cre\u00eddo que podr\u00edamos tener fe ciega en este \u00faltimo, dijo el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Y pensar que todos ellos son ingleses!, prorrumpi\u00f3 el Caballero, \u00a1Se\u00f1ores, crean Vds. qu\u00e9 ganas me vienen de hacer volar este buque!<\/p>\n<p>-Pues bien, se\u00f1ores, agreg\u00f3 el Capit\u00e1n, lo mejor que yo puedo decir ahora es bien poco. Debemos tenernos por advertidos y mantener la m\u00e1s expecta vigilancia. Esto es desagradable para un hombre, yo lo s\u00e9. Preferir\u00eda, por lo mismo, que desde luego se rompieran las hostilidades, pero no tendremos ayuda suficiente para que no sepamos cuales son nuestros hombres. Est\u00e9monos quietos y esperemos la oportunidad; ese es mi parecer.<\/p>\n<p>\u2014Este Jim, dijo el Doctor, puede sernos m\u00e1s \u00fatil que todo lo dem\u00e1s que hagamos. El enemigo no tiene ninguna mala voluntad respecto de \u00e9l y yo s\u00e9 que \u00e9l es un chico muy observador.<\/p>\n<p>\u2014Hawkins, a\u00f1adi\u00f3 el Caballero, en t\u00ed pongo una fe ciega y completa.<\/p>\n<p>Al oir esto no dejaba de comenzar \u00e1 sentirme punto menos que desesperado porque me sent\u00eda sin apoyo enteramente. Y sin embargo, por un extra\u00f1o encadenamiento de circunstancias, no fu\u00e9 sino por mi conducto por el que todos nos salvamos. En el entretanto, por m\u00e1s vueltas que se le diera al asunto, el hecho es que de veintis\u00e9is hombres \u00e1 bordo, no hab\u00eda sino siete con los que se pudiera contar, y todav\u00eda de esos siete uno no era m\u00e1s que un ni\u00f1o; de suerte que, en realidad, los hombres hechos y derechos que ten\u00edamos de nuestro lado eran seis, para diez y nueve de nuestros enemigos.<\/p>\n<h1>PARTE III. MI AVENTURA DE TIERRA<\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO XIII. C\u00d3MO EMPEZ\u00d3 LA AVENTURA<\/h2>\n<p>CUANDO sub\u00ed sobre cubierta \u00e1 la ma\u00f1ana siguiente, el aspecto de la isla hab\u00eda cambiado en gran manera. Aun cuando la brisa de la v\u00edspera hab\u00eda cesado ya, el camino hecho durante la noche era muy considerable y \u00e1 la saz\u00f3n nos encontr\u00e1bamos detenidos como \u00e1 una media milla al Sudeste de la costa baja oriental. Bosques de un color pardo cubr\u00edan una gran parte de la superficie de aquella tierra. Sin embargo, ese tinte se interrump\u00eda aqu\u00ed y acull\u00e1 por las listas amarillentas de la arena, en los terrenos m\u00e1s bajos y por algunos \u00e1rboles m\u00e1s elevados, de la familia de los pinos, que se alzaban sobre las copas de los otros, algunos de ellos aislados y dispersos, otros reunidos; pero el aspecto y el colorido general de la isla era triste y uniforme. Los cerros se alzaban libremente por encima de la vegetaci\u00f3n, en espirales de desnudas rocas. Todos eran de extra\u00f1a configuraci\u00f3n y el del \u201cVig\u00eda\u201d que sobrepasaba en trescientos \u00f3 cuatrocientos pies \u00e1 la eminencia pr\u00f3xima \u00e1 \u00e9l en elevaci\u00f3n, era probablemente el de aspecto m\u00e1s raro, alz\u00e1ndose casi derecho, por todos lados y apareciendo despu\u00e9s cortado repentinamente en la cima, como si fuese un pedestal listo para recibir una estatua.<\/p>\n<p><em>La Espa\u00f1ola<\/em> vaciaba \u00e1 torrentes sus imbornales en la agitada superficie de un <em>mar de leva<\/em>. Los botalones chocaban con los motones, el tim\u00f3n golpeaba de un lado y otro y todo el nav\u00edo rechinaba y parece que gem\u00eda y temblaba como una gran f\u00e1brica en operaci\u00f3n. Yo me ve\u00eda obligado \u00e1 asirme \u00e1 los brandales de los masteleros con todas mis fuerzas y sent\u00eda que el mundo entero daba vueltas vertiginosamente en torno de mi cabeza, porque aun cuando yo era ya un marino bastante bueno, cuando el buque iba en marcha, aquella movible inmovilidad (perm\u00edtaseme la frase), aquel meneo desesperante sin salir de un punto y aquel verme rodado de aqu\u00ed para all\u00e1 como una botella suelta, fueron cosas que jam\u00e1s afront\u00e9 sin sentirme desfallecido, sobre todo en la ma\u00f1ana y cuando el est\u00f3mago estaba completamente vac\u00edo.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s fu\u00e9 por esto; tal vez fu\u00e9 por el aspecto de la isla con sus cenicientos y melanc\u00f3licos bosques, con sus salvajes espirales de rocas y con su marejada que pod\u00edamos ver y oir quebr\u00e1ndose tronante y espumosa en la escarpada costa; el hecho es que, aunque el sol brillaba claro y ardiente y los p\u00e1jaros costaneros pescaban y gritaban alegremente en torno nuestro, y aun cuando era de creerse que despu\u00e9s de tantos d\u00edas de no ver m\u00e1s que agua y cielo todos deber\u00edan sentirse contentos de saltar \u00e1 tierra, mi valor y mi sangre toda, como dice el adagio, se hab\u00edan bajado \u00e1 los talones, y desde el primer instante en que mis ojos la ve\u00edan, aquella esperada <em>Isla del Tesoro<\/em> me inspiraba el m\u00e1s profundo y cordial aborrecimiento.<\/p>\n<p>Tuvimos que afrontar aquella ma\u00f1ana, de todas maneras, un trabajo \u00edmprobo y pesado. No hab\u00eda la menor traza de viento y hubo necesidad, en consecuencia, de echar los botes al agua y ponerlos al remo para remolcar la goleta en una extensi\u00f3n de tres \u00f3 cuatro millas rodeando la isla hasta penetrar por el estrecho paso que nos condujo \u00e1 la rada \u00f3 abrigo que se abre tras del <em>Islote del Esqueleto<\/em>. Yo me ofrec\u00ed espont\u00e1neamente para uno de los botes, en el cual, como es de suponerse, nada ten\u00eda que hacer. El calor era sofocante y los hombres al remo gru\u00f1\u00edan abiertamente \u00e1 causa de su tarea. \u00c1nderson ten\u00eda el mando del bote en que yo iba y en lugar de conservar \u00e1 su tripulaci\u00f3n en orden, gru\u00f1\u00eda \u00e9l mismo tan alto y tan groseramente como el que m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Pero no hay cuidado, dijo con una blasfemia; al fin esto no es para siempre.<\/p>\n<p>Pareci\u00f3me este un mal\u00edsimo signo, porque lo cierto es que hasta aquel d\u00eda nuestros hombres hab\u00edan desempe\u00f1ado sus tareas voluntaria y vigorosamente; pero la sola vista de la isla hab\u00eda ya bastado para relajar las cuerdas de la disciplina.<\/p>\n<p>Durante toda esta traves\u00eda Silver se estuvo junto al timonel y dirigi\u00f3, en realidad, el buque. \u00c9l conoc\u00eda el paso como la palma de su mano y as\u00ed es que, aun cuando el hombre que estaba maniobrando \u00e1 las cadenas encontr\u00f3 por todas partes m\u00e1s agua de la que marcaban los sondajes del mapa, John no vacil\u00f3 ni un solo momento.<\/p>\n<p>\u2014Hay siempre un grande arrastre con el reflujo, dijo \u00e9l, y este paso ha sido, puede decirse, ahondado como con un azad\u00f3n.<\/p>\n<p>Llegamos, por fin, al punto preciso marcado en el mapa como ancladero, como \u00e1 un tercio de milla de las costas, de la isla principal, por un lado, y del <em>Islote del Esqueleto<\/em> por el otro. El fondo era arena pura. Cuando nuestra ancla se sumergi\u00f3 en el agua, se levant\u00f3 una verdadera nube de aves acu\u00e1ticas revoloteando y chillando sobre nuestras cabezas, lo mismo que sobre los \u00e1rboles, pero un minuto despu\u00e9s hab\u00edan vuelto \u00e1 sus nidos y todo hab\u00eda quedado de nuevo en el m\u00e1s completo silencio.<\/p>\n<p>Nuestro fondeadero estaba enteramente rodeado de tierra, sepultado en medio de bosques por todos lados, cuyos \u00e1rboles bajaban hasta la marca m\u00e1s alta de la pleamar; las playas eran casi enteramente llanas y all\u00e1, en una especie de anfiteatro distante; se divisaban las cimas de las monta\u00f1as, una aqu\u00ed, otra m\u00e1s all\u00e1. Dos riachuelos \u00f3 m\u00e1s bien dos pantanos, desaguaban en aquel que muy bien pudi\u00e9ramos llamar estanque. En cuanto al follaje en torno de aquella parte de la playa, presentaba yo no s\u00e9 qu\u00e9 especie de ponzo\u00f1oso brillo.<\/p>\n<p>Desde \u00e1 bordo no alcanz\u00e1bamos \u00e1 ver nada de la casa \u00f3 estacada que hab\u00eda all\u00ed, porque estaban demasiado ocultas entre la espesura de los \u00e1rboles y \u00e1 no haber sido por la carta que nos acompa\u00f1aba hubi\u00e9ramos podido creer muy bien que nosotros \u00e9ramos los primeros que arroj\u00e1bamos el ancla en aquel sitio desde que la isla brot\u00f3 del fondo de las aguas.<\/p>\n<p>No soplaba ni la m\u00e1s peque\u00f1a r\u00e1faga de viento, ni se o\u00eda m\u00e1s sonido que el de la resaca tronando \u00e1 media milla de distancia sobre las playas, contra las abruptas pe\u00f1as de las costas. Sent\u00edase un olor peculiar y desagradable, en donde est\u00e1bamos anclados, olor como de hojas y troncos de \u00e1rboles en putrefacci\u00f3n. Yo pude observar que el Doctor absorb\u00eda aire y hac\u00eda muecas con la nariz, como las que puede hacer uno que est\u00e1 probando un manjar ingrato.<\/p>\n<p>\u2014Yo no respondo de que aqu\u00ed haya \u00f3 no tesoros, dijo, pero en cuanto \u00e1 fiebres, apuesto mi peluca \u00e1 que este es un semillero de ellas.<\/p>\n<p>Entre tanto, si la conducta de los marineros era alarmante en el bote, se hizo ya realmente amenazadora cuando volvieron \u00e1 bordo de la goleta. Est\u00e1banse agrupados sobre cubierta y refunfu\u00f1ando en medio de su conversaci\u00f3n. La orden m\u00e1s insignificante era recibida con miradas torvas y murmuraciones entre dientes y no se la obedec\u00eda sino con verdadera negligencia. Es posible que aun los no contaminados en el mot\u00edn, se hubiesen ya contagiado con la relajaci\u00f3n de la disciplina, porque lo cierto es que no hab\u00eda \u00e1 bordo hombre alguno \u00e1 prop\u00f3sito para corregir \u00e1 otros. La rebeli\u00f3n\u2014esto era palpable\u2014estaba ya suspensa sobre nuestras cabezas como una tempestad pr\u00f3xima \u00e1 desencadenarse.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo los pasajeros de c\u00e1mara \u00e9ramos los que comprend\u00edamos el peligro. John Silver trabajaba infatigablemente yendo de grupo en grupo, distribuyendo consejos a todos y siendo un modelo verdadero con su ejemplo de sumisi\u00f3n y dulzura. Nada pod\u00eda igualarse en aquellos momentos \u00e1 su comedimiento y cortes\u00eda; era una perenne sonrisa la que hab\u00eda en sus labios para todos y cada uno de nosotros. Si se le mandaba algo, al punto saltaba sobre su muleta, clamando con el tono m\u00e1s complaciente del mundo: \u201c<em>\u00a1Corriendo, corriendo, se\u00f1or!<\/em>\u201d Y cuando no hab\u00eda nada especial que hacer, \u00e9l cantaba una canci\u00f3n tras de otra como si tratara de ocultar con ellas el descontento de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>De todos los detalles sombr\u00edos de aquella tenebrosa tarde, esa notoria ansiedad de John Silver se me figuraba el peor de todos.<\/p>\n<p>Celebramos consejo otra vez en el gabinete de popa.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1ores, dijo el Capit\u00e1n, si aventuro la m\u00e1s insignificante orden, la tripulaci\u00f3n entera se nos viene \u00e1 las barbas. Aqu\u00ed tienen Vds. lo que pasa: se me da una respuesta \u00e1spera, \u00bfno es esto? Pues bien, si replico en un tono m\u00e1s alto, las cuchillas saldr\u00edan luego \u00e1 relucir \u00e1 mandobles. Si no hago esto, si me callo, Silver notar\u00e1 al punto que hay algo por debajo de nuestro silencio y entonces queda todo el juego descubierto. Ahora bien: no hay m\u00e1s que un hombre en quien podamos fiar en la situaci\u00f3n actual.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qui\u00e9n es \u00e9l?, pregunt\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014Silver, replic\u00f3 el Capit\u00e1n. \u00c9l est\u00e1 tan impaciente como Vds. y como yo mismo de sofocar las cosas. Lo que hay es un disgusto; pronto \u00e9l les hablar\u00e1 \u00e1 sus hombres para calmarlos si se le presenta la ocasi\u00f3n. Lo que yo propongo, en consecuencia, es darle la oportunidad que busca. Vamos dej\u00e1ndolos que pasen una tarde en tierra. Si todos se van, est\u00e1 bien, nosotros pelearemos encastillados en nuestro barco. Si ninguno quiere bajar, entonces nos mantenemos en nuestra c\u00e1mara de popa y Dios ayude la buena causa. Si algunos van, acu\u00e9rdense Vds. de lo que les digo, Silver los volver\u00e1 \u00e1 bordo m\u00e1s mansos que unos corderos.<\/p>\n<p>As\u00ed se acord\u00f3. Al mismo tiempo se provey\u00f3 \u00e1 todos los hombres de confianza de pistolas cargadas; Hunter, Joyce y Redruth fueron puestos en autos de lo que pasaba y por fortuna recibieron la confidencia con menos sorpresa y m\u00e1s valor del que nos hab\u00edamos figurado; con lo cual, el Capit\u00e1n fuese sobre cubierta y areng\u00f3 \u00e1 la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Muchachos, les dijo, hemos tenido un d\u00eda sofocante y todos estamos cansados y sin alientos de nada. Yo creo, sin embargo, que un paseo por la playa no le har\u00e1 mal \u00e1 ninguno: los botes est\u00e1n todav\u00eda \u00e1 flote. Pueden Vds. tomar los esquifes y, todos los que gusten, ir \u00e1 tierra por el resto de la tarde. Yo tendr\u00e9 cuidado de disparar un ca\u00f1onazo media hora antes de la puesta del sol.<\/p>\n<p>Yo me supongo que aquellos malvados han de haberse figurado que todo era desembarcar y caer sin m\u00e1s ni m\u00e1s sobre el tesoro, porque en un instante todos ellos echaron instant\u00e1neamente el mal humor \u00e1 paseo y prorrumpieron en un aplauso y en un <em>hurra<\/em> espont\u00e1neo, tan estruendoso, que despert\u00f3 los ecos dormidos de una de las monta\u00f1as distantes y produjo un nuevo levantamiento de aves que revolotearon y chillaron otra vez en n\u00famero infinito en torno nuestro.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n era demasiado vivo para saber lo que conven\u00eda en aquellos cr\u00edticos momentos, as\u00ed es que, sin aguardar respuesta alguna se eclips\u00f3 como por encanto, dejando \u00e1 Silver el cuidado de arreglar la partida, en lo cual creo que obr\u00f3 perfect\u00edsimamente. Si se hubiera quedado un momento m\u00e1s sobre cubierta le hubiera sido imposible prolongar por m\u00e1s tiempo su pretendida ignorancia de lo que suced\u00eda. Esto era ya claro como la luz meridiana. Silver era el Capit\u00e1n y dispon\u00eda de una imponente tripulaci\u00f3n de rebeldes. Los hombres aun no corrompidos (y pronto iba yo \u00e1 ver la prueba de que los hab\u00eda \u00e1 bordo) deben haber sido unos hombres de muy poco talento. O, por lo menos, supongo que la verdad era que todos estaban disgustados por el ejemplo de los cabecillas, s\u00f3lo que unos lo estaban m\u00e1s que otros, y que, algunos de ellos, siendo en el fondo buenos sujetos, no pod\u00edan ser ni convencidos ni arrastrados \u00e1 ir m\u00e1s all\u00e1 que el simple disgusto. Una cosa es sentirse con lasitud y mal humor y otra muy diferente el pensar en apoderarse de un nav\u00edo asesinando \u00e1 un buen n\u00famero de personas inocentes.<\/p>\n<p>Por fin la partida qued\u00f3 organizada. Seis de ellos se quedaron \u00e1 bordo y los trece restantes, incluyendo \u00e1 Silver comenzaron \u00e1 embarcarse.<\/p>\n<p>Fu\u00e9 entonces cuando me ocurri\u00f3 la primera de las insensatas ideas que contribuyeron \u00e1 salvar nuestras vidas. Si Silver dejaba \u00e1 seis de sus hombres, era claro que nuestro grupo no pod\u00eda montarse en la goleta, en pie de guerra, como en una fortaleza; y no siendo los de la dicha reserva m\u00e1s que seis, era tambi\u00e9n indudable que el bando de popa no necesitaba por el momento de ninguna ayuda. Ocurri\u00f3seme, pues, instant\u00e1neamente el ir \u00e1 tierra. En un abrir y cerrar de ojos me deslic\u00e9 sobre la balaustra y dej\u00e1ndome correr por una de las escotas de proa, ca\u00ed dentro de uno de los botes en el instante mismo en que se pon\u00eda en movimiento.<\/p>\n<p>Ninguno not\u00f3 mi presencia; s\u00f3lo el remero de proa me dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00bferes t\u00fa Jim? Baja bien la cabeza.<\/p>\n<p>Pero Silver desde el otro bote comenz\u00f3 \u00e1 lanzar miradas penetrantes \u00e9 investigadoras para tratar de averiguar si era yo el que iba all\u00ed. Desde ese mismo instante comenc\u00e9 \u00e1 arrepentirme de lo que hab\u00eda hecho.<\/p>\n<p>Los dos grupos de marineros se divert\u00edan remando \u00e1 cual m\u00e1s fuerte, en una especie de carrera de apuesta, \u00e1 cu\u00e1l de los botes llegaba primero \u00e1 la playa. Mas como el bote que me hab\u00eda cabido en suerte ocupar hab\u00eda recibido mayor empuje, estaba m\u00e1s ligero \u00e9 iba mucho mejor remado, muy pronto dej\u00f3 muy atr\u00e1s \u00e1 su competidor. La proa ya hab\u00eda atracado en medio de los arbustos de la playa; ya me hab\u00eda yo cogido de una rama y lanz\u00e1dome hacia fuera, embosc\u00e1ndome en el acto en el matorral m\u00e1s pr\u00f3ximo, cuando Silver y los suyos estaban todav\u00eda \u00e1 unas cien yardas detr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jim, Jim!, le o\u00ed que me gritaba.<\/p>\n<p>Pero ya se supondr\u00e1 que no hice maldito el caso de sus gritos. Brincando, agazap\u00e1ndome, rompiendo bre\u00f1as, corr\u00ed y corr\u00ed por el terreno que se me presentaba delante, al acaso, desaforadamente, hasta que materialmente ya no pude m\u00e1s.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XIV. EL PRIMER GOLPE<\/h2>\n<p>ME sent\u00eda yo tan satisfecho de haber dejado \u00e1 Silver con un palmo de narices, que ya comenzaba \u00e1 recrearme y \u00e1 pasear mis ojos \u00e1vidamente por la extra\u00f1a tierra en que me encontraba.<\/p>\n<p>Hab\u00eda cruzado ya un trecho cenagoso, lleno de sauces, juncos, feos y lodosos arbustos de vegetaci\u00f3n m\u00e1s acu\u00e1tica que de tierra, y acababa de llegar \u00e1 las faldas de un terreno abierto, ondulado y arenoso, como de una milla de largo, dotado con uno que otro pino y un gran n\u00famero de \u00e1rboles tortuosos, no muy diferentes del roble en su configuraci\u00f3n, pero de hojas p\u00e1lidas como las del sauce. En el t\u00e9rmino abierto de aquel terreno se alzaba uno de los cerros, con dos picos extra\u00f1os, fragosos y escarpados que reverberaban v\u00edvidamente al sol.<\/p>\n<p>Por la primera vez de mi vida sent\u00eda el gozo y la emoci\u00f3n del explorador. La isla estaba deshabitada. Mis camaradas quedaban \u00e1 la espalda y nada viviente ten\u00eda ante mis ojos sino eran animales de tierra y aire, mudos para m\u00ed. Aqu\u00ed y acull\u00e1 se alzaban algunas plantas en flor que me eran totalmente desconocidas; m\u00e1s all\u00e1 ve\u00eda culebras una de las cuales alz\u00f3 su cabeza sobre su nido de piedra, mir\u00f3me y lanz\u00f3 una especie de silbido muy parecido al zumbar de una peonza. Bien ajeno estaba yo de que aquel enemigo llevaba la muerte consigo y que su silbido no era otra cosa que el famoso cascabel.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9, en seguida, \u00e1 un espeso grupo de aquellos \u00e1rboles \u00e1 manera de robles cuyo nombre, seg\u00fan lo supe despu\u00e9s, era el de \u00e1rbol de la vida, que crec\u00edan bajos, entre la arena, como zarzas, con sus brazos curiosamente trenzados y con sus hojas compactas como una pasta artificial. El monte se alargaba hacia abajo desde la cima de una de las lomas arenosas, despleg\u00e1ndose y creciendo en elevaci\u00f3n conforme bajaba, hasta llegar \u00e1 la margen del ancho y juncoso pantano, \u00e1 trav\u00e9s del cual desaguaba, en el fondeadero, el m\u00e1s peque\u00f1o de los riachuelos que mor\u00edan en \u00e9l. El marjal vaporizaba bajo los ardientes rayos de un sol tropical, y la silueta del \u201cVig\u00eda\u201d palpitaba con las r\u00e1pidas ondulaciones de la bruma solar.<\/p>\n<p>De repente comenz\u00f3 \u00e1 notarse cierto bullicio entre el juncal de la ci\u00e9naga: un pato silvestre se levant\u00f3 gritando; otro le sigui\u00f3, y muy pronto se vi\u00f3 sobre toda la superficie del marjal una nube verdadera de p\u00e1jaros revoloteando, gritando y revolvi\u00e9ndose en el aire. Desde luego supuse que alguno de mis compa\u00f1eros de navegaci\u00f3n, deb\u00eda de andar cerca de los bordes del pantano, y no me enga\u00f1\u00e9, en mi suposici\u00f3n, pues muy pronto llegaron hasta m\u00ed los rumores d\u00e9biles y lejanos de una voz humana que, mientras m\u00e1s escuchaba, m\u00e1s distinta y m\u00e1s pr\u00f3xima llegaba \u00e1 mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>Esto me infundi\u00f3 un miedo terrible y ya no pude m\u00e1s que agazaparme bajo la espesura del m\u00e1s cercano grupo de <em>\u00e1rboles de la vida<\/em> que se me present\u00f3, y acurrucarme all\u00ed, volvi\u00e9ndome todo o\u00eddos, y mudo como una carpa.<\/p>\n<p>Otra nueva voz se dej\u00f3 oir contestando \u00e1 la primera y luego \u00e9sta, que conoc\u00ed luego ser la de Silver, se alz\u00f3 de nuevo y se desat\u00f3 en una verdadera avalancha de palabras que dur\u00f3 por largo tiempo interrumpida apenas de vez en cuando por una que otra frase de la otra voz. \u00c1 juzgar por las entonaciones deben haber estado hablando acaloradamente, tal vez con ira, pero ninguna palabra lleg\u00f3 distintamente \u00e1 mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>Al fin los interlocutores hicieron, al parecer, una pausa y tal vez, supuse yo, se habr\u00edan sentado, porque no s\u00f3lo sus voces cesaron de aproximarse, sino que los p\u00e1jaros empezaron ya \u00e1 aquietarse y la mayor parte de ellos \u00e1 volver \u00e1 sus nidos en el pantano.<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 entonces \u00e1 temer que estaba yo faltando \u00e1 las obligaciones que voluntariamente me hab\u00eda impuesto, por el solo hecho de haber venido \u00e1 tierra con aquellos perdidos, y \u00e1 decirme que lo menos que pod\u00eda hacer era escuchar sus concili\u00e1bulos, acerc\u00e1ndome \u00e1 ellos, tanto como me fuese posible, \u00e1 favor de los espesos zarzales y de los \u00e1rboles echados por tierra.<\/p>\n<p>Me era f\u00e1cil fijar la direcci\u00f3n de los dos interlocutores, no s\u00f3lo por el sonido de sus voces sino tambi\u00e9n por el c\u00e1lculo que me permit\u00edan hacer los pocos p\u00e1jaros que todav\u00eda revoloteaban alarmados sobre las cabezas de los intrusos.<\/p>\n<p>March\u00e9 agazapado, en cuatro pies, y muy callandito, pero muy en derechura hacia ellos, hasta que, por \u00faltimo, alzando un poco la cabeza \u00e1 la altura de un peque\u00f1o claro entre el ramaje, pude ver distintamente, en el borde de una peque\u00f1a hondonada cubierta de verdura, cerca del pantano y respaldada por los \u00e1rboles, \u00e1 John Silver y \u00e1 otro de los de la tripulaci\u00f3n, conversando frente \u00e1 frente.<\/p>\n<p>El sol ca\u00eda de lleno sobre ambos. Silver hab\u00eda arrojado \u00e1 un lado su sombrero, sobre el c\u00e9sped, y toda su enorme, rasa y rubicunda cara, sudorosa y brillante con el calor, estaba fija en el semblante de su interlocutor como en demanda \u00f3 espera de alguna cosa.<\/p>\n<p>\u2014Mira, camarada, dec\u00eda Silver, si yo no creyera que t\u00fa val\u00edas oro en polvo, puedes creerlo como lo digo, oro en polvo, s\u00ed se\u00f1or, yo no te habr\u00eda tra\u00eddo \u00e1 este negocio cuando ya est\u00e1 caliente como perol de brea hirviendo. Si as\u00ed no fuera, yo no estar\u00eda aqu\u00ed previni\u00e9ndote. Todo est\u00e1 ya dispuesto y listo y t\u00fa no puedes ni hacer ni remediar nada. Si yo trato de convencerte es s\u00f3lo para salvarte el pescuezo, pues puedes t\u00fa creer que si alguno de aquellos salvajes lo supiera, \u00bfd\u00f3nde estar\u00eda yo, Tom, d\u00f3nde estar\u00eda yo?<\/p>\n<p>\u2014Silver, replic\u00f3 el otro (y yo pude observar que no solamente ten\u00eda roja la faz, sino que tambi\u00e9n su voz era ronca como la de un cuervo, y oprimida como por una cuerda muy apretada), Silver, Vd. es ya viejo, Vd. es honrado \u00f3 pasa al menos por tal, Vd. tiene adem\u00e1s una fortunita que infinitos marinos le envidiar\u00edan, Vd. es valiente, si no me equivoco. Pues bien, d\u00edgame Vd., \u00bfva Vd. \u00e1 dejarse gobernar por esa caterva de sucios lampazos? \u00a1Yo creo que no! Y tan cierto como que Dios me ve en este momento, preferir\u00e9 que me arranquen la mano antes que faltar \u00e1 mi deber&#8230;!<\/p>\n<p>Repentinamente fu\u00e9 su palabra interrumpida por un ruido inesperado. Acababa yo de ver \u00e1 unos de los hombres honrados de \u00e1 bordo y acto continuo iba \u00e1 tener noticias de otro de ellos. All\u00e1 \u00e1 lo lejos, al otro lado del pantano, se oy\u00f3 s\u00fabitamente un rumor como un grito de angustia, luego otro y despu\u00e9s un largo y horroroso alarido. Las rocas del \u201cVig\u00eda\u201d lo repitieron con sus ecos varias veces; la bandada de aves acu\u00e1ticas torn\u00f3 \u00e1 alzarse de nuevo, nublando el cielo, con un chillido simult\u00e1neo, y todav\u00eda aquel alarido de muerte no cesaba de vibrar en mi cerebro, cuando el silencio hab\u00eda ya restablecido su imperio y no se escuchaba m\u00e1s rumor que el suave aleteo de los p\u00e1jaros bajando de nuevo \u00e1 sus nidos y el murmullo distante de la marea perturbando d\u00e9bilmente la languidez de la tarde.<\/p>\n<p>Al resonar aquel grito de suprema angustia, Tom se hab\u00eda puesto en pie de un salto, como un caballo que siente el acicate, pero Silver no hab\u00eda siquiera pesta\u00f1eado. Qued\u00f3se en donde estaba, apoy\u00e1ndose apenas en su muleta y con los ojos clavados en su compa\u00f1ero como una v\u00edbora lista para abalanzarse.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1John!, grit\u00f3 el marinero, extendiendo su mano hacia Silver.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No me toques!, replic\u00f3 \u00e9ste, saltando hacia atr\u00e1s como una yarda, seg\u00fan me pareci\u00f3, con toda la destreza y seguridad de un gimnasta de profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014No lo tocar\u00e9, si Vd. lo quiere as\u00ed, John Silver; dijo Tom. S\u00f3lo una conciencia negra puede hacer que me tenga Vd. miedo; pero en nombre del cielo, d\u00edgame Vd., \u00bfqu\u00e9 ha sido ese grito?<\/p>\n<p>Silver sonri\u00f3 de una manera horrorosa, siniestra, pero sin perder su actitud cautelosa y expectante. Sus ojos, de ordinario peque\u00f1os, no eran en aquel momento m\u00e1s que unos puntos como la cabeza de un alfiler en su inmensa caraza, pero relampagueando como dos carbunclos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEse grito?, dijo aquella furia, ese grito me supongo que ha sido de Al\u00e1n.<\/p>\n<p>Al oir esto el pobre Tom prorrumpi\u00f3 como un h\u00e9roe:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAl\u00e1n?&#8230; \u00a1Descanse, pues, en paz esa alma de marino leal! Por lo que hace \u00e1 Vd. Silver, Vd. ha sido hasta hoy un camarada m\u00edo, pero desde hoy ya no lo es Vd.! Si me mata como \u00e1 un perro \u00a1qu\u00e9 importa! morir\u00e9 cumpliendo con mi deber. \u00bfConque ha hecho Vd. matar al pobre Al\u00e1n, no? \u00a1Pues m\u00e1teme tambi\u00e9n \u00e1 m\u00ed, si puede, le desaf\u00edo \u00e1 ello!<\/p>\n<p>Y al decir esto aquel bravo y leal muchacho, volvi\u00f3 la espalda al cocinero y se puso en marcha, dirigi\u00e9ndose hacia la playa. Sin embargo, no era su destino el ir muy lejos. Con un grito salvaje John se afianz\u00f3 \u00e1 la rama de un \u00e1rbol, se sac\u00f3 violentamente la muleta de bajo el brazo y lanz\u00f3 aquel improvisado proyectil, con una fuerza inaudita, zumbando por el viento y alcanzando al pobre Tom \u00e1 quien golpe\u00f3 con horrible violencia entre los dos hombros, en medio de la espalda. Sus manos se agitaron en el aire, di\u00f3 una especie de boqueada y cay\u00f3 de frente contra el suelo.<\/p>\n<p>Nada podr\u00e9 decir sobre si aquel golpe fu\u00e9 mortal \u00f3 no. Sin embargo, \u00e1 juzgar por el sonido, es casi seguro que la espina fu\u00e9 rota con el choque; pero no tuvo tiempo para recobrarse en lo m\u00e1s m\u00ednimo, porque Silver, \u00e1gil como un orangut\u00e1n, aunque sin muleta ni ayuda alguna, cay\u00f3 sobre su v\u00edctima en un momento y en menos tiempo del que tardo en contarlo hab\u00eda ya hundido dos veces su largo cuchillo hasta la empu\u00f1adura, en aquel desdichado inerme. Desde mi escondite de arbustos pude oir los resoplidos feroces de su respiraci\u00f3n al sepultar su arma innoble en aquel cuerpo sin defensa.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 hasta qu\u00e9 punto tendr\u00e1 un hombre el derecho de desmayarse, pero si s\u00e9 que por cierto tiempo, en aquel instante, me pareci\u00f3 que el mundo entero daba vueltas en derredor de m\u00ed, en un remolino nebuloso; Silver y los p\u00e1jaros y el alt\u00edsimo \u201cVig\u00eda\u201d danzaban ante mis ojos en un torbellino, todos invertidos, mientras mil campanas diferentes, mezcladas con ecos distantes, repicaban furiosamente en mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>Cuando me hube recobrado un poco, el monstruo ya se hab\u00eda compuesto y <em>organizado<\/em> de nuevo, por decirlo as\u00ed, con su sombrero sobre la cabeza y su muleta bajo el brazo. Junto \u00e1 \u00e9l yac\u00eda precisamente el cuerpo inm\u00f3vil \u00e9 inanimado del pobre Tom, sobre la tierra, sin que su asesino se ocupara por eso en lo m\u00e1s m\u00ednimo, pues lo pude ver que, con una calma verdaderamente sat\u00e1nica, limpiaba en el c\u00e9sped la sangre de que estaba empapada la hoja de su pu\u00f1al. Todo lo dem\u00e1s continuaba en el mismo estado, sin el menor cambio: el sol radiando despiadadamente sobre el marjal que vaporizaba y sobre el alto pico de la monta\u00f1a. Y \u00e1 m\u00ed me parec\u00eda imposible persuadirme de que un asesinato se acababa de cometer all\u00ed, delante de mis ojos, que una vida humana hab\u00eda sido brutalmente segada en mi presencia misma.<\/p>\n<p>V\u00ed luego \u00e1 John Silver llevarse la mano \u00e1 la bolsa, sacar un silbato y hacer vibrar varias veces sus moduladas notas que volaron \u00e1 trav\u00e9s de la atm\u00f3sfera caliginosa. No me era posible, por de contado, explicarme la significaci\u00f3n de aquella se\u00f1al, pero s\u00ed me d\u00ed cuenta de que con ella se despertaban de nuevo todos mis temores antecedentes. Los dem\u00e1s hombres iban \u00e1 acudir y estaba, pues, en peligro de ser descubierto. Acababan de asesinar \u00e1 dos de nuestros leales y honrados hombres, \u00bfno era muy posible que despu\u00e9s de Tom y Al\u00e1n me tocase el turno \u00e1 m\u00ed?<\/p>\n<p>En un abrir y cerrar de ojos me comenc\u00e9 \u00e1 internar, agazapado siempre y con todo el silencio y velocidad que me fuera posible, hacia la parte del monte m\u00e1s abierta. Mientras ejecutaba este movimiento, pude oir todav\u00eda saludos cambiados entre el viejo pirata y sus camaradas, y \u00e1 este rumor, indicante claro de mi peligro, sent\u00ed que me nac\u00edan alas en los pies. No bien estuve fuera de la espesura, ech\u00e9 \u00e1 correr como jam\u00e1s hab\u00eda corrido antes en mi vida, sin cuidarme de la direcci\u00f3n que segu\u00eda, sino en cuanto que ella me alejaba de los asesinos, y mientras m\u00e1s corr\u00eda, el miedo m\u00e1s y m\u00e1s se agigantaba en mi alma hasta tornarse en un verdadero frenes\u00ed de terror.<\/p>\n<p>Y en verdad, \u00bfpod\u00eda haber alguien en situaci\u00f3n m\u00e1s perdida de todo punto que la m\u00eda? Cuando tronase el ca\u00f1onazo ofrecido, \u00bfc\u00f3mo iba yo \u00e1 atreverme \u00e1 presentarme en los botes, en medio de aquellos entes infernales, cuyas manos humeaban todav\u00eda con la sangre de sus v\u00edctimas? \u00bfAcaso el primero de ellos que me viera no iba \u00e1 torcerme el cuello como \u00e1 una agachona? \u00bfAcaso mi sola ausencia no era ya para ellos una evidencia de mi alarma, y por consiguiente, de mi fatal conocimiento de los hechos? Todo, pues, hab\u00eda conclu\u00eddo para m\u00ed. \u00a1Adi\u00f3s <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, adi\u00f3s el Caballero, el Doctor y el Capit\u00e1n! \u00a1Nada me quedaba ya que esperar sino la muerte por inanici\u00f3n, \u00f3 \u00e1 manos de los sublevados!<\/p>\n<p>Mientras esto pensaba, no cesaba de correr, y sin darme cuenta de ello, me encontraba ya cerca del pie de uno de los peque\u00f1os picos, y hab\u00edame internado \u00e1 una parte de la isla en que los \u00e1rboles de la vida crec\u00edan m\u00e1s distantes unos de otros y se asemejaban m\u00e1s \u00e1 verdaderos \u00e1rboles de bosque por su corpulencia y dimensiones. Entremezclados con estos hab\u00eda uno que otro pino, algunos de ellos como de cincuenta pies de altura y otros como hasta de setenta. El aire ten\u00eda ya aqu\u00ed tambi\u00e9n un olor m\u00e1s fresco que all\u00e1 abajo cerca del pantano.<\/p>\n<p>Pero al llegar \u00e1 este sitio, una nueva alarma me esperaba, que me hizo sentir el coraz\u00f3n \u00e1 punto de escap\u00e1rseme del pecho.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XV. EL HOMBRE DE LA ISLA.<\/strong><\/p>\n<p>DE uno de los lados del cerro que era, en aquel sitio, escarpado y pedregoso, un guijarro se desprendi\u00f3 por el cauce seco de una de las vertientes cascajosas, saltando, rebotando y haciendo estr\u00e9pito en sus choques repetidos contra \u00e1rboles y piedras. Volv\u00ed los ojos instintivamente en aquella direcci\u00f3n y v\u00ed una forma extra\u00f1a moverse y ocultarse tras del tronco de uno de los \u00e1rboles. \u00bfEra aquello un oso, un hombre, \u00f3 un orangut\u00e1n? Me era imposible decirlo. Me parec\u00eda negro y velludo; pero esto era lo \u00fanico de que me pod\u00eda dar cuenta en aquel momento. Sin embargo, el terror de esta nueva aparici\u00f3n me hizo contenerme en mi carrera.<\/p>\n<p>Me ve\u00eda, seg\u00fan toda probabilidad, cortado por el frente y por la retaguardia: detr\u00e1s de m\u00ed, los asesinos, y delante aquella forma indescriptible que me acechaba. En el acto comenc\u00e9 \u00e1 preferir los peligros que me eran conocidos \u00e1 aquellos que aparec\u00edan velados. El mismo Silver se me figuraba ya menos terrible compar\u00e1ndolo con aquella extravagante criatura, especie de gnomo de la monta\u00f1a, y as\u00ed fu\u00e9 que, sin m\u00e1s vacilaciones le volv\u00ed la espalda, no sin volverme azoradamente para verle sobre el hombro, y comenc\u00e9 \u00e1 correr de nuevo, esta vez en direcci\u00f3n de los botes.<\/p>\n<p>Pero en pocos segundos la horrible figura, despu\u00e9s de dar una gran vuelta, se me igual\u00f3 en la carrera y aun comenz\u00f3 \u00e1 avanzar delante de m\u00ed. Yo estaba bien exhausto ya, no cab\u00eda duda, pero aun cuando hubiese estado fresco y descansado, v\u00ed muy pronto que era una locura el pretender luchar en velocidad con adversario semejante. De un tronco \u00e1 otro aquella extra\u00f1a criatura parec\u00eda volar como un ciervo, corriendo \u00e1 semejanza del hombre, en dos pies, pero diferenci\u00e1ndose de la carrera humana en que como ciertas aves se dejan ir en el espacio por largo tiempo con las alas cerradas, esta se deslizaba \u00e1 trechos hacia abajo por la pendiente, de una manera fant\u00e1stica, maravillosa \u00e9 inexplicable para m\u00ed. Y sin embargo, era un hombre, ya no me era posible dudarlo por m\u00e1s tiempo.<\/p>\n<p>V\u00ednome \u00e1 la imaginaci\u00f3n en el acto todo cuanto hab\u00eda o\u00eddo \u00f3 le\u00eddo sobre can\u00edbales y aun estuve \u00e1 punto de gritar \u00a1socorro! Pero el mero hecho de ser aquel un hombre, aunque fuese un salvaje, me hab\u00eda ya serenado un poco, y el miedo que Silver me inspiraba reapareci\u00f3 vivo y formidable en mi \u00e1nimo. Me detuve, pues, por el momento, y buscando en mi atribulada imaginaci\u00f3n alguna puerta de salvamento \u00f3 de escape, me acord\u00e9, de pronto, de la pistola que llevaba conmigo. Y no hice m\u00e1s que recordar que no estaba tan indefenso, y sent\u00ed que el valor volv\u00eda \u00e1 mi coraz\u00f3n, y dando el rostro resueltamente al hombre de la isla, march\u00e9 hacia \u00e9l con paso vigoroso.<\/p>\n<p>En este momento \u00e9l estaba oculto tras de otro tronco de \u00e1rbol, pero debe haberse estado espi\u00e1ndome muy atentamente, porque tan luego como yo me adelant\u00e9 hacia donde \u00e9l estaba, se mostr\u00f3 de repente y di\u00f3 un paso para venir \u00e1 mi encuentro. Pero acto continuo vacil\u00f3, di\u00f3 algunos pasos hacia atr\u00e1s, luego otros hacia m\u00ed de nuevo, hasta que, por \u00faltimo, con extraordinaria sorpresa y confusi\u00f3n m\u00eda, le v\u00ed caer de rodillas y tenderme en adem\u00e1n suplicante sus manos enclavijadas:<\/p>\n<p>Al ver esto, torn\u00e9 \u00e1 detenerme indeciso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es Vd.?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u00c1 lo cual se apresur\u00f3 \u00e9l \u00e1 contestarme con una voz ronca, opaca, como el rumor que produjese una cerradura enmohecida y en desuso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Soy Ben Gunn! Soy el pobrecito Ben Gunn que por tres a\u00f1os no ha tenido delante un cristiano con quien hablar!<\/p>\n<p>Al oir esto pude ya darme cuenta de que aquel no era un can\u00edbal, como lo cre\u00ed al principio, sino un hombre de raza blanca como yo, y aun observ\u00e9 que sus facciones eran regulares y agradables. Su cutis, en todos los puntos que aparec\u00eda descubierto, estaba tostado por el sol; sus labios mismos estaban ennegrecidos y sus ojos claros eran una cosa sorprendente en aquel conjunto de facciones oscuras. De todos los mendigos que en mi vida hab\u00eda yo podido ver \u00f3 figurarme, era \u00e9ste el n\u00famero <em>uno<\/em> por lo destrozado y harapiento. Estaba vestido con girones de lona de vel\u00e1men, a\u00f1adidos y mezclados con retazos informes de pa\u00f1o azul-marino, y toda aquella extraordinaria estructura de andrajos estaba sujeta y rodeada \u00e1 su persona, por la m\u00e1s incongruente y ex\u00f3tica reuni\u00f3n de broches y costuras: botones de metal, espinas de pescado, correas de pieles crudas, pedacitos de madera \u00e1 guisa de agujetas, y presillas de alquitranados cordones. Ci\u00f1endo su talle llevaba un viejo cintur\u00f3n de cuero con hebilla de metal, cuya prenda era la \u00fanica cosa s\u00f3lida y sin soluciones de continuidad de todo cuanto llevaba encima.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tres a\u00f1os!, exclam\u00e9 yo. \u00bfNaufrag\u00f3 Vd. acaso cerca de esta costa?<\/p>\n<p>\u2014No, amigo m\u00edo, me <em>aislaron<\/em> aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Yo hab\u00eda o\u00eddo esa palabra aplicada \u00e1 una especie de castigo horrible, muy com\u00fan entre los piratas, cuya esencia era desembarcar al condenado en una isla inhabitada, dej\u00e1ndole solamente un fusil y una poca de p\u00f3lvora y abandon\u00e1ndolo all\u00ed para siempre.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1<em>Aislado<\/em> por tres a\u00f1os!, continu\u00f3 aquel m\u00edsero. Tres a\u00f1os mortales durante los cuales he vivido de cabras monteses, de berzas silvestres y de ostras de la playa. Yo s\u00e9 que donde quiera que un hombre se encuentre colocado, aquel hombre puede ayudarse y valerse por s\u00ed mismo. Pero, amigo, mi coraz\u00f3n ya suspira por alguna comida de cristianos. T\u00fa traer\u00e1s all\u00ed por casualidad un pedacillo de queso, \u00bfno es verdad?&#8230; \u00a1Pues d\u00e1melo, anda!&#8230; \u00bfNo traes?&#8230; \u00a1Ah! \u00a1si t\u00fa supieras qu\u00e9 noches tan largas me he pasado aqu\u00ed, so\u00f1ando con una tajadilla de queso, con una tostada, sobre todo! Y luego me despertaba&#8230; \u00bfy qu\u00e9?&#8230; \u00a1Aqu\u00ed!&#8230; \u00a1siempre aqu\u00ed!<\/p>\n<p>\u2014Si Dios quiere que alguna vez pueda yo volver \u00e1 bordo, le prometo \u00e1 Vd. que tendr\u00e1 queso hasta ahitarse, le repliqu\u00e9.<\/p>\n<p>Todo el tiempo que hab\u00eda durado nuestro corto di\u00e1logo anterior, Ben Gunn no hab\u00eda cesado de asentar con su mano el pa\u00f1o de mi jub\u00f3n, de tocarme suavemente las manos, de contemplar mis botas y, en una palabra, de manifestar el placer m\u00e1s infantil con la presencia de un semejante suyo. Pero al oir mis \u00faltimas frases se enderez\u00f3 de repente con cierta especie de sobresalto.<\/p>\n<p>\u2014Si Dios quiere que puedas volver \u00e1 bordo, \u00bfhas dicho? Y bien, \u00bfqui\u00e9n es el que te lo impide?<\/p>\n<p>\u2014No es Vd., por cierto, le contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Y dices muy bien en eso, exclam\u00f3. Pero antes de pasar adelante, vamos \u00e1 ver, \u00bfc\u00f3mo te llamas, camarada?<\/p>\n<p>\u2014Jim, le dije.<\/p>\n<p>\u2014Jim, Jim, repet\u00eda \u00e9l con aparente complacencia. Ahora bien, Jim, ya debo decirte que yo he vivido una vida tan borrascosa que ni aun me atrevo \u00e1 cont\u00e1rtela, porque te avergonzar\u00edas s\u00f3lo de oirme. \u00bfCreer\u00e1s t\u00fa, al escuchar esto, que yo nunca tuve una madre, buena y piadosa, para dirigirme y velar por m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No! no he pensado tal cosa, le respond\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, dijo \u00e9l. \u00a1Pues s\u00ed que la tuve y muy santa y muy piadosa! Yo era un muchachito paisano, muy bueno y muy aprovechado, que me sab\u00eda tan bien mi catecismo que cuando me soltaba recit\u00e1ndolo, lo repet\u00eda, como si fuera una sola palabra, y sin respirar, desde el principio hasta el fin. \u00a1Ah! pero aqu\u00ed va ahora lo que sucedi\u00f3, Jim. Un d\u00eda comenc\u00e9 \u00e1 jugar \u00e1 las <em>canicas<\/em> y al hoyuelo; por all\u00ed comenc\u00e9, no te quepa duda. Mi pobrecita madre me sermoneaba y me dec\u00eda lo que me iba \u00e1 suceder, \u00a1pobre se\u00f1ora, me acuerdo muy bien! Pero la Providencia me trajo aqu\u00ed. Yo no he cesado de pensarlo en todo el tiempo que he estado olvidado en esta isla desierta y, lo que es ahora, ya me siento bueno otra vez. Ya nadie me volver\u00e1 \u00e1 coger nunca probando el rom&#8230; \u00e1 no ser un dedalito&#8230; nada m\u00e1s que un dedal por accidente, cuando se me presente una ocasi\u00f3n. Inevitablemente ya, tengo que ser bueno y s\u00e9 cu\u00e1l es el camino para lograrlo, porque, \u00f3yeme bien, Jim&#8230;\u2014y al decir esto vi\u00f3 en torno suyo y baj\u00f3 la voz hasta convertirla en un murmullo\u2014&#8230; \u00a1soy muy rico!<\/p>\n<p>Al escuchar esto, no me cupo duda sobre que aquel desgraciado se hab\u00eda vuelto loco en su soledad, y supongo que debo haber dejado conocer mi pensamiento en mi semblante, porque \u00e9l se apresur\u00f3 \u00e1 repetir calurosamente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Rico, rico, s\u00ed se\u00f1or! Yo te dir\u00e9 c\u00f3mo y har\u00e9 de t\u00ed todo un hombre, Jim. \u00a1Ah, muchacho, dale \u00e1 Dios una y mil veces gracias de que hayas sido t\u00fa la primera criatura humana que se ha encontrado conmigo!<\/p>\n<p>Pero no bien hab\u00eda pronunciado estas palabras su semblante se oscureci\u00f3 repentinamente, como si se viese asaltado por una idea ingrata; estrech\u00f3 mi mano con mayor fuerza entre las suyas y levant\u00f3 el dedo \u00edndice ante mis ojos con un adem\u00e1n amenazador diciendo:<\/p>\n<p>\u2014Pero ante todo Jim, dime la verdad&#8230; \u00bfno es ese de all\u00ed el buque del Capit\u00e1n Flint?<\/p>\n<p>Oyendo esto me vino una inspiraci\u00f3n r\u00e1pida y feliz. Comenc\u00e9 \u00e1 creer que lo que yo hab\u00eda encontrado, era un aliado, y en tal concepto me apresur\u00e9 \u00e1 contestarle:<\/p>\n<p>\u2014No, por cierto. Flint ha muerto. Pero si le he de decir \u00e1 Vd. la verdad, como Vd. me lo pide, \u00e1 bordo de esa goleta vienen varios de los hombres del tal Flint, por desgracia de todos los dem\u00e1s de la partida.<\/p>\n<p>\u00bfNo viene un hombre con una sola pierna?, murmur\u00f3 Ben Gunn.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSilver?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1Silver!, contest\u00f3 \u00e9l. \u00a1Silver! \u00a1eso es&#8230; ese es su nombre!<\/p>\n<p>\u2014Es el cocinero de \u00e1 bordo y al mismo tiempo el cabecilla \u00f3 director de esos hombres.<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed, Ben Gunn, que todav\u00eda me ten\u00eda cogido por la mu\u00f1eca, di\u00f3me una especie de fuerte sacudida.<\/p>\n<p>\u2014Si t\u00fa has sido enviado aqu\u00ed por John Silver, dijo, yo estoy ya tan bueno como un cerdo, muy bien lo s\u00e9. \u00bfPero en qu\u00e9 pensaste t\u00fa, muchacho?<\/p>\n<p>Yo hab\u00eda ya formado mi resoluci\u00f3n en un instante, as\u00ed es que, por v\u00eda de respuesta, le cont\u00e9 la historia completa de nuestro viaje y el dif\u00edcil predicamento en que nos encontr\u00e1bamos \u00e1 aquellas horas. Escuch\u00f3me \u00e9l con el m\u00e1s profundo inter\u00e9s y cuando hube conclu\u00eddo exclam\u00f3 d\u00e1ndome una palmadilla en la cabeza:<\/p>\n<p>\u2014Jim, t\u00fa eres un buen muchacho, y t\u00fa y los tuyos est\u00e1n en un apuro del demonio, \u00bfn\u00f3 es esto? Pues no tengas cuidado. Ten confianza en m\u00ed. Ben Gunn es el hombre para sacarlos de su varadero. Pero antes dime, \u00bfcr\u00e9es t\u00fa que tu Caballero resultar\u00e1 ser un hombre bastante liberal para quien sepa sacarlo del aprieto en que se ve metido?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! en cuanto \u00e1 eso, el Caballero es el hombre m\u00e1s liberal y generoso que yo he conocido, le respond\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Pero hay que ver bien, dijo Ben Gunn; yo no quiero decir que me recompensar\u00e1 d\u00e1ndome una covacha de conserje para guardar una puerta; \u00f3 una librea dorada de lacayo, \u00f3 cosa por el estilo. \u00a1Oh, no! Lo que yo quiero decir es que si me dar\u00eda, por ejemplo, un buen millar de libras esterlinas, contantes y sonantes, que es tanto cuanto puede apetecer para ser dichoso un hombre como yo. \u00bfQu\u00e9 dices t\u00fa?<\/p>\n<p>\u2014Pues digo que estoy seguro de que s\u00ed lo har\u00eda, le respond\u00ed yo. Tal como ven\u00edan las cosas todos los expedicionarios est\u00e1bamos llamados \u00e1 dividirnos la hucha.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY me dar\u00e1 tambi\u00e9n un pasaje \u00e1 Inglaterra?, a\u00f1adi\u00f3 con una mirada recelosa y desconfiada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPues c\u00f3mo no?, le dije. El Sr. de Trelawney es un hombre de honor. Y adem\u00e1s de esto, \u00bfno ve Vd. que si con su auxilio logramos desembarazarnos de los otros, necesitar\u00edamos de Vd. sin remedio para ayudarnos \u00e1 maniobrar el buque?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1pues es verdad!, replic\u00f3 Ben Gunn. \u00a1Yo les ser\u00eda indispensable!<\/p>\n<p>Y con esto pareci\u00f3 como aliviado de un gran peso.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, prosigui\u00f3, voy \u00e1 contarte c\u00f3mo pasaron los sucesos, ni m\u00e1s ni menos. Yo estaba \u00e1 bordo del buque de Flint cuando \u00e9ste sepult\u00f3 aqu\u00ed su tesoro. \u00c9l se vino \u00e1 tierra con seis hombres, grandes, fuertes. Permanecieron aqu\u00ed cerca de una semana, y nosotros, entre tanto, all\u00e1 afuera&#8230; esperando&#8230; anclados en el fondeadero, en su viejo buque el <em>Walrus<\/em>. Un hermoso d\u00eda, vimos por fin la se\u00f1al esperada. Flint ven\u00eda por s\u00ed solo&#8230; solo enteramente en su peque\u00f1o bote, con su cabeza vendada con una banda azul&#8230; El sol comenzaba \u00e1 levantarse y \u00e9l aparec\u00eda p\u00e1lido&#8230; p\u00e1lido como un muerto junto al tajamar&#8230; \u00a1Pero all\u00ed estaba, eso s\u00ed! En cuanto \u00e1 los otros seis&#8230; \u00a1todos muertos! \u00a1muertos y enterrados!&#8230; \u00bfC\u00f3mo se arregl\u00f3 para ello? Ninguno de los que \u00edbamos \u00e1 bordo pudo averiguarlo nunca, \u00bfFu\u00e9 lucha leal, asesinato, sorpresa, que fu\u00e9?&#8230; \u00a1Qui\u00e9n sabe! Lo \u00fanico que sab\u00edamos es que ellos eran seis y \u00e9l no era m\u00e1s que uno&#8230; \u00a1uno contra seis! Billy Bones era el piloto del barco; John Silver era el contramaestre y ambos le preguntaron d\u00f3nde quedaba oculto el tesoro.\u2014\u201c\u00a1Ah!, contest\u00f3 \u00e9l, si Vds. quieren ir \u00e1 averiguarlo pueden irse \u00e1 tierra y quedarse all\u00ed buscando. Lo que es el barco vuelve \u00e1 la mar en busca de m\u00e1s, con mil diablos!\u201d Eso fu\u00e9 lo que \u00e9l dijo!&#8230; Tres a\u00f1os despu\u00e9s de aquello me cupo en suerte venir en otro buque. Cuando vimos la isla yo dije:\u2014\u201cEa, muchachos; el tesoro del Capit\u00e1n Flint est\u00e1 aqu\u00ed. \u00a1Vamos bajando \u00e1 tierra y encontr\u00e9moslo!\u201d\u2014El Capit\u00e1n se disgust\u00f3 con esto, pero mis camaradas fueron todos de mi opini\u00f3n y bajamos \u00e1 tierra. Doce d\u00edas consecutivos buscaron y buscaron en vano. Cre\u00edan que yo les hab\u00eda jugado una horrible burla y cada d\u00eda me llenaban de nuevos y m\u00e1s duros insultos, hasta que una ma\u00f1ana, ya cansados y sin esperanzas se volvieron todos \u00e1 bordo.\u2014\u201cPor lo que hace \u00e1 t\u00ed Benjam\u00edn Gunn, me dijeron al partir, aqu\u00ed tienes un mosquete, un pico y una azada: qu\u00e9date aqu\u00ed y encuentra para t\u00ed solo el tesoro del Capit\u00e1n Flint!\u201d&#8230; Tres a\u00f1os hace de esto, Jim; tres a\u00f1os que he estado aqu\u00ed sin probar un solo platillo de cristianos, hasta hoy!&#8230; Pero, dime ahora&#8230; m\u00edrame&#8230; \u00bftengo yo el aspecto de un marinero?&#8230; \u00a1Ya te oigo murmurar que no!&#8230; \u00a1Ah!, es que yo tambi\u00e9n lo digo&#8230; yo&#8230; \u00a1yo mismo!<\/p>\n<p>Al decir esto me gui\u00f1\u00f3 los ojos y me oprimi\u00f3 la mano fuertemente. Y luego prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa nada m\u00e1s rep\u00edtele \u00e1 tu Caballero mis propias palabras, Jim. D\u00edle esto: \u201cTres a\u00f1os hace que Ben Gunn es el \u00fanico habitante de esta isla, lo mismo \u00e1 la hora de la luz que en medio de la noche, lo mismo en la tempestad que en el buen tiempo. Tal vez algunas ocasiones ese pobre\u2014d\u00edle\u2014tal vez ha pensado en su anciana madre, que anciana ha de ser si vive a\u00fan; quiz\u00e1s, \u00e1 veces, habr\u00e1 ca\u00eddo de rodillas para decir una oraci\u00f3n. Pero la mayor parte del tiempo de Ben Gunn se ha empleado en otro asunto.\u201d Y al decirle esto le dar\u00e1s un pellizco como este que te doy aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u00c9 h\u00edzolo como lo dec\u00eda, de la manera m\u00e1s confidencial que imaginarse pueda, prosiguiendo en el acto:<\/p>\n<p>\u2014Pero continuar\u00e1s al punto y le dir\u00e1s: \u201cGunn es un buen chico, no cabe duda y \u00e9l <em>deposita \u00e9l precioso don<\/em> de su confianza, <em>deposita \u00e9l precioso don<\/em> de su confianza\u2014no olvides dec\u00edrselo con esas mismas palabras\u2014en un Caballero por nacimiento, m\u00e1s que en cualquiera de esos \u201c<em>caballeros de la fortuna<\/em>\u201d de los cuales \u00e9l ha sido uno.\u201d<\/p>\n<p>\u2014Pero vamos all\u00e1, le dije yo; prescindiendo de que no alcanzo \u00e1 entender una palabra de todo lo que me ha estado Vd. diciendo aqu\u00ed, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda yo repet\u00edrselo al Caballero si no veo la posibilidad de volver \u00e1 bordo?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! all\u00ed est\u00e1 la vuelta del cabo! Y bien, aqu\u00ed est\u00e1 mi bote; mi bote que yo he fabricado con mis propias manos. Yo lo tengo oculto bajo la pe\u00f1a blanca. Si sucede lo peor de lo peor, creo debemos intentar esa traves\u00eda despu\u00e9s de que oscurezca&#8230;<\/p>\n<p>En este punto tuvo que interrumpirse bruscamente, porque aun cuando el sol ten\u00eda todav\u00eda una hora \u00f3 m\u00e1s que alumbrar hasta ocultarse en el horizonte, o\u00edmos repentinamente, repetido por todos los ecos de la isla, el trueno imponente de un ca\u00f1onazo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eh! \u00bfqu\u00e9 es eso?, pregunt\u00f3 Ben Gunn.<\/p>\n<p>\u2014Es que han comenzado \u00e1 batirse, le contest\u00e9. \u00a1S\u00edgame Vd.!<\/p>\n<p>Y olvidando en aquel punto todos mis terrores precedentes me d\u00ed \u00e1 correr hacia la rada, en direcci\u00f3n del ancladero, acompa\u00f1ado por el hombre <em>aislado<\/em> que corr\u00eda junto \u00e1 m\u00ed velozmente, sobre sus cacles de piel de cabra, con gran ligereza y facilidad.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00c1 la izquierda! \u00a1\u00e1 la izquierda!, me dec\u00eda. \u00a1C\u00e1rgate siempre hacia la izquierda, camarada!, repet\u00eda. \u00a1Qui\u00e9n dir\u00eda que yo voy aqu\u00ed bajo los \u00e1rboles, contigo! Mira, all\u00ed es donde mat\u00e9 mi primera cabra. Ahora ya no bajan hasta ac\u00e1; ahora las tienes siempre encaramadas en sus masteleros, all\u00e1 entre las jarcias y los motones de sus monta\u00f1as, todo, no m\u00e1s que por miedo de Ben Gunn! \u00a1Ah! mira t\u00fa&#8230; \u00a1all\u00ed tienes el cementerio! \u00bfno ves sus terraplenes?&#8230; Cuando por mis cuentas creo que debe ser domingo, sabes t\u00fa,&#8230; suelo venir aqu\u00ed y me arrodillo y rezo. No tiene esto muchas trazas de capilla, ni siquiera de una pobre ermita, \u00bfno es verdad?&#8230; pues, mira t\u00fa&#8230; yo le encuentro no s\u00e9 qu\u00e9 cosa de solemne y de imponente. Y luego, ya lo ves, no he tenido las manos muy llenas&#8230; ni una biblia, ni una ense\u00f1a&#8230; y en cuanto \u00e1 capell\u00e1n, pues&#8230; ni so\u00f1arlo.<\/p>\n<p>Y segu\u00eda as\u00ed, charla y charla mientras corr\u00edamos, sin esperar ni recibir respuesta alguna.<\/p>\n<p>Un rato considerable hab\u00eda trascurrido despu\u00e9s del disparo del ca\u00f1\u00f3n, cuando o\u00edmos una descarga de armas de menos calibre.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3se otra pausa, y luego, \u00e1 menos de un cuarto de milla frente \u00e1 m\u00ed, divis\u00e9 repentinamente en el aire, flotando sobre las cimas de los \u00e1rboles del bosque, la gloriosa bandera de Inglaterra.<\/p>\n<h1>PARTE IV. LA ESTACADA<\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO XVI. EL DOCTOR PROSIGUE LA NARRACI\u00d3N Y REFIERE C\u00d3MO FU\u00c9 ABANDONADO EL BUQUE<\/h2>\n<p>SER\u00cdA la una y media de la tarde cuando los dos botes de <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se fueron \u00e1 tierra. El Capit\u00e1n, el Caballero y yo est\u00e1bamos discurriendo acerca de la situaci\u00f3n en nuestra c\u00e1mara de popa. Si hubiera soplado en aquellos momentos la brisa m\u00e1s ligera, hubi\u00e9ramos ca\u00eddo por sorpresa sobre los seis rebeldes que se nos hab\u00eda dejado \u00e1 bordo, hubi\u00e9ramos levado anclas y salido \u00e1 alta mar. Pero el viento faltaba de todo punto y para completar nuestro desamparo, vino muy pronto Hunter \u00e1 traernos la nueva de que Hawkins se hab\u00eda metido en uno de los botes y march\u00e1dose con los expedicionarios de la isla.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s nos ocurri\u00f3 poner en duda la lealtad de Hawkins, pero s\u00ed nos pusimos en alarma por su vida. Con la excitaci\u00f3n en que aquellos hombres se encontraban nos parec\u00eda que s\u00f3lo una casualidad pod\u00eda hacer que volvi\u00e9semos \u00e1 verle vivo. Corrimos sobre cubierta. El calor era tal que la brea que un\u00eda la juntura de los tablones comenzaba \u00e1 burbujar, derriti\u00e9ndose; el nauseabundo hedor de aquel sitio me pon\u00eda verdaderamente malo, y si alguna vez hombre alguno absorbi\u00f3 por el olfato los g\u00e9rmenes de mil enfermedades infecciosas, ese fu\u00ed yo, sin duda, en aquel abominable fondeadero. Los seis sabandijas estaban sentados \u00e1 proa, refunfu\u00f1ando \u00e1 la sombra de una vela. Hacia la playa pod\u00edamos divisar los botes sujetos \u00e1 tierra, y \u00e1 un hombre de los de Silver, sentado en cada uno de ellos. Uno de aquellos dos conjurados se divert\u00eda silbando el \u201c<em>Lilibullero<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>Esperar era una locura, as\u00ed es que decidimos que Hunter y yo ir\u00edamos \u00e1 tierra en el seren\u00ed en busca de informes y para explorar el terreno.<\/p>\n<p>Los botes se hab\u00edan recargado sobre su derecha, pero Hunter y yo remamos rectos en direcci\u00f3n de la estacada marcada en nuestro mapa. Los centinelas y guardianes de los esquifes parecieron desconcertarse un tanto con nuestra aparici\u00f3n. El \u201c<em>Lilibullero<\/em>\u201d ces\u00f3 de oirse y pude ver \u00e1 aquel par de alhajas discutiendo lo que deb\u00edan hacer. Si se hubieran marchado para avisar \u00e1 Silver lo que ocurr\u00eda, abandonando sus botes, es claro que las cosas hubieran pasado de muy distinta manera; pero supongo que ten\u00edan sus \u00f3rdenes y, en consonancia con ellas, decidieron permanecer tranquilamente en donde estaban y muy luego o\u00edmos que la m\u00fasica de \u201c<em>Lilibullero<\/em>\u201d comenzaba de nuevo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en aquel punto una ligera curva en la costa y yo no perd\u00ed tiempo remando cuan fuertemente pude para ponerla entre los hombres de los esquifes y nosotros, de tal suerte que antes de que lleg\u00e1semos \u00e1 tierra ya nos hab\u00edamos perdido mutuamente de vista. Salt\u00e9 por fin en la playa y p\u00faseme \u00e1 correr tan de prisa como pod\u00eda atreverme \u00e1 hacerlo, desplegando sobre mi cabeza un gran pa\u00f1uelo de seda blanco para evitar la insolaci\u00f3n y con un buen par de pistolas, enteramente listas, por precauci\u00f3n, contra cualquiera sorpresa.<\/p>\n<p>No hab\u00eda recorrido a\u00fan cien yardas cuando llegu\u00e9 \u00e1 la estacada.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que hab\u00eda en ella: una fuente de agua l\u00edmpida y clara brotaba casi en la cumbre de la colina; sobre \u00e9sta, y encerrando la fuente por supuesto, se hab\u00eda improvisado una espaciosa caba\u00f1a de postes de madera, arreglada de manera de poder encerrar unas dos veintenas de hombres, en caso de apuro, y con troneras para mosquetes por todos lados. Al derredor de esta caba\u00f1a hab\u00edase limpiado un espacio considerable y, para completar la obra, se hab\u00eda levantado una empalizada bastante fuerte, como de seis pies de elevaci\u00f3n, sin ninguna puerta \u00f3 pasadizo, con resistencia suficiente para no poderla echar por tierra sino con tiempo y trabajo, pero bastante abierta para que no pudiera servir de parapeto \u00e1 los sitiadores. Los que estuvieran en posesi\u00f3n de la caba\u00f1a del centro pod\u00edan llamarse due\u00f1os del campo y cazar \u00e1 los de afuera como perdices. Lo que se necesitaba all\u00ed era una vigilancia continua y provisiones, porque \u00e1 menos de una completa sorpresa, los sitiados pod\u00edan sostenerse muy bien contra un regimiento entero.<\/p>\n<p>En lo que yo me fij\u00e9 entonces de una manera m\u00e1s particular fu\u00e9 en la fuente, porque aun cuando en nuestro castillo de popa de <em>La Espa\u00f1ola <\/em>ten\u00edamos armas y municiones en gran cantidad, y abundancia de v\u00edveres y vinos excelentes, lo cierto es que de una cosa est\u00e1bamos ya bien escasos, y era de agua. Estaba yo preocupado con este pensamiento, cuando de pronto lleg\u00f3 \u00e1 mis o\u00eddos distintamente, desde alg\u00fan punto de la isla, el grito supremo de un hombre que se mor\u00eda. Yo he servido \u00e1 Su Alteza Real el Duque de Cumberland y aun fu\u00ed herido yo mismo en Fontenoy, pero en aquel instante mi pulso se detuvo y no pude menos que verme asaltado por esta idea: \u201c<em>\u00a1Han matado \u00e1 Hawkins!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Haber sido uno un viejo soldado es ya algo, pero es todav\u00eda m\u00e1s haber sido m\u00e9dico. No tiene uno tiempo para vacilaciones ni cosas in\u00fatiles, as\u00ed es que en un instante form\u00e9 mi resoluci\u00f3n y sin perder un segundo regres\u00e9 \u00e1 la playa y salt\u00e9 de nuevo \u00e1 bordo del seren\u00ed.<\/p>\n<p>Por fortuna Hunter era un remador de fuerza. Hicimos volar \u00e1 nuestro botecillo y muy pronto est\u00e1bamos ya al costado de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, \u00e1 cuyo bordo subimos \u00e1 toda prisa.<\/p>\n<p>Encontr\u00e9 \u00e1 todos emocionados, como era natural. El Caballero estaba sentado, l\u00edvido como un papel, lamentando \u00a1alma de Dios! los peligros \u00e1 que nos hab\u00eda tra\u00eddo. Uno de los seis hombres quedados \u00e1 bordo estaba ya en mejores condiciones.<\/p>\n<p>\u2014All\u00ed hay un hombre, dijo el Capit\u00e1n Smollet apuntando hacia \u00e9l, que es novicio en la obra de estos malvados. Ha venido aqu\u00ed, \u00e1 punto de desmayarse, en cuanto que oy\u00f3 aquel grito de muerte. Con otra vuelta de cabrestante lo tenemos con nosotros, eso es seguro.<\/p>\n<p>Expliqu\u00e9 entonces al Capit\u00e1n Smollet cu\u00e1l era mi plan, y entre los dos arreglamos los detalles de su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pusimos \u00e1 nuestro viejo Redruth en la estrecha galer\u00eda que, como se recordar\u00e1, era la \u00fanica comunicaci\u00f3n posible entre la popa y el castillo de proa, d\u00e1ndole tres \u00f3 cuatro mosquetes cargados y poni\u00e9ndole un colch\u00f3n por v\u00eda de barricada para protegerle. Hunter trajo el botecillo de manera de colocarlo precisamente bajo la porta de popa y Joyce y yo nos pusimos inmediatamente \u00e1 la obra de cargar en \u00e9l botes de p\u00f3lvora, mosquetes, bultos de bizcochos, galletas, jam\u00f3n, una damajuana de <em>cognac<\/em> y mi inestimable estuche de ciruj\u00eda.<\/p>\n<p>Entre tanto el Caballero y el Capit\u00e1n permanec\u00edan sobre cubierta y el \u00faltimo de ellos hac\u00eda al timonel la siguiente amistosa y cort\u00e9s intimaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014Amigo Hands, aqu\u00ed nos tiene Vd. \u00e1 dos personas con dos pistolas cada una. Si alguno de Vds. seis hace el menor movimiento para acerc\u00e1rsenos puede tenerse por hombre al agua.<\/p>\n<p>Los hombres aquellos deliberaron un corto rato y despu\u00e9s de su peque\u00f1o consejo de guerra se fueron dejando caer uno tras de otro, de la <em>carroza<\/em>, abajo, pensando, sin duda alguna, cogernos por la retaguardia. Pero en cuanto que se encontraron con Redruth esper\u00e1ndolos, mosquete en mano, en la estrecha galer\u00eda de comunicaci\u00f3n, volvieron otra vez \u00e1 querer recobrar su lugar primitivo \u00e1 proa, apareciendo sobre cubierta la cabeza de uno de ellos por una escotilla.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Abajo otra vez, perro pirata!, le grit\u00f3 el Capit\u00e1n, \u00f3 te vuelo la tapa de los sesos!<\/p>\n<p>La cabeza aquella se hundi\u00f3 de nuevo como por encanto en la escotilla y por entonces nada volvimos \u00e1 oir ni \u00e1 saber de aquellos miserables.<\/p>\n<p>Mientras esto pasaba, nuestro ligero seren\u00ed estaba ya tan cargado como era racional ponerlo. Joyce y yo saltamos por la porta de la popa y tornamos \u00e1 remar hacia la playa, tan de prisa como nuestras fuerzas nos lo permit\u00edan.<\/p>\n<p>Este segundo viaje despert\u00f3 ya de una manera indudable la alarma de los vigilantes de los esquifes. \u201c<em>Lilibullero<\/em>\u201d fu\u00e9 dado de mano otra vez, y precisamente antes de perderlos de vista tras del peque\u00f1o cabo de la playa, uno de ellos hab\u00eda ya saltado \u00e1 tierra y desaparecido r\u00e1pidamente. Estuve entonces \u00e1 punto de cambiar de t\u00e1ctica \u00e9 irme derecho \u00e1 sus botes y destru\u00edrselos, pero tem\u00ed que Silver estuviese por all\u00ed demasiado cerca con los restantes y era en tal caso muy posible que todo se perdiera por querer hacer demasiado.<\/p>\n<p>Muy pronto llegamos de nuevo \u00e1 tierra al mismo lugar que en el viaje precedente. Los tres hicimos el primer trasporte del bote hasta la caba\u00f1a, muy bien cargados, y depositamos all\u00ed nuestras armas y provisiones. Dejamos entonces \u00e1 Joyce en la palizada, de guardia para custodiar nuestro dep\u00f3sito, y aunque es verdad que se quedaba solo enteramente, ten\u00eda \u00e1 su disposici\u00f3n media docena de mosquetes muy bien preparados. Hunter y yo volvimos otra vez al botecillo, tornamos \u00e1 cargar lo m\u00e1s que pudimos y regresamos \u00e1 la estacada. As\u00ed continuamos, casi sin tomar aliento, hasta que toda la carga puesta en el bote hab\u00eda sido trasladada \u00e1 la caba\u00f1a en la cual los dos criados tomaron definitivamente sus posiciones, mientras yo, con todas mis fuerzas, remaba otra vez en el ya ligero seren\u00ed hasta llegar de nuevo \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>El arriesgar una segunda cargada era, en realidad, menos atrevido y peligroso de lo que parec\u00eda. Es cierto que ellos ten\u00edan la ventaja del n\u00famero, pero nosotros ten\u00edamos la de las armas. Ninguno de los hombres que estaban en tierra llevaba un mosquete consigo y as\u00ed es que, antes de que hubieran podido acerc\u00e1rsenos \u00e1 tiro de pistola, es seguro que nosotros hubi\u00e9ramos dado buena cuenta de ellos.<\/p>\n<p>El Caballero estaba espi\u00e1ndome en la porta de popa, ya restablecidos su valor y su \u00e1nimo. Cogi\u00f3 el cabo de la amarra que yo le arroj\u00e9, lo sujet\u00f3 arriba y comenzamos \u00e1 hacer ya un cargamento de verdadera vitalidad para nosotros, consistente en carne, p\u00f3lvora y bizcochos, sin a\u00f1adir m\u00e1s armas que un mosquete y un sable por cabeza para el Caballero, para m\u00ed, Redruth y el Capit\u00e1n. El resto de las armas y la p\u00f3lvora los arrojamos al agua \u00e1 dos brazas y media de profundidad, de manera que pod\u00edamos distinguir el limpio acero de los mosquetes brillando con los reflejos del sol, all\u00e1 abajo en el fondo limpio y arenoso del ancladero.<\/p>\n<p>\u00c1 esta hora la marea comenzaba ya \u00e1 bajar y el buque empezaba \u00e1 columpiarse en torno del ancla. O\u00edmos voces llam\u00e1ndose mutuamente, muy lejos y muy d\u00e9biles, all\u00e1 en direcci\u00f3n de los esquifes, y aun cuando esto nos tranquiliz\u00f3 por lo que hac\u00eda \u00e1 Joyce y \u00e1 Hunter que, por lo visto, quedaban todav\u00eda en su posici\u00f3n del Este sin ser molestados, nos hizo comprender, sin embargo, que nosotros deb\u00edamos darnos prisa.<\/p>\n<p>Redruth, entonces, abandon\u00f3 su trinchera de lana en la galer\u00eda y se repleg\u00f3 al bote con nosotros. Dirigido el peque\u00f1o seren\u00ed por el Capit\u00e1n Smollet en persona, dimos vuelta al buque y nos vinimos \u00e1 colocar junto \u00e1 la escotilla de proa.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, amigos, grit\u00f3 el Capit\u00e1n, \u00bfme oyen Vds.?<\/p>\n<p>Ni una voz respondi\u00f3 sobre cubierta.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es \u00e1 t\u00ed, Abraham Gray, \u00e1 quien hablo!&#8230;<\/p>\n<p>El mismo silencio anterior.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Gray!, volvi\u00f3 \u00e1 decir el Capit\u00e1n en voz m\u00e1s alta a\u00fan, en este mismo momento voy \u00e1 dejar este buque y como tu Capit\u00e1n que soy te ordeno que me sigas. Yo s\u00e9 que t\u00fa eres, en el fondo, un buen muchacho y hasta me atrevo \u00e1 decir que ninguno de los seis que est\u00e1n all\u00ed es tan malo como aparenta serlo. Aqu\u00ed tengo en la mano, mi reloj abierto: te doy treinta segundos de plazo para que te me reunas.<\/p>\n<p>Hubo un silencio nuevo.<\/p>\n<p>\u2014Ven pronto, muchacho m\u00edo, continu\u00f3 el Capit\u00e1n: no te detengas tanto en vacilaciones. Estoy aqu\u00ed exponiendo mi vida y la de estos excelentes caballeros cada segundo que pasa.<\/p>\n<p>Oy\u00f3se entonces el ruido repentino de una pendencia, el rumor de golpes cambiados, y en unos cuantos segundos apareci\u00f3 Abraham Gray en la porta, con una herida de arma blanca en una de sus mejillas, pero corriendo presuroso \u00e1 la llamada del Capit\u00e1n como un perro puede venir al silbido de su amo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Estoy con Vd. mi Capit\u00e1n!, dijo aquel leal chico.<\/p>\n<p>Un instante despu\u00e9s, con Gray ya \u00e1 bordo, hab\u00edamos empujado de nuevo nuestro barquichuelo en direcci\u00f3n \u00e1 la playa.<\/p>\n<p>Y cierto es que nos encontr\u00e1bamos ya fuera de la peligrosa goleta, pero \u00a1ay! a\u00fan no nos ve\u00edamos en tierra, dentro del recinto de la estacada.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO \u00a0\u00a0\u00a0 XVII. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 EL \u00a0 DOCTOR, \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 CONTINUANDO \u00a0\u00a0 LA NARRACI\u00d3N, DESCRIBE EL \u00daLTIMO VIAJE DEL SEREN\u00cd<\/h2>\n<p>ESTE quinto viaje fu\u00e9 ya, sin embargo, bien distinto de los precedentes. En primer lugar aquella cascarita de nuez en que \u00edbamos estaba demasiado cargada. Cinco hombres, de los cuales Redruth, el Capit\u00e1n y Trelawney eran de m\u00e1s de seis pies de altura, era m\u00e1s de lo que nuestro botecillo pod\u00eda racional y c\u00f3modamente cargar. A\u00f1\u00e1dase \u00e1 esto la p\u00f3lvora, las armas y las provisiones de boca, y se comprender\u00e1 que el seren\u00ed se balancease de una manera inquietante, alojando agua de cuando en cuando, por la popa, \u00e1 un grado tal, que todav\u00eda no hab\u00edamos andado cien yardas y ya una buena parte de mis vestidos estaba mojada hasta no poderse m\u00e1s.<\/p>\n<p>H\u00edzonos el Capit\u00e1n que aparej\u00e1semos el bote compartiendo el peso m\u00e1s proporcionalmente, lo que nos apresuramos \u00e1 ejecutar, consiguiendo equilibrarlo un poco mejor. Pero aun as\u00ed no dej\u00e1bamos de sentirnos con el temor, no del todo infundado, de zozabrar.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el reflujo produc\u00eda, \u00e1 la saz\u00f3n, una fuerte corriente de olas en direcci\u00f3n poniente, atravesando la rada y movi\u00e9ndose en seguida hacia el sur, en direcci\u00f3n del mar, por el estrecho que nos hab\u00eda franqueado el paso en la ma\u00f1ana hasta el ancladero. Las olas, de por s\u00ed, eran ya un peligro para nuestro sobrecargado esquife, pero lo peor de todo era que la dicha corriente nos arrastraba fuera de nuestra v\u00eda, y lejos del lugar de la playa en que ten\u00edamos que desembarcar, tras de la punta de que ya he hablado. Si permit\u00edamos \u00e1 la corriente realizar su obra, el resultado iba \u00e1 ser que antes de mucho nos encontr\u00e1semos en tierra, es verdad, pero precisamente al lado de los esquifes de los piratas, que quiz\u00e1s no tardar\u00edan mucho en presentarse.<\/p>\n<p>\u2014Me es imposible enderezar el rumbo hacia la estacada, Capit\u00e1n, dije yo que iba sentado al tim\u00f3n, en tanto que \u00e9l y Redruth que estaban de refresco, llevaban los remos. La marea nos arroja constantemente hacia abajo; \u00bfno podr\u00edan Vds. remar un poco m\u00e1s fuerte?<\/p>\n<p>\u2014No sin echar el bote \u00e1 pique, contest\u00f3. Sostenga Vd. el gobernalle inm\u00f3vil hasta que vea Vd. que vamos ganando la v\u00eda.<\/p>\n<p>Hice lo que se me indicaba y pronto v\u00ed que, si bien la marea continuaba empuj\u00e1ndonos hacia el poniente, muy luego logramos que el bote enderezara la proa al Este siguiendo una l\u00ednea que marcaba precisamente un \u00e1ngulo recto con el camino que deb\u00edamos tomar.<\/p>\n<p>\u2014De esta manera no vamos \u00e1 tocar tierra jam\u00e1s, dije yo.<\/p>\n<p>\u2014Si no nos queda otro derroterro libre m\u00e1s que \u00e9ste, no podemos hacer otra cosa que seguirlo \u00e1 todo azar, contest\u00f3 el Capit\u00e1n. Tenemos que ir contra la corriente de la bajamar. Ya ve Vd., pues, que si segu\u00edamos bordeando \u00e1 sotavento de nuestro desembarcadero era muy dif\u00edcil decir \u00e1 donde \u00edbamos \u00e1 tocar tierra; esto sin contar con la inmediata probabilidad de ser abordados por los botes de Silver, en tanto que, por el camino en que nos hemos puesto, la corriente puede amortiguarse pronto y entonces ya podremos virar rectamente hacia la playa.<\/p>\n<p>\u2014La corriente ha amainado ya mucho, se\u00f1or, d\u00edjome Gray que iba sentado hacia proa. Ya puede Vd. hacer que viremos de bordo un poco.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, muchacho, le contest\u00e9 como si nada hubiera sucedido, puesto que todos hab\u00edamos hecho t\u00e1citamente la resoluci\u00f3n de tratarlo desde luego como \u00e1 uno de los nuestros.<\/p>\n<p>De repente el Capit\u00e1n habl\u00f3 de nuevo y not\u00e9 que hab\u00eda una perceptible alteraci\u00f3n en su voz.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY el ca\u00f1\u00f3n?, dijo.<\/p>\n<p>\u2014Ya pensaba en eso, le respond\u00ed seguro como estaba de que \u00e9l se refer\u00eda \u00e1 la posibilidad de que se bombardeara nuestro reducto. No crea Vd. que les sea posible bajar el ca\u00f1\u00f3n \u00e1 tierra, y aun en el supuesto de que lo consiguieran, jam\u00e1s podr\u00edan hacerlo subir por entre el monte.<\/p>\n<p>\u2014Pues mire Vd. \u00e1 popa, Doctor, replic\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>Volv\u00ed la cabeza&#8230; Lo cierto es que hab\u00edamos echado completamente en olvido nuestra pieza de artiller\u00eda en la goleta y de all\u00ed nuestro horror cuando o\u00edmos que los cinco bandidos estaban muy atareados, despoj\u00e1ndola de lo que ellos llamaban <em>la chaqueta<\/em>, \u00f3 sea el abrigo de grueso c\u00e1\u00f1amo embreado con que la manten\u00edamos envuelta durante la navegaci\u00f3n. No era esto todo, sino que al punto me acord\u00e9 que las balas y la p\u00f3lvora de la misma pieza hab\u00edanse quedado \u00e1 bordo en un caj\u00f3n, por lo cual no necesitaban nuestros enemigos sino dar un golpe con una hachuela para ser due\u00f1os de aquellas terribles municiones de guerra.<\/p>\n<p>Aquel olvido no pod\u00eda tener m\u00e1s disculpa que la prisa con que nos vimos precisados \u00e1 evacuar la embarcaci\u00f3n, pero desgraciadamente era irremediable.<\/p>\n<p>\u2014Israel Hands era el artillero de Flint, dijo Gray con voz ronca.<\/p>\n<p>No me quedaba, pues, otro recurso que, \u00e1 cualquier riesgo, poner decididamente proa \u00e1 tierra. \u00c1 esta saz\u00f3n, por fortuna nuestra, la corriente quedaba ya tan lejos de nosotros que nos fu\u00e9 f\u00e1cil seguir rumbo \u00e1 la playa por un camino tan recto como nuestra quilla, \u00e1 pesar del impulso necesariamente poco vigoroso que los remos imprim\u00edan \u00e1 nuestro bote. Ya no me fu\u00e9 dif\u00edcil, pues, gobernar derechamente hacia la meta. Pero lo muy malo era que en la direcci\u00f3n que \u00edbamos no present\u00e1bamos \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola <\/em>nuestra popa, sino un costado, ofreciendo \u00e1 su tiro un blanco de tal tama\u00f1o que parec\u00eda imposible que se le errara punter\u00eda.<\/p>\n<p>\u00c9rame f\u00e1cil ver y oir \u00e1 aquel brib\u00f3n de Hands con su cara de borracho consuetudinario, arreglando sobre cubierta un cartucho para el ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es aqu\u00ed el mejor tirador?, pregunt\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014El Sr. de Trelawney, aqu\u00ed y donde quiera, le contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Pues bien, Sr. de Trelawney, \u00bfquiere Vd. hacerme el favor de quitarme de en medio \u00e1 uno de aquellos p\u00edcaros? \u00c1 Hands, de preferencia, si es posible, dijo el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>Trelawney estaba fr\u00edo como el acero; sin decir palabra prepar\u00f3 su arma.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, d\u00edjonos el Capit\u00e1n, mucho cuidado. Dispare Vd. su arma sin hacer movimiento alguno \u00f3 de lo contrario nos vamos \u00e1 pique. \u00a1Todo el mundo listo para equilibrar, si el bote zozobra al disparo!<\/p>\n<p>El Caballero levant\u00f3 su arma y los remos cesaron de hender el agua: todos nos inclinamos del lado contrario para mantener el equilibrio y todo fu\u00e9 ejecutado con tal felicidad que no hicimos entrar al bote ni una sola gota de l\u00edquido.<\/p>\n<p>En este instante nuestros enemigos ten\u00edan ya su pieza montada y lista, y Hands, que estaba junto \u00e1 la boca, con el escobill\u00f3n en la mano, era el m\u00e1s expuesto de todos. Sin embargo, no tuvimos fortuna, pues precisamente en el momento en que, ya seguro de su punter\u00eda, dispar\u00f3 Trelawney, el astuto timonel se encorv\u00f3 r\u00e1pido como el pensamiento y la bala que pas\u00f3 silbando por encima de \u00e9l, fu\u00e9 \u00e1 herir \u00e1 otro de los cuatro piratas que cay\u00f3 al punto.<\/p>\n<p>El grito que este lanz\u00f3 fu\u00e9 repetido no s\u00f3lo por sus compa\u00f1eros de al lado sino por otras muchas voces desde la playa. Volv\u00ed la vista en esta direcci\u00f3n y not\u00e9 que todos los dem\u00e1s piratas sal\u00edan de entre los \u00e1rboles en aquel momento y se apresuraban \u00e1 ocupar sus lugares en los esquifes.<\/p>\n<p>\u2014Ahora vienen all\u00ed los botes, se\u00f1ores, dije.<\/p>\n<p>\u2014Enfile Vd., pues, recto, grit\u00f3 el Capit\u00e1n. Ahora ya no hay miedo de zozobrar; \u00a1firme \u00e1 los remos! Si no podemos llegar \u00e1 tierra, todo ha conclu\u00eddo para nosotros.<\/p>\n<p>\u2014No han tripulado m\u00e1s que uno de los botes, Capit\u00e1n, a\u00f1ad\u00ed. Los hombres del otro van probablemente por tierra \u00e1 cortarnos el paso.<\/p>\n<p>\u2014El calor es excesivo y la distancia no es tan corta para que lo consigan f\u00e1cilmente, replic\u00f3 el Capit\u00e1n. Marinos en tierra no son muy temibles. Lo que me preocupa es el tiro que nos van \u00e1 largar de \u00e1 bordo. \u00a1Rayos y truenos! nuestro flanco es tal que una beata pod\u00eda pasarnos la bala por ojo, sin errarnos. Sr. de Trelawney, av\u00edsenos Vd. en cuanto vea encender el estop\u00f3n, y nosotros remaremos \u00e1 popa.<\/p>\n<p>En el entretanto hab\u00edamos caminado de frente \u00e1 un paso que era harto veloz para un esquife tan cargado como nuestro seren\u00ed, y muy poca agua por cierto nos hab\u00eda entrado. Ya est\u00e1bamos \u00e1 pocas brazas de la orilla; unas cuantas remadas m\u00e1s y podr\u00edamos atracar al fin, porque el reflujo acababa de descubrir una cinta de arena, abajo de un grupo de \u00e1rboles de los de la costa. El esquife que nos daba caza ya no pod\u00eda, pues, hacernos da\u00f1o alguno; el reflujo que tanto nos hab\u00eda detenido \u00e1 nosotros, estaba d\u00e1ndonos la compensaci\u00f3n deteniendo ahora \u00e1 nuestros perseguidores. El \u00fanico peligro estaba para nosotros en el ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Si me atreviese, dijo el Capit\u00e1n, de buena gana har\u00edamos alto para cazar \u00e1 otro de esos bandidos.<\/p>\n<p>Era claro, sin embargo, que ellos en todo pensaban menos en dilatar su tiro por m\u00e1s tiempo. Ni siquiera hab\u00edan hecho el menor caso de su camarada ca\u00eddo, que, sin embargo, no estaba muerto sino simplemente herido y al cual yo miraba, tratando de arrastrarse \u00e1 un lado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El estop\u00f3n!, grit\u00f3 el Caballero.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Empuje \u00e1 popa!, grit\u00f3 el Capit\u00e1n r\u00e1pido como un eco.<\/p>\n<p>\u00c9l y Redruth dieron en el acto un contraimpulso, pero tan vigoroso que la popa del seren\u00ed se hundi\u00f3 toda dentro del agua. En el mismo instante el ca\u00f1\u00f3n tron\u00f3, y su detonaci\u00f3n fu\u00e9 lo primero que Jim oy\u00f3, no habiendo llegado hasta \u00e9l, por la distancia, el rumor del disparo de Trelawney. Por d\u00f3nde pas\u00f3 la bala, ninguno de nosotros lo supo precisamente, pero supongo que debe haber sido por encima de nuestras cabezas y que el viento de ella debe haber contribu\u00eddo \u00e1 nuestro desastre.<\/p>\n<p>Nuestro bote se hab\u00eda hundido por la popa, como he dicho, con la mayor facilidad, en una profundidad de tres pies de agua, dej\u00e1ndonos al Capit\u00e1n y \u00e1 m\u00ed, de pie el uno frente al otro, en tanto que los tres restantes que se hab\u00edan inclinado para evitar en lo posible la bala del pedrero, sal\u00edan del agua empapados y escurriendo de la cabeza \u00e1 los pies.<\/p>\n<p>Con todo y esto el da\u00f1o no era tan grande. No hab\u00eda perecido ninguno de nosotros y ya de all\u00ed pod\u00edamos caminar \u00e1 pie por el agua, las pocas brazas que nos separaban de la playa. Lo malo era que nuestras provisiones estaban en el fondo del esquife y que de los cinco mosquetes que hab\u00edamos puesto en \u00e9l, s\u00f3lo dos quedaban secos y servibles: el m\u00edo que yo hab\u00eda cogido de sobre mis rodillas y levant\u00e1ndolo en alto con un movimiento r\u00e1pido \u00e9 instintivo; y el del Capit\u00e1n que lo llevaba puesto en bandolera y que, en su calidad de hombre experto, hab\u00eda cuidado su arma de toda preferencia. Los restantes yac\u00edan ya bajo el agua con el bote.<\/p>\n<p>Como complemento de nuestra tribulaci\u00f3n o\u00edmos voces que se acercaban entre el bosque, \u00e1 lo largo de la playa. As\u00ed es que no s\u00f3lo sent\u00edamos ya encima el peligro de quedar cortados de nuestro reducto, en aquel estado de semicat\u00e1strofe y derrota, sino que nos aguijoneaba el temor de que, si Hunter y Joyce se ve\u00edan atacados por una media docena de hombres, no tuviesen el valor y el buen sentido de mantenerse firmes \u00e1 la defensiva. Hunter era un hombre de firmeza y coraz\u00f3n: esto lo sab\u00edamos bien; pero en cuanto \u00e1 Joyce el caso era bien diferente, y bastante dudoso. Joyce era un lacayo muy agradable, de muy finas maneras, y excelente para limpiar un par de botas \u00f3 cepillar un vestido, pero la verdad es que no le conoc\u00edamos tama\u00f1os de hombre de armas tomar.<\/p>\n<p>Todo esto, como llevo dicho, nos aguijone\u00f3 para llegar \u00e1 tierra enjuta tan pronto como era posible, dejando abandonado \u00e1 su suerte al pobre seren\u00ed que, para desgracia nuestra, hab\u00eda guardado en su fondo algo como la mitad de nuestra p\u00f3lvora y provisiones de boca.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XVIII. EN QUE CUENTA EL DOCTOR C\u00d3MO CONCLUY\u00d3 EL PRIMER D\u00cdA DE PELEA<\/h2>\n<p>UNA vez en tierra, d\u00edmonos toda la prisa que era posible para franquear la tierra de bosque que nos separaba de nuestro baluarte. \u00c1 cada paso que d\u00e1bamos, las voces de los piratas que ven\u00edan por la playa llegaban m\u00e1s y m\u00e1s distintas \u00e1 nuestros o\u00eddos. Muy pronto ya nos fu\u00e9 f\u00e1cil distinguir el rumor de sus precipitados pasos, y el crujido de las ramas de los arbustos \u00e1 trav\u00e9s de cuyos matorrales se ven\u00edan abriendo camino.<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 \u00e1 creer entonces que la cosa iba de veras y hasta requer\u00ed el fiador de mi mosquete.<\/p>\n<p>Capit\u00e1n, dije: el Sr. de Trelawney es el de punter\u00eda infalible entre nosotros; d\u00e9le Vd. su mosquete, porque el suyo est\u00e1 inutilizado.<\/p>\n<p>Sin responderme cambiaron r\u00e1pidamente de armas y Trelawney, callado y fr\u00edo como hab\u00eda estado desde el principio de la batalla, se detuvo por un instante para cerciorarse de que el arma estaba en buen estado para servicio inmediato. En el mismo momento, notando que Gray iba desarmado, le alargu\u00e9 mi cuchillo. Mucho nos anim\u00f3 el ver \u00e1 aquel chico escupirse la mano, remangarse la camisa, empu\u00f1ar el arma y hacerla zumbar, blandi\u00e9ndola por el aire. Era cosa que se ve\u00eda desde luego que aquel nuestro nuevo aliado era todo un marino de pelo en pecho.<\/p>\n<p>\u00c1 unos cuarenta pasos de aquella r\u00e1pida detenci\u00f3n llegamos al lindero del bosque y vimos la estacada frente \u00e1 nosotros. Nos lanzamos \u00e1 ella, entrando \u00e1 su recinto por el lado sur, cuya empalizada salvamos r\u00e1pidos como el rayo, y casi en el instante mismo siete de los amotinados, con Job \u00c1nderson el contramaestre \u00e1 la cabeza, aparecieron en el lado Sudoeste lanzando gritos tremendos.<\/p>\n<p>Detuvi\u00e9ronse un momento al llegar all\u00ed, como si se sintieran cogidos por retaguardia, pero antes de que ellos tuvieran tiempo de recobrarse de su sorpresa, no s\u00f3lo Trelawney y yo, sino tambi\u00e9n Hunter y Joyce tuvimos tiempo de hacer fuego desde el reducto. Los cuatro tiros no sonaron en una descarga muy simult\u00e1nea, pero hicieron su efecto, eso s\u00ed. Uno de los enemigos cay\u00f3 redondo y los restantes, sin vacilar m\u00e1s tiempo, volvieron la espalda y se parapetaron tras de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cargar de nuevo nuestras armas, salimos afuera de la empalizada para reconocer al enemigo que hab\u00eda ca\u00eddo. Estaba muerto y muy bien muerto, con el coraz\u00f3n atravesado de parte \u00e1 parte.<\/p>\n<p>Ya comenz\u00e1bamos \u00e1 felicitarnos de nuestra buena suerte cuando en aquel mismo instante una detonaci\u00f3n de pistola se dej\u00f3 oir en el matorral m\u00e1s cercano; la bala silb\u00f3 junto \u00e1 mi o\u00eddo y el pobre de Tom Redruth se tambale\u00f3 y cay\u00f3 en el suelo de largo \u00e1 largo. Tanto el Caballero como yo devolvimos el tiro, pero como no ten\u00edamos sobre qu\u00e9 hacer punter\u00eda, es muy probable que no hicimos m\u00e1s que desperdiciar nuestra p\u00f3lvora. Cargamos otra vez y entonces volv\u00edmonos \u00e1 ver al pobre Tom.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n y Gray estaban ya examin\u00e1ndolo, y en cuanto \u00e1 m\u00ed me bast\u00f3 la primera ojeada para comprender que aquello no ten\u00eda remedio.<\/p>\n<p>Creo que la prontitud con que respondimos \u00e1 su disparo dispers\u00f3 \u00e1 los rebeldes una vez m\u00e1s, porque aunque est\u00e1bamos \u00e1 descubierto ya no se nos hostiliz\u00f3 mientras nos d\u00e1bamos trazas de izar al pobre guarda-monte para pasarlo al recinto de la estacada y trasladarlo, quej\u00e1ndose y desangr\u00e1ndose, al interior de la caba\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00a1Pobre viejo! De sus labios no hab\u00eda salido ni una palabra de sorpresa, queja \u00f3 temor, pero ni aun de sentimiento, desde el instante en que hab\u00edan comenzado nuestras complicaciones, hasta aquel punto en que le acost\u00e1bamos all\u00ed, en el centro de nuestro reducto, para que muriera. Como un troyano verdadero hab\u00eda permanecido vigilante \u00e9 inm\u00f3vil tras de su colch\u00f3n en la galer\u00eda; cuantas \u00f3rdenes se le hab\u00edan dado, \u00e9l las hab\u00eda obedecido callado, con la docilidad de un perro, y muy bien, por cierto. Era el de m\u00e1s edad de todos los de nuestro campo, llevando veinte a\u00f1os, por lo menos, al m\u00e1s viejo; y ahora, aquel anciano criado taciturno, servicial, estaba all\u00ed tendido, pr\u00f3ximo al sepulcro.<\/p>\n<p>El Caballero se dej\u00f3 caer casi junto \u00e1 \u00e9l, sobre sus rodillas, y le besaba la mano, llorando como un chiquillo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCree Vd. que me voy, Doctor?, pregunt\u00f3 el moribundo.<\/p>\n<p>\u2014Tom, hijo m\u00edo, le contest\u00e9, vas \u00e1 volver \u00e1 tu verdadera patria.<\/p>\n<p>\u2014Siento mucho, replic\u00f3 el agonizante, no haber dado antes \u00e1 esos pillos una lecci\u00f3n con mi mosquete.<\/p>\n<p>\u2014Tom, exclam\u00f3 \u00e1 la saz\u00f3n el Caballero todo conmovido; Tom, dime que me perdonas, \u00bfno es verdad que si?<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, fu\u00e9 su respuesta, \u00bfno cr\u00e9e Vd. que eso parecer\u00eda una falta de respeto de m\u00ed \u00e1 Vd.? Pero h\u00e1gase como Vd. lo pide&#8230; s\u00ed se\u00f1or, con toda mi alma.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3se un silencio no muy largo al cabo del cual murmur\u00f3 que desear\u00eda que alguien dijese cerca de su cabecera alguna oraci\u00f3n, a\u00f1adiendo en tono sencillo y como disculp\u00e1ndose de su atrevimiento.<\/p>\n<p>\u2014Cr\u00e9o que esa es la costumbre&#8230; \u00bfno es verdad?<\/p>\n<p>Vino luego una agon\u00eda muy corta; y sin pronunciar ninguna otra palabra, el alma de Redruth parti\u00f3 de este mundo.<\/p>\n<p>Entre tanto el Capit\u00e1n, cuyas faltriqueras y pecho hab\u00eda yo visto en extremo abultados durante la traves\u00eda, fu\u00e9 sacando de ellos todo un almac\u00e9n de objetos: una bandera inglesa, una Biblia, una adujada \u00f3 l\u00edo de cuerda bastante fuerte, plumas, tinta, el registro diario de \u00e1 bordo y algunas libras de tabaco. Hab\u00edase encontrado en nuestro recinto de la estacada un largo y ya aderezado tronco de abeto que, con la ayuda de Hunter, levant\u00f3 y puso en el \u00e1ngulo de la caba\u00f1a en que los troncos se cruzaban. Acto continuo, subiendo \u00e1gilmente sobre el techo del reducto, coloc\u00f3 con su propia mano \u00e9 iz\u00f3 en alto la bandera de nuestra patria.<\/p>\n<p>Esta operaci\u00f3n pareci\u00f3 como aliviarle de un gran peso. Volvi\u00f3 \u00e1 entrar en seguida \u00e1 la caba\u00f1a y como si nada hubiera de particular se puso tranquilamente \u00e1 hacer el recuento de nuestras provisiones de guerra y boca. Pero no dejaba, sin embargo, de mirar con disimulo del lado del pobre de Tom Redruth que estaba agonizando, y as\u00ed es que, no bien hubo \u00e9ste espirado, cuando se acerc\u00f3 con otra bandera y la despleg\u00f3 reverentemente sobre el cad\u00e1ver. En seguida, sacudiendo virilmente la mano del Caballero, le dijo:<\/p>\n<p>\u2014No hay que afligirse, se\u00f1or. Todo temor es vano trat\u00e1ndose del alma de un leal, que ha sucumbido cumpliendo con su deber para con su Capit\u00e1n y con su se\u00f1or. Ser\u00eda una ofensa \u00e1 la Divinidad el creer otra cosa.<\/p>\n<p>Dicho esto me llev\u00f3 \u00e1 un lado y me dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDentro de cu\u00e1ntas semanas esperan Vd. y el Caballero que vendr\u00e1 el buque que ha de enviar Blandy?<\/p>\n<p>\u2014No es cuesti\u00f3n de semanas, sino de meses, le contest\u00e9. En caso de que no estemos de vuelta para el fin de Agosto, Blandy mandar\u00e1 buscarnos, pero ni antes ni despu\u00e9s de ese tiempo. Vd. puede calcular por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u2014Yo lo creo que s\u00ed, contest\u00f3 rasc\u00e1ndose la cabeza de un modo muy significativo. As\u00ed es que, no sin dar \u00e1 la Providencia una <em>buena raci\u00f3n<\/em> de gracias por todos sus beneficios, debo decir que no por eso hemos estado menos desafortunados.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quiere Vd. decir con eso?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Quiero decir, me respondi\u00f3, que es una l\u00e1stima que hayamos perdido aquel segundo cargamento del botecillo. Por lo que hace \u00e1 p\u00f3lvora y balas, tenemos bastantes; pero, en cuanto \u00e1 provisiones de boca, estamos escasos, muy escasos; tan escasos, Doctor, que quiz\u00e1s nos viene muy bien el tener aquella boca de menos.<\/p>\n<p>Y al decir esto se\u00f1alaba el cad\u00e1ver que yac\u00eda cubierto con la bandera inglesa por sudario.<\/p>\n<p>En aquel mismo instante oy\u00f3se el trueno y el silbido de una bala de ca\u00f1\u00f3n que pas\u00f3 rozando el techo de nuestro reducto y fu\u00e9 \u00e1 enterrarse entre los \u00e1rboles del bosque.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aj\u00e1!, dijo el Capit\u00e1n. \u00a1Salvas tenemos! Bastante poca p\u00f3lvora tienen esos chicos para que la desperdicien as\u00ed tan locamente.<\/p>\n<p>Otro segundo disparo arroj\u00f3 su bala con mejor punter\u00eda, pues el proyectil penetr\u00f3 adentro de la estacada, levantando una nube de arena, pero sin causarnos el menor da\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Capit\u00e1n, dijo el Caballero; me consta que nuestro reducto, de por s\u00ed, es enteramente invisible desde el buque. Creo, por tanto, que es la bandera la que les est\u00e1 sirviendo para hacer blanco&#8230; \u00bfno cree Vd. que ser\u00eda m\u00e1s prudente traerla ac\u00e1 adentro?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfArriar mi pabell\u00f3n? \u00a1Jam\u00e1s!, exclam\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>Nosotros fuimos todos inmediatamente de su misma opini\u00f3n, porque aquello no s\u00f3lo ten\u00eda un aspecto marcial, marino \u00e9 imponente, sino que entra\u00f1aba una buena pol\u00edtica, cual era la de mostrar \u00e1 nuestros enemigos que no se nos daba un ardite de su ca\u00f1oneo.<\/p>\n<p>Toda la tarde continuaron su fuego. Bala tras de bala ven\u00eda; las unas pasaban por encima del techo, otras ca\u00edan \u00e1 un lado, otras entraban al recinto de la empalizada, desparpajando la arena del piso. Pero como ten\u00edan que hacer su punter\u00eda sobre una mira muy alta sus tiros no lograron m\u00e1s que encontrar sepultura en la leve arena de la loma. No ten\u00edamos rebotes que temer y aunque una bala penetr\u00f3 \u00e1 la caba\u00f1a por el techo y luego sali\u00f3 de nuevo por un costado, muy pronto nos acostumbramos \u00e1 esa especie de broma pesada y no hicimos m\u00e1s caso de ella que lo habr\u00edamos hecho de una partida de vilorta.<\/p>\n<p>\u2014Me ocurre una buena idea, dijo el Capit\u00e1n. El bosque frente \u00e1 nosotros est\u00e1 bastante claro; la marea ha dejado un buen espacio en seco y \u00e1 la hora de \u00e9sta nuestras provisiones est\u00e1n ya probablemente en descubierto. Creo que si algunos de los nuestros se prestaran \u00e1 hacer una peque\u00f1a salida con ese objeto, podr\u00edamos recobrar parte de nuestra carne salada.<\/p>\n<p>Gray y Hunter se ofrecieron desde luego, y, muy bien armados, salvaron la empalizada. Su misi\u00f3n fu\u00e9, sin embargo, in\u00fatil. Los rebeldes eran m\u00e1s intr\u00e9pidos de lo que cre\u00edamos, \u00f3 ten\u00edan m\u00e1s fe de la que se merec\u00eda en su artillero Hands, porque el hecho es que ya cinco \u00f3 seis de ellos estaban muy ocupados sacando nuestras provisiones del fondo del seren\u00ed y traslad\u00e1ndolas \u00e1 uno de sus esquifes que estaba all\u00ed cerca, mantenido contra la corriente por el manejo constante de un remo. Silver estaba en la popa al mando de las operaciones, y cada uno de sus hombres aparec\u00eda ya provisto de su mosquete correspondiente, tomado de alg\u00fan oculto arsenal de ellos mismos.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n se sent\u00f3 para escribir en su diario de \u00e1 bordo, y he aqu\u00ed el principio de lo que traz\u00f3 en \u00e9l:<\/p>\n<p>\u201cAlejandro Smollet, Capit\u00e1n; David Livesey, m\u00e9dico de \u00e1 bordo; Abraham Gray, carpintero de la goleta; John Trelawney, propietario; John Hunter y Ricardo Joyce, criados del propietario, que no son marinos; estos son los que se conservan leales de toda la gente embarcada \u00e1 bordo de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>; tenemos v\u00edveres para diez d\u00edas \u00e1 raciones cortas; hemos desembarcado hoy \u00e9 izado luego la bandera inglesa en la estacada \u00f3 reducto que hemos hallado en esta Isla del Tesoro. Tom Redruth, otro sirviente del propietario, ha sido muerto por los rebeldes. James Hawkins, paje de c\u00e1mara&#8230;\u201d<\/p>\n<p>En este momento yo estaba lament\u00e1ndome acerca de la triste suerte y fin desastroso del pobre Hawkins, cuando o\u00edmos algunos gritos y llamadas del lado de tierra.<\/p>\n<p>\u2014Alguien nos vocea por ac\u00e1, d\u00edjonos Hunter que estaba de centinela.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Doctor! \u00a1Caballero!&#8230; \u00a1Capit\u00e1n!&#8230; \u00a1Hola! \u00bferes t\u00fa Hunter?, dec\u00edan los gritos aquellos.<\/p>\n<p>Corr\u00ed \u00e1 la puerta de la caba\u00f1a y llegu\u00e9 \u00e1 tiempo para ver de nuevo, sano y salvo, \u00e1 Jim Hawkins, salvando en aquel momento la empalizada.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XIX. EL NARRADOR PRIMERO TOMA OTRA VEZ LA PALABRA\u2014LA GUARNICI\u00d3N DE LA ESTACADA<\/h2>\n<p>NO bien Ben Gunn hubo visto la bandera, hizo alto inmediatamente, me tom\u00f3 por el brazo para detenerme y se sent\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! lo que es por ahora, Jim, all\u00ed est\u00e1n tus amigos, con toda seguridad.<\/p>\n<p>\u2014Mas bien creo que sean los rebeldes, le repliqu\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ca, no!, dijo \u00e9l. \u00bfCrees t\u00fa que en un lugar como este, al cual no abordan sino piratas, hab\u00eda de venir Silver \u00e1 enarbolar el pabell\u00f3n ingl\u00e9s? \u00a1Ni por pienso! Son tus amigos, Jim, no tengas la menor duda. Adem\u00e1s, ya ha habido pelea y me sospecho que los tuyos han llevado la mejor parte y ahora los tienes instalados en esa estacada y reducto que fu\u00e9 constru\u00eddo hace a\u00f1os y a\u00f1os por el Capit\u00e1n Flint. \u00a1Ah! puedes creer que el tal Capit\u00e1n era hombre que sab\u00eda lo que tra\u00eda entre manos. Quit\u00e1ndole lo borracho, era persona que jam\u00e1s dejaba traslucir su juego. No le ten\u00eda miedo \u00e1 nadie&#8230; \u00e1 nadie m\u00e1s que \u00e1 Silver. Silver puede jactarse de ello.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, pues siendo esto as\u00ed, como creo que lo es, tanta m\u00e1s raz\u00f3n para que yo me apresure \u00e1 reunirme con mis amigos.<\/p>\n<p>\u2014Como tu quieras, replic\u00f3 \u00e9l. T\u00fa eres un buen muchacho, \u00f3 yo me equivoco, pero muchacho nada m\u00e1s y con eso est\u00e1 dicho todo. En cuanto \u00e1 Ben Gunn, \u00e9ste se escapa. Ni un vaso de rom podr\u00eda seducirme bastante para ir all\u00e1, ni el mismo rom, \u00a1no!, hasta que no vea yo \u00e1 tu Caballero de nacimiento y le entregu\u00e9 eso bajo su palabra de honor. Pero no olvides mis palabras&#8230; \u201c<em>el precioso don de su confianza<\/em>,\u201d esto es lo que t\u00fa debes decirle \u201c<em>el precioso don de su confianza<\/em>&#8230;\u201d y al decirle esto le das el pellizco que ya sabes.<\/p>\n<p>Y a\u00f1adiendo la acci\u00f3n \u00e1 la palabra, me larg\u00f3 por tercera vez un pellizco, con el mismo aire de confianza \u00edntima que los anteriores.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed pues, cuando necesiten \u00e1 Ben Gunn, ya sabes en donde encontrarle, Jim: precisamente en el mismo lugar en que me has visto hoy.<\/p>\n<p>El que vaya en mi busca que lleve en la mano, por se\u00f1al, alg\u00fan lienzo blanco, y que vaya solo, enteramente solo. Para esto, a\u00f1adir\u00e1s, Ben Gunn tiene sus buenas razones muy particulares.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, le dije; creo haber entendido. Vd. tiene algo que proponer y desea Vd. ver, bien al Caballero \u00f3 bien al Doctor, para lo cual se le puede encontrar \u00e1 Vd. en el mismo lugar en que hoy le he hallado, \u00bfes esto todo?<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00c1 qu\u00e9 horas? \u00bfQuieres saber tambi\u00e9n \u00e1 qu\u00e9 horas, no es verdad? Pues estar\u00e9 all\u00ed diariamente desde el mediod\u00eda hasta las seis de la tarde.<\/p>\n<p>\u2014Entendidos, le contest\u00e9, ahora \u00bfno cree Vd. que ya debemos despedirnos?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed; pero mira&#8230; cuidado con olvidar las palabras esas: \u201c<em>el precioso don de su confianza<\/em>\u201d y las otras de \u201c<em>sus buenas razones muy particulares<\/em>.\u201d Mira que esto es de lo muy esencial&#8230; \u201c<em>razones muy particulares<\/em>,\u201d \u00bfeh? \u00a1como de hombre \u00e1 hombre!<\/p>\n<p>Y sin soltarme el brazo todav\u00eda, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Creo que ya puedes marcharte, Jim&#8230; Pero \u00f3yeme&#8230; si por desgracia te fueres \u00e1 tropezar ahora con Silver, \u00bfno es verdad que ni con caballos brutos te arrancar\u00e1 la confesi\u00f3n de lo que te he dicho?&#8230; \u00bfVerdad que no?&#8230; \u00a1Ah! \u00a1bueno!&#8230; Pero, y si los piratas acampan esta noche en tierra, Jim \u00bfno podremos esperar que para ma\u00f1ana est\u00e9n ya un poco menos salvajes?&#8230;<\/p>\n<p>Al llegar aqu\u00ed fu\u00e9 interrumpido por una fuerte detonaci\u00f3n, y una bala del pedrero de \u00e1 bordo vino rebotando entre los \u00e1rboles y se enterr\u00f3 en la arena \u00e1 menos de cien yardas de donde est\u00e1bamos hablando. Sin esperar \u00e1 m\u00e1s, fu\u00e9 aquella como la se\u00f1al de nuestra despedida y cada uno de nosotros ech\u00f3 \u00e1 correr, en direcci\u00f3n opuesta.<\/p>\n<p>Por el espacio de cerca de una hora, frecuentes disparos continuaron haciendo estremecer la isla, y las balas siguieron rompiendo y astillando los \u00e1rboles del bosque. Yo me iba acercando de escondite en escondite, para evitar aquella especie de persecuci\u00f3n de terr\u00edficos proyectiles; pero como hacia el fin del bombardeo, aunque todav\u00eda no osaba aventurarme \u00e1 entrar abiertamente en la estacada, en cuyo recinto ve\u00eda yo que ca\u00edan las balas con m\u00e1s frecuencia, ya hab\u00eda comenzado \u00e1 cobrar m\u00e1s \u00e1nimo, y despu\u00e9s de un considerable rodeo hacia el Este, logr\u00e9 deslizarme entre los \u00e1rboles de la playa y me tend\u00ed all\u00ed en observaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El sol acababa de ponerse; la brisa del mar cruj\u00eda y revoloteaba entre los ramajes del bosque, encrespando la parda superficie del agua del fondeadero. El reflejo iba ya muy lejos y grandes porciones de playa aparec\u00edan descubiertas. El aire, despu\u00e9s del terrible calor del d\u00eda, era m\u00e1s que fresco y yo sent\u00eda que me escalofriaba \u00e1 trav\u00e9s de mi jub\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La Espa\u00f1ola<\/em> permanec\u00eda aun al ancla en el mismo lugar en que hab\u00edamos fondeado en la ma\u00f1ana; solamente que en el tope de su palo mayor no flameaba ya, por cierto, la bandera de la Uni\u00f3n Brit\u00e1nica, sino la ense\u00f1a siniestra de los piratas. Desde mi escondite pude ver una nueva luz relampaguear \u00e1 bordo, y o\u00ed una nueva detonaci\u00f3n, al par que otra bala zumbaba por el viento, mientras los ecos repet\u00edan aun el trueno del disparo. Aquel fu\u00e9, sin embargo, el \u00faltimo del ca\u00f1oneo.<\/p>\n<p>Permanec\u00ed todav\u00eda por cierto tiempo en mi punto de observaci\u00f3n, d\u00e1ndome cuenta de la bara\u00fanda y el alboroto que siguieron al ataque. Algunos de los piratas se ocupaban en despedazar con hachas algo que estaba en la playa, no lejos de la estacada: era nada menos que el pobre seren\u00ed, seg\u00fan descubr\u00ed despu\u00e9s. All\u00e1 m\u00e1s lejos, cerca de la desembocadura del riachuelo se ve\u00eda el resplandor de un buen fuego brillando entre la arboleda, y entre aquel punto y el buque, uno de los esquifes andaba yendo y viniendo, con sus remeros \u00e1 quienes poco antes hab\u00eda visto yo hoscos y amenazadores, cantando ahora y silbando como chiquillos, si bien es verdad que sus voces ten\u00edan un acento que denunciaba el rom desde \u00e1 legua.<\/p>\n<p>Pens\u00e9, al cabo, que ya pod\u00eda y deb\u00eda efectuar mi vuelta \u00e1 la estacada. Hab\u00edame colocado muy abajo en la punta arenosa que encerraba el ancladero hacia el Este y que se halla unida \u00e1 la Isla del Esqueleto por una cinta de agua de poqu\u00edsima profundidad. Al ponerme en pie, mis ojos tropezaron \u00e1 alguna distancia, all\u00e1 abajo de la punta, con una roca aislada, que se alzaba bastante alta entre los matorrales y que presentaba un notable color blanco. Me ocurri\u00f3 al punto que aquella deb\u00eda ser la <em>Pe\u00f1a blanca<\/em> de que me hab\u00eda hablado Ben Gunn, y que, si un d\u00eda \u00fa otro necesit\u00e1bamos de un bote, era ya una ventaja saber \u00e1 donde pod\u00edamos acudir \u00e1 buscarlo.<\/p>\n<p>Me escurr\u00ed luego entre el bosque hasta ganar otra vez la espalda de nuestro baluarte; lo escal\u00e9, entr\u00e9 y fu\u00ed cordialmente saludado por aquel grupo de leales y valientes.<\/p>\n<p>Pronto conclu\u00ed de contarles mi aventura y comenc\u00e9 \u00e1 ver en torno m\u00edo, para darme cuenta de nuestra posici\u00f3n. El reducto estaba constru\u00eddo con troncos de pino, sin cuadrar, as\u00ed el techo como los muros y el piso. Este \u00faltimo se elevaba, en algunos lugares, \u00e1 un pie \u00f3 pie y medio sobre la superficie de la arena. En la puerta se hab\u00eda formado un portalillo \u00f3 vest\u00edbulo, bajo el cual la fuente brotaba, arrojando sus cristalinas aguas en un taz\u00f3n artificial de bien extra\u00f1a ralea, que no era otra cosa que un gran caldero de hierro tomado de alg\u00fan nav\u00edo, con el fondo arrancado, \u00e9 incrustado all\u00ed en la arena.<\/p>\n<p>Bien poca cosa hab\u00eda en aquel recinto, \u00e1 excepci\u00f3n de la obra misma de la casa; en un rinc\u00f3n una gran piedra lisa, colocada all\u00ed para servir de fog\u00f3n \u00f3 brasero, y un tosco cesto de hierro para contener el fuego y ponerse sobre la piedra.<\/p>\n<p>Los declives de la loma y todo el interior de la empalizada hab\u00edan sido limpiados de \u00e1rboles que hab\u00edan servido para la construcci\u00f3n de la casa y de la estacada exterior. Por los troncos, que aun sobresal\u00edan de la tierra, pod\u00eda verse qu\u00e9 soberbio boscaje se hab\u00eda derribado en gracia de la erecci\u00f3n de aquel reducto. Todos los desechos y ramas hab\u00edan sido arrojados lejos \u00f3 enterrados en alg\u00fan vallado, despu\u00e9s de la traslaci\u00f3n de los maderos. La \u00fanica verdura que quedaba all\u00ed era un lecho de musgo por donde corr\u00edan los derrames de la fuente que se escapaban fuera de su tosco taz\u00f3n de hierro, y \u00e1 un lado y otro de la corriente algunos helechos, zarzas rastreras y matas peque\u00f1itas, surgiendo penosamente de entre la arena. Muy cerca de la estacada\u2014demasiado cerca para que sirviese de defensa, seg\u00fan o\u00ed decir\u2014el bosque se extend\u00eda aun denso y elevado, todo de abetos, por el lado de tierra, y mezclado con una gran cantidad de \u00e1rboles de la vida por el lado del mar.<\/p>\n<p>La brisa fr\u00eda de la noche de que antes he hablado, silbaba en cada una de las aberturas del r\u00fastico y primitivo edificio y hac\u00eda caer sobre el piso una continua lluvia de menud\u00edsima arena. Ten\u00edamos arena en los ojos, arena en los dientes, arena en los o\u00eddos, arena en nuestra cena y arena revoloteando en el desfondado caldero de la fuentecilla que parec\u00eda una gran olla, \u00e1 punto de hervir. Nuestra chimenea se limitaba \u00e1 un agujero cuadrado en el techo, y s\u00f3lo una muy peque\u00f1a parte del humo acertaba \u00e1 escaparse por all\u00ed, en tanto que todo el resto se quedaba revoloteando por la pieza, haci\u00e9ndonos toser de lo lindo y oblig\u00e1ndonos \u00e1 enjugarnos \u00e1 cada instante los llorosos lagrimales.<\/p>\n<p>A\u00f1\u00e1dase \u00e1 esto que Gray, nuestro nuevo aliado, ten\u00eda la cara casi cubierta con un gran vendaje \u00e1 causa de una herida que hab\u00eda recibido en el buque al desprenderse de los amotinados; y que el pobre Redruth aun estaba all\u00ed insepulto, r\u00edgido y fr\u00edo, \u00e1 lo largo del muro, y cubierto con la bandera nacional.<\/p>\n<p>Si se nos hubiera permitido sentarnos \u00e1 descansar, es claro que todos lo habr\u00edamos hecho \u00e1 pierna tirante; pero el Capit\u00e1n Smollet no era hombre para eso. Todos fuimos llamados \u00e1 su presencia y divididos en diversas facciones: el Doctor, Gray y yo para una; el Caballero, Hunter y Joyce para otra. Cansados como est\u00e1bamos se orden\u00f3 \u00e1 dos de nosotros que fueran por le\u00f1a, otros dos \u00e1 arreglar como mejor se pudiera una fosa para sepultar \u00e1 Redruth; el Doctor fu\u00e9 nombrado cocinero; \u00e1 m\u00ed se me puso de centinela \u00e1 la puerta de la caba\u00f1a y el Capit\u00e1n se emple\u00f3 en andar de uno \u00e1 otro levantando nuestros \u00e1nimos y prestando su ayuda material en donde quiera que se la necesitaba.<\/p>\n<p>De vez en cuando el Doctor sal\u00eda un momento \u00e1 la puerta separ\u00e1ndose de su cocina para tomar un poco de aire fresco y dejar descansar algo sus ojos que ya parec\u00edan querer sal\u00edrsele de las \u00f3rbitas \u00e1 causa del humo, y cada vez que ven\u00eda \u00e1 mi sitio de guardia me dirig\u00eda algunas palabras. En una de sus salidas me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Ese hombre Smollet vale mucho m\u00e1s que yo. Y mira, Jim, que el decir yo eso significa mucho.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n vino y se estuvo callado por un corto rato. Luego volvi\u00f3 la cabeza y me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Dime, Jim, \u00bfese Ben Gunn es de veras un hombre?<\/p>\n<p>\u2014No podr\u00e9 decirlo \u00e1 Vd., se\u00f1or, le contest\u00e9. Por lo menos dudo mucho que est\u00e9 en su juicio.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, si es posible la duda, entonces es seguro que s\u00ed est\u00e1, replic\u00f3 el Doctor. Ya t\u00fa comprendes, Jim, que un hombre que durante tres a\u00f1os se ha estado solo en una isla desierta no puede conservar su raz\u00f3n tan cabal como t\u00fa \u00f3 yo. Eso no es posible dentro de la naturaleza humana. \u00bfDices que lo que \u00e1 \u00e9l parec\u00eda urgirle m\u00e1s era comer un pedazo de queso?<\/p>\n<p>\u2014Queso, s\u00ed se\u00f1or, le contest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien; pues mira t\u00fa ahora lo que es venir uno sobrenadando en la abundancia. \u00bfHas visto mi caja de rap\u00e9, no es verdad? Y nunca me habr\u00e1s visto tomar un polvo: la raz\u00f3n es que en esa cajilla lo que traigo precisamente es un pedazo de queso de Parma, un queso hecho en Italia, y extraordinariamente nutritivo. Pues bueno: ese queso es ahora para Ben Gunn.<\/p>\n<p>Antes de que nos pusi\u00e9ramos \u00e1 cenar, dimos sepultura al cad\u00e1ver del viejo Tom en una fosa cavada en la arena, en torno de la cual permanecimos piadosamente por alg\u00fan rato tristes y preocupados, con las cabezas, que la brisa de la noche enfriaba, descubiertas en aquel acto solemne.<\/p>\n<p>Buen acopio de le\u00f1a se hab\u00eda llevado al interior de la caba\u00f1a, pero no toda la que el Capit\u00e1n deseaba, por lo cual, una vez que la hubo inspeccionado nos dijo que esperaba que por la ma\u00f1ana se recomenzara la obra y con una poca de mayor diligencia por esta vez. Cuando todos hubimos tomado nuestras respectivas raciones de tocino y apurado un buen jarro de <em>grog de Cognac<\/em>, los tres jefes se retiraron \u00e1 un \u00e1ngulo de la pieza \u00e1 deliberar sobre la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Muy bien ve\u00edamos que hab\u00edan agotado su imaginaci\u00f3n para resolver qu\u00e9 har\u00edamos, siendo como eran tan escasas nuestras provisiones, que al fin nos ver\u00edamos obligados \u00e1 rendirnos mucho antes de que pudiese llegarnos ni una sombra de socorro. As\u00ed, pues, se decidi\u00f3 que nuestra mejor esperanza era la de procurar matar cuantos piratas pudi\u00e9ramos hasta obligarlos, \u00e1 una de dos, \u00f3 \u00e1 arriar bandera, \u00f3 \u00e1 largarse al fin con <em>La Espa\u00f1ola<\/em>. De diez y nueve que ellos eran ya se ve\u00edan ahora reducidos \u00e1 quince, habiendo dos heridos, y por lo menos uno de ellos, el que cay\u00f3 junto al ca\u00f1\u00f3n, de gravedad. Cada vez que tuvi\u00e9semos batalla, deb\u00edamos aprovechar bien nuestra p\u00f3lvora con gran cuidado de no exponer in\u00fatilmente nuestras vidas. Ten\u00edamos, adem\u00e1s, dos magn\u00edficos aliados: el rom y el clima.<\/p>\n<p>Por lo que hace al rom, aunque est\u00e1bamos \u00e1 m\u00e1s de media milla distantes del enemigo pod\u00edamos oir su barahunda y sus c\u00e1nticos que duraron hasta bien entrada la noche.<\/p>\n<p>Y en cuanto al clima, el Doctor apostaba su peluca \u00e1 que, anclados en donde estaban, cerca \u00f3 casi en medio del pantano, sin remedios disponibles, por lo menos una media docena de ellos estar\u00edan tendidos con fiebre antes de una semana.<\/p>\n<p>\u2014Por tanto, a\u00f1adi\u00f3, si no nos matan \u00e1 todos nosotros de una vez, ya se dar\u00e1n de santos con empacarse en el buque y marcharse con viento fresco \u00e1 piratear de nuevo por esos mares de Dios, que al fin y al cabo, buque es nuestra goleta que puede servirles para su objeto.<\/p>\n<p>\u2014Ser\u00e1 el primer nav\u00edo que haya yo perdido en mi vida, dijo el Capit\u00e1n Smollet.<\/p>\n<p>Yo me sent\u00eda cansado hasta la muerte, como es f\u00e1cil figur\u00e1rselo, as\u00ed es que en cuanto se me dej\u00f3 tenderme \u00e1 dormir, lo cual no sucedi\u00f3 sino despu\u00e9s de mucho molestarme, ca\u00ed en un sue\u00f1o tan pesado que entre un tronco y yo no hab\u00eda la menor diferencia.<\/p>\n<p>Todos los dem\u00e1s estaban ya levantados mucho tiempo hac\u00eda; ya hab\u00edan almorzado y tra\u00eddo casi doble cantidad de le\u00f1a que la acarreada la v\u00edspera, cuando me despert\u00e9 con una bara\u00fanda repentina y un rumor desusado de voces.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bandera de paz!, o\u00ed que dec\u00eda alguno; y luego percib\u00ed, casi en seguida que, con una exclamaci\u00f3n de sorpresa, a\u00f1ad\u00edan:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es Silver en persona!<\/p>\n<p>Al oir esto, d\u00ed un salto y restreg\u00e1ndome todav\u00eda los ojos, corr\u00ed \u00e1 una de las troneras del reducto.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XX. LA EMBAJADA DE SILVER<\/h2>\n<p>\u00a1ERA cierto! Dos hombres estaban all\u00e1, fuera de la estacada, uno de ellos agitando una bandera blanca, y el otro de pie, junto \u00e1 \u00e9l, con tranquilo continente: este era nada menos que el mism\u00edsimo Silver.<\/p>\n<p>Todav\u00eda era, \u00e1 la saz\u00f3n, bastante temprano, y la ma\u00f1ana era tan fr\u00eda que jam\u00e1s sent\u00ed otra peor fuera de Inglaterra, pues un cierzo helado materialmente penetraba hasta la m\u00e9dula de los huesos. El cielo estaba claro, sin la m\u00e1s peque\u00f1a nube, y las cumbres de los \u00e1rboles ten\u00edan en aquel instante el tinte rosado de la ma\u00f1ana. Pero en el baj\u00edo en que estaban Silver y su acompa\u00f1ante todav\u00eda quedaba bastante sombra y aparec\u00edan como sepultados hasta la rodilla en una bruma baja, que durante la noche hab\u00eda brotado del pantano. El cierzo fr\u00edo y el vapor aquel, existiendo al mismo tiempo, daban una idea de la isla, trist\u00edsima por cierto. Era evidente que aquel era un lugar h\u00famedo, pantanoso, ardiente \u00e9 insalubre por excelencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Todo el mundo adentro!, grit\u00f3 el Capit\u00e1n; apuesto diez contra uno \u00e1 que esto envuelve alguna mala pasada.<\/p>\n<p>Dicho esto grit\u00f3 al pirata:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n va? \u00a1Alto ah\u00ed, \u00f3 hacemos fuego!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bandera de paz!, respondi\u00f3 Silver.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n estaba colocado en el portal\u00f3n, guard\u00e1ndose con el mayor cuidado contra alg\u00fan disparo traicionero en caso de que tal fuera el intento de los piratas. Volvi\u00f3se entonces \u00e1 nosotros y nos dijo:<\/p>\n<p>\u2014Doctor, p\u00f3ngase Vd. de observaci\u00f3n, situ\u00e1ndose al costado Norte, si me hace Vd. el favor. Jim, t\u00fa al Este. Gray, t\u00fa al Poniente. El ojo alerta hacia abajo: todo el mundo \u00e1 las armas cargadas. \u00a1Pronto, se\u00f1ores, y con cuidado!<\/p>\n<p>Dicho esto se volvi\u00f3 de nuevo \u00e1 los rebeldes grit\u00e1ndoles:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 vienen Vds. \u00e1 buscar aqu\u00ed con su bandera de parlamento?<\/p>\n<p>\u00c1 esta interpelaci\u00f3n fu\u00e9 el hombre que agitaba el lienzo el que respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, el Capit\u00e1n Silver desea pasar \u00e1 bordo para hacer proposiciones.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl Capit\u00e1n Silver? \u00a1No s\u00e9 qui\u00e9n es \u00e9l, no lo conozco!, grit\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet.<\/p>\n<p>Y pude oirle que a\u00f1ad\u00eda para s\u00ed, en voz m\u00e1s baja:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCapit\u00e1n, eh? \u00a1Diantre! \u00a1vaya si hay ascensos en la carrera!<\/p>\n<p>Silver respondi\u00f3 entonces de por s\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Se trata de m\u00ed, se\u00f1or. Esos pobres muchachos me han elegido su Capit\u00e1n despu\u00e9s de la <em>deserci\u00f3n<\/em> de Vd.<\/p>\n<p>Recalc\u00f3 muy bien la palabra <em>deserci\u00f3n<\/em> y prosigui\u00f3 sin detenerse:<\/p>\n<p>\u2014Estamos resueltos \u00e1 someternos si nos es posible obtener alg\u00fan arreglo y nada m\u00e1s. Todo lo que yo pido es que me d\u00e9 Vd. su palabra, Capit\u00e1n Smollet, de que me dejar\u00e1 salir sano y salvo fuera de esa estacada y un minuto de plazo para ponerme fuera de tiro antes de que se haya disparado un arma.<\/p>\n<p>\u2014Pues oiga Vd. esto, replic\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet: lo que es yo no tengo malditas la prisa ni la gana de hablar con Vd. Si Vd. quiere hablar conmigo, puede Vd. entrar aqu\u00ed y basta. Yo no tengo que empe\u00f1ar mi palabra \u00e1 un hombre de su cala\u00f1a; si hay en esto alguna traici\u00f3n oculta, ser\u00e1 sin duda del lado de Vds., y en tal caso Dios les ayude.<\/p>\n<p>\u2014Me basta con eso, Capit\u00e1n, contest\u00f3 John Silver en tono satisfecho. Una palabra de Vd. es m\u00e1s que suficiente. Yo s\u00e9 lo que es un caballero; puede Vd. creerlo.<\/p>\n<p>Entonces pudimos ver al hombre de la bandera tratando de hacer retroceder \u00e1 Silver. No era esto muy de sorprendernos atendiendo al tono caballeresco de la respuesta del Capit\u00e1n. Pero Silver se le ri\u00f3 en las barbas y golpe\u00e1ndole sobre el hombro pareci\u00f3 decirle que la idea de todo temor \u00f3 alarma era perfectamente absurda. Entonces avanz\u00f3se hacia la estacada, arroj\u00f3 su muleta al otro lado y con gran vigor y destreza logr\u00f3 salvar el cercado, saltando sano y salvo al recinto de la empalizada.<\/p>\n<p>Debo confesar que lo que suced\u00eda en aquellos momentos me atra\u00eda demasiado para que me fuera dable servir en lo m\u00e1s m\u00ednimo como centinela. Desde luego hab\u00eda ya desertado de mi tronera de Oriente que fu\u00e9 la que me design\u00f3 el Capit\u00e1n, y me hab\u00eda deslizado detr\u00e1s de \u00e9ste que acababa de sentarse en el dintel del portal\u00f3n, cruzando estoicamente las piernas, recargando la cabeza sobre una de sus manos y dirigiendo la vista con la mayor indiferencia \u00e1 la fuente que burbujeaba y sal\u00eda rumorosa del caldero, para perderse correteando sobre la arena. P\u00fasose, adem\u00e1s, \u00e1 silbar el sonecillo de \u201c<em>\u00a1Venid mozos y mozas!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>\u00c1 Silver le costaba un trabajo del diantre el subir por la ladera de la loma. Lo escabroso de \u00e9sta, los troncos de los \u00e1rboles cortados, que estaban aun all\u00ed pegados unos \u00e1 otros, y lo suave de la arena hac\u00edan que \u00e9l y su muleta me parecieran como un nav\u00edo dando tumbos entre las olas sin velas y sin tim\u00f3n. Pero \u00e9l soport\u00f3 aquello como un hombre, en silencio, y por \u00faltimo lleg\u00f3 \u00e1 la presencia del Capit\u00e1n, \u00e1 quien salud\u00f3 de la manera m\u00e1s cort\u00e9s del mundo. Hab\u00edase colocado sus mejores arreos: una gran casaca azul toda llena de botones de metal, le colgaba hasta las rodillas, y un hermoso sombrero galoneado se ostentaba sobre su cabeza, ligeramente echado hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Y bien amigo, \u00bfya est\u00e1 Vd. aqu\u00ed?, dijo el Capit\u00e1n levantando la cara. Me parece que puede Vd. sentarse.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs que no me va Vd. \u00e1 recibir all\u00e1 adentro?, dijo Silver un tanto cuanto quejoso. Me parece esta una ma\u00f1ana demasiado fr\u00eda para que nos estemos aqu\u00ed, sentados sobre la arena.<\/p>\n<p>\u2014Amigo Silver, replic\u00f3 el Capit\u00e1n, si Vd. se hubiera conducido como un hombre honrado, \u00e1 estas horas estar\u00eda Vd. sentado muy agradablemente en su galera. Esto no es m\u00e1s que la obra de Vd. mismo. Como cocinero de mi buque, que era Vd., era tratado de la mejor manera del mundo; como Capit\u00e1n Silver, \u00f3 sea como amotinado y pirata, tiene Vd. por perspectiva la horca.<\/p>\n<p>\u2014Sea enhorabuena, Capit\u00e1n, respondi\u00f3 el cocinero sent\u00e1ndose en la arena como se le indicaba. Luego tendr\u00e1 Vd. que darme la mano para levantarme, he ah\u00ed todo. \u00a1Bonito lugar, de veras, que se han encontrado Vds.! \u00a1Ah! \u00a1all\u00ed est\u00e1 Jim! \u00a1Santos y felices d\u00edas tengas t\u00fa, Hawkins! \u00a1Doctor! \u00a1Vd. tambi\u00e9n!, aqu\u00ed me tiene Vd. \u00e1 sus \u00f3rdenes. Y bien, todos Vds. est\u00e1n juntos, todos como en familia, por decirlo as\u00ed, \u00bfno es esto?<\/p>\n<p>\u2014Amigo, dijo el Capit\u00e1n, si ha venido Vd. para decir algo, me parece que har\u00e1 bien en despacharse luego.<\/p>\n<p>\u2014Tiene Vd. raz\u00f3n que le sobra, Capit\u00e1n Smollet, contest\u00f3 el pirata. El deber antes que todo, no cabe duda. Pues bien, vamos al asunto: ayer nos han dado Vds. muy buen quehacer; muy buen quehacer, no lo niego, s\u00ed se\u00f1or. Hemos visto que algunos de Vds. no se maman el dedo en llevando un espeque entre las manos, \u00a1vive Dios que no! Por lo mismo, no tratar\u00e9 de ocultar tampoco que algunos de mis muchachos se han bamboleado de miedo; quiz\u00e1s todos est\u00e9n en ese caso; tal vez yo mismo no las tengo todas conmigo, y sea esa la raz\u00f3n de que me tenga Vd. aqu\u00ed buscando un avenimiento. Pero s\u00e9palo Vd. bien, Capit\u00e1n; esto no suceder\u00e1 dos veces, \u00a1por vida del diablo! Tendremos que hacer nuestros cuartos de centinela, y no ir muy lejos en materia de rom. Puede que Vds. se figuren que nosotros no fuimos m\u00e1s que una hoja de papel lanzada en un remolino. Pero le dir\u00e9 \u00e1 Vd.: lo cierto es que yo estaba bien en mis cabales; lo que me pasaba es que me sent\u00eda cansado como un macho de noria, y con s\u00f3lo que se me hubiese llamado un segundo antes los habr\u00eda cogido \u00e1 Vds. en el acto mismo. Todav\u00eda \u00e1 esa hora \u00e9l estaba vivo, bien vivo, no le quepa \u00e1 Vd. duda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY bien?, dijo el Capit\u00e1n Smollet con la mayor calma y sangre fr\u00eda del mundo.<\/p>\n<p>Todo cuanto Silver dec\u00eda en su enmara\u00f1ado \u00e9 inextricable lenguaje era para el Capit\u00e1n un verdadero enigma, pero nadie se lo habr\u00eda figurado por el tono de su voz. En cuanto \u00e1 m\u00ed, comenzaba \u00e1 tener una sospecha. Las \u00faltimas palabras de Ben Gunn me vinieron \u00e1 la memoria y me d\u00ed \u00e1 suponer que quiz\u00e1s habr\u00eda hecho una visita \u00e1 los piratas mientras estaban reunidos en torno de su hoguera, completamente borrachos \u00f3 poco menos, y acarici\u00e9 con alegr\u00eda la esperanza de que quiz\u00e1s ya no ten\u00edamos, \u00e1 esas horas, sino catorce enemigos con quienes lidiar.<\/p>\n<p>\u2014Y bien, contest\u00f3 Silver, lo que hay es esto: que queremos ese tesoro y que lo tendremos; esa es nuestra base. Vds., \u00e1 su vez, pueden, sin p\u00e9rdida de tiempo, asegurar sus vidas, \u00e1 lo que creo: esa es la base de Vds. En poder de Vds. obra un mapa, \u00bfno es verdad?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bien podr\u00eda ser!, murmur\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! lo es, de seguro, no me cabe duda, replic\u00f3 Silver. No hay para qu\u00e9 hacerse el misterioso con un hombre como yo; es esta una treta del todo in\u00fatil, puede Vd. creerlo. Lo que quiero decir es que nosotros necesitamos ese mapa. Por lo dem\u00e1s, nosotros nunca hab\u00edamos pensado en hacer \u00e1 Vd. el menor da\u00f1o, \u00a1no se\u00f1or!<\/p>\n<p>\u2014Amigo, esa no pega, le interrumpi\u00f3 el Capit\u00e1n. Nosotros sabemos perfectamente lo que Vds. se propon\u00edan hacer, y lo cierto es que no nos importa un bledo, porque ya bien ve Vd. que, lo que es por ahora, los tales prop\u00f3sitos son ya simplemente imposibles.<\/p>\n<p>Y diciendo esto el Capit\u00e1n mir\u00f3 con la mayor calma \u00e1 su interlocutor y se puso \u00e1 llenar su pipa con tabaco.<\/p>\n<p>\u2014Si es que Gray ha podido&#8230; comenz\u00f3 Silver.<\/p>\n<p>\u2014Suposici\u00f3n excusada, interrumpi\u00f3 el Capit\u00e1n. Gray nada me ha dicho por la sencilla raz\u00f3n de que nada le he preguntado. Y lo que es m\u00e1s todav\u00eda, antes que acceder, preferir\u00e9 ver volar en pedazos \u00e1 Vd. y \u00e1 \u00e9l y \u00e1 toda esta isla bendita. Eso y nada m\u00e1s, mi amigo, es lo que yo opino de sus proposiciones.<\/p>\n<p>Esa bocanada\u2014perd\u00f3nese la palabra en gracia de esta exactitud\u2014esa bocanada de mal humor del Capit\u00e1n, pareci\u00f3 enfriar bastante \u00e1 Silver. Un momento antes sus palabras iban ya tomando cierto tono provocativo, que ces\u00f3 ante aquella explosi\u00f3n como por encanto.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Basta con esto!, dijo. No quiero m\u00e1s. No discutir\u00e9 lo que caballeros como Vd. consideren dentro \u00f3 fuera de las reglas y del esp\u00edritu de verdaderos marinos. Entre tanto, y puesto que le veo \u00e1 Vd. \u00e1 punto de encender su pipa, voy \u00e1 tomarme la libertad de hacer otro tanto.<\/p>\n<p>Dicho esto, llen\u00f3, en efecto, su pipa y la encendi\u00f3.<\/p>\n<p>Durante un rato considerable aquellos dos hombres se quedaron silenciosos, sentados con la mayor calma, ya vi\u00e9ndose \u00e1 la cara mutuamente, ya arreglando su tabaco, ya inclin\u00e1ndose hacia adelante para escupir.<\/p>\n<p>\u2014Veamos pues, resumi\u00f3 Silver; he aqu\u00ed las cosas sin rodeos: Vds. nos dan ese mapa para encontrar con \u00e9l el tesoro y cesan ya de fusilar \u00e1 pobrecillos marineros, y de calentarse la cabeza aun en medio del sue\u00f1o. Vds. hacen esto y nosotros, en cambio, les damos \u00e1 escoger una de dos cosas: \u00f3 vienen Vds. \u00e1 bordo con nosotros, una vez que el tesoro haya sido embarcado, y en ese caso les doy \u00e1 Vds. bajo mi verdadera palabra de honor un <em>afilavis (affidavit<\/em> quer\u00eda decir) de que en una costa habitada y segura los desembarcar\u00e9 sanos y salvos; \u00f3 si esto no les conviniera mucho por ser medio salvajes algunos de mis hombres, \u00f3 por tener recelo de despertar antiguos rencores, entonces \u00a1qu\u00e9 demonio! pueden Vds. estarse aqu\u00ed, \u00a1s\u00ed se\u00f1ores! Dividimos las provisiones de boca con Vds. \u00e1 lo legal y justo, en proporci\u00f3n de lo que nos toque, \u00e1 tanto por cabeza y, lo mismo que en el caso anterior, les doy mi <em>afilavis<\/em> de que al primer buque que encontremos lo mando ac\u00e1 para recogerlos. No dir\u00e1 Vd. que esto es pura charla: la verdad es que Vds. no pueden esperar nada mejor que lo que yo propongo. Espero pues (y al decir esto levant\u00f3 la voz considerablemente) que toda la tripulaci\u00f3n\u2014vamos al decir\u2014que toda la tripulaci\u00f3n de este reducto, considerar\u00e1 bien mis palabras, porque lo que he hablado para uno, hablado est\u00e1 para todos.<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n Smollet se puso en pie, sac\u00f3 las cenizas del fondo de su pipa sacudi\u00e9ndola sobre la palma de la mano y luego con toda su calma anterior interrog\u00f3 as\u00ed \u00e1 Silver:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs eso todo?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1S\u00ed, por vida del infierno, esa es mi \u00faltima palabra! Rehuse Vd. eso y no volver\u00e1n \u00e1 oir Vds. de m\u00ed m\u00e1s que el zumbido de las balas de mis mosquetes.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 muy bien, dijo el Capit\u00e1n. Pues ahora \u00f3igame Vd. \u00e1 m\u00ed. Si vienen Vds. \u00e1 presentarse aqu\u00ed, de uno en uno y desarmados, me comprometo \u00e1 ponerlos \u00e1 todos con grillos y esposas y llevarlos para que tengan un proceso en regla, hasta Inglaterra. Si mi proposici\u00f3n no le conviene \u00e1 Vd., me llamo Alejandro Smollet, la bandera de mi Soberano est\u00e1 enarbolada sobre esta casa y prometo enviarle \u00e1 Vd. y \u00e1 todos los suyos \u00e1 los apretados infiernos. Vds. no pueden hallar ni hallar\u00e1n ning\u00fan tesoro. Vds. no pueden navegar con esa goleta. Vds. no pueden batirnos. Gray, solo, pudo salir f\u00e1cilmente de entre las manos de cinco de los suyos. Su nav\u00edo est\u00e1 como encadenado, Maese Silver; Vds. est\u00e1n como varados en una playa de sotavento y muy pronto se convencer\u00e1 Vd. de ello. Yo, pues, me quedo aqu\u00ed, despu\u00e9s de decirle lo que le he dicho, que es, por cierto, lo \u00faltimo que me oir\u00e1 Vd. de buenas palabras, porque \u00a1por vida del diablo! la primera vez que vuelva \u00e1 encontrar \u00e1 Vd., Maese Silver, le meto una bala en la cabeza, como tres y dos son cinco. Pase Vd. de all\u00ed. S\u00e1lgase en el acto de este lugar, mano sobre mano, y desp\u00e1chese pronto.<\/p>\n<p>Silver era, en aquel momento, la estampa de la ira. Los ojos parec\u00edan sal\u00edrsele de las \u00f3rbitas, de indignaci\u00f3n. Sacudi\u00f3 el tabaco fuera de la pipa y luego grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9me Vd. la mano para levantarme!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No por cierto!, replic\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n de Vds. quiere darme la mano?, aull\u00f3 dirigi\u00e9ndose \u00e1 nosotros.<\/p>\n<p>Ninguno en nuestras filas se movi\u00f3 siquiera. Vomitando entonces las m\u00e1s horribles blasfemias, se arrastr\u00f3 sobre la arena hasta que tuvo \u00e1 su alcance una de las pilastras del portal\u00f3n de la cual se asi\u00f3, y ya entonces pudo enderezarse y ponerse en pie con su muleta. Camin\u00f3 en seguida, y con una acci\u00f3n despreciativa \u00e9 insultante, bram\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eso valen Vds.! Antes de que se haya pasado una hora, ya los pondr\u00e9 \u00e1 Vds. \u00e1 hervir como ponche encendido, en su estacada. R\u00edan Vds., r\u00edanse, \u00a1con mil diablos!, antes de una hora ya podr\u00e1n reir en el infierno, y para ese tiempo los que se hayan muerto podr\u00e1n llamarse los m\u00e1s afortunados.<\/p>\n<p>Con un nuevo y terrible juramento se alej\u00f3 cojeando, se\u00f1al\u00f3 \u00e1 su paso la arena en que iba enterr\u00e1ndose, trep\u00f3 sobre la estacada con ayuda del hombre de la bandera, no sin fallar sus esfuerzos tres \u00f3 cuatro veces, y un instante despu\u00e9s desapareci\u00f3 entre los \u00e1rboles.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXI. EL ATAQUE<\/h2>\n<p>NO bien hubo desaparecido Silver, el Capit\u00e1n que le hab\u00eda seguido escrupulosamente con la mirada, se volvi\u00f3 hacia el interior del reducto, y con excepci\u00f3n de Gray no encontr\u00f3 \u00e1 ninguno de todos nosotros en su sitio. Fu\u00e9 aquella la primera vez que le v\u00ed verdaderamente enojado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00c1 sus puestos!, grit\u00f3.<\/p>\n<p>Y cuando ya todos ganamos humildemente nuestras posiciones, prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Gray!, tendr\u00e1s hoy una menci\u00f3n honor\u00edfica en el diario de \u00e1 bordo: has cumplido con tu deber como un buen marino. Sr. de Trelawney, me sorprende la conducta de Vd. Doctor, yo cre\u00ed que alguna vez hab\u00eda Vd. llevado encima el uniforme del Rey, \u00bfes as\u00ed como serv\u00eda Vd. en Fontenoy, se\u00f1or? Si era as\u00ed, mejor hubiera Vd. hecho en quedarse en su casa.<\/p>\n<p>Los centinelas mandados por el Doctor estaban ya todos en sus troneras; los dem\u00e1s hombres se ocupaban de cargar las armas, todos con la cara bien encendida, puede cre\u00e9rseme, y, como dice el adagio ingl\u00e9s: \u201c<em>con una pulga en su o\u00eddo<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n vi\u00f3 \u00e1 todos en silencio por alg\u00fan rato y en seguida habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Amigos m\u00edos, acabo de descargar sobre Silver una verdadera andanada. Le he puesto, de prop\u00f3sito, en punto de brea hirviendo y as\u00ed es que, como ya nos lo ha anunciado \u00e9l mismo, antes de que trascurra una hora, tendremos que sufrir el abordaje. Son m\u00e1s que nosotros, no necesito recordarlo, pero nosotros peleamos \u00e1 cubierto: un minuto hace que tal vez habr\u00eda yo a\u00f1adido \u201cy con disciplina.\u201d No cabe duda, por lo mismo, de que podemos darles una buena sacudida si Vds. gustan.<\/p>\n<p>Dicho esto recorri\u00f3 las filas para cerciorarse de que todo estaba listo y en orden.<\/p>\n<p>En los dos costados m\u00e1s angostos, \u00f3 sea en las cabeceras de la caba\u00f1a, que ve\u00edan al Este y al Oeste, no hab\u00eda m\u00e1s que dos troneras; en el lado Sur que era en el que estaba el portal\u00f3n, no hab\u00eda tambi\u00e9n m\u00e1s que dos, y cinco en el muro del lado Norte. Ten\u00edamos por todo, unos veinte mosquetes para siete que \u00e9ramos. La le\u00f1a hab\u00eda sido arreglada en cuatro pilas,\u2014llam\u00e9mosles <em>mesas<\/em>\u2014una hacia el medio de cada uno de los lados, y sobre cada una de esas <em>mesas<\/em>, se colocaron cuatro mosquetes bien cargados, listos para que los defensores del reducto los tuvieran \u00e1 la mano. En el centro los sables todos estaban alineados en orden.<\/p>\n<p>\u2014Ap\u00e1guese el fuego, dijo el Capit\u00e1n. El fr\u00edo ha pasado ya y no es conveniente que tengamos humo en los ojos.<\/p>\n<p>El cesto de hierro con sus le\u00f1os encendidos fu\u00e9 sacado por el Sr. Trelawney en persona, fuera de la caba\u00f1a, y las brasas se apagaron con arena.<\/p>\n<p>\u2014Hawkins no ha almorzado todav\u00eda, continu\u00f3 el Capit\u00e1n. Vamos, chico, desp\u00e1chate por tu mano y vu\u00e9lvete \u00e1 tu puesto \u00e1 comer. Vivo, vivo, muchacho; podr\u00eda ser que lo necesitaras antes de poder hacerlo. T\u00fa, Hunter, sirve \u00e1 todos un buen vaso de <em>cognac<\/em>.<\/p>\n<p>Mientras esto se hac\u00eda, el Capit\u00e1n completaba en su imaginaci\u00f3n el plan de defensa.<\/p>\n<p>\u2014Doctor, Vd. se situar\u00e1 en la puerta, continu\u00f3. Cuidado con exponerse; mant\u00e9ngase Vd. \u00e1 cubierto y haga fuego \u00e1 trav\u00e9s del portal\u00f3n. Hunter, t\u00fa te sit\u00faas en el costado oriental, \u00a1all\u00ed!, Joyce, t\u00fa al otro lado, al Oeste. Sr. de Trelawney, \u00e1 Vd. que es el de mejor punter\u00eda, se le encomienda, ayudado de Gray, la defensa de este largo costado del Norte que tiene cinco troneras. Si alg\u00fan peligro corremos, ese peligro est\u00e1 en ese punto. Si ellos lograran subir hasta aqu\u00ed y hacer fuego hacia adentro del reducto, por nuestras propias troneras, las cosas se empezar\u00edan \u00e1 poner entonces de color de hormiga. Hawkins, ni t\u00fa ni yo somos muy h\u00e1biles, seg\u00fan creo, para hacer punter\u00eda; nosotros, pues, permaneceremos al lado de los tiradores ocupados en cargas las armas.<\/p>\n<p>Como el Capit\u00e1n lo dijo, el fr\u00edo hab\u00eda ya pasado. Tan pronto como el sol hab\u00eda dejado pasar sus rayos por sobre las copas de los \u00e1rboles hasta nosotros, se dej\u00f3 sentir con toda su fuerza sobre las partes no sombreadas y disip\u00f3 en un instante la bruma del pantano. Muy pronto la arena estaba ya abras\u00e1ndose y la resina de los abetos comenzaba \u00e1 derretirse en los muros del reducto. Colgamos \u00e1 un lado sacos y jubones, las camisas se abrieron por las pecheras descubriendo nuestros cuellos casi hasta los hombros y ya en esa actitud, cada uno estuvo de pie firme, arma al brazo, en su puesto, con la doble fiebre del calor y de la m\u00e1s ansiosa expectativa.<\/p>\n<p>As\u00ed se pas\u00f3 m\u00e1s de una hora.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mal rayo los parta! dijo el Capit\u00e1n. Esto s\u00ed que es tan pesado como una <em>calma-chicha<\/em>. Gray, s\u00edlbale al viento.<\/p>\n<p>Como si alguien hubiera o\u00eddo los votos del Capit\u00e1n, en aquel mismo instante nos lleg\u00f3 la primera noticia del ataque.<\/p>\n<p>\u2014Dispense Vd. Capit\u00e1n, dijo Joyce; si descubro \u00e1 alguno, \u00bfdebo hacer fuego?<\/p>\n<p>\u2014Ya lo he dicho antes, contest\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Mil gracias, se\u00f1or, contest\u00f3 Joyce con la misma y tranquila cortes\u00eda.<\/p>\n<p>Por algunos momentos nada sucedi\u00f3, pero aquel corto di\u00e1logo nos hab\u00eda puesto \u00e1 todos alerta, concentrando toda nuestra vida en los o\u00eddos y los ojos. Los tiradores segu\u00edan con sus mosquetes en las manos; el Capit\u00e1n en el centro del reducto con los labios muy apretados y con el ce\u00f1o fruncido.<\/p>\n<p>As\u00ed trascurrieron unos segundos m\u00e1s hasta que de repente o\u00edmos \u00e1 Joyce preparar su arma y disparar acto continuo. Todav\u00eda no se apagaba el eco de su detonaci\u00f3n, cuando ya lo o\u00edmos repetido por disparos que part\u00edan de afuera, uno tras de otro, en una descarga nutrida, sobre cada uno de los cuatro costados del reducto. Varias balas dieron contra los postes de los muros, pero ninguna penetr\u00f3 adentro. Cuando el humo se hubo disipado, la estacada y el bosque que la circunda aparec\u00edan tan quietos y desocupados como antes: ni una rama se mov\u00eda; ni el brillo del ca\u00f1\u00f3n de un s\u00f3lo mosquete denunciaba la presencia de nuestros adversarios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLe acertaste \u00e1 tu hombre?, pregunt\u00f3 el Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014No se\u00f1or, replic\u00f3 Joyce, me parece que no.<\/p>\n<p>\u2014Pues pod\u00eda hacerse algo mejor que eso, \u00e1 decir verdad, refunfu\u00f1\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet. Hawkins, carga otra vez ese mosquete. \u00bfCu\u00e1ntos cree Vd. que hab\u00eda del lado de Vd., Doctor?<\/p>\n<p>\u2014Puedo decirlo con toda precisi\u00f3n: tres disparos se hicieron de este lado. He visto las tres llamaradas, dos de ellas muy juntas, y la otra m\u00e1s lejana, hacia el Poniente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tres! dijo el Capit\u00e1n. \u00bfY cu\u00e1ntas por el lado de Vd. Sr. de Trelawney?<\/p>\n<p>Esta pregunta no fu\u00e9 contestada con tanta exactitud. Seg\u00fan el Caballero, los disparos hechos sobre el costado Norte eran unos siete, y ocho \u00f3 nueve seg\u00fan el c\u00f3mputo de Gray. De los lados Este y Oeste s\u00f3lo un tiro hab\u00eda partido. Era, pues, indudable, que el ataque iba \u00e1 verificarse sobre el lado Norte, y que en los tres costados restantes solamente se nos iba \u00e1 molestar con un aparato de hostilidades. Sin embargo, el Capit\u00e1n Smollet no hizo el menor cambio \u00e1 sus disposiciones anteriores. Si los sublevados logran salvar la empalizada y posesionarse de algunas de nuestras troneras no ocupadas, de seguro que nos van \u00e1 fusilar impunemente como \u00e1 ratas, dentro de nuestra misma fortaleza.<\/p>\n<p>Pero no se nos di\u00f3 mucho tiempo para deliberaciones. Repentinamente con un fuerte grito de <em>\u00a1Arriba!<\/em> una peque\u00f1a nube de piratas salt\u00f3 de entre los \u00e1rboles, en el lado Norte y se precipit\u00f3 directamente sobre la estacada. En el mismo instante los tiradores ocultos en el bosque abrieron el fuego nuevamente y una bala de rifle silb\u00f3 \u00e1 trav\u00e9s de la puerta y, golpeando sobre el mosquete del Doctor, se lo hizo literalmente a\u00f1icos.<\/p>\n<p>Los asaltantes se encaramaron sobre la empalizada como monos: el Caballero y Gray hicieron fuego una y otra y otra vez, y tres hombres de aquellos cayeron, uno, dentro del recinto de la empalizada, y dos hacia fuera, aunque de estos \u00faltimos uno parece que estaba m\u00e1s azorado que herido, porque no tard\u00f3 casi nada en ponerse en pie y desaparecer en un abrir y cerrar de ojos entre los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Dos, pues, hab\u00edan mordido el polvo, uno hab\u00eda hu\u00eddo y cuatro hab\u00edan ya logrado entrar de pie firme en el recinto de nuestra defensa, mientras que, al abrigo de los \u00e1rboles siete \u00fa ocho hombres, cada uno de los cuales ten\u00eda evidentemente un surtido de varios mosquetes, manten\u00edan un fuego vivo y nutrido, aunque sin el menor resultado, contra los muros de nuestro reducto.<\/p>\n<p>Los cuatro que se hab\u00edan arriesgado al asalto se lanzaron derechos sobre el edificio, anim\u00e1ndose mutuamente con gritos, y sinti\u00e9ndose alentados por los <em>hurras<\/em> de los tiradores del bosque. Se hizo fuego sobre ellos varias veces, pero se mov\u00edan con tal rapidez y era tal la prisa de nuestros tiradores que no se logr\u00f3 que ninguna de sus balas diera en el blanco. En un momento los cuatro piratas hab\u00edan trepado el declive de la loma y estaba ya sobre nosotros.<\/p>\n<p>La cabeza de Job Anderson apareci\u00f3 en la tronera del centro gritando con una voz de trueno:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Todos \u00e1 ellos! \u00a1todos \u00e1 ellos!<\/p>\n<p>Al mismo instante otro pirata logr\u00f3 apoderarse del mosquete de Hunter cogi\u00e9ndoselo violentamente por el ca\u00f1\u00f3n y descarg\u00f3 sobre aquel leal un golpe tan tremendo que lo hizo rodar en tierra sin sentido. Entre tanto, un tercero corri\u00f3 sano y salvo en torno de la casa y apareci\u00f3 s\u00fabitamente en la puerta cayendo sobre el Doctor, cuchillo en mano.<\/p>\n<p>Nuestra posici\u00f3n hab\u00eda cambiado por completo. Un momento antes pele\u00e1bamos nosotros \u00e1 cubierto y el enemigo \u00e1 campo raso; ahora nosotros \u00e9ramos los descubiertos \u00e9 imposibilitados para volver golpe por golpe.<\/p>\n<p>El interior del reducto estaba lleno de humo \u00e1 cuya circunstancia debimos, en parte, nuestra salvaci\u00f3n relativa. Gritos, confusi\u00f3n, rel\u00e1mpagos de armas de fuego, detonaciones y un gemido muy prolongado y perceptible, todo esto repicaba de una manera atronadora en mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>\u00a1Afuera, muchachos, afuera!, grit\u00f3 el Capit\u00e1n. \u00a1\u00c1 pelear al descubierto y mano al arma blanca!<\/p>\n<p>Yo arrebat\u00e9 una cuchilla de las del centro y alguno que al mismo tiempo se apoderaba de otra me infiri\u00f3 una cortada en los nudillos de la mano, que casi ni sent\u00ed. Me lanc\u00e9 hacia la puerta, saliendo \u00e1 la luz del sol. Alguien, no s\u00e9 quien, ven\u00eda detr\u00e1s de m\u00ed. Frente \u00e1 m\u00ed el Doctor persegu\u00eda \u00e1 su asaltante ladera abajo y precisamente en el momento en que mis ojos tropezaban con el grupo, el Doctor dejaba caer sobre su enemigo un tajo soberbio que lo tir\u00f3 en tierra revolc\u00e1ndose, con una cuchillada que le divid\u00eda toda la cara.<\/p>\n<p>\u00a1Rodear la casa, muchachos, rodear la casa!, gritaba el Capit\u00e1n. Al oirle aquel grito not\u00e9, \u00e1 pesar de la barahunda general, que en su voz hab\u00eda un cambio muy notable.<\/p>\n<p>Obedec\u00ed como un aut\u00f3mata volteando hacia el costado Este, con mi cuchilla levantada. Pero al dar vuelta \u00e1 la esquina del reducto, me encontr\u00e9 frente \u00e1 frente con Anderson. Aquel hombre rug\u00eda como una fiera y su marrazo se alz\u00f3 sobre su cabeza brillando la hoja en el aire al rayo del sol. No tuve tiempo para sentir miedo: aquel hombre a\u00fan no descargaba su mandoble sobre m\u00ed, cuando yo resbal\u00e9 instant\u00e1neamente en el declive y, perdiendo la pisada sobre la arena, rod\u00e9 cuan largo era por la bajada.<\/p>\n<p>Cuando al abandonar el interior de la caba\u00f1a por orden del Capit\u00e1n aparec\u00ed en la puerta, v\u00ed que las reservas de los amotinados estaban ya tratando de salvar la empalizada para acabar de dar buena cuenta de nosotros. Un marinero que ostentaba una gorra encarnada y que se hab\u00eda puesto la cuchilla entre los dientes, hab\u00eda ya logrado trepar y ten\u00eda una pierna dentro del recinto de la estacada y otra afuera. Ahora bien, mi ca\u00edda fu\u00e9 tan r\u00e1pida que cuando me puse de nuevo en pie todo estaba a\u00fan en la misma posici\u00f3n; el hombre del gorro encarnado, todav\u00eda mitad adentro y mitad afuera, y otro dejaba asomar la cabeza en aquel mismo instante por sobre las extremidades de los postes. Pero r\u00e1pido como hab\u00eda sido ese momento, en \u00e9l, sin embargo, se hab\u00eda decidido la victoria en nuestro favor.<\/p>\n<p>Gray, que segu\u00eda \u00e1 tres pasos mi carrera, hab\u00eda derribado al gran contramaestre en tierra antes de que hubiera tenido tiempo de recobrarse por haber fallado su golpe sobre m\u00ed. Otro de ellos hab\u00eda recibido un tiro mortal en el momento mismo en que iba \u00e1 hacer fuego por una de las troneras, y estaba all\u00ed, agonizando, con la pistola todav\u00eda humeante entre sus manos. El Doctor, seg\u00fan pude notar, hab\u00eda dado buena cuenta de un tercero con un tajo magn\u00edfico. De los cuatro que hab\u00edan escalado la empalizada, uno solo quedaba intacto y este, que hab\u00eda dejado escapar su cuchilla en la refriega, ya iba en aquel momento saltando de nuevo sobre la empalizada para ponerse \u00e1 cubierto de la muerte que se cern\u00eda sobre su cabeza.<\/p>\n<p>\u00a1Fuego desde adentro!, grit\u00f3 el Capit\u00e1n. \u00a1Y Vds. muchachos, al reducto de nuevo!<\/p>\n<p>Pero su orden ya no tuvo efecto: ning\u00fan disparo parti\u00f3 de las troneras y el \u00faltimo de los asaltantes pudo escapar sano y salvo y desaparecer con todos los dem\u00e1s en el bosque. En tres segundos no quedaban ya m\u00e1s trazas de los asaltantes que los cinco de ellos que hab\u00edan ca\u00eddo en la refriega, de los cuales, cuatro yac\u00edan dentro y el quinto fuera del recinto de la estacada.<\/p>\n<p>El Doctor, Gray y yo corrimos con todas nuestras fuerzas para ponernos al abrigo, pues era probable que los asaltantes volvieran pronto del lugar en que hab\u00edan dejado sus mosquetes y abrieran una vez m\u00e1s el fuego sobre nosotros.<\/p>\n<p>Nuestra casa, \u00e1 la saz\u00f3n, estaba ya bastante despejada del humo y pudimos ver, \u00e1 la primera ojeada, el precio \u00e1 que hab\u00edamos comprado la victoria. Hunter yac\u00eda sin sentido al pie de su tronera. Joyce, cerca de \u00e9l, con una bala en el cerebro, yac\u00eda tambi\u00e9n para no volver \u00e1 moverse nunca, y en el medio del recinto el Caballero estaba sosteniendo al Capit\u00e1n, tan p\u00e1lido el uno como el otro.<\/p>\n<p>\u2014El Capit\u00e1n est\u00e1 herido, dijo el Sr. de Trelawney.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHan corrido esos?, pregunt\u00f3 el Capit\u00e1n Smollet.<\/p>\n<p>\u2014Piernas les faltaban, contest\u00f3 el Doctor. Pero all\u00ed est\u00e1n cinco de ellos que no volver\u00e1n \u00e1 correr m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCinco?, exclam\u00f3 el Capit\u00e1n. \u00a1Tanto mejor, vamos! Cinco de ellos y tres de nosotros; eso nos deja nueve contra cuatro. Eso es ya mucho menos desproporcionado que en un principio. Entonces \u00e9ramos siete para diez y nueve; al menos as\u00ed lo cre\u00edamos, lo cual es casi tan malo como serlo en realidad.<\/p>\n<p>Los sublevados no fueron ya muy pronto sino ocho, pues el hombre herido por el Caballero, \u00e1 bordo del buque, con su disparo hecho desde el seren\u00ed, muri\u00f3 aquella misma noche \u00e1 causa de sus lesiones. Esto, sin embargo, no se supo en nuestro reducto sino despu\u00e9s.<\/p>\n<h1>PARTE V. MI AVENTURA DE MAR<\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXII. DE CUAL FU\u00c9 EL PRINCIPIO DE MI AVENTURA<\/h2>\n<p>LOS sublevados no volvieron ya; ni siquiera un disparo m\u00e1s volvi\u00f3 \u00e1 salir de entre los \u00e1rboles. Ya hab\u00edan recibido <em>su raci\u00f3n<\/em> por aquel d\u00eda, seg\u00fan la frase del Capit\u00e1n y qued\u00e1bamos, por tanto, en posesi\u00f3n de nuestro reducto, con tiempo para cuidar y trasladar los heridos, y para hacer la comida. El Caballero y yo pusimos nuestra cocina afuera \u00e1 pesar del peligro que corr\u00edamos, pero aun all\u00ed pod\u00edamos dif\u00edcilmente atender \u00e1 lo que tra\u00edamos entre manos \u00e1 causa de los quejidos y lamentos que nos llegaban de los pacientes del Doctor.<\/p>\n<p>De ocho personas que hab\u00edan ca\u00eddo durante la batalla, solo tres respiraban a\u00fan: el pirata que fu\u00e9 herido junto \u00e1 la tronera, Hunter y el Capit\u00e1n Smollet; y aun de estos, los primeros eran poco menos que muertos. El sublevado muri\u00f3, en efecto, bajo el bistur\u00ed del Doctor y en cuanto \u00e1 Hunter por m\u00e1s esfuerzos que se hicieron para volverlo \u00e1 sus sentidos, no tuvo ya conciencia de s\u00ed mismo en este mundo: agoniz\u00f3 todo el d\u00eda, respirando fuerte y penosamente como el viejo filibustero cuando yac\u00eda v\u00edctima de aquel terrible ataque apopl\u00e9tico; pero los huesos del pecho hab\u00edan sido despedazados por el golpe y el cr\u00e1neo se hab\u00eda fracturado con la ca\u00edda, por lo cual, al llegar la noche, sin voz ni estremecimiento alguno entreg\u00f3 el alma \u00e1 su Hacedor.<\/p>\n<p>Las heridas del Capit\u00e1n eran graves, en verdad, pero no fatales. No hab\u00eda \u00f3rgano alguno interesado con lesi\u00f3n mortal. La bala de \u00c1nderson, que fu\u00e9 la que primero le hiri\u00f3, hab\u00eda roto la parte superior del hombro y tocado ligeramente uno de los pulmones. La segunda bala le hab\u00eda nada m\u00e1s atravesado la pantorrilla rasg\u00e1ndole y disloc\u00e1ndole algunos m\u00fasculos. Su restablecimiento era seguro, al decir del Doctor, pero entre tanto y por el espacio de semanas enteras, no deber\u00eda ni andar ni mover su brazo, y aun de hablar deb\u00eda abstenerse hasta donde le fuera posible.<\/p>\n<p>Mi cortada accidental en los nudillos era un rasgu\u00f1o insignificante; el Doctor me cur\u00f3 poni\u00e9ndome algunas tiras de tela empl\u00e1stica y me di\u00f3 un tir\u00f3n de orejas por haber salido tan bien librado.<\/p>\n<p>Cuando terminamos nuestra comida, el Caballero y el Doctor se sentaron en consulta al lado del Capit\u00e1n, y cuando ya hab\u00edan hablado cuanto ten\u00edan que decir, y siendo, \u00e1 la saz\u00f3n, cerca de medio d\u00eda, el Doctor tom\u00f3 su sombrero, se puso al cinto sus pistolas, deposit\u00f3 en su bolsa de pecho la carta del Capit\u00e1n Flint, y poni\u00e9ndose un mosquete al hombro y un sable \u00e1 la cintura, cruz\u00f3 la empalizada por el lado Norte y se aventur\u00f3 vigorosamente en medio de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Gray y yo est\u00e1bamos sentados juntos en el extremo opuesto del reducto, de manera de estar fuera del alcance de la conversaci\u00f3n de nuestros superiores en consulta. Gray retir\u00f3 la pipa de sus labios y no volvi\u00f3 \u00e1 acordarse de llevarla \u00e1 ellos nuevamente: tanto as\u00ed lo dejaba at\u00f3nito lo que ve\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a1Por vida del demonio!, exclam\u00f3, \u00bfse ha vuelto loco el Doctor Livesey?<\/p>\n<p>\u2014No, \u00e1 lo que creo, le respond\u00ed. Me parece que de todos nosotros es \u00e9l el menos expuesto \u00e1 ese accidente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00e1spita, chico, pues si no lo est\u00e1 \u00e9l, oye bien lo que te digo, debo estarlo yo!<\/p>\n<p>\u2014Es posible, le repliqu\u00e9. El Doctor tiene su idea y, si no me equivoco, creo que va ahora \u00e1 buscar \u00e1 Ben Gunn.<\/p>\n<p>Los sucesos demostraron que estaba yo en lo justo y racional. Pero entre tanto, como el reducto aquel estaba caliente como un horno y la arena de afuera ardiente como una brasa, con el sol de mediod\u00eda, comenz\u00f3 \u00e1 bullir en mi cabeza una idea de la cual no pod\u00eda decirse como de la otra que era racional ni justa. Lo que me pas\u00f3 fu\u00e9 que empec\u00e9 \u00e1 envidiar al Doctor marchando \u00e1 la fresca sombra de los \u00e1rboles, rodeado de p\u00e1jaros y aspirando el fresco olor de los pinos; mientras yo estaba all\u00ed, as\u00e1ndome, con la espalda pegada \u00e1 aquellos maderos que saturaban mi traje con su resina \u00e1 medio fundir, rodeado de sangre por todas partes, en medio de tantos cad\u00e1veres tendidos \u00e1 mi alrededor, y tanto pens\u00e9 en ello que acab\u00e9 por sentir hacia aquel lugar un disgusto que era casi tan fuerte como el miedo mismo.<\/p>\n<p>Todo el rato que estuve ocupado lavando el interior del reducto y en seguida aseando los trastos para la comida, ese disgusto y esa envidia continuaron acentu\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s en mi \u00e1nimo hasta que, por \u00faltimo, encontr\u00e1ndome \u00e1 mano una canasta de pan, y no habiendo en aquel instante nadie que me observara, me llen\u00e9 de bizcochos todas las faltriqueras y d\u00ed con eso el primer paso en la v\u00eda de mi escapada.<\/p>\n<p>Era yo un buen tonto, si se quiere, y ciertamente lo que yo iba \u00e1 hacer no pod\u00eda calificarse sino como una locura y un acto temerario, pero yo estaba bien determinado \u00e1 llevarlo \u00e1 cabo, con todas las precauciones que me era dable tomar. Aquellos bizcochos, caso de que algo me sucediera, podr\u00edan alimentarme, por lo menos, hasta el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de los bizcochos, la pr\u00f3xima cosa de que me apoder\u00e9 fu\u00e9 un par de pistolas, y como yo ten\u00eda ya de antemano un polvor\u00edn y balas, me sent\u00ed suficientemente provisto de armas.<\/p>\n<p>Por lo que hace al proyecto en s\u00ed, tal como estaba en mi cabeza, me parece que no era del todo malo: iba \u00e1 buscar, en la divisi\u00f3n arenosa existente entre el fondeadero y el mar abierto, la <em>Pe\u00f1a blanca<\/em> que hab\u00eda visto la v\u00edspera, y cerciorarme si era ella \u00f3 no la que escond\u00eda el bote de Ben Gunn; cosa bien digna de ejecutarse, seg\u00fan todav\u00eda hoy me parece. Pero teniendo como ten\u00eda la seguridad de que no se me permitiera abandonar el recinto de la estacada, mi plan se redujo \u00e1 despedirme \u00e1 la francesa y deslizarme afuera cuando nadie pudiera verme, lo cual era en s\u00ed tan malo, que bastaba para hacer todo mi pensamiento reprensible. Pero yo no era m\u00e1s que un muchacho y mi resoluci\u00f3n estaba perfectamente tomada.<\/p>\n<p>Ahora bien, las cosas se me presentaron, al cabo, de tal manera, que encontr\u00e9 una oportunidad admirable para mi objeto. El Caballero y Gray estaban muy entretenidos arreglando los vendajes del Capit\u00e1n, la costa estaba libre, me lanc\u00e9 \u00e1gilmente sobre la estacada, me intern\u00e9 en la espesura de los \u00e1rboles y antes de que mi ausencia pudiera ser notada, ya estaba yo fuera del alcance de la voz de mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Esta era ya mi segunda locura, mucho peor que la primera, supuesto que no dejaba en la casa sino dos hombres sanos y salvos para custodiarla, pero, como la primera, esta segunda calaverada contribuy\u00f3 \u00e1 salvarnos \u00e1 todos nosotros.<\/p>\n<p>Hice rumbo derecho hacia la costa oriental de la isla, pues mi resoluci\u00f3n era ir \u00e1 la punta por el lado que daba al mar, para evitarme toda probabilidad de ser observado desde el fondeadero. La tarde estaba ya bastante adelantada, pero todav\u00eda brillaba el sol y no era poco el calor que se hac\u00eda sentir a\u00fan. Mientras prosegu\u00eda mi marcha, cortando el alto y espeso bosque, escuchaba all\u00e1 \u00e1 lo lejos, delante de m\u00ed, no s\u00f3lo el trueno continuo de la marejada, sino cierto frotamiento de hojas y crujidos de ramas que me demostraban que la brisa del mar se hab\u00eda desatado m\u00e1s fuerte que de ordinario. Muy pronto, bocanadas de aire fresco comenzaron \u00e1 llegar hasta m\u00ed y \u00e1 pocos pasos me encontr\u00e9 ya en los bordes abiertos del boscaje y pude ver el mar azul y lleno de sol, reverberando desde la orilla hasta el l\u00edmite lejano del horizonte, mientras sus oleadas murmuraban, recortando sus caprichosas siluetas de espuma \u00e1 lo largo de la playa.<\/p>\n<p>Nunca he visto el mar tranquilo en todo el derredor de la Isla del Tesoro. El sol puede lanzar desde arriba cuanto calor le sea posible; puede muy bien la atm\u00f3sfera estar sin una sola r\u00e1faga de viento, y la superficie lejana de las aguas tersa y azul; esto no impedir\u00e1 jam\u00e1s que aquellas grandes moles de agua espumante rueden \u00e1 lo largo de toda la costa tronando siempre, tronando de d\u00eda y de noche, de tal suerte que apenas habr\u00e1 lugar alguno en la isla entera en donde se pueda uno libertar de oir aquel rumor eterno.<\/p>\n<p>Yo segu\u00ed entonces el borde de la playa, marchando junto \u00e1 la rompiente, con gran deleite m\u00edo, hasta que, juzg\u00e1ndome ya bastante lejos hacia el Sur, me intern\u00e9 de nuevo en la espesura del bosque y me fu\u00ed serpeando cautelosamente hacia la parte elevada de la punta, t\u00e9rmino de mi viaje.<\/p>\n<p>\u00c1 mi espalda estaba el mar y al frente el fondeadero. La brisa de la mar, como si hubiera gastado toda su fuerza en el soplo violento de hac\u00eda un rato, hab\u00eda cesado ya, y le suced\u00edan ahora suaves corrientes de aire cuya direcci\u00f3n variaba del Sur al Sudeste, arrastrando grandes masas de niebla. El ancladero, \u00e1 sotavento de la Isla del Esqueleto, segu\u00eda terso y plomizo como cuando penetramos \u00e1 \u00e9l la ma\u00f1ana del d\u00eda anterior. <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se reproduc\u00eda toda entera en aquel tranquilo espejo, retratando su casco, desde la l\u00ednea de flotaci\u00f3n, hasta los topes de los m\u00e1stiles en que flotaba la bandera de los piratas.<\/p>\n<p>\u00c1 uno de los costados se ve\u00eda yaciendo uno de los esquifes y Silver aparec\u00eda junto \u00e1 una de las velas de popa. Al hombre aquel siempre me era f\u00e1cil reconocerlo. Dos de los sublevados aparec\u00edan recargados en la balaustra; uno de ellos era el mismo hombre de la gorra encarnada que pocas horas antes hab\u00eda yo visto \u00e1 horcajadas sobre la empalizada. Al parecer no hac\u00edan m\u00e1s que hablar y reir, aun cuando \u00e1 la distancia \u00e1 que yo me encontraba de ellos\u2014algo m\u00e1s de una milla\u2014no pod\u00eda llegarme, por supuesto, ni una sola palabra de lo que conversaban. En aquel instante comenz\u00f3 de repente el m\u00e1s horrendo \u00e9 indescriptible rumor de alaridos que de pronto me alarmaron bastante, aunque luego reconoc\u00ed, por fortuna, la voz de <em>Capit\u00e1n Flint<\/em> y aun me pareci\u00f3 distinguir al p\u00e1jaro mismo, con su brillante plumaje verde, saltar sobre el pu\u00f1o de su amo.<\/p>\n<p>Pocos momentos despu\u00e9s v\u00ed que el esquife se mov\u00eda empujado hacia la playa por el hombre de la gorra encarnada y su compa\u00f1ero que hab\u00edan descendido \u00e1 \u00e9l por la porta de popa.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que suced\u00eda esto el sol se ocultaba tras la cumbre del \u201cVig\u00eda,\u201d y como la niebla se amontonaba r\u00e1pidamente, todo comenzaba \u00e1 ponerse oscuro de veras. V\u00ed, en consecuencia, que no ten\u00eda tiempo que perder si es que deb\u00eda encontrar el bote aquella misma tarde.<\/p>\n<p>La <em>Pe\u00f1a blanca<\/em>, bastante visible sobre los arbustos, estaba todav\u00eda como \u00e1 un octavo de milla distante de m\u00ed, hacia la parte baja de la <em>punta<\/em>, y as\u00ed es que dilat\u00e9 a\u00fan un poquillo antes de llegar \u00e1 ella, teniendo, \u00e1 trechos, que marchar en cuatro pies entre las zarzas y retamas. Era ya casi de noche cuando puse mis manos sobre sus \u00e1speros y escabrosos costados. Justamente abajo percib\u00ed un peque\u00f1o hueco de verde c\u00e9sped, oculto por montoncillos de tierra y un matorralillo de arbustos no m\u00e1s altos que la rodilla, que crec\u00edan all\u00ed abundantemente, y en el centro de la hondonada, no me cab\u00eda duda, se miraba una peque\u00f1a tienda hecha de pieles de cabra, como las que los gitanos tienen la costumbre de llevar consigo en Inglaterra.<\/p>\n<p>Me deslic\u00e9 adentro de la cuenca, levant\u00e9 uno de los lados de la tienda y all\u00ed, en efecto, estaba el bote de Ben Gunn, manufactura casera si alguna vez las hubo. Era \u00e9ste una tosca estructura de madera correosa, apenas desmochada, y extendida sobre ella una piel de cabra con el pelo hacia adentro. Aquel juguete era en extremo peque\u00f1o, hasta para m\u00ed, y puedo dif\u00edcilmente creer que hubiera podido sostenerse \u00e1 flote con un hombre de talla ordinaria. Ve\u00edase en \u00e9l un banco de remero tan bajo como era posible imaginarse, una especie de apoyo para los pies hacia la proa y unos dos canaletes \u00f3 remos para la propulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta aquel d\u00eda jam\u00e1s me hab\u00eda sido dable tener ante mis ojos uno de esos botes enteramente rudimentarios y primitivos usados por los antiguos pescadores bretones y aun parece que tambi\u00e9n por los egipcios, y que en la vieja Breta\u00f1a se llamaron <em>coracles<\/em>, pero en aquel momento ten\u00eda un verdadero <em>coracle<\/em> en mi presencia, y no me ser\u00e1 posible dar mejor idea de \u00e9l sino diciendo que era, sin duda alguna, igual al primero y m\u00e1s imperfecto aparato de flotaci\u00f3n que fabricara el hombre. Pero la verdad es que, con todos los defectos del <em>coracle<\/em>, ten\u00eda, como este, la gran ventaja de ser en extremo ligero y port\u00e1til.<\/p>\n<p>Ahora bien, se supondr\u00e1 que una vez que hube encontrado mi bote tuve ya con eso bastante para sentirme satisfecho de mi truhaner\u00eda por aquella vez; pero el caso es que, durante aquel tiempo, otra ocurrencia hab\u00eda venido \u00e1 herir mi imaginaci\u00f3n, y tanto me apasion\u00e9 de ella que se me figura la habr\u00eda llevado \u00e1 cabo en las barbas del mismo Capit\u00e1n Smollet. Esta ocurrencia fu\u00e9 la de aventurarme en aquel bote, protegido por la sombra de la noche, llegar suavemente hasta <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, cortar el cable de su ancla y dejarla echarse sobre la playa \u00e1 donde la llevara su buena \u00f3 mala ventura. Yo me hab\u00eda fijado en que, despu\u00e9s de la lecci\u00f3n que los rebeldes acababan de recibir aquel d\u00eda, probablemente no encontrar\u00edan cosa mejor que hacer que levar anclas y lanzarse con la goleta al mar. Pareci\u00f3me conveniente y grato de veras el impedirles llevar \u00e1 cabo tal resoluci\u00f3n y me afirm\u00e9 en la practicabilidad de mi pensamiento cuando v\u00ed como dejaban al guardi\u00e1n de la nave, encastillado en ella, sin un s\u00f3lo bote \u00e1 su disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9, pues, \u00e1 esperar que se hiciera bien densa la oscuridad y me puse, entretanto, \u00e1 comer con gran apetito algunos de mis bizcochos. Era aquella una noche, \u00fanica quiz\u00e1s, entre diez mil, para realizar mi prop\u00f3sito. La niebla hab\u00eda sepultado completamente el cielo y el horizonte. Conforme los \u00faltimos rayos del crep\u00fasculo desaparec\u00edan, la oscuridad m\u00e1s completa ca\u00eda sobre la Isla del Tesoro. As\u00ed es que, cuando conclu\u00ed por echarme \u00e1 cuestas el botecillo aquel y me encaram\u00e9 como Dios me ayud\u00f3 para salir de la hondonada en que acababa de cenar, no quedaban ya m\u00e1s que dos puntos visibles en todo el ancladero.<\/p>\n<p>Uno de ellos era la gran hoguera encendida en la playa, en torno de la cual los derrotados piratas se consolaban de su desastre en medio de una tremenda borrachera, \u00e1 orillas del juncal. El otro, que no era sino un reflejo de luz opaca rompiendo apenas las tinieblas, indicaba la posici\u00f3n del nav\u00edo al ancla. La bajamar le hab\u00eda hecho describir un semic\u00edrculo completo en torno de su amarre, de manera que \u00e1 la saz\u00f3n la proa estaba vuelta hacia m\u00ed. Las \u00fanicas luces encendidas \u00e1 bordo estaban en la popa y en la c\u00e1mara, de suerte que el ligero resplandor que yo ve\u00eda no era m\u00e1s que el reflejo, sobre la niebla, de los fuertes rayos luminosos que se escapaban de la ventanilla de popa.<\/p>\n<p>La marea hab\u00eda bajado hac\u00eda ya mucho rato, as\u00ed es que tuve que ir vadeando por largo trecho en una arena pantanosa en la cual varias veces me sum\u00ed hasta la pantorrilla, antes de que pudiera llegar al l\u00edmite en que el agua segu\u00eda su marcha de retroceso. Con alguna fuerza y no escasa destreza vade\u00e9 el agua del mar como lo hab\u00eda hecho en la playa y con toda felicidad bot\u00e9 quilla-abajo mi <em>coracle<\/em> sobre la movediza superficie.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXIII. EL REFLUJO CORRE<\/h2>\n<p>EL esquife de Ben Gunn, como yo me lo figur\u00e9 desde antes, con sobra de raz\u00f3n, era un bote muy seguro para una persona de mi estatura y de mi peso, y tan ligero como boyante siguiendo su v\u00eda por el mar; pero era, al mismo tiempo, el m\u00e1s intratable y desobediente navichuelo que puede imaginarse para lo que se refer\u00eda \u00e1 su manejo. Por m\u00e1s que uno hiciera, \u00e9l siempre se iba de lado, \u00e1 sotavento, de preferencia \u00e1 cualquiera otra direcci\u00f3n, as\u00ed es que el ir siempre volteando y volteando era la maniobra que m\u00e1s se acomodaba con su naturaleza. Recuerdo que el mismo Ben Gunn me hab\u00eda dicho que su bote era extra\u00f1o y dif\u00edcil para manejar hasta que se le <em>cog\u00eda el modo<\/em>.<\/p>\n<p>Y la verdad es que yo no le \u201csab\u00eda su modo.\u201d Entre mis manos iba y volv\u00eda en todas direcciones excepto en la que yo necesitaba. Nuestra marcha casi constante era sobre un costado, y tengo la seguridad de que, \u00e1 no ser por la ayuda de la marea, jam\u00e1s hubiera logrado llevar el barquichuelo aquel \u00e1 donde yo quer\u00eda. Por mi buena suerte, por m\u00e1s que yo remaba, el reflujo segu\u00eda arrastr\u00e1ndome siempre hacia abajo, en la direcci\u00f3n precisa en que yac\u00eda anclada <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, de la que, por tanto, era punto menos que imposible desviarme.<\/p>\n<p>Al principio no ve\u00eda delante de m\u00ed m\u00e1s que un borr\u00f3n, m\u00e1s negro a\u00fan que la misma oscuridad; \u00e1 poco, casco, m\u00e1stiles y cordaje comenzaron \u00e1 tomar forma distinta \u00e1 mis ojos y un momento despu\u00e9s (que no fu\u00e9 m\u00e1s, supuesto que la corriente de la marea me arrastraba cada vez con mayor violencia), ya estaba mi botecillo al lado de la guindaleza de la cual me cog\u00ed en el acto.<\/p>\n<p>La guindaleza estaba tan tirante como la cuerda de un arco, y la corriente era tan fuerte que manten\u00eda \u00e1 la goleta en una gran tensi\u00f3n sobre su ancla. En torno del casco la corriente bull\u00eda, escarceaba, y burbujante y murmuradora, se romp\u00eda sobre los costados de la goleta, como un arroyuelo que baja saltando por las vertientes de una monta\u00f1a. No ten\u00eda, ya que hacer otra cosa sino dar un corte \u00e1 aquella cuerda con mi navaja de \u00e1 bordo, y <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se ir\u00eda zumbando corriente abajo.<\/p>\n<p>Todo eso estaba muy bueno; pero cuando ya me dispon\u00eda \u00e1 completar mi haza\u00f1a, me ocurri\u00f3 repentinamente que una guindaleza cortada de s\u00fabito es una cosa tan peligrosa como un caballo que da coces. Las probabilidades eran diez contra una de que, si era bastante temerario para cortar \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em> de su ancla, tanto mi navichuelo como yo ten\u00edamos que pagar demasiado caro aquel atrevimiento, con un naufragio casi seguro.<\/p>\n<p>Esta consideraci\u00f3n me detuvo en el acto y si la fortuna no me hubiera favorecido de nuevo de una manera muy particular, habr\u00eda tenido que abandonar mi designio por completo. Pero los vientos mansos que hab\u00edan comenzado \u00e1 soplar de Sudeste y del Sur, hab\u00edan cambiado, despu\u00e9s de entrada la noche, en direcci\u00f3n del Sudoeste. Precisamente en el tiempo que yo gast\u00e9 en reflexionar, vino una bocanada que cogi\u00f3 \u00e1 la goleta, empuj\u00e1ndola hacia la corriente y, con gran regocijo m\u00edo, sent\u00ed que la tensi\u00f3n de la guindaleza, que ten\u00eda a\u00fan cogida, disminuy\u00f3 tanto que, por un momento, la mano con que la sujetaba se encontr\u00f3 sumergida dentro del agua.<\/p>\n<p>Esto bast\u00f3 para que yo formara mi resoluci\u00f3n: saqu\u00e9 mi navaja, la abr\u00ed con los dientes y, con las mayores precauciones, fu\u00ed cortando, uno tras de otro, los hilos de aquella cuerda, hasta que la goleta qued\u00f3 sostenida por dos \u00fanicamente. Entonces me detuve, esperando, para cortar estos dos \u00faltimos \u00e1 que la tensi\u00f3n se aligerase de nuevo por otra r\u00e1faga de viento.<\/p>\n<p>Durante todo este tiempo no hab\u00eda cesado de oir voces que, partiendo de la c\u00e1mara de popa, se elevaban en un diapas\u00f3n bastante alto; pero \u00e1 decir verdad, mi imaginaci\u00f3n estaba de tal manera preocupada con otras ideas, que apenas si hab\u00eda prestado o\u00eddo. Pero \u00e1 la saz\u00f3n, que ya ten\u00eda mucho menos que hacer, comenc\u00e9 \u00e1 parar mientes algo m\u00e1s en lo que se dec\u00eda.<\/p>\n<p>Desde luego pude reconocer la voz del timonel Israel Hands, el antiguo artillero del buque del Capit\u00e1n Flint. La otra era, por de contado, la de mi conocido el hombre del birrete rojo. Ambos estaban borrachos como una cuba, lo que no les imped\u00eda seguir bebiendo, pues durante mi escucha, uno de ellos, con un grito de ebrio, se asom\u00f3 \u00e1 la porta de popa y arroj\u00f3 por ella un objeto que me pareci\u00f3 ser una botella vac\u00eda. Pero no solamente estaban bebidos, sino que pude cerciorarme f\u00e1cilmente de que se encontraban en pleno estado de ri\u00f1a. Los juramentos menudeaban como granizos y \u00e1 cada instante se dejaban oir tales explosiones de ira, que me pareci\u00f3 indudable que aquello iba \u00e1 concluir \u00e1 golpes. Sin embargo, una y otra de esas explosiones pasaron sin ir \u00e1 m\u00e1s; las voces tornaban \u00e1 gru\u00f1ir en tono m\u00e1s bajo por alg\u00fan rato, hasta que se presentaba la pr\u00f3xima crisis y pasaba, como las precedentes, sin resultados.<\/p>\n<p>All\u00e1, sobre la playa, distingu\u00edase a\u00fan el resplandor de la gran hoguera del campamento, brillando vigorosa \u00e1 trav\u00e9s de los \u00e1rboles de la playa. Alguien de entre los piratas estaba cantando una vieja y mon\u00f3tona canci\u00f3n marina, con un suspiro y un gorjeo al final de cada verso y, \u00e1 lo que parec\u00eda, sin terminaci\u00f3n posible, sino era la de la paciencia del cantador. M\u00e1s de una vez durante la traves\u00eda o\u00ed esa misma cantinela, de la cual recordaba estos dos versos:<\/p>\n<p>\u201c<em>No torn\u00f3 \u00e1 bordo sino un hombre vivo,<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando eran, al zarpar, setenta y cinco.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Pareci\u00f3me aquel un estribillo muy dolorosamente adecuado \u00e1 una tripulaci\u00f3n como la nuestra que acababa de sufrir p\u00e9rdidas tan crueles en la ma\u00f1ana misma de ese d\u00eda. Pero, \u00e1 la verdad, lo que yo v\u00ed por m\u00ed mismo me confirm\u00f3 en la idea de que aquellos filibusteros eran tan insensibles como el mar sobre que navegaban.<\/p>\n<p>La r\u00e1faga de brisa que yo esperaba lleg\u00f3 al fin; la goleta se lade\u00f3 un poco y se acerc\u00f3 m\u00e1s \u00e1 m\u00ed, en medio de la oscuridad. Una vez m\u00e1s sent\u00ed que la guindaleza se aflojaba en mi mano y con un bueno aunque penoso esfuerzo cort\u00e9 las \u00faltimas fibras que a\u00fan sujetaban \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de la brisa sobre mi navichuelo era casi imperceptible, lo que no impidi\u00f3 que casi al punto me sent\u00ed arrastrado contra la proa de la goleta. Pero, libre ya de sus ligaduras, <em>La Espa\u00f1ola<\/em> comenz\u00f3 \u00e1 girar sobre su propio eje, torn\u00e1ndose con lentitud \u00e1 trav\u00e9s de la corriente.<\/p>\n<p>Trabaj\u00e9 como una furia, porque \u00e1 cada instante esperaba verme sumergido, y tan luego como v\u00ed que me era imposible dirigir mi barquichuelo de modo de salir resueltamente del c\u00edrculo que describ\u00eda la goleta, prefer\u00ed empujarlo en derechura hacia la popa. Por \u00faltimo me v\u00ed libre del alcance de mi peligrosa vecina, pero en el instante mismo en que imprim\u00eda el \u00faltimo impulso \u00e1 mi <em>coracle<\/em> mis manos tropezaron con una cuerda ligera que la goleta iba arrastrando \u00e1 popa, de sobre la borda. R\u00e1pida \u00e9 instintivamente me apoder\u00e9 de ella.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 fu\u00e9 lo que dict\u00f3 ese movimiento? Me ser\u00eda muy dif\u00edcil explicarlo: fu\u00e9, como antes dije, un acto de mero instinto; pero no bien tuve en mis manos aquel cabo y me cercior\u00e9 de que estaba bien sujeto por arriba, la curiosidad comenz\u00f3 \u00e1 sobreponerse en m\u00ed \u00e1 todo otro sentimiento y determin\u00e9 satisfacerla, echando una ojeada al interior del buque \u00e1 trav\u00e9s de la ventanilla de popa.<\/p>\n<p>Fu\u00ed avanzando una mano y despu\u00e9s otra por la cuerda, y cuando me cre\u00ed \u00e1 buena distancia, no sin un inmenso peligro, me ic\u00e9 cuidadosamente hasta una altura doble que la elevaci\u00f3n de mi cuerpo, poco m\u00e1s \u00f3 menos, lo cual me permiti\u00f3 pasear la vista por el techo y una parte del interior de la c\u00e1mara.<\/p>\n<p>\u00c1 este punto tanto la goleta como su microsc\u00f3pico ap\u00e9ndice se iban ya escurriendo con bastante velocidad sobre las aguas y no cab\u00eda duda de que nos hall\u00e1bamos \u00e1 la altura del campamento de los piratas. El nav\u00edo, como dicen los marineros, iba hablando en voz alta, hollando los incontables borbollones, con un bamboleo incesante y desordenado. No bien hube visto \u00e1 trav\u00e9s de la porta, comprend\u00ed por qu\u00e9 raz\u00f3n aquel bamboleo extra\u00f1o no hab\u00eda provocado alarma alguna en los vigilantes de la goleta. Una ojeada me bast\u00f3 para explic\u00e1rmelo, y debo a\u00f1adir que una ojeada fu\u00e9 todo lo que me atrev\u00ed \u00e1 aventurar, desde aquel inseguro apoyo. Lo que v\u00ed fu\u00e9 que Hands y su compa\u00f1ero estaban all\u00ed encerrados juntos, empe\u00f1ados en un combate encarnizado, cada uno con la mano echada \u00e1 la garganta de su adversario.<\/p>\n<p>Me deslic\u00e9 otra vez sobre el travesa\u00f1o de mi esquife, y \u00e1 fe que ya era tiempo, pues con un segundo m\u00e1s de dilaci\u00f3n habr\u00eda sido hombre al agua infaliblemente. No pod\u00eda ver nada por el momento, \u00e1 no ser aquellas dos horribles caras amoratadas por la furia, retorci\u00e9ndose en gestos abominables bajo la humeante l\u00e1mpara: tuve, pues, que cerrar los ojos para acostumbrarlos de nuevo \u00e1 la oscuridad por alg\u00fan rato.<\/p>\n<p>Cuando esto pasaba, la balada aquella cantada en el campamento, que amenazaba durar eternamente, hab\u00eda conclu\u00eddo ya, y la bien sisada compa\u00f1\u00eda de piratas, reunida en torno del fuego, prorrump\u00eda \u00e1 la saz\u00f3n en aquel coro que tan conocido me era:<\/p>\n<p>\u201c<em>Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto, Son quince \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! son quince \u00a1viva el rom!<\/em><\/p>\n<p><em>El diablo y la bebida hicieron todo el resto,<\/em><\/p>\n<p><em>El diablo \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! el diablo \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Precisamente, pensaba yo, \u00e1 aquella misma hora \u00a1qu\u00e9 ocupados andaban la bebida y el diablo en la c\u00e1mara de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>! En esto sorprendi\u00f3me sobremanera sentir que mi esquife zozobraba repentinamente; gui\u00f1o de una manera viva y pareci\u00f3 cambiar de direcci\u00f3n. Observ\u00e9, al mismo tiempo, que la rapidez de la marcha aumentaba de una manera extra\u00f1a.<\/p>\n<p>La sacudida me hab\u00eda obligado \u00e1 abrir los ojos. En todo mi derredor advert\u00ed peque\u00f1as hinchazones del agua que se entumec\u00eda acompa\u00f1ada de un sonido agudo y \u00e1spero, y presentaba reflejos fosforescentes. La misma <em>Espa\u00f1ola<\/em>, en cuya estela iba yo arrastrado \u00e1 pocas yardas de distancia, me pareci\u00f3 que tambaleaba en su curso y que sus m\u00e1stiles y cordaje se echaban un poco de lado, contra la negrura de la noche; m\u00e1s a\u00fan: examinando con m\u00e1s atenci\u00f3n, no me cupo duda de que la goleta iba rodando rumbo al Sur.<\/p>\n<p>D\u00ed una r\u00e1pida ojeada sobre mi hombro y el coraz\u00f3n me di\u00f3 un vuelco terrible, presa del espanto. All\u00ed, precisamente \u00e1 mi espalda se ve\u00eda el resplandor de la hoguera del campamento. La corriente hab\u00eda volteado en \u00e1ngulo recto, barriendo con ella en su curso r\u00e1pido, lo mismo al alto buque que al diminuto y danzar\u00edn <em>coracle<\/em>. Y \u00e1 cada instante su velocidad aumentaba, y cada vez brotando m\u00e1s altas sus burbujas, cada vez murmurando m\u00e1s y m\u00e1s recio corr\u00eda y corr\u00eda alej\u00e1ndose \u00e1 trav\u00e9s del estrecho para engolfarse en alta mar.<\/p>\n<p>De repente la goleta que iba \u00e1 mi frente di\u00f3 una gui\u00f1ada violenta, volteando quiz\u00e1s como unos veinte grados, y casi en el acto se oyeron \u00e1 bordo exclamaciones, una tras de otra, y luego el ruido de pasos precipitados en la escala de la carroza. Era, pues, evidente, que los dos borrachos se hab\u00edan dado cuenta, al cabo, del desastre que interrump\u00eda su querella y los hac\u00eda despertar \u00e1 la realidad.<\/p>\n<p>Me tend\u00ed entonces boca abajo en el fondo de mi esquife y de todas veras encomend\u00e9 mi alma \u00e1 Dios, porque cre\u00ed llegado mi \u00faltimo momento. Ten\u00eda por cosa inevitable que, \u00e1 la salida del estrecho, deber\u00edamos embarrancar en alg\u00fan arrecife \u00f3 estrellarnos contra algunas rompientes enfurecidas, en las cuales todas mis cuitas encontrar\u00edan un pronto t\u00e9rmino. Pero aun cuando no me asustaba tanto la muerte en s\u00ed, me era imposible ver con serenidad el g\u00e9nero de ejecuci\u00f3n capital que se aproximaba por instantes.<\/p>\n<p>En aquella posici\u00f3n debo haber permanecido horas enteras, empujado de aqu\u00ed para all\u00e1 sobre las altas olas, mojado de cuando en cuando por la espuma que volaba en copos, y creyendo sin cesar que \u00e1 la primera sumergida me aguardaba la muerte. Gradualmente la lasitud y el cansancio se fueron apoderando de mi estropeado cuerpo; luego un entorpecimiento extra\u00f1o, un estupor desusado cayeron sobre m\u00ed, aun en medio de mis terrores, hasta que el sue\u00f1o lleg\u00f3, por \u00faltimo, y en aquel mi tra\u00eddo y llevado esquife, dorm\u00ed, dorm\u00ed so\u00f1ando con mi casa y con mi viejo \u201c <em>Almirante Benbow<\/em>.\u201d<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXIV. EL VIAJE DEL \u201cCORACLE\u201d<\/h2>\n<p>ERA ya d\u00eda claro cuando despert\u00e9 y me encontr\u00e9 caracoleando sobre las olas al Sudoeste de la isla. El sol se hab\u00eda ya levantado, pero todav\u00eda estaba, para m\u00ed, oculto tras de la gran pe\u00f1a del \u201cVig\u00eda\u201d que, por aquel lado, casi bajaba hasta el mar en riscos formidables.<\/p>\n<p>El Crest\u00f3n de Bolina y el Cerro de Mesana estaban, por decirlo as\u00ed, al alcance de mi mano: el uno, negro y desnudo; el otro, rodeado de riscos de cuarenta \u00e1 cincuenta pies de altura y franjeado con grandes cantidades de rocas desprendidas. No estaba yo \u00e1 m\u00e1s de un cuarto de milla distante de la costa, por lo cual mi primer pensamiento fu\u00e9 remar y saltar en tierra.<\/p>\n<p>Pero muy luego tuve que desistir de semejante idea. Sobre las rocas desparramadas en la costa, las olas se desgajaban en mil pedazos, bramando enfurecidas; un trueno suced\u00eda \u00e1 otro trueno y una explosi\u00f3n de espuma \u00e1 otra explosi\u00f3n, segundo por segundo, lo que me hizo comprender que, si me aventuraba \u00e1 aproximarme, \u00f3 tendr\u00eda que perecer estrell\u00e1ndome contra la escarpada orilla, \u00f3 que gastar mi fuerza, tratando de escalar, en vano, los enhiestos despe\u00f1aderos.<\/p>\n<p>Pero no era eso todo. Como queriendo reunirse para arrastrarse juntos sobre una misma meseta de rocas, \u00f3 precipit\u00e1ndose al agua con estr\u00e9pito formidable, percib\u00ed una multitud de monstruos marinos, colosales, viscosos, horrendos, que se me figuraron inmensos y blandos caracoles de dimensiones incre\u00edbles. Creo que hab\u00eda all\u00ed unos cuarenta \u00f3 cincuenta de ellos, haciendo retumbar los huecos de las rocas con sus espantables gritos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s he sabido que aquellos animales no eran sino focas \u00f3 becerros marinos, enteramente inofensivos. Pero su aparici\u00f3n en aquellos momentos, a\u00f1adida \u00e1 lo escabroso de la playa y \u00e1 la violencia desusada con que se romp\u00edan las olas sobre ella, acab\u00f3 por quitarme completamente toda gana de bajar \u00e1 tierra en semejante paraje. M\u00e1s que \u00e1 desembarcar all\u00ed me sent\u00ed dispuesto \u00e1 morir de hambre en medio del oc\u00e9ano, por no afrontar aquellos peligros.<\/p>\n<p>Pero lo cierto es que ten\u00eda en espectativa una oportunidad mucho mejor de lo que yo supon\u00eda. Al Norte del Crest\u00f3n de Bolina, la tierra ofrece una larga prolongaci\u00f3n que deja, \u00e1 la hora de la bajamar, una cinta de arena amarillenta al descubierto. Al Norte de esa cinta, aparece otro cabo\u2014el <em>Cabo de la Selva<\/em>, seg\u00fan lo marcaba la carta\u2014sepultado literalmente en una masa de alt\u00edsimos pinos que bajaban hasta la misma orilla del mar.<\/p>\n<p>Record\u00e9 lo que hab\u00eda dicho Silver acerca de la corriente que se dirige hacia el Norte, siguiendo en toda su longitud la costa occidental de la isla, y viendo, por mi posici\u00f3n, que me encontraba yo dentro de aqu\u00e9lla, prefer\u00ed dejar \u00e1 mi espalda el Crest\u00f3n de Bolina y reservar mi fuerza para una intentona de desembarque en el Cabo de la Selva, cuyas playas eran, sin duda, mucho m\u00e1s abordables y seguras.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, \u00e1 la saz\u00f3n, una gran cantidad de tumefacciones suaves sobre el mar. El viento, que soplaba manso pero firme, de Sur \u00e1 Norte, no era obst\u00e1culo sino m\u00e1s bien ayuda para seguir el curso de la corriente y las oleadas alzaban y abat\u00edan sus ondas sin despedazarlas.<\/p>\n<p>\u00c1 no haber sido as\u00ed, es indudable que mucho tiempo hac\u00eda que hubiera perecido; pero yendo como iba, era de maravillar con qu\u00e9 facilidad y cu\u00e1n seguramente mi ligero botezuelo cortaba el agua. Con frecuencia, desde el fondo en que me manten\u00eda a\u00fan oculto, me era dable divisar cerca, muy cerca de m\u00ed, una gran cima azul, sobresaliendo de la regala de la borda. Aquella era una oleada, pero mi <em>coracle<\/em> no daba m\u00e1s que un ligero brinco, y listo como un p\u00e1jaro ca\u00eda en un instante al otro lado en la hamaca que formaba el espacio que divid\u00eda las dos olas entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 entonces \u00e1 cobrar br\u00edos y me sent\u00e9 para poner \u00e1 prueba mi habilidad al remo. Pero el cambio m\u00e1s insignificante en la disposici\u00f3n del peso, en una cascarita como aquella, produce los resultados m\u00e1s violentos en su continente y marcha. As\u00ed es que, no bien me hab\u00eda movido para sentarme, haciendo cesar desde luego su suave y acompasado balanceo anterior, cuando me sent\u00ed arrojado directamente hacia abajo, y al sesgo contra una ola bastante brava cuyo golpe me aturdi\u00f3, al par que la espuma, azotando sobre la peque\u00f1a proa, se desbarataba contra ella alz\u00e1ndose casi tan alto como la ola que ven\u00eda.<\/p>\n<p>\u00c1 un mismo tiempo me sent\u00ed calado por el agua, y presa del terror, por lo cual sin m\u00e1s dilaci\u00f3n volv\u00ed \u00e1 colocarme en la postura que antes ten\u00eda, con lo cual el botecillo pareci\u00f3 enderezarse de nuevo y llevarme tan suavemente como al principio sobre las crestas de las grandes olas. Era evidente que hab\u00eda que dejarlo ir \u00e1 su antojo, sin meterme \u00e1 gobernarlo; pero la cuesti\u00f3n era que, \u00e1 aquel paso \u00bfqu\u00e9 esperanza me quedaba de ganar la playa?<\/p>\n<p>Comenc\u00e9, pues, \u00e1 sentirme grandemente aterrorizado, pero, no obstante, no perd\u00ed del todo la cabeza. Antes que todo, y procurando moverme lo menos posible, vaci\u00e9 gradualmente el agua que se me hab\u00eda colado en el brinco exabrupto de hac\u00eda un rato, usando para esta operaci\u00f3n mi gorra marina. Una vez hecho esto volv\u00ed \u00e1 echar una nueva ojeada sobre la regala de la borda y trat\u00e9 de explicarme por qu\u00e9 raz\u00f3n mi <em>coracle<\/em> se deslizaba con tanta facilidad \u00e1 trav\u00e9s de las fuertes oleadas.<\/p>\n<p>Advert\u00ed entonces que cada ola, en vez de la monta\u00f1a suave, luciente y enorme que se ve desde tierra \u00f3 desde la cubierta de un nav\u00edo, no era sino como una cadena de monta\u00f1as de tierra firme, erizada de picos hacia arriba y rodeada de sitios suaves y valles abiertos. Mi botezuelo, abandonado \u00e1 s\u00ed mismo, volteaba de un lado para otro, se devanaba, por decirlo as\u00ed, serpeando por las partes m\u00e1s bajas del agua, evitando siempre trepar \u00e1 las cimas \u00f3 aventurarse \u00e1 los declives peligrosos de aquellas l\u00edquidas alturas.<\/p>\n<p>\u2014Sea en hora buena, d\u00edjeme \u00e1 m\u00ed mismo. Es claro que debo continuar tendido en donde estoy y no perturbar el equilibrio, pero tambi\u00e9n me parece evidente que, de cuando en cuando, puedo darme trazas, en los parajes m\u00e1s tranquilos, parar dar una \u00f3 dos paladas de remo en direcci\u00f3n de tierra.<\/p>\n<p>H\u00edcelo como lo pens\u00e9. Continu\u00e9 tendido, sobre mis codos en la postura m\u00e1s espectante del mundo, \u00e1 la capa, y aprovechando cada oportunidad que se me presentaba para dar muy dulcemente una remada \u00f3 dos \u00e1 fin de enderezar la proa hacia la playa.<\/p>\n<p>Era aqu\u00e9l un trabajo lento y fatigoso por dem\u00e1s, y sin embargo me sent\u00eda ganar terreno; tanto que, conforme nos acerc\u00e1bamos al Cabo de la Selva, si bien ve\u00eda que no me era dable a\u00fan ganar aquella punta, pude notar con alegr\u00eda que hab\u00eda ya avanzado como unas cien yardas hacia tierra, al Este. Muy cerca estaba de ella, en verdad. Ya me era dable distinguir las frescas y verdegueantes copas de los \u00e1rboles meci\u00e9ndose suavemente juntas al soplo de la brisa y tuve por cosa segura, en consecuencia, que en el promontorio pr\u00f3ximo era ya evidente mi desembarque.<\/p>\n<p>Y \u00e1 fe que no ser\u00eda sino muy \u00e1 tiempo, pues la sed comenzaba \u00e1 hacerme sufrir bastante. El resplandor del sol cayendo sobre mi cabeza y sus rayos quebr\u00e1ndose sobre las olas en mil reflexiones diversas; el agua del mar que ca\u00eda y se secaba sobre mi cuerpo cubriendo mis labios con una capa salobre; todo esto se combinaba para hacer que mi garganta ardiera y mi cabeza fuera presa de un dolor violento. La vista de los \u00e1rboles \u00e1 tan corta distancia me puso casi fuera de m\u00ed con el anhelo vehemente de desembarcar. Empero la corriente me hab\u00eda arrastrado, antes de mucho, lejos de la punta, y cuando me encontr\u00e9 de nuevo en mar abierto, percib\u00ed algo que desde luego hizo cambiar la naturaleza de mis pensamientos.<\/p>\n<p>Precisamente frente \u00e1 m\u00ed, \u00e1 menos de media milla de distancia, se aparec\u00eda ante mis ojos <em>La Espa\u00f1ola<\/em> con sus velas desplegadas. No me cupo duda de que iba \u00e1 ser cogido, pero es el caso que la sed me hac\u00eda ya sufrir de tal manera, que no puedo decir si sent\u00eda \u00f3 me alegraba de aquella ocurrencia; y debo a\u00f1adir que mucho antes de haber llegado \u00e1 una conclusi\u00f3n la sorpresa se hab\u00eda ense\u00f1oreado de mi \u00e1nimo \u00e1 tal grado que no pod\u00eda hacer otra cosa sino maravillarme y clavar mis ojos en lo que ten\u00eda \u00e1 la vista.<\/p>\n<p><em>La Espa\u00f1ola<\/em> llevaba al viento la vela mayor y dos foques, y la blanqu\u00edsima lona brillaba al sol como nieve \u00f3 plata. En el momento en que la descubr\u00ed, sus velas hinchadas la empujaban bien, haci\u00e9ndola seguir una l\u00ednea en direcci\u00f3n Noroeste, lo que me hizo presumir que los hombres \u00e1 bordo iban con la intenci\u00f3n de dar la vuelta \u00e1 la isla para llegar as\u00ed de nuevo al ancladero. Pero en aquellos momentos comenz\u00f3 \u00e1 inclinarse m\u00e1s y m\u00e1s hacia el Poniente, visto lo cual me d\u00ed \u00e1 creer que me hab\u00edan descubierto \u00e9 iban \u00e1 darme caza. Antes de mucho, empero, hizo proa decididamente contra el viento y se vi\u00f3 detenida en su marcha por alg\u00fan tiempo, falta de propulsi\u00f3n, con sus velas estremeci\u00e9ndose y palpitando in\u00fatilmente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vaya unos animales!, me dije. Esos b\u00e1rbaros deben estar todav\u00eda m\u00e1s borrachos que un alambique. \u00a1Ah! Si el Capit\u00e1n Smollet fuera \u00e1 bordo ya tendr\u00edan que saltar listos esos desma\u00f1ados.<\/p>\n<p>En el inter\u00edn la goleta vir\u00f3 un poco, hizo un bordo, y su lona la hizo marchar de nuevo por uno \u00f3 dos minutos para caer inm\u00f3vil una vez m\u00e1s contra el viento. La misma ocurrencia se repiti\u00f3 una y otra vez. De aqu\u00ed para all\u00e1, de arriba para abajo, de Norte \u00e1 Sur y de Oriente \u00e1 Poniente.<\/p>\n<p><em>La Espa\u00f1ola<\/em><\/p>\n<p>se pon\u00eda en marcha con una especie de arremetidas \u00f3 disparos instant\u00e1neos, pero cada repetici\u00f3n de estas conclu\u00eda como hab\u00eda comenzado, dejando el vel\u00e1men inutilizado y tremolando d\u00e9bilmente. No tuve trabajo en comprender que nadie iba dirigiendo la embarcaci\u00f3n, y siendo esto as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda sido de los dos hombres? \u00d3 estaban ahogados de borrachos, \u00f3 hab\u00edan abandonado el buque, pens\u00e9 yo, por lo cual, si lograba entrar \u00e1 bordo, tal vez me fuera dable volver aquel buque \u00e1 su Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>La corriente iba arrastrando con igual velocidad hacia el Sur, tanto \u00e1 la goleta como al tra\u00eddo y llevado <em>coracle<\/em>. Por lo que hace \u00e1 la goleta su marcha era tan irregular \u00e9 intermitente, supuesto que \u00e1 cada momento se ve\u00eda como engrillada, que la verdad es que muy poco \u00f3 nada ganaba, cuando no perd\u00eda terreno. Con s\u00f3lo que me atreviese \u00e1 sentarme otra vez y tentar de nuevo al remo, estaba seguro de que pronto me ser\u00eda dable estar sobre ella. El proyecto ten\u00eda un sabor de aventura que despert\u00f3 mi apetito, no sin que lo acrecentara, duplicando mi energ\u00eda, el recuerdo de que frente \u00e1 la carroza de proa estaba un buen dep\u00f3sito de agua dulce en la codiciada <em>Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>Sent\u00e9me, pues, y como la vez primera que lo hice, fu\u00ed saludado por un azote de agua y espuma, con la diferencia de que, por esta vez, el empuje impreso al <em>coracle<\/em> fu\u00e9 en mi favor. Dediqu\u00e9me entonces \u00e1 remar con toda la precauci\u00f3n, pero con toda la energ\u00eda de que era capaz, hacia la no gobernada <em>Espa\u00f1ola<\/em>. En uno de mis impulsos, sin embargo, aloj\u00e9 dentro del botezuelo tal cantidad de agua que tuve que parar mi maniobra y estarme alerta sintiendo que los latidos del coraz\u00f3n iban \u00e1 ahogarme. Pero, ya m\u00e1s cauto y muy gradualmente, p\u00faseme al fin en el verdadero camino de mi meta, guiando mi esquife bordeando las grandes olas y sin poder impedir, con todo y eso, que la cresta de alguna azotara la proa de mi barquilla y salpicara mi rostro con su desbaratada espuma.<\/p>\n<p>\u00c1 la saz\u00f3n mi avance sobre la goleta era ya r\u00e1pido y perceptible. Ya pod\u00eda distinguir bien el brillo del metal en la ca\u00f1a del tim\u00f3n cuando \u00e9ste se mov\u00eda golpeando, y sin embargo, todav\u00eda no aparec\u00eda un alma sobre cubierta. No pude suponer otra cosa, en consecuencia, sino que la goleta hab\u00eda sido abandonada. De no ser as\u00ed, los hombres aquellos deber\u00edan estar abajo borrachos, como muertos, en cuyo caso me ser\u00eda f\u00e1cil quiz\u00e1s asegurarlos y hacer con la goleta lo que me pareciera.<\/p>\n<p>Por un buen rato \u00e9sta se hab\u00eda mantenido haciendo lo que pod\u00eda no ser peor para m\u00ed, esto es, continuar en el mismo estado de inercia. Su proa iba casi directamente al Sur, sin dejar de gui\u00f1ar, por supuesto, \u00e1 cada momento. \u00c1 cada gui\u00f1ada, dejaba caer hacia afuera sus velas, en parte hinchadas, y \u00e9stas la volv\u00edan \u00e1 poner, en un instante, enfilando el viento una vez m\u00e1s. He dicho que esto era para m\u00ed lo peor de todo, porque, sin gobierno como la goleta iba, con su vel\u00e1men tronando como un ca\u00f1\u00f3n y las olas azotando ruidosamente los costados y ba\u00f1ando la obra muerta, continuaba, sin embargo, corriendo delante de m\u00ed, no s\u00f3lo con la velocidad natural de la corriente, sino con toda la fuerza de su deriva que, naturalmente, era muy grande.<\/p>\n<p>La oportunidad, al cabo, concluy\u00f3 por present\u00e1rseme. La brisa se puso por algunos momentos sumamente baja y la corriente que volte\u00f3 con lentitud \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em> hizo que \u00e9sta concluyera por presentarme su popa con la porta todav\u00eda abierta de par en par, y la l\u00e1mpara sobre la mesa encendida a\u00fan \u00e1 pesar de ser de d\u00eda. La vela mayor colgaba, en aquel instante, desmayada y ca\u00edda como una bandera. Nada, con excepci\u00f3n de la corriente, interrump\u00eda la inmovilidad de la embarcaci\u00f3n aquella.<\/p>\n<p>Durante un rato, poco hac\u00eda, en lugar de ganar, iba yo perdiendo terreno; pero ahora, redoblando mis esfuerzos, comenzaba otra vez \u00e1 estar m\u00e1s cerca de mi caza.<\/p>\n<p>No me faltaban ya ni cien yardas para llegar \u00e1 ella cuando el viento lleg\u00f3 otra vez con estruendo, hinchando la lona sobre las amuras de babor, y acto continuo se me alej\u00f3 otra vez desliz\u00e1ndose, ondeando y casi volando como una golondrina.<\/p>\n<p>Mi primer impulso fu\u00e9 de desesperaci\u00f3n, pero el segundo fu\u00e9 de alegr\u00eda, porque h\u00e9tela all\u00ed que, describiendo una gran curva, <em>La Espa\u00f1ola<\/em> viene hacia m\u00ed hasta ponerse frente \u00e1 uno de mis costados; y continuando la misma inesperada evoluci\u00f3n, muy pronto la veo \u00e1 la mitad, y luego \u00e1 un tercio, y luego \u00e1 un cuarto de la distancia que nos separaba hac\u00eda poco. Ya distingu\u00eda yo las olas que herv\u00edan bajo su gorja. \u00a1Qu\u00e9 enorme me parec\u00eda la mole de aquella goleta vista desde mi baj\u00edsima estaci\u00f3n en el botezuelo!<\/p>\n<p>Pero instant\u00e1neamente comprend\u00ed aquella situaci\u00f3n y apenas si tuve tiempo para pensar y menos a\u00fan para ponerme en salvo. Estaba yo con mi <em>coracle<\/em> en la cresta de un alta ola y la goleta ven\u00eda sobre la cima de la inmediata, abati\u00e9ndose sobre m\u00ed. \u00a1Un segundo de vacilaci\u00f3n y mi muerte era segura! El baupr\u00e9s estaba sobre mi cabeza en aquel instante. R\u00e1pido como el pensamiento me puse en pie y haciendo un impulso desesperado salt\u00e9 haciendo desaparecer al <em>coracle<\/em> bajo el agua. Con una mano me hab\u00eda asido al botal\u00f3n de foque, en tanto que mi pie estaba alojado entre el estay y la braza. Y todav\u00eda no hab\u00eda yo tenido tiempo de hacer el m\u00e1s peque\u00f1o movimiento para cambiar mi posici\u00f3n cuando el rumor apagado de un golpe me dijo que la goleta se hab\u00eda cargado hacia abajo acabando de hundir y despedazar el <em>coracle<\/em> y que, por consiguiente, all\u00ed quedaba yo, colgando entre cielo y mar, sin retirada posible de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p><strong>CAP\u00cdTULO XXV. \u00a1ABAJO LA BANDERA DEL PIRATA!<\/strong><\/p>\n<p>APENAS me hab\u00eda sido dable encaramarme en el baupr\u00e9s cuando el ondulante foque alete\u00f3, por decirlo as\u00ed, carg\u00e1ndose sobre la otra amura con un ruido semejante \u00e1 un ca\u00f1onazo. La goleta se estremeci\u00f3 hasta la quilla con aquella vuelta formidable, pero un momento despu\u00e9s las otras velas, que a\u00fan continuaban empujando, hicieron retroceder al foque \u00e1 su lugar anterior y ya entonces qued\u00f3 suspenso \u00e9 inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>En esos movimientos casi me v\u00ed zabullir dentro del agua, pero \u00e1 la saz\u00f3n ya no perd\u00ed tiempo y me arrastr\u00e9 para atr\u00e1s \u00f3 m\u00e1s bien me deslic\u00e9 por el baupr\u00e9s hacia cubierta, en la cual ca\u00ed como llovido del cielo, con el rostro hacia el oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Me encontr\u00e9 \u00e1 sotavento del castillo de proa, y la vela mayor que continuaba todav\u00eda henchida, me ocultaba una buena parte de la cubierta \u00e1 popa. No v\u00ed un alma por todo aquello. Las tarimas, que no hab\u00edan sido lavadas desde que estall\u00f3 la rebeli\u00f3n, ense\u00f1aban las huellas de numerosas pisadas y una botella, rota por el cuello, rodaba de aqu\u00ed para all\u00e1, al vaiv\u00e9n del buque, como si fuera una cosa viva.<\/p>\n<p>Inesperadamente <em>La Espa\u00f1ola<\/em> enfil\u00f3 el viento en una de sus bordadas: los foques, tras de m\u00ed, tronaron con fuerza; el tim\u00f3n se cerr\u00f3 de golpe; el nav\u00edo entero se irgui\u00f3 y estremeci\u00f3se como desfallecido ya, y en el mismo momento el botal\u00f3n del mayor se colg\u00f3 hacia adentro, la vela cay\u00f3 tambi\u00e9n gimiendo d\u00e9bilmente sobre los motones y al plegarse me descubri\u00f3 \u00e1 sotavento la parte de cubierta, \u00e1 popa, antes oculta.<\/p>\n<p>S\u00f3lo entonces aparecieron \u00e1 mi vista los dos guardianes de la embarcaci\u00f3n. \u00a1No me cab\u00eda duda, eran ellos! Gorro Encarnado tendido boca arriba, tieso como un espeque, con sus brazos abiertos como los de un crucifijo y con los labios separados dejando asomar su amarillenta dentadura. Israel Hands, recargado contra la balaustra de la cubierta, con la barba sobre el pecho y sus manos abiertas apoy\u00e1ndose sobre el piso y con el rostro tan blanco, bajo su tinte curtido, como la cera.<\/p>\n<p>Por alg\u00fan rato el buque sigui\u00f3 lade\u00e1ndose \u00f3 encabrit\u00e1ndose como un caballo ma\u00f1oso, y las velas hinch\u00e1ndose, ya sobre una amura ya sobre la otra, y el botal\u00f3n colgando y golpeando, hasta que el m\u00e1stil pareci\u00f3 quejarse al esfuerzo de aquellos violentos tirones. De vez en cuando tambi\u00e9n una rociada de espuma cubr\u00eda la balaustra y el buque daba un fuerte golpe por la proa contra las hinchazones del agua en aquel mar de leva. Convert\u00edase \u00e9ste en un temporal mucho m\u00e1s violento para un nav\u00edo de alto bordo como <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, que lo era para mi caserito <em>coracle<\/em> que \u00e1 aquellas horas yac\u00eda ya en el fondo del oc\u00e9ano. \u00c1 cada salto de la goleta Gorro Encarnado se resbalaba de aqu\u00ed para all\u00ed, pero \u00a1cosa horrible! ni su actitud cambiaba, ni sus apretados dientes, asomando por entre sus abiertos labios, se ocultaban por alg\u00fan movimiento de \u00e9stos, en aquel brusco traqueteo. \u00c1 cada brinco, tambi\u00e9n Hands aparec\u00eda irse como sumiendo m\u00e1s y m\u00e1s, desliz\u00e1ndose sobre el piso de cubierta, avanzando sus pies hacia el lado de proa y la caja del cuerpo inclin\u00e1ndose hacia popa, de tal suerte que su cara se me fu\u00e9 ocultando gradualmente hasta que conclu\u00ed por no ver nada de ella, excepto la oreja y una de las sortijas de la patilla.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo observ\u00e9, en derredor de ambos, charcos de sangre negruzca sobre las tarimas, y comenc\u00e9 \u00e1 abrigar la certeza de que aquellos hombres se hab\u00edan dado la muerte mutuamente en su querella de borrachos.<\/p>\n<p>Todav\u00eda contemplaba aquel espect\u00e1culo sin volver en m\u00ed de la sorpresa, cuando, en un momento de calma y antes de que el buque se meneara, Israel Hands se medio volte\u00f3 y con un quejido vago se enderez\u00f3 penosamente hasta colocarse en la posici\u00f3n en que primero le v\u00ed. Aquel quejido que acusaba, al mismo tiempo, dolor y debilidad mortal, y el aspecto que presentaba su quijada caida, me inspiraron de pronto una compasi\u00f3n inmensa. Pero al pronto record\u00e9 las palabras que o\u00ed en boca de aquel malvado, desde el barril de las manzanas, y todo sentimiento de piedad desapareci\u00f3 de mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>March\u00e9 resueltamente \u00e1 popa y grit\u00e9 con un acento ir\u00f3nico:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hola, amigo Hands, venga Vd. \u00e1 bordo!<\/p>\n<p>Pase\u00f3 penosamente la mirada en torno suyo, pero su trastorno y decaimiento eran tales que no cab\u00eda la sorpresa en su \u00e1nimo \u00e1 aquellas horas. Lo m\u00e1s que hizo fu\u00e9 dejar escapar esta palabra \u00fanica: \u2014\u00a1Aguardiente!&#8230;<\/p>\n<p>Me ocurri\u00f3 entonces que no deb\u00eda perder un solo instante, y as\u00ed fu\u00e9 que, esquivando el botal\u00f3n que a\u00fan segu\u00eda golpeando como antes, march\u00e9 \u00e1 popa y baj\u00e9 \u00e1 la c\u00e1mara por la escalera de la carroza.<\/p>\n<p>La escena de confusi\u00f3n y desorden que all\u00ed presenci\u00e9 era indescriptible. Todos los armarios y muebles con cerraduras de llaves hab\u00edan sido rotos para buscar la carta de Flint. El piso estaba saturado de lodo sobre el cual los rufianes aquellos se hab\u00edan sentado \u00e1 beber y \u00e1 consultar, despu\u00e9s de embriagarse en el marjal en torno de su hoguera. Las mamparas, cuyo color era blanco mate con franjas de oro, mostraban en toda su extensi\u00f3n las huellas de manos inmundas. Docenas de botellas vac\u00edas chocaban entre s\u00ed por los rincones \u00f3 rodaban con el movimiento de la goleta. Uno de los libros de medicina del Doctor estaba all\u00ed, abierto sobre la mesa, con un buen n\u00famero de hojas arrancadas, de seguro para usarlas en encender las pipas con ellas. Y en medio de todo aquello la humeante l\u00e1mpara enviaba a\u00fan su resplandor, p\u00e1lido, casi tan oscuro como la sombra misma.<\/p>\n<p>Baj\u00e9 \u00e1 la bodega: los barriles todos hab\u00edan ya conclu\u00eddo, y en cuanto \u00e1 las botellas era sorprendente el n\u00famero de ellas que hab\u00edan sido vaciadas y tiradas luego. Era evidente que desde que el mot\u00edn comenz\u00f3 ni uno solo de aquellos hombres hab\u00eda estado en su juicio.<\/p>\n<p>Registrando aqu\u00ed y all\u00e1 me encontr\u00e9 una botella con un poco de <em>cognac <\/em>para Hands. Para m\u00ed, tom\u00e9 algunos bizcochos, frutas en vinagre, un gran racimo de uvas y una tajada de queso. Con estas provisiones me present\u00e9 de nuevo sobre cubierta, coloqu\u00e9 mi parte \u00e1 salvo, tras la cabeza del tim\u00f3n, fuera del alcance del timonel, avanc\u00e9 \u00e1 proa en donde se guardaba el agua, saci\u00e9 all\u00ed mi sed concienzudamente y entonces, y s\u00f3lo hasta entonces, fu\u00ed \u00e1 Hands para darle su <em>cognac<\/em>.<\/p>\n<p>Yo creo que debe haber bebido un cuarto de litro por lo menos antes de que hubiera apartado la botella de sus labios. Entonces dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1voto al infierno! \u00a1un poco de \u00e9sto era lo que yo quer\u00eda!<\/p>\n<p>O\u00eddo aquello me sent\u00e9 tranquilamente en el lugar que hab\u00eda escogido y comenc\u00e9 \u00e1 regalarme el paladar con aquel inesperado almuerzo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe siente Vd. muy mal?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Si aquel Doctor estuviera \u00e1 bordo\u2014contest\u00f3 con una voz mitad gru\u00f1ido mitad ladrido\u2014si \u00e9l estuviera aqu\u00ed, yo estar\u00eda sano en dos patadas. Pero, \u00a1el demonio y su cola! yo no tengo suerte&#8230; \u00a1de veras no, no!&#8230; y eso, y no m\u00e1s eso es lo que me pasa. Por lo que hace al \u201cagua-dulce\u201d ese, ya <em>se enfri\u00f3<\/em> de esta hecha, a\u00f1adi\u00f3 se\u00f1alando con el dedo al hombre del birrete rojo. Bueno, \u00bfy qu\u00e9?&#8230; \u00a1al cabo que \u00e9se ni era marino, ni nada!&#8230; \u00a1Vamos!&#8230; y ahora que caigo&#8230; t\u00fa \u00bfde d\u00f3nde has brotado aqu\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014Amigo, le contest\u00e9, he venido \u00e1 bordo \u00e1 tomar posesi\u00f3n de este buque, y as\u00ed es que, hasta nuevas \u00f3rdenes, se servir\u00e1 Vd. considerarme como su Capit\u00e1n.<\/p>\n<p>Al oir esto me mir\u00f3 de una manera demasiado agria, pero no contest\u00f3 palabra. Algo de su color natural hab\u00eda vuelto \u00e1 sus mejillas, si bien continuaba con una gran apariencia de enfermedad y a\u00fan prosegu\u00eda resbal\u00e1ndose y volteando, seg\u00fan que el buque se iba para un lado \u00f3 para otro.<\/p>\n<p>\u2014Por lo pronto, amigo Hands, continu\u00e9 yo, no me place ver esta bandera izada en el tope de mis m\u00e1stiles; as\u00ed es que, con su permiso, procedo \u00e1 arriarla acto continuo. De eso \u00e1 nada, prefiero nada.<\/p>\n<p>Esquivando de nuevo los golpes del botal\u00f3n, fu\u00edme derecho \u00e1 las correderas del pabell\u00f3n, tir\u00e9 de ellas hacia abajo, abatiendo la pir\u00e1tica bandera negra, y no bien la tuve entre mis manos, la arroj\u00e9 al mar resueltamente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Viva el Rey!, grit\u00e9 entonces agitando en el aire mi birrete. \u00a1Ha conclu\u00eddo aqu\u00ed el Capit\u00e1n Silver!<\/p>\n<p>Hands continu\u00f3 observ\u00e1ndome con cierto aire mordaz, aunque \u00e1 hurtadillas, sin levantar, empero, la barba que segu\u00eda apoyada sobre el pecho. Un rato despu\u00e9s a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Me parece, Capit\u00e1n Hawkins, que tendr\u00e1 Vd. necesidad de alguna ayuda para bajar \u00e1 tierra, \u00bfno es verdad? \u00bfPues qu\u00e9 le parecer\u00eda \u00e1 Vd. que nos entendi\u00e9ramos?<\/p>\n<p>\u2014Me parece, muy bien, amigo Hands; con toda mi alma: hable Vd.<\/p>\n<p>Y diciendo esto me entregu\u00e9 de nuevo \u00e1 mi comida con el mayor apetito. \u2014Ese hombre, comenz\u00f3 el timonel apuntando d\u00e9bilmente al cad\u00e1ver, seg\u00fan entiendo, se llamaba O\u2019Brien y era un rematado irland\u00e9s; ese hombre, como dec\u00eda, y yo, desplegamos las velas con el objeto de llevarnos la goleta \u00e1 su lugar otra vez. \u00a1Pero ahora, qu\u00e9! ahora ya se <em>enfri\u00f3 <\/em>, y est\u00e1 all\u00ed tan tirante como un pantoque, por lo cual lo que yo digo es que qui\u00e9n va ahora \u00e1 gobernar el buque: eso es lo que yo no veo. Si yo no le doy \u00e1 Vd. mi ayuda, no es Vd. el que podr\u00e1 llevar la goleta, \u00f3 nada entiendo yo de goletas ni de marina. Bueno; pues la cosa es esta: Vd. me asegura mi comida y mi bebida, y una corbata vieja \u00f3 cualquiera cosa para vendar mi herida y yo le dir\u00e9 c\u00f3mo se ha de llevar el buque. Me parece que no puede ser m\u00e1s redondo el negocio que propongo.<\/p>\n<p>\u2014Le dir\u00e9 \u00e1 Vd. una cosa, Maese Hands, prorrump\u00ed yo; mi intenci\u00f3n no es volver <em>La Espa\u00f1ola<\/em> \u00e1 su antiguo ancladero, sino llevarla \u00e1 la bah\u00eda del Norte y acercarla all\u00ed \u00e1 la playa tranquilamente.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, ya lo entiendo, grit\u00f3 Hands. Me parece que yo no soy un harag\u00e1n tan endemoniado, despu\u00e9s de todo. Yo bien s\u00e9 entender las cosas como son, \u00a1digo que s\u00ed! Yo ya trat\u00e9 de sacar el pie adelante y no pude: pues ahora le toca \u00e1 Vd. Capit\u00e1n Hawkins. Vd. ha ganado la partida. \u00bfConque \u00e1 la Bah\u00eda del Norte? Pues vamos \u00e1 ella; yo no tengo que andar escogiendo, \u00a1digo que no! Le ayudar\u00e9 \u00e1 Vd. \u00e1 llevar el buque, aunque vayamos \u00e1 fondear \u00e1 la Playa de los Ajusticiados. \u00a1Por cien mil diablos que s\u00ed!<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 que aquel hombre no iba muy desatinado en su resoluci\u00f3n. Cerramos nuestro trato en el acto mismo y, \u00e1 los tres minutos, <em>La Espa\u00f1ola <\/em>ce\u00f1\u00eda gallardamente el viento \u00e1 lo largo de la costa de la isla con muy buenas esperanzas de voltear la punta Norte \u00e1 eso de medio d\u00eda y de bajar de nuevo en direcci\u00f3n de la Bah\u00eda antes de la pleamar, \u00e1 fin de poder, \u00e1 ese tiempo, orillarla en punto seguro y aguardar hasta que el reflujo nos permitiera bajar \u00e1 tierra.<\/p>\n<p>Abandon\u00e9, entonces, por alg\u00fan rato la ca\u00f1a del tim\u00f3n y baj\u00e9 \u00e1 la c\u00e1mara para buscar en mi maleta de \u00e1 bordo una suave mascada de mi madre, con la cual, y con mi ayuda personal, Hands se vend\u00f3 una gran herida que hab\u00eda recibido en el muslo y que todav\u00eda le sangraba. Con este alivio y despu\u00e9s de haber comido un poco y dar un trago \u00f3 dos m\u00e1s de <em>cognac<\/em>, el timonel comenz\u00f3 \u00e1 reanimarse muy visiblemente, se sent\u00f3 ya derecho, habl\u00f3 m\u00e1s claro y m\u00e1s alto, y, en una palabra, parec\u00eda otro hombre positivamente.<\/p>\n<p>La brisa nos ayud\u00f3 de una manera admirable. <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se deslizaba ante ella con la ligereza de un p\u00e1jaro; la costa de la isla corr\u00eda, en apariencia, \u00e1 nuestro lado, y \u00e1 cada momento cambiaba la decoraci\u00f3n que se presentaba \u00e1 nuestra vista. Muy pronto dejamos atr\u00e1s los terrenos altos y bordeando por una costa baja y arenosa sembrada de un pinar no muy espeso, que antes de mucho dejamos tambi\u00e9n \u00e1 nuestra espalda, volteamos, al fin, la punta de la escabrosa monta\u00f1a que limita la isla por el Norte.<\/p>\n<p>Sent\u00edame yo sobre manera engre\u00eddo con mi nuevo car\u00e1cter de Capit\u00e1n de buque, y no menos contento con el tiempo claro y favorable que hac\u00eda, al par que con el variado panorama que mis ojos iban gozando sobre las costas. Ten\u00eda \u00e1 la saz\u00f3n agua suficiente, excelente comida, y por no dejar, mi conciencia, que no hab\u00eda cesado de remorderme por mi deserci\u00f3n, estaba ya harto sosegada pensando en la gran conquista que hab\u00eda hecho. Me hab\u00eda parecido que no me quedaba cosa alguna que desear, \u00e1 no ser por los ojos del timonel que me segu\u00edan en todas mis maniobras con una mirada burlona, y por la sonrisa extra\u00f1a que aparec\u00eda en sus labios incesantemente. Era aquella una sonrisa que llevaba en s\u00ed una mezcla de dolor y de maldad, hura\u00f1a sonrisa de viejo, montaraz y agreste. Pero, adem\u00e1s de eso, su semblante dejaba traslucir una expresi\u00f3n de escarnio, una sombra de no s\u00e9 qu\u00e9 traidores pensamientos que bull\u00edan en su cabeza, pues, mientras yo trabajaba, \u00e9l, con su ma\u00f1oso disimulo, espiaba, y espiaba y espiaba sin cesar.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXVI. ISRAEL HANDS<\/h2>\n<p>EL viento, que parec\u00eda servirnos al pensamiento, cambi\u00f3 al Oeste. Esto facilit\u00f3 much\u00edsimo nuestro curso, de la punta Noreste de la isla hacia la embocadura de la Bah\u00eda septentrional. S\u00f3lo que, como no nos era posible anclar, y no nos atrev\u00edamos \u00e1 orillarnos hasta que el reflujo hubiera bajado bien, nos encontramos con tiempo de sobra. El timonel me dijo lo que deb\u00eda hacer para poner el buque \u00e1 la capa; despu\u00e9s de dos \u00f3 tres ensayos desgraciados logr\u00e9 el objeto, y entonces los dos nos sentamos en silencio \u00e1 tomar una nueva comida.<\/p>\n<p>Hands fu\u00e9 el primero que rompi\u00f3 el silencio dici\u00e9ndome con su mofadora y sard\u00f3nica sonrisilla:<\/p>\n<p>\u2014Oiga Vd., Capit\u00e1n. Aqu\u00ed est\u00e1 rod\u00e1ndose de un lado para otro mi viejo camarada O\u2019Brien. \u00bfNo le parece \u00e1 Vd. que ser\u00eda bueno que lo echara Vd. \u00e1 los pescados? Yo no soy muy delicado ni muy escrupuloso, por lo regular, ni me pica la conciencia por haberle cortado las ganas de hacer conmigo un picadillo; pero, al mismo tiempo, no me parece que ese trozo sea un adorno muy bonito, \u00bfQu\u00e9 dice Vd. de eso?<\/p>\n<p>\u2014Digo, le contest\u00e9, que ni tengo la fuerza suficiente para hacer eso, ni es de mi gusto semejante tarea. Por lo que \u00e1 m\u00ed hace, que se est\u00e9 all\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Esta <em>Espa\u00f1ola<\/em>, Jim, continu\u00f3 tratando de disimular, es un buque muy sin fortuna. Ya va una porci\u00f3n de hombres matados en pocos d\u00edas, una porci\u00f3n de pobrecillos marineros muertos y desaparecidos desde que Vd. y yo tomamos pasaje \u00e1 bordo de ella en Br\u00edstol. Nunca en mi perra vida me he metido en un buque tan de mala suerte. Y si no, aqu\u00ed est\u00e1 ese pobre O\u2019Brien; ya tambi\u00e9n se ha <em>enfriado<\/em>, \u00bfno es verdad? Bueno; pues lo \u00fanico que yo digo es esto: yo no soy ning\u00fan estudiante y Vd. es un chicuelo muy le\u00eddo y escribido que sabr\u00eda sacarme de dudas, \u00bfEl que se muere, se muere para de una vez, \u00f3 puede revivir alg\u00fan d\u00eda?<\/p>\n<p>\u2014Amigo Hands, le contest\u00e9, Vd. puede matar el cuerpo, pero no el esp\u00edritu; esto ya debe Vd. saberlo bien. O\u2019Brien est\u00e1 ahora en otro mundo desde el cual puede que est\u00e9 contempl\u00e1ndonos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, dijo \u00e9l. Seg\u00fan ese pensamiento se me figura que matar gentes viene \u00e1 ser casi&#8230; vamos al decir&#8230; como tiempo perdido. Con todo y eso, y por lo que yo tengo de experiencia, los <em>esp\u00edritus<\/em> no cuentan ya por mucho en el juego. Yo no les tengo maldito el recelo, Jim. Bueno; pero por ahora ya ha hablado Vd. como un <em>dotor<\/em> y creo que no se me pondr\u00e1 bravo si le pido que baje otra vez \u00e1 la c\u00e1mara y me traiga de all\u00e1&#8230; pues&#8230; s\u00ed&#8230; con mil demonios, \u00bfpor qu\u00e9 no?&#8230; me traiga una botella de&#8230; de&#8230; no puedo atinar el nombre&#8230; una botella de vino, vamos. Este <em>cognac<\/em>, Jim, es muy rasposo ahora y muy fuerte para mi cabeza.<\/p>\n<p>Ahora bien, la vacilaci\u00f3n del timonel me parec\u00eda muy poco natural, y en cuanto \u00e1 su preferencia del vino sobre el <em>cognac<\/em> la encontr\u00e9 de todo punto incre\u00edble. Todo aquello me ol\u00eda simplemente \u00e1 pretexto. Lo que \u00e9l quer\u00eda era que yo me ausentara de sobre cubierta; esto era claro como la luz; pero, con qu\u00e9 objeto, esto era lo que yo no me pod\u00eda imaginar. Sus ojos esquivaban tenazmente los m\u00edos; sus miradas se paseaban de aqu\u00ed para all\u00e1, de arriba \u00e1 abajo, ya con una ojeada al cielo, ya con otra de soslayo al cad\u00e1ver de O\u2019Brien. Constantemente le ve\u00eda sonreir \u00f3 sacar la lengua de la manera m\u00e1s llena de embarazo, de suerte que un ni\u00f1o podr\u00eda haber conocido que aquel hombre meditaba alguna enga\u00f1ifa. Pronto estuve con mi respuesta, sin embargo, porque no se me ocult\u00f3 de qu\u00e9 lado estaba mi conveniencia y que, adem\u00e1s, con un sujeto tan completamente est\u00fapido, me era muy f\u00e1cil ocultar mis sospechas hasta el fin.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuiere Vd. vino?, le dije. Pues nada m\u00e1s f\u00e1cil. \u00bfLo quiere Vd. rojo \u00f3 blanco?<\/p>\n<p>\u2014Pues mire Vd., se me figura que maldita la diferencia, camarada, me replic\u00f3. Con tal de que sea fortalecedor y mucho \u00bfqu\u00e9 me importa el color?<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, le contest\u00e9; le traer\u00e9 \u00e1 Vd. Oporto, amigo Hands. Pero tengo que desenterrarlo del fondo de la bodega.<\/p>\n<p>Dicho esto baj\u00e9 la escalera de la carroza con todo el ruido que pude; luego me descalc\u00e9 r\u00e1pidamente, y corr\u00ed por la galer\u00eda que comunicaba la c\u00e1mara con la proa, sub\u00ed por la escalera de la escotilla y saqu\u00e9 cautelosamente la cabeza por la carroza de proa. Yo sab\u00eda que Hands no se esperaba verme all\u00ed, pero no obstante tom\u00e9 todas las precauciones posibles, y en verdad que aquello me sirvi\u00f3 para confirmarme en mis peores sospechas, que resultaron demasiado exactas.<\/p>\n<p>Hands se hab\u00eda levantado de su posici\u00f3n, primero con las manos, luego poni\u00e9ndose de rodillas y despu\u00e9s, aunque su pierna le hac\u00eda sufrir agudamente al moverse y aun le o\u00ed articular m\u00e1s de un quejido, pudo, sin embargo, arrastrarse con bastante prontitud sobre cubierta. En medio minuto ya hab\u00eda llegado \u00e1 los imbornales de babor y sac\u00f3 de un rollo de cuerda, un largo cuchillo, \u00f3 m\u00e1s bien, un estoque corto, descolorado y sucio de sangre hasta la empu\u00f1adura. Hands contempl\u00f3 aquella arma por un momento; hizo un gesto con la quijada inferior, prob\u00f3 la punta sobre la palma de su mano y en seguida ocult\u00e1ndola apresuradamente en el pecho de su jub\u00f3n, se arrastr\u00f3 de nuevo hasta su lugar precedente, contra la barandilla de popa.<\/p>\n<p>No necesitaba saber m\u00e1s. Israel pod\u00eda moverse, estaba armado, y si hab\u00eda manifestado tal empe\u00f1o en desembarazarse de m\u00ed, era claro que tramaba hacerme v\u00edctima de sus maquinaciones. Qu\u00e9 ser\u00eda lo que hiciera despu\u00e9s: si tratar\u00eda de arrastrarse \u00e1 todo lo largo de la isla hasta llegar al campo de los piratas cerca de los pantanos, \u00f3 si intentar\u00eda hacer se\u00f1ales, confiando en que sus camaradas pod\u00edan llegar m\u00e1s pronto en su auxilio, eran cosas que, por supuesto, me era imposible adivinar.<\/p>\n<p>Sin embargo, de una cosa me cre\u00ed seguro, y fu\u00e9 de que nuestro inter\u00e9s com\u00fan nos impon\u00eda la necesidad de orillar la goleta en un punto bastante seguro y \u00e1 cubierto, de manera que, llegada la ocasi\u00f3n, pudiera pon\u00e9rsela de nuevo \u00e1 la mar con el menor trabajo y riesgo posibles. Hasta lograr esto, consider\u00e9 que mi vida no correr\u00eda el menor peligro.<\/p>\n<p>Pero mientras rumiaba estas ideas no hab\u00eda permanecido ocioso. Hab\u00eda vuelto de nuevo, por el mismo camino, hasta la c\u00e1mara, me calc\u00e9 otra vez apresuradamente, ech\u00e9 mano, al acaso, \u00e1 la primera botella de vino que se me present\u00f3, y con ella para servirme de excusa hice mi reaparici\u00f3n sobre cubierta.<\/p>\n<p>Hands estaba all\u00ed, donde lo hab\u00eda dejado, todo encogido y anudado, con los p\u00e1rpados ca\u00eddos como si quisiera dar \u00e1 entender que estaba bastante d\u00e9bil para que le fuese dable soportar la luz. Sin embargo, al sentir mis pasos, alz\u00f3 la vista, rompi\u00f3 el cuello del frasco con la naturalidad del hombre que est\u00e1 acostumbrado \u00e1 hacer la misma operaci\u00f3n con mucha frecuencia y di\u00f3 un gran sorbo con su frase favorita \u201c\u00a1buena suerte!\u201d En seguida permaneci\u00f3 quieto por alg\u00fan tiempo, y luego sacando un paquete de tabaco me rog\u00f3 que le cortara una tajadilla.<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3rteme Vd. un pedazo de eso, dijo; porque yo no tengo navaja y apenas me siento con fuerza para menearme. \u00a1Ah, Jim, Jim, se me figura que todos mis estayes se han reventado! C\u00f3rteme un pedacillo, que se me figura ser\u00e1 ya el \u00faltimo, porque mi casco hace agua y creo que sin remedio me voy \u00e1 pique.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, no me resisto \u00e1 cortarle \u00e1 Vd. su tabaco, pero si yo fuera Vd. y me sintiera mal hasta ese extremo, crea Vd. que lo que har\u00eda ser\u00eda ponerme \u00e1 pedir \u00e1 Dios misericordia, como un buen cristiano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?, me pregunt\u00f3. \u00bfQuiere Vd. decirme por qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo por qu\u00e9?, exclam\u00e9 yo. Hace un momento precisamente que me preguntaba Vd. algo acerca de los que mueren. Vd. ha hecho traici\u00f3n \u00e1 su fe. Vd. ha vivido encenagado en el vicio, en la mentira y en la sangre. Vd. tiene a\u00fan all\u00ed, rodando junto \u00e1 sus pies, el cad\u00e1ver de un hombre \u00e1 quien ha asesinado hace pocos instantes, \u00bfy todav\u00eda me pregunta Vd. por qu\u00e9?&#8230; \u00a1Pues por eso, amigo Hands, por todo eso!<\/p>\n<p>Mi palabra llevaba impreso un sello de calor inusitado, gracias \u00e1 que, en el fondo, pensaba yo en aquel estilete que el rufi\u00e1n acababa de ocultar en su jub\u00f3n y con el cual se propon\u00eda dar buena cuenta de m\u00ed. \u00c9l, por su parte, me vi\u00f3, tom\u00f3 un gran trago de vino y luego dijo con un tono de solemnidad desusada:<\/p>\n<p>\u2014Durante treinta largos a\u00f1os he recorrido los mares, durante treinta a\u00f1os he visto bueno y malo, mejor y peor, tiempo hermoso y horrendas tempestades; v\u00edveres escasos \u00e1 bordo; agua casi agotada, y zafarranchos y rebeliones, y luchas, y muertes, y abordajes&#8230; \u00a1oh! \u00a1tantas cosas!&#8230; Pues bien, lo \u00fanico que no he visto en esos treinta a\u00f1os es que lo bueno produzca nada bueno. El que pega primero es el afortunado y nada m\u00e1s. Los muertos no muerden, Jim; esa es mi opini\u00f3n, esa es mi fe, y as\u00ed sea&#8230;<\/p>\n<p>Y cambiando instant\u00e1neamente de entonaci\u00f3n prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Pero vamos all\u00e1. Creo que ya hemos perdido bastante el tiempo con esas tonteras. La bajamar est\u00e1 bastante propicia en este momento. Siga Vd. mis \u00f3rdenes, Capit\u00e1n Hawkins, y pronto atracaremos y estaremos listos con la goleta.<\/p>\n<p>Dicho y hecho: nos quedaban s\u00f3lo dos millas escasas que recorrer, pero la navegaci\u00f3n era delicada porque el acceso \u00e1 esta bah\u00eda del Norte no solamente era estrecho y lleno de bancos de arena, sino que serpeaba de Este \u00e1 Oeste, de suerte que el buque ten\u00eda que ser listamente maniobrado para hallar el paso. Creo que fu\u00ed, en aquella ocasi\u00f3n, un subalterno pronto y bueno y estoy seguro tambi\u00e9n de que Hands era un excelente piloto, porque el hecho es que pasamos y pasamos, recortando diestramente los peligros, casi desflorando los arrecifes, con una seguridad y una limpieza tales que positivamente daban gusto.<\/p>\n<p>Acab\u00e1bamos apenas de cruzar frente \u00e1 los pe\u00f1ones de tierra, junto \u00e1 nosotros. Las playas de la Bah\u00eda Norte estaban tan densamente arboladas como las del fondeadero del Sur, pero el espacio era m\u00e1s largo y m\u00e1s estrecho, y m\u00e1s parecido \u00e1 lo que era realmente, esto es, la desembocadura de un r\u00edo. Exactamente junto \u00e1 nosotros, hacia el extremo Sur, vimos los restos de un buque en el \u00faltimo per\u00edodo de destrucci\u00f3n. Se advert\u00eda que aquel hab\u00eda sido un gran nav\u00edo de tres palos, pero hab\u00eda permanecido tan largo tiempo expuesto \u00e1 los embates de los elementos, que se ve\u00eda orlado aqu\u00ed y all\u00e1 por enormes colgajos de algas marinas, y sobre su cubierta enarenada hab\u00edan arraigado las ramas de los arbustos de la playa, que apretados y vigorosos, como si estuviesen en tierra, florec\u00edan all\u00ed sin embarazo alguno. Era aqu\u00e9l un espect\u00e1culo triste, pero \u00e9l nos daba la seguridad de que el fondeadero era perfectamente tranquilo y seguro.<\/p>\n<p>\u2014Ahora, dijo Hands, all\u00ed tenemos ya un banco \u00e1 prop\u00f3sito para atracar un buque: arena limpia y plana, jam\u00e1s un soplo \u00e1 flor de agua, \u00e1rboles en todo el derredor, y un mont\u00f3n de flores reventando en la c\u00e1scara de aquel barco como en un jard\u00edn&#8230; \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s queremos?<\/p>\n<p>\u2014Bien est\u00e1, le repliqu\u00e9, pero una vez atracados \u00f3 encallados, \u00bfc\u00f3mo hacemos para poner la goleta \u00e1 flote otra vez?<\/p>\n<p>\u2014Muy f\u00e1cil, me contest\u00f3. Largas un cabo all\u00e1, \u00e1 la playa opuesta, \u00e1 la hora del reflujo, le das una vuelta en torno de uno de los pinos m\u00e1s gruesos y traes la punta \u00e1 bordo. Durante el reflujo, all\u00ed se est\u00e1 todo quieto, pero viene la pleamar, l\u00edas tu cabo al cabrestante, todos \u00e1 bordo se ponen \u00e1 las barras, dan dos \u00f3 tres vueltas y la goleta saldr\u00e1 \u00e1 flote tan dulcemente como por su voluntad. Y ahora, muchacho, p\u00e1ra. Ya estamos cerca de nuestro banco y vamos demasiado aprisa&#8230; Un poco \u00e1 estribor&#8230; \u00a1 eso es!&#8230; firme&#8230; \u00a1\u00e1 estribor!&#8230; ahora un cuarto \u00e1 babor&#8230; firme&#8230; \u00a1firme!<\/p>\n<p>As\u00ed daba \u00e9l sus voces de mando, que yo obedec\u00eda casi sin tomar aliento, hasta que, por \u00faltimo, grit\u00f3 repentinamente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bien, muy bien!&#8230; \u00a1Orza!<\/p>\n<p>Obedec\u00ed una vez m\u00e1s y con todas mis fuerzas alc\u00e9 el tim\u00f3n: <em>La Espa\u00f1ola <\/em>di\u00f3 una vuelta r\u00e1pidamente y con el branque \u00e1 tierra se desliz\u00f3 ligeramente hacia la arbolada playa.<\/p>\n<p>El entusiasmo de \u00e9stas \u00faltimas maniobras hab\u00eda sido causa de que me olvidara un poco de espiar atentamente como hasta all\u00ed los movimientos todos del timonel. En aquel mismo instante estaba todav\u00eda tan vivamente interesado en ver al buque tocar tierra, que hasta hab\u00eda olvidado el peligro que se cern\u00eda sobre mi cabeza, y permanec\u00eda yo de pie, embobado, sobre la balaustra de estribor, contemplando los suaves escarceos del agua que se despeinaban contra la proa y costados de nuestro buque. Pude haber ca\u00eddo all\u00ed, lisa y llanamente, sin un solo esfuerzo para defenderme, \u00e1 no ser por una inquietud repentina que se apoder\u00f3 de m\u00ed y me oblig\u00f3 \u00e1 volver la cabeza. Tal vez hab\u00eda llegado hasta m\u00ed alg\u00fan ligero crujido; tal vez de reojo v\u00ed su sombra movi\u00e9ndose hacia m\u00ed; tal vez no fu\u00e9 aquello m\u00e1s que un movimiento instintivo como el de un gato, pero el caso es que, al volver la cabeza, v\u00ed all\u00ed \u00e1 Hands \u00e1 medio camino en direcci\u00f3n de m\u00ed, con la daga, desnuda ya, en su mano derecha.<\/p>\n<p>Ambos debemos haber lanzado un grito simult\u00e1neo cuando nuestros ojos se encontraron, pero si el m\u00edo fu\u00e9 el alarido del terror, el suyo no fu\u00e9 m\u00e1s que el espantable bramido de un toro salvaje \u00e1 punto de embestir. En el mismo instante Hands avanz\u00f3 hac\u00eda m\u00ed, y yo salt\u00e9 de lado hacia la proa. Al ejecutar este movimiento dej\u00e9 caer la ca\u00f1a del tim\u00f3n que salt\u00f3 violentamente \u00e1 sotavento, y creo que \u00e9sto salv\u00f3 mi vida porque el madero aquel, golpe\u00f3 \u00e1 Hands con fuerza sobre el pecho y lo detuvo, por un momento, paraliz\u00e1ndolo por completo.<\/p>\n<p>Antes de que hubiera podido volver en s\u00ed de semejante golpe, yo hab\u00eda podido ya salirme del rinc\u00f3n en que me hab\u00eda acorralado, y pu\u00e9stome en v\u00eda de tener toda la cubierta \u00e1 mi disposici\u00f3n para escabullirme. \u00c1 proa del palo mayor me detuve, saqu\u00e9 una pistola de mi bolsillo, apunt\u00e9 fr\u00edamente, \u00e1 pesar de que \u00e9l hab\u00eda ya vuelto sobre sus pasos y se dirig\u00eda una vez m\u00e1s sobre m\u00ed; prepar\u00e9 mi arma y oprim\u00ed el fiador&#8230;. El martillo cay\u00f3, pero no hubo ni rel\u00e1mpago ni detonaci\u00f3n: \u00a1el cebo se hab\u00eda inutilizado con el agua del mar! No pude menos que condenar mi negligencia&#8230; \u00bfc\u00f3mo es que no me hab\u00eda ocurrido, mucho antes, recargar y cebar de nuevo mis \u00fanicas armas? De haberlo hecho as\u00ed no me hubiera visto reducido \u00e1 ser un mero corderillo correteando frente \u00e1 su carnicero.<\/p>\n<p>Herido como estaba, era asombroso cu\u00e1n de prisa pod\u00eda moverse; con su enmara\u00f1ado cabello cay\u00e9ndole sobre el rostro y con su cara misma tan enrojecida por la furia y la precipitaci\u00f3n como una bandera de deg\u00fcello. Desgraciadamente no me quedaba tiempo de ensayar mi otra pistola; esto era ya imposible, y adem\u00e1s ten\u00eda la certeza de que deb\u00eda estar tan inutilizada como la otra. Una cosa me apareci\u00f3 clara y fuera de duda y era que yo deb\u00eda hacer algo que no fuese simplemente retroceder ante \u00e9l, porque, de seguirlo haciendo as\u00ed, muy pronto me acorralar\u00eda \u00e1 proa como un momento antes me ten\u00eda cogido \u00e1 popa. Y una vez acorralado, y con nueve \u00f3 diez pulgadas de aquella daga dentro de mi cuerpo, podr\u00eda decir que hab\u00edan conclu\u00eddo mis aventuras en este lado de la eternidad. Coloqu\u00e9 las palmas de mis manos contra el palo mayor que era bastante grueso y esper\u00e9, con el alma en un hilo como suele decirse.<\/p>\n<p>Notando Hands que mi intenci\u00f3n era sacarle las vueltas, \u00e9l tambi\u00e9n se detuvo y un momento \u00f3 dos se pasaron en fingir \u00e9l ataques y movimientos que yo elud\u00eda con la mayor ligereza. Era aquella la repetici\u00f3n de un juego que muchas veces hab\u00eda yo jugado en las rocas de la caleta del Black Hill; pero, con toda seguridad, jam\u00e1s lo hice con el coraz\u00f3n salt\u00e1ndome tan precipitadamente como entonces. Sin embargo, como acabo de decirlo, aquello era un juego de muchachos, en la forma, si no en el fondo, y cre\u00ed que podr\u00eda f\u00e1cilmente llevar la ventaja en \u00e9l, muchacho como yo era, sobre un hombre m\u00e1s viejo que yo y con un muslo herido. \u00c1 la verdad, mi valor hab\u00eda comenzado \u00e1 renacer de tal manera que ya me permit\u00eda algunos pensamientos arrojados sobre el fin probable de aquella lucha; y eso que, aun admitiendo la seguridad que yo ten\u00eda de entretener la maniobra aquella por largo tiempo, no ve\u00eda una posibilidad verdadera de escape definitivo.<\/p>\n<p>Pues bien, en tal estado las cosas, <em>La Espa\u00f1ola<\/em> toc\u00f3 repentinamente el banco \u00e1 que la dirig\u00edamos; se bambole\u00f3, fu\u00e9 rozando la arena por un momento y luego, r\u00e1pida como una exhalaci\u00f3n, se inclin\u00f3 sobre babor recost\u00e1ndose de tal manera que la superficie de la cubierta formaba un \u00e1ngulo de cuarenta y cinco grados. El chapuz\u00f3n levant\u00f3 una oleada que se col\u00f3 por los imbornales y se estanc\u00f3 luego en un charco entre la cubierta y la balaustra.<\/p>\n<p>Tanto Hands como yo rodamos en un segundo, casi juntos, hacia los imbornales, revolvi\u00e9ndose con nosotros el cad\u00e1ver de O\u2019Brien, con su gorro encarnado y sus brazos siempre en cruz. Tan juntos rodamos ciertamente que mi cabeza se encontr\u00f3 enredada con los pies del timonel, golpeando en ellos con un sonido que hizo que mis dientes chocaran tiritando \u00e1 causa del horror. Pero con golpe y todo, yo fu\u00ed el primero en estar en pie, pues Hands estaba enredado estrechamente con los brazos y piernas de su v\u00edctima. La inclinaci\u00f3n repentina del buque hac\u00eda que su cubierta fuera ya in\u00fatil para correr sobre ella. Ten\u00eda, pues, precisi\u00f3n de buscarme alguna nueva v\u00eda de escape, y eso en aquel instante mismo, porque mi adversario se hab\u00eda ya desligado del muerto y estaba, de nuevo, en pie, casi sobre m\u00ed. R\u00e1pido como el pensamiento salt\u00e9 sobre los obenques de mesana, avanc\u00e9 una mano sobre la otra y no tom\u00e9 siquiera aliento hasta que me encontr\u00e9 sentado en uno de los baos de gavia.<\/p>\n<p>\u00c1 la rapidez con que obr\u00e9 deb\u00ed mi salvaci\u00f3n; la daga hab\u00eda golpeado \u00e1 medio pie de distancia, debajo de m\u00ed, mientras mi trabajo de ascensi\u00f3n iba en proceso; pero al \u00faltimo, all\u00ed estaba Israel Hands, con la boca abierta y con la cara vuelta \u00e1 m\u00ed, en una actitud que me hac\u00eda verle como la perfecta estatua de la sorpresa y la contrariedad.<\/p>\n<p>Comprendiendo entonces que pod\u00eda disponer de algunos instantes, no los desperdici\u00e9, sino que al punto cambi\u00e9 el cebo de mi pistola, y ya con una lista para servicio, dobl\u00e9 las seguridades de mi defensa cargando de nuevo y cebando con igual cuidado la otra.<\/p>\n<p>Aquella nueva operaci\u00f3n m\u00eda impresion\u00f3 \u00e1 Hands en un alto grado; comenzaba \u00e1 ver que el juego se le volv\u00eda en contra y as\u00ed fu\u00e9 que, despu\u00e9s de una corta vacilaci\u00f3n, salt\u00f3 \u00e9l tambi\u00e9n pesadamente sobre los obenques, y poni\u00e9ndose la daga entre los dientes para dejarse las manos libres, comenz\u00f3 una ascensi\u00f3n lenta y penosa para \u00e9l. Bastante tiempo y quejidos le costaba el arrastrar consigo aquella pierna herida, as\u00ed es que tuve tiempo suficiente para concluir mis aprestos de defensa antes de que \u00e9l hubiera avanzado siquiera un tercio del camino que ten\u00eda que recorrer. Empu\u00f1\u00e9 entonces una pistola en cada mano y apunt\u00e1ndole con ellas le dije:<\/p>\n<p>\u2014Un paso m\u00e1s hacia ac\u00e1, amigo Hands, y le vuelo \u00e1 Vd. la tapa de los sesos. Ya he aprendido de Vd. aquello de que \u201clos muertos no muerden,\u201d a\u00f1ad\u00ed con una entonaci\u00f3n de burla.<\/p>\n<p>Como por encanto se detuvo en su marcha. V\u00ed por el movimiento de su rostro que estaba tratando de pensar, pero en aquel cerebro est\u00fapido pensar era un procedimiento tan lento y laborioso que, sinti\u00e9ndome muy seguro, no pude evitar el reirme de \u00e9l con todas mis ganas. Por \u00faltimo, no sin tragar una \u00f3 dos veces, habl\u00f3, conservando en su semblante las mismas se\u00f1ales de perplejidad. Para poder hablar hab\u00eda tenido que quitarse la daga de la boca, pero en todo lo dem\u00e1s permanec\u00eda sin cambiar de actitud.<\/p>\n<p>\u2014Jim, d\u00edjome; confieso que hemos andado haciendo tonteras tanto Vd. como yo, s\u00ed se\u00f1or. Es preciso que hagamos las paces. Yo le hubiera cogido \u00e1 Vd. con toda seguridad \u00e1 no ser por esa barrera en que se ha colado. Pero no tengo suerte, amigo, \u00a1digo que no! Se me figura, pues, que tengo que rendirme, lo cual es cosa dura, ya lo entiende Vd., para un marino viejo, trat\u00e1ndose de capitular con un chicuelillo como Vd., Jim.<\/p>\n<p>Estaba yo goz\u00e1ndome en esas palabras y sinti\u00e9ndome all\u00ed tan satisfecho y orgulloso como un gallo sobre una pared, cuando en un instante casi inapreciable v\u00ed que echaba hacia atr\u00e1s la mano derecha y que la levantaba de nuevo sobre el hombro. Algo como una flecha silb\u00f3 en el viento, experiment\u00e9 un golpe horrible, un tormento agudo y me sent\u00ed clavado contra el m\u00e1stil por el hombro. En la espantosa sorpresa y dolor indecible de aquel momento, no sabr\u00e9 decir si fu\u00e9 con mi voluntad \u00f3, lo que es m\u00e1s probable, con un movimiento inconsciente, y sin hacer punter\u00eda alguna, pero el hecho es que mis dos pistolas dieron fuego, se me escaparon de las manos y cayeron sobre cubierta. Empero no fueron ellas las \u00fanicas que cayeron. Con el impulso que hizo su brazo derecho para lanzar la daga, el timonel relaj\u00f3 la presi\u00f3n de su mano izquierda sobre el obenque y, no sin lanzar un espantoso grito de terror, cay\u00f3 de cabeza adentro del agua.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXVII. \u201c\u00a1PIEZAS DE \u00c1 OCHO!\u201d<\/h2>\n<p>DEBIDO \u00e1 la gran inclinaci\u00f3n en que hab\u00eda quedado la goleta, los m\u00e1stiles se ve\u00edan suspensos en gran parte encima del agua; as\u00ed es que, desde mi asiento en el bao de las gavias, yo no ve\u00eda debajo de m\u00ed sino la superficie de la bah\u00eda. Hands, que todav\u00eda no iba tan alto, estaba, en consecuencia, m\u00e1s cerca del buque, y su ca\u00edda se efectu\u00f3 pasando su cuerpo entre m\u00ed y la balaustra. Por una vez le v\u00ed alzarse \u00e1 flor de agua en una mezcla de espuma y sangre y luego se hundi\u00f3 de nuevo para no reaparecer m\u00e1s \u00e1 flote. Tan luego como el agua se seren\u00f3 pude verle tendido sobre la limpia y brillante arena del fondo, y como protegido por la sombra que los costados del buque arrojaban sobre el agua. Uno \u00f3 dos peces azotaron su cuerpo al paso. Una vez \u00fa otra con el ondear del agua parec\u00eda como si se moviera un poco, como si estuviese tratando de levantarse. Pero bien muerto estaba para tales maniobras, habi\u00e9ndole herido una de mis balas y ahog\u00e1dose en seguida, por lo cual en poco tiempo ya no fu\u00e9 sino alimento de peces en el mismo sitio en que hab\u00eda meditado acabar conmigo.<\/p>\n<p>No bien estuve seguro de esto cuando comenc\u00e9 \u00e1 sentirme enfermo, desfallecido, terrificado. Mi sangre caliente corr\u00eda copiosamente sobre el pecho y la espalda. En el lugar en que la daga me hab\u00eda clavado al m\u00e1stil, la sent\u00eda yo arder como si fuera un hierro candente. Y sin embargo, por grande que fuese ese sufrimiento no era \u00e9l lo que m\u00e1s me acongojaba, pareci\u00e9ndome que podr\u00eda muy bien sufrirlo sin quejarme: lo que me enloquec\u00eda era el horror que me inspiraba la idea de que pod\u00eda de un momento \u00e1 otro desprenderme del bao y caer en el agua, todav\u00eda mal sosegada, junto al cad\u00e1ver del timonel.<\/p>\n<p>Me as\u00ed al m\u00e1stil con ambas manos, con tal fuerza que las u\u00f1as me punzaban, y cerr\u00e9 los ojos como para no ver el peligro que corr\u00eda. Gradualmente, empero, mi \u00e1nimo volvi\u00f3, mis pulsos agitados se aquietaron un poco y una vez m\u00e1s me sent\u00ed en posesi\u00f3n de m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Mi primer pensamiento fu\u00e9 sacar la daga, pero \u00f3 estaba muy adherida, \u00f3 mi fuerza no era suficiente, por lo cual desist\u00ed con un violento estremecimiento. \u00a1Cosa extra\u00f1a! aquel estremecimiento hizo lo que yo no pude hacer. El pu\u00f1al, en resumidas cuentas, hab\u00eda venido muy \u00e1 punto de errar el golpe; tan \u00e1 punto que apenas me hab\u00eda cogido la piel, por lo cual la convulsi\u00f3n aquella bast\u00f3 para sacar el arma de la herida. La sangre se escapaba m\u00e1s de prisa, esto era evidente, pero en cambio yo era de nuevo due\u00f1o de m\u00ed mismo y s\u00f3lo quedaba clavado al m\u00e1stil por el saco y la camisa.<\/p>\n<p>Con una sacudida violenta desprend\u00ed estos \u00faltimos y acto continuo baj\u00e9 sobre cubierta por los obenques de estribor. Por nada en el mundo me habr\u00eda atrevido, conmovido como estaba, \u00e1 bajar por los mismos obenques por donde sub\u00ed, desde los cuales Hands hab\u00eda ca\u00eddo directamente al agua.<\/p>\n<p>Baj\u00e9me en el acto \u00e1 la c\u00e1mara y arregl\u00e9 mi herida como Dios me di\u00f3 \u00e1 entender; sent\u00eda \u00e1 causa de ella un dolor bastante agudo y todav\u00eda sangraba en abundancia, pero no era ni profunda ni peligrosa, ni sent\u00ed que me embargara el libre movimiento de mi brazo. Ech\u00e9 luego una ojeada en mi derredor, y bien convencido ya de que el buque, en cierto sentido, era ya enteramente m\u00edo, comenc\u00e9 \u00e1 pensar en desembarazarlo de su \u00faltimo pasajero, \u00f3 sea del cad\u00e1ver de O\u2019Brien.<\/p>\n<p>Este hab\u00eda ca\u00eddo recargado, \u00e1 causa de la sacudida del buque, contra la balaustrada, quedando en pie y en una posici\u00f3n horrible, parecida un tanto \u00e1 la de un vivo, pero bien diverso de un cuerpo con vida en el color y en el donaire, \u00a1oh! \u00a1bien diferente! En aquella postura me era muy f\u00e1cil encontrar el medio de realizar lo que yo quer\u00eda, y como ya la costumbre de las aventuras tr\u00e1gicas hab\u00eda conclu\u00eddo por hacerme perder todo miedo \u00e1 los cad\u00e1veres, cog\u00ed aquel por la cintura como si hubiera sido un saco de salvado y haciendo un buen esfuerzo lo arroj\u00e9 al agua. La v\u00edctima de Hands cay\u00f3 al mar con un sonoro chapuz\u00f3n; y el gorro encarnado sali\u00f3 \u00e1 flote y qued\u00f3 nadando sobre la superficie. No bien la agitaci\u00f3n del agua se hubo calmado, pude ver al horrible muerto yaciendo sobre el cuerpo del timonel y ambos meci\u00e9ndose suavemente con el meneo del manso fondo de la bah\u00eda. O\u2019Brien, aunque todav\u00eda bastante joven, era en extremo calvo, y yo ve\u00eda muy bien aquella su cabeza desnuda descansando sobre las rodillas del hombre que lo hab\u00eda asesinado, en tanto que, r\u00e1pidos y nerviosos, los peces pasaban azotando aquellas masas inertes.<\/p>\n<p>Solo ya, solo enteramente, estaba sobre la goleta; la marea hab\u00eda vuelto y el sol estaba \u00e1 tan pocos grados de su ocaso que las sombras de los pinos de la costa occidental comenzaban ya \u00e1 cruzar la anchura del fondeadero y \u00e1 caer sobre la cubierta de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>. La brisa vespertina se hab\u00eda desatado, y aun cuando muy \u00e1 cubierto con la colina de los dos picos hacia el Este, las jarcias empezaban ya \u00e1 silbar un poco, y las sueltas lonas \u00e1 azotar de un lado para otro.<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 entonces \u00e1 temer alg\u00fan peligro para el buque: arri\u00e9 los foques \u00e1 toda prisa y los ech\u00e9, sin gran trabajo, sobre cubierta; pero en cuanto \u00e1 la vela mayor, esta era ya materia mucho m\u00e1s dif\u00edcil. Por supuesto que al ladearse el nav\u00edo, el botal\u00f3n se hab\u00eda colgado hacia afuera, al extremo de que su remate y uno \u00f3 dos pies de la vela colgaban sumergidos en el agua. Me pareci\u00f3 que esta circunstancia lo hac\u00eda todav\u00eda mucho m\u00e1s peligroso, y a\u00f1\u00e1dase a\u00fan que la compresi\u00f3n era tan fuerte que medio tem\u00eda yo hacer algo en el asunto. Por \u00faltimo me resolv\u00ed; saqu\u00e9 mi navaja y cort\u00e9 la cuerda de la verga. El pe\u00f1ol se abati\u00f3 instant\u00e1neamente y una gran curva de lona, ya suelta, flot\u00f3 esparcida sobre el agua; desde aquel momento, abatido como lo deseaba, ya no me era posible menear la cargadera: esto era todo cuanto estaba en mi poder ejecutar. Por lo dem\u00e1s, <em>La Espa\u00f1ola<\/em> deb\u00eda confiar, como yo mismo, en nuestra buena estrella.<\/p>\n<p>Entre tanto, toda la bah\u00eda estaba ya sumergida en la sombra del pinar: recuerdo que los \u00faltimos rayos del sol acababan de penetrar por un peque\u00f1o claro del boscaje y hab\u00edan brillado como joyas resplandecientes sobre la diadema de flores de aquel destrozado casco de nav\u00edo, con sus arbustos, l\u00edquenes y musgos marinos. El fresco era ya penetrante, la bajamar iba r\u00e1pidamente hacia afuera del ancladero, y la goleta quedaba m\u00e1s y m\u00e1s \u00e1 cada momento descansando sobre las extremidades de los baos.<\/p>\n<p>Sub\u00ed en cuatro pies en direcci\u00f3n de proa y lanc\u00e9 una ojeada en torno m\u00edo. Me convenc\u00ed de que el fondo de agua que quedaba era insignificante y as\u00ed fu\u00e9 que, cogi\u00e9ndome con ambas manos \u00e1 la cortada guindaleza, por una \u00faltima precauci\u00f3n, me dej\u00e9 deslizar suavemente hacia afuera del buque. El agua apenas me cubr\u00eda las piernas, la arena era firme, cubierta con las ondulantes acentuaciones de la agitaci\u00f3n suave de las aguas, por lo cual sal\u00ed por fin \u00e1 tierra, lleno de alegr\u00eda, dejando \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em> recostada sobre s\u00ed misma, con su vela mayor ba\u00f1\u00e1ndose ampliamente sobre la superficie de las olas. En aquel mismo instante el sol se pon\u00eda definitivamente en Occidente y la brisa murmuraba suavemente en el crep\u00fasculo, jugueteando entre los ondulantes pinos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, y \u00e1 lo menos, me ve\u00eda fuera del mar y no tornaba, por cierto, con las manos vac\u00edas. All\u00ed estaba la goleta, libre al fin de todo pirata, y lista para que nuestros hombres la tripularan una vez m\u00e1s y se hicieran \u00e1 la mar de nuevo. Nada, por consiguiente, estaba m\u00e1s en mis intenciones que el volver, \u00e1 casa como quien dice, esto es, \u00e1 la estacada, y contar all\u00ed con orgullo mis haza\u00f1as y aventuras. No ser\u00eda extra\u00f1o que se me ri\u00f1era un poco por mi truhaner\u00eda, pero el haber recapturado <em>La Espa\u00f1ola<\/em> era una elocuente y significativa respuesta que, lo aguardaba as\u00ed, obligar\u00eda al Capit\u00e1n Smollet \u00e1 confesar que no hab\u00eda yo perdido el tiempo.<\/p>\n<p>Raciocinando de este modo, y con el \u00e1nimo levantado en gran manera, p\u00faseme en camino de lo que he llamado mi casa, que era el reducto en que estaban mis compa\u00f1eros. Me acordaba bien que el m\u00e1s oriental de los r\u00edos que desembocan en la bah\u00eda del Capit\u00e1n Kidd, corr\u00eda desde la monta\u00f1a de los dos picos, sobre mi izquierda, por lo cual enderec\u00e9 el rumbo en aquella direcci\u00f3n, seguro de poder cruzar el r\u00edo en el punto en que era a\u00fan angosto. El bosque no era nada espeso y siguiendo, sin desviarme, la l\u00ednea m\u00e1s baja de la falda del cerro, pronto hab\u00eda volteado su extremidad y no mucho rato despu\u00e9s ya hab\u00eda vadeado, con el agua s\u00f3lo \u00e1 media pierna, la corriente del r\u00edo.<\/p>\n<p>Esto me puso muy cerca del punto en que encontr\u00e9 \u00e1 Ben Gunn, el hombre <em>aislado<\/em> y, por lo mismo, mi marcha fu\u00e9 ya m\u00e1s circunspecta teniendo siempre un ojo abierto para cada lado. La luz del crep\u00fasculo iba ya cediendo el campo \u00e1 las grandes sombras de la noche, y no bien hube franqueado el espacio necesario para poder ver entre la abertura que forman los dos picos, lleg\u00f3 hasta mi vista la ondulante claridad de un fuego que se destacaba sobre el fondo del horizonte. Supuse que el hombre de la isla estaba all\u00ed cocinando su cena al resplandor de una clara y alegre hoguera. Pero no dejaba de maravillarme que tan sin cuidado ni precauci\u00f3n alguna se mostrara, porque si yo ve\u00eda aquel fulgor \u00bfno era probable que tambi\u00e9n llegara hasta los ojos de Silver en su campamento de la playa, entre los marjales?<\/p>\n<p>Gradualmente la noche hab\u00eda llegado m\u00e1s y m\u00e1s negra; y en las tinieblas que me envolv\u00edan, lo \u00fanico que yo pod\u00eda hacer era guiarme, y eso no muy seguramente, hacia mi destino, teniendo \u00e1 mi espalda la doble cima de la altura, y \u00e1 mi derecha la mole del \u201cVig\u00eda\u201d que cada momento se desvanec\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s en los nimbos de la oscuridad. Las estrellas eran escasas y p\u00e1lidas y en el terreno bajo que yo recorr\u00eda me era imposible evitar el enredarme al paso con zarzas y matorrales \u00f3 caer en sinuosidades arenosas.<\/p>\n<p>De pronto cierta claridad inesperada cay\u00f3 cerca de m\u00ed. Alc\u00e9 la vista; el vislumbre p\u00e1lido de los rayos lunares se dilataba sobre la cima del \u201cVig\u00eda,\u201d y muy poco despu\u00e9s v\u00ed algo como un globo de plata alz\u00e1ndose lentamente de sobre las copas de la arboleda: era la luna que sal\u00eda.<\/p>\n<p>Con esta ayuda pude ya franquear m\u00e1s f\u00e1cilmente lo que me faltaba de andar, y \u00e1 veces marcando \u00e1 paso natural, \u00e1 veces corriendo, me acercaba \u00e1 cada momento m\u00e1s y m\u00e1s \u00e1 la estacada. Sin embargo, como ya me encontraba en el bosque que limita la fortaleza, no me pareci\u00f3 tan fuera de prop\u00f3sito el moderar mi paso y marchar con bastante precauci\u00f3n, pues cierto que hubiera sido un triste fin de mis aventuras el verme atravesado por la bala de un centinela de nuestro campo que hiciera fuego sobre m\u00ed, sin conocerme.<\/p>\n<p>La luna se alzaba m\u00e1s y m\u00e1s alto; su luz se desparramaba ya aqu\u00ed y acull\u00e1 sobre los espacios que la arboleda del bosque dejaba limpios, y, cosa extra\u00f1a, frente \u00e1 m\u00ed apareci\u00f3 un resplandor de tinte diferente, entre los pinos. Aquel brillo era rojo y ardiente, pero de vez en cuando se oscurec\u00eda, como si fuera un brasero sofocado de tiempo en tiempo por la humareda.<\/p>\n<p>Por vida m\u00eda que no pod\u00eda yo atinar con lo que aquello pudiera ser.<\/p>\n<p>Pero al fin y al cabo llegu\u00e9 \u00e1 los l\u00edmites de la parte desarbolada. La extremidad occidental estaba \u00e1 la saz\u00f3n inundada con la claridad del astro de la noche; pero la parte restante lo mismo que el reducto todav\u00eda quedaban envueltos en la sombra, si bien con una que otra lista de luz que lograba caer all\u00ed \u00e1 trav\u00e9s de la masa espesa del follaje. Al otro extremo de la casa una inmensa hoguera hab\u00eda ardido hasta tornarse en rescoldo puro, y su reverbero acentuadamente rojo contrastaba en gran manera con la dulce palidez de la luna. Empero no hab\u00eda por todo aquello un alma que se moviera, ni el menor ruido interrump\u00eda la cadencia suave y mon\u00f3tona del soplo de la brisa.<\/p>\n<p>Me detuve presa de la m\u00e1s grande extra\u00f1eza, y quiz\u00e1s con algo de terror en mi coraz\u00f3n. No hab\u00eda sido costumbre nuestra, por cierto, el encender grandes lumbradas, pues precisamente una de las \u00f3rdenes m\u00e1s terminantes del Capit\u00e1n era que economiz\u00e1ramos la le\u00f1a, por lo cual comenc\u00e9 \u00e1 temer que algo malo hab\u00eda sucedido all\u00ed durante mi ausencia.<\/p>\n<p>Me deslic\u00e9 con cautela dando vuelta por la esquina oriental, manteni\u00e9ndome resguardado en la oscuridad, y en el lugar que juzgu\u00e9 m\u00e1s \u00e1 prop\u00f3sito por ser la sombra m\u00e1s espesa salv\u00e9 resueltamente la empalizada.<\/p>\n<p>Para aumentar mis seguridades me puse \u00e1 recorrer el trayecto que me separaba del \u00e1ngulo del reducto, andando sobre las rodillas y las manos, sin hacer el m\u00e1s peque\u00f1o ruido. Cuando ya estuve bastante cerca, mi coraz\u00f3n se dilat\u00f3 con una expansi\u00f3n de gozo indecible. Lo que la causaba no era un rumor que pueda llamarse, de por s\u00ed, agradable en manera alguna, y a\u00fan recuerdo haberme quejado de \u00e9l en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n; pero en aquella lo percib\u00ed como si hubiera sido el eco de una m\u00fasica deliciosa. \u00bfQu\u00e9 era ello? \u00a1Ah! nada menos que el concierto sonoro de los ronquidos de mis amigos, durmiendo todos apaciblemente. El grito del centinela nocturno de \u00e1 bordo que nos anunciaba \u00e1 las altas horas \u201c\u00a1todo va bien!\u201d jam\u00e1s son\u00f3 m\u00e1s agradablemente \u00e1 mi o\u00eddo.<\/p>\n<p>Por lo pronto, en lo que no cab\u00eda la menor duda era en que en mi campo la vigilancia era de todo punto detestable. Si Silver y sus hombres fueran en aquel instante los que estuvieran cayendo sobre mis amigos, de seguro que ni uno solo ver\u00eda levantarse la luz del nuevo d\u00eda. Eso era lo que influ\u00eda, pens\u00e9 yo, el tener al Capit\u00e1n herido; raciocinio que me hizo reprocharme una vez m\u00e1s el haberlos dejado en aquella situaci\u00f3n peligrosa, con tan pocas personas h\u00e1biles para montar la guardia.<\/p>\n<p>\u00c1 la saz\u00f3n ya hab\u00eda llegado \u00e1 la entrada y estaba all\u00ed, de pie. Todo era oscuridad adentro y mis ojos no pod\u00edan distinguir nada en la densa tiniebla de aquel recinto. En cuanto \u00e1 oir, ya se comprender\u00e1 que en aquel punto era, para m\u00ed, mucho m\u00e1s distinta y perceptible la m\u00fasica de los ronquidos. \u00c1 ella se a\u00f1ad\u00eda, aunque fuese del todo insignificante, un ruido ligero como de alas \u00f3 picoteo casi imperceptible.<\/p>\n<p>Con las manos hacia adelante avanc\u00e9 resueltamente al interior. Mi intento fu\u00e9 acostarme en mi lugar de costumbre, y, a\u00f1ad\u00ed riendo para mis adentros, \u00a1c\u00f3mo me voy \u00e1 divertir viendo las caras que ponen ma\u00f1ana cuando me vayan viendo!<\/p>\n<p>Mi pie tropez\u00f3 con algo que ced\u00eda \u00e1 mi paso: era la pierna de uno de aquellos descuidados dormilones que, \u00e1 mi contacto, no hizo m\u00e1s que murmurar y volverse del otro lado; pero sin despertar.<\/p>\n<p>Pero en aquel instante, y como partiendo del rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro de la pieza, una voz chillona y aguda prorrumpi\u00f3 desaforadamente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho! \u00a1piezas de \u00e1 ocho!&#8230; y continuaba as\u00ed incansable y sin respiraci\u00f3n como una carraca.<\/p>\n<p>\u00a1Aquel era <em>Capit\u00e1n Flint<\/em>, el loro verde de Silver!<\/p>\n<p>\u00c9l era el que produc\u00eda el rumor ligero que yo escuch\u00e9, picoteando una corteza de los maderos del muro.<\/p>\n<p>\u00c9l era el que, ejerciendo una vigilancia mucho mejor que la de una criatura humana, acababa de anunciar mi llegada con su incansable refr\u00e1n.<\/p>\n<p>No tuve el tiempo siquiera indispensable para recobrarme. Al grito agudo y penetrante del loro todos los roncadores se despertaron y se pusieron en pie, escuch\u00e1ndose al punto la voz imponente de Silver que, con el acompa\u00f1amiento obligado de una insolencia, grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n va?<\/p>\n<p>Me volv\u00ed para correr, pero d\u00ed contra una persona; h\u00edceme \u00e1 un lado para buscar nuevo camino y ca\u00ed en los brazos de otra que, por su parte me estrech\u00f3 violentamente teni\u00e9ndome bien apretado.<\/p>\n<p>\u2014Trae una antorcha, Dick; dijo Silver cuando mi apresamiento estaba asegurado.<\/p>\n<p>Entonces uno de aquellos hombres sali\u00f3 del reducto y momentos despu\u00e9s volvi\u00f3 con un hach\u00f3n encendido.<\/p>\n<h1>PARTE VI. EL CAPIT\u00c1N SILVER<\/h1>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXVIII. EL CAMPO ENEMIGO<\/h2>\n<p>LA claridad rojiza de la antorcha iluminando el interior de la caba\u00f1a, me hizo ver que, cuanto de malo pude imaginar en aquellos momentos era, por desgracia, demasiado cierto. Los piratas estaban en posesi\u00f3n del reducto y de las provisiones: all\u00ed estaba la barriquilla de <em>cognac<\/em>; all\u00ed las carnes saladas y los bizcochos como antes de mi ausencia y, cosa que acrecent\u00f3 infinitamente mi terror, ni la menor se\u00f1al de un prisionero. No era posible pensar otra cosa sino que todos hab\u00edan perecido y mi coraz\u00f3n se sinti\u00f3 angustiosamente oprimido al pensar que yo no hab\u00eda estado all\u00ed para perecer con ellos.<\/p>\n<p>Seis de los piratas quedaban all\u00ed \u00fanicamente: ni uno m\u00e1s sobreviv\u00eda. Cinco estaban en pie, colorados, so\u00f1olientos y mal humorados por haberse tenido que arrancar al sopor de la embriaguez. El sexto se hab\u00eda medio incorporado nada m\u00e1s, sobre uno de los codos; estaba mortalmente p\u00e1lido, y el ensangrentado vendaje que rodeaba su cabeza daba \u00e1 entender que aquel hombre hab\u00eda sido recientemente herido, y aun m\u00e1s recientemente curado. Record\u00e9 entonces al hombre que en el ataque de la estacada hab\u00eda sido herido y escap\u00e1dose por el bosque, y no me cupo duda de que \u00e9ste era el mismo.<\/p>\n<p>El loro hab\u00eda saltado sobre el hombro de su amo, peinando y componiendo su plumaje. En cuanto \u00e1 Silver me pareci\u00f3 m\u00e1s p\u00e1lido, y como m\u00e1s severo que de ordinario. Todav\u00eda llevaba puesto el hermoso traje de pa\u00f1o que se endos\u00f3 el d\u00eda de las conferencias, s\u00f3lo que ahora estaba en extremo manchado de arcilla y con bastantes desgarrones causados por las espinosas zarzas de los bosques.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El diablo me ayude!, exclam\u00f3. \u00a1Vaya una sorpresa! Conque aqu\u00ed tenemos \u00e1 Jim Hawkins, entrando, as\u00ed, como quien dice, sin cumplimientos, \u00bfeh? \u00a1Sea enhora buena! \u00a1Recib\u00e1mosle como amigos!<\/p>\n<p>Dicho esto se sent\u00f3 sobre la barriquilla del <em>cognac<\/em> y di\u00f3 trazas de componer y llenar su pipa.<\/p>\n<p>\u2014Dick, presta ac\u00e1 tu eslab\u00f3n y tu yesca por un momento, dijo.<\/p>\n<p>Y cuando ya ten\u00eda una buena lumbre, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Esto te saldr\u00e1 bien, chiquillo! Veamos, Dick, encaja esa antorcha en el mont\u00f3n de la le\u00f1a. Y Vds., amigos, pueden sentarse, no hay necesidad de estarse all\u00ed de pie. El <em>Se\u00f1or<\/em> Hawkins los dispensar\u00e1 \u00e1 Vds., no les quepa duda. Conque s\u00ed, amigo Jim, aqu\u00ed est\u00e1s t\u00fa. \u00a1Qu\u00e9 sorpresa m\u00e1s grata para tu viejo John! Yo siempre he dicho que t\u00fa eras vivo como un zancudo, desde que te puse el ojo encima; pero la verdad, chico, esto le saca el pie adelante \u00e1 todos mis pron\u00f3sticos!<\/p>\n<p>\u00c1 todo esto, como se supondr\u00e1 f\u00e1cilmente, yo no contestaba una sola palabra. Hab\u00edame reclinado contra uno de los muros y desde all\u00ed clavaba mis ojos en los de Silver, con bastante descaro y resoluci\u00f3n aparentes, pero bien sabe Dios que, entre tanto, la m\u00e1s negra desesperaci\u00f3n envolv\u00eda mi alma por completo.<\/p>\n<p>Silver di\u00f3 una \u00f3 dos vigorosas fumadas \u00e1 su pipa con la mayor compostura, y acto continuo prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Ahora bien, Jim, puesto que ya est\u00e1s aqu\u00ed, voy \u00e1 decirte algo de lo que pienso. Yo siempre te Le querido, y siempre te he tomado por un mozuelo de \u00e1nimo, y por el mism\u00edsimo retrato m\u00edo cuando era yo como t\u00fa, muchacho y buen mozo. Yo siempre quise que t\u00fa fueras de los nuestros, y que tomaras la parte que te correspondiera para que pudieses vivir y morir siendo de veras persona. Ahora ya est\u00e1s aqu\u00ed, polluelo&#8230; \u00a1tanto mejor! El Capit\u00e1n Smollet es un buen marino, no cabe duda, tan bueno como yo mismo lo ser\u00eda, en cualquier tiempo, pero rigoroso en achaques de disciplina. \u201cEl deber antes que todo,\u201d es su dicho favorito, y tiene raz\u00f3n, con cien mil diablos. Pero h\u00e9te aqu\u00ed emancipado ya de tu Capit\u00e1n. El Doctor mismo que te quer\u00eda tanto, lo tienes ahora enojado \u00e1 muerte contigo\u2014\u201cpr\u00f3fugo malagradecido\u201d\u2014dijo refiri\u00e9ndose \u00e1 t\u00ed. As\u00ed, pues, por m\u00e1s vueltas que le des al asunto, el resultado es que t\u00fa ya no puedes ir de nuevo \u00e1 reunirte con los tuyos, porque ya ellos no te quieren y as\u00ed, \u00e1 menos que te propongas encabezar una tercera fracci\u00f3n en la isla, para lo cual tendr\u00edas el sentimiento de no tener m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que tu sombra, tienes, por fuerza que alistarte bajo las banderas de tu viejo amigo Silver.<\/p>\n<p>Aquel discurso me hizo un grand\u00edsimo bien. Por \u00e9l supe que mis amigos a\u00fan viv\u00edan y, aun cuando, no desconfiaba yo de que fuera cierto, en parte, lo que Silver dec\u00eda acerca de los resentimientos del partido de c\u00e1mara, por mi deserci\u00f3n, me sent\u00ed mucho m\u00e1s consolado que afligido con sus noticias.<\/p>\n<p>\u2014Nada te dir\u00e9 respecto de que est\u00e1s en nuestras manos, continu\u00f3 Silver. Supongo que ninguna duda te cabr\u00e1 sobre este particular. Pero, mira t\u00fa si juego \u00e1 cartas descubiertas; mi intenci\u00f3n no es intimidarte sino convencerte. Nunca he visto que las amenazas produzcan nada bueno. Si te gusta el servicio&#8230; bien, adelante; te afilias con nosotros y ya est\u00e1&#8230; Ahora&#8230; si no te conviene, muy due\u00f1o eres de tu voluntad y de tu boca para darnos aqu\u00ed un no redondo, y ll\u00e9veme el diablo si algo m\u00e1s claro que todo esto, puede salir de escotilla humana.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPuedo ya contestar?, pregunt\u00e9 con una voz bastante tr\u00e9mula.<\/p>\n<p>En el fondo de toda aquella charla burlona bien claro ve\u00eda yo que la amenaza de la muerte estaba en suspenso sobre mi cabeza, por lo cual mis mejillas abrasaban y el coraz\u00f3n me lat\u00eda dolorosamente dentro el pecho.<\/p>\n<p>\u2014Muchacho, contest\u00f3 Silver, aqu\u00ed nadie te est\u00e1 urgiendo. Forma tu derrotero. Ninguno de nosotros tiene prisa, camarada. El tiempo corre tan agradablemente en tu compa\u00f1\u00eda que, ya lo ves, no hay para qu\u00e9 precipitarse.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, contest\u00e9 yo sinti\u00e9ndome con un poco m\u00e1s de br\u00edo y atrevimiento. Si debo de elegir, declaro que me creo con derecho para saber primero c\u00f3mo est\u00e1n las cosas y por qu\u00e9 est\u00e1n Vds. aqu\u00ed, y en d\u00f3nde paran mis amigos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pues no quiere poco el ni\u00f1o!, dijo en tono gru\u00f1\u00f3n uno de los piratas. No ser\u00eda para \u00e9l poca fortuna el averiguar todo eso.<\/p>\n<p>\u2014Par\u00e9ceme, amigo, dijo Silver al interruptor con un tono demasiado agrio, que har\u00edas mejor en tapar esa escotilla y guardar tus andanadas para cuando se te pidan y necesiten.<\/p>\n<p>En seguida, volvi\u00e9ndose \u00e1 m\u00ed, continu\u00f3 con el mismo acento amable y gracioso de antes:<\/p>\n<p>\u2014Ayer por la ma\u00f1ana, amigo Hawkins, \u00e1 la hora de la segunda guardia, vino por ac\u00e1 el Doctor Livesey trayendo en la mano una bandera de paz: \u201cCapit\u00e1n Silver, d\u00edjome, est\u00e1n Vds. vendidos: \u00a1el buque se ha marchado!\u201d Aquello pod\u00eda suceder muy bien; nosotros hab\u00edamos estado echando un trago y acompa\u00f1\u00e1ndolo de una ronda de canto para hacerlo pasar bien. No dije que no. La verdad es que ninguno de nosotros hab\u00eda apuntado sus vidrios para all\u00e1. Salimos \u00e1 ver&#8230; \u00a1\u00e1brase el infierno!&#8230; aquello era verdad&#8230; \u00a1la goleta hab\u00eda desaparecido! Jam\u00e1s he visto en mi vida un pu\u00f1ado de hombres m\u00e1s dementes que estos; puedes creer que s\u00ed&#8230; parec\u00edan fren\u00e9ticos de remate. \u201cSea en hora buena, d\u00edjome el Doctor, creo que es ya el caso de capitular.\u201d Y capitulamos, no hubo remedio, capitulamos \u00e9l y yo, y aqu\u00ed nos tienes instalados con reducto, <em>cognac<\/em>, provisiones y toda la le\u00f1a que Vds. tuvieron la buena precauci\u00f3n de compilar; en una palabra, el bote entero y completo desde las crucetas hasta la sobrequilla. En cuanto \u00e1 ellos, se han largado con viento fresco, pero ll\u00e9veme el diablo si s\u00e9 en donde han tirado el ancla.<\/p>\n<p>Diciendo esto di\u00f3 una nueva fumada \u00e1 su pipa con la mayor calma, hecho lo cual prosigui\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Y para que no te hagas la ilusi\u00f3n de que se te ha incluido en el tratado, voy \u00e1 decirte cu\u00e1les fueron las \u00faltimas palabras que hablamos. \u201c\u00bfCu\u00e1ntos son Vds. para salir de aqu\u00ed?\u201d le pregunt\u00e9 yo. \u201cCuatro, me contest\u00f3, y uno de esos cuatro, herido. En cuanto \u00e1 ese muchacho, yo no s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 ni me importa saberlo&#8230; el diablo cargue con \u00e9l, aunque de pronto lo sentimos mucho.\u201d Estas fueron sus palabras.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEso es ya todo?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Eso es cuanto t\u00fa tienes que oir, hijo m\u00edo, replic\u00f3 Silver.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora&#8230; \u00bfdebo ya hacer mi elecci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014Ahora tienes que elegir; s\u00ed, mi amigo, no te quepa la menor duda.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, continu\u00e9. No soy tan gran badulaque que ignore lo que se me espera. Pero suceda lo que suceda, y poco me importa que sea lo peor posible. Desde que ca\u00ed metido en esta aventura he visto morir \u00e1 tantos hombres, que ya la idea de la muerte no me asusta tanto. Pero hay una \u00f3 dos cosas que quiero decir \u00e1 Vds&#8230;<\/p>\n<p>Mi palabra iba tomando un acento desusado de excitaci\u00f3n. En ese tono prosegu\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Lo primero que quiero decir es esto: est\u00e1n Vds. perdidos; perdido est\u00e1 el buque, perdido el tesoro, perdidos los hombres para Vds. Todo el proyecto que ha engendrado su rebeli\u00f3n no es ya m\u00e1s que un deshecho&#8230; \u00a1est\u00e1 en pedazos! \u00bfY quieren Vds. saber de qui\u00e9n es la obra de su destrucci\u00f3n?&#8230; \u00a1Es m\u00eda! Yo estaba oculto en el barril de las manzanas la noche en que vimos tierra, y desde \u00e9l le o\u00ed \u00e1 Vd., John, y \u00e1 Vd. Dick Johnson, y \u00e1 Hands que \u00e1 la hora de esta yace en el fondo del oc\u00e9ano; y despu\u00e9s de oir cuanto dec\u00edan lo repet\u00ed todo, palabra por palabra, antes de que hubiera trascurrido una hora, \u00e1 quienes ten\u00edan el derecho de saberlo. Y por lo que hace \u00e1 la goleta, fu\u00ed yo tambi\u00e9n el que cort\u00f3 su cable; yo quien mat\u00f3 \u00e1 los dos hombres que ten\u00eda Vd. \u00e1 bordo y yo, por \u00faltimo, el que la he llevado \u00e1 un punto en que ninguno de Vds. volver\u00e1 \u00e1 verla jam\u00e1s. Si alguien debe y puede reir en este negocio, ese soy yo&#8230; yo, que desde un principio he tenido la ventaja sobre todos Vds., de quienes no tengo, en este momento, m\u00e1s miedo del que me inspirar\u00eda una mosca. M\u00e1tenme, si gustan, \u00f3 d\u00e9jenme con vida. Pero una cosa dir\u00e9 solamente para concluir, y es que, si se me deja vivir&#8230; servicio por servicio&#8230; el d\u00eda que Vds., amigos, est\u00e9n en una corte del crimen, acusados de pirater\u00eda, yo salvar\u00e9 de la horca, con mi testimonio, \u00e1 todos los que pueda. Vds., pues, y no yo, son los que tienen que elegir. Maten uno m\u00e1s, y aumenten in\u00fatilmente, con eso, la lista de sus cr\u00edmenes; \u00f3 d\u00e9jenme vivo y aseg\u00farense, de esa manera, el testigo que puede arrancarlos del pat\u00edbulo.<\/p>\n<p>Me detuve al llegar aqu\u00ed porque, lo confieso, se me hab\u00eda acabado el aliento. Empero, con gran asombro m\u00edo, ninguno de aquellos hombres se movi\u00f3, sino que todos se quedaron con los ojos clavados sobre m\u00ed, como si fuesen corderos. Aprovech\u00e1ndome de su silencio, y en tanto que ellos segu\u00edan contempl\u00e1ndome at\u00f3nitos, romp\u00ed de nuevo:<\/p>\n<p>\u2014Ahora bien, Sr. Silver, como creo que Vd. es aqu\u00ed el hombre m\u00e1s de confiar, quiero hacerle un solo encargo para el caso de que me acontezca lo peor que acontecerme puede, y es que tenga la bondad de contar al Doctor de qu\u00e9 manera he sufrido mi final destino.<\/p>\n<p>\u2014Lo tendr\u00e9 muy presente, contest\u00f3 el pirata, con un acento tan extra\u00f1o que, por vida m\u00eda que me fu\u00e9 imposible decidir si estaba burl\u00e1ndose de m\u00ed, \u00f3 si se sent\u00eda favorablemente impresionado con mi valor.<\/p>\n<p>Entonces tom\u00f3 la palabra aquel Morgan, cara de caoba, \u00e1 quien yo v\u00ed en la taberna de Silver, cerca de los muelles, en Br\u00edstol.<\/p>\n<p>\u2014Yo a\u00f1adir\u00e9 algo \u00e1 todo eso, dijo, y es que ese mismo muchacho es el que reconoci\u00f3 \u00e1 Black Dog.<\/p>\n<p>\u2014Pues miren Vds., a\u00f1adi\u00f3 \u00e1 su vez el cocinero, yo puedo agregar a\u00fan algo m\u00e1s \u00a1por vida del infierno! y es que el mismo muchachillo que Vds. ven, es el que supo birlarnos la carta de Flint que guardaba Billy Bones. Del principio al fin no hemos hecho m\u00e1s que estrellarnos contra Jim Hawkins.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pues aqu\u00ed las pagar\u00e1 todas juntas!, dijo Morgan con un horrible juramento y avanz\u00e1ndose hacia m\u00ed con su gran navaja abierta.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aparta all\u00e1!, grit\u00f3 Silver. \u00bfQui\u00e9n eres aqu\u00ed, t\u00fa, Tom Morgan? Fig\u00faraseme que te has cre\u00eddo ser el Capit\u00e1n. \u00a1Por Satan\u00e1s mi padre y se\u00f1or, que prometo ense\u00f1arte \u00e1 ser quien eres! Hazme enojar y ya ver\u00e1s si no te despacho \u00e1 donde muchos hombres buenos han ido \u00e1 parar, por mi mano, en estos \u00faltimos treinta a\u00f1os, algunos \u00e1 mecerse en los pe\u00f1oles, otros al agua, atados de pies y manos, y todos ellos \u00e1 engordar los peces del oc\u00e9ano. Acu\u00e9rdate que no hay ni ha habido un hombre que se atreva \u00e1 mirarme entre ceja y ceja, que haya podido jactarse de ver un d\u00eda despu\u00e9s de eso; Tom Morgan, \u00a1no eches eso en saco roto!<\/p>\n<p>Morgan se detuvo, pero un murmullo ronco parti\u00f3 de todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Tom tiene raz\u00f3n, avanz\u00f3 uno.<\/p>\n<p>\u2014Creo que he tenido, m\u00e1s largo tiempo del regular, \u00e1 un hombre solo por espantajo, aventur\u00f3 otro. \u00a1Ll\u00e9veme el demonio si un cojo como Vd., John Silver, mete miedo \u00e1 un hombre cabal como yo soy!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSer\u00eda que alguno de Vds., caballeros, siente ganas de saber por s\u00ed mismo qui\u00e9n es John Silver?&#8230;<\/p>\n<p>El cocinero bram\u00f3 m\u00e1s bien que dijo esas palabras, saltando de sobre el barrilete de <em>cognac<\/em> en que estaba sentado, avanzando bastante hacia el grupo de los piratas y sin soltar su pipa que brillaba a\u00fan encendida en su mano derecha. Y sin hacer pausa alguna prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pues me parece muy bien! No m\u00e1s s\u00e1quese un paso al frente el que quiera, y diga lo que se le ofrece, que me figuro que ninguno es mudo. No tiene m\u00e1s que pedir; yo doy lo que se me demande. \u00bfCon todos los a\u00f1os que tengo, hab\u00eda de venir ahora un botarate, hijo de alg\u00fan ladr\u00f3n de aguadulce \u00e1 calarse el sombrero de trav\u00e9s en mi presencia, como t\u00e9rmino \u00e1 mi historia? \u00a1Por el sant\u00edsimo infierno que se equivoca! Pero que haga la prueba el m\u00e1s gallito&#8230; \u00a1ya sabe el modo! Todos Vds. son \u201ccaballeros de la fortuna,\u201d seg\u00fan Vds. mismos&#8230; \u00a1Pues \u00e1 la obra! \u00a1aqu\u00ed estoy listo! Desencamise el cuchillo el que sea hombre para ello y por mi patr\u00f3n Satan\u00e1s que antes de que esta pipa se acabe ya habr\u00e9 visto el color y el tama\u00f1o de su asadura!&#8230;<\/p>\n<p>Ninguno de aquellos hombres se movi\u00f3, ninguno murmur\u00f3 una palabra. Entonces \u00e9l a\u00f1adi\u00f3 volviendo la pipa \u00e1 la boca.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1gallinas!&#8230; \u00a1eso es lo que son Vds.! \u00a1De veras que es una gloria el ver ese mont\u00f3n de poltrones! Muy bravos si se trata de batirse con una botella, pero muy sordos cuando se les llama \u00e1 probar si son lo que parecen!&#8230; Veremos si entienden Vds. el ingl\u00e9s de nuestro Rey Jorge: yo soy aqu\u00ed el Capit\u00e1n, por elecci\u00f3n un\u00e1nime. Yo soy el Capit\u00e1n porque \u00e1 legua soy mejor y valgo m\u00e1s que todos Vds. juntos. As\u00ed, pues, y ya que no quiere ninguno salir conmigo \u00e1 medirse como uno de los verdaderos \u201ccaballeros de la fortuna,\u201d \u00e1 obedecer todos, canallas, y sin chistar&#8230; \u00bfentendidos?&#8230; Yo quiero \u00e1 este muchacho; yo no he visto jam\u00e1s un chico que valga lo que vale \u00e9l, y por quien soy afirmo que \u00e9l es m\u00e1s hombre y vale \u00e9l solo mucho m\u00e1s que el mejor par de todas estas ratas de nav\u00edo amontonadas aqu\u00ed. Ahora bien, lo que yo digo es esto y nada m\u00e1s que \u00e9sto: yo lo tomo \u00e1 mi lado; yo lo protejo y cubro con mi mano. Eso es cuanto he de decir y t\u00e9nganlo bien entendido!&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto vino un largo silencio. Yo permanec\u00eda a\u00fan r\u00edgido, apoyado contra el muro, con el coraz\u00f3n lati\u00e9ndome todav\u00eda como un martillo de fragua, pero con un rayo de esperanza comenzando \u00e1 aparecer en el fondo de mi alma. Silver retrocedi\u00f3 tambi\u00e9n \u00e1 su lugar primitivo, contra la pared, y estaba all\u00ed con los brazos cruzados, con la pipa en un \u00e1ngulo de la boca, tan tranquilo y tan sereno como si hubiera estado en una iglesia. Sin embargo, su ojo peque\u00f1o pero sagaz vagaba furtivamente de uno \u00e1 otro de sus insubordinados secuaces, \u00e1 quienes miraba incesantemente de trav\u00e9s. Ellos, por su parte, fueron retir\u00e1ndose gradualmente hacia la extremidad opuesta del recinto y all\u00ed comenzaron \u00e1 murmurar en voz baja con un rumor que me parec\u00eda el de un torrente lejano. Uno despu\u00e9s del otro, todos volv\u00edan la cara de vez en cuando hacia donde est\u00e1bamos Silver y yo, y al efectuar ese movimiento la luz rojiza que ca\u00eda en sus facciones les prestaba contornos y tintas espantables. Empero sus ojeadas amenazadoras no eran ya para m\u00ed, sino para Silver.<\/p>\n<p>\u2014Me parece que tienen Vds. pudri\u00e9ndoseles de calladas una l\u00eda de cosas que buscan aire. \u00a1Pues abrir las escotillas y soltarlas, sin melindres, amigos, \u00f3 si no, apartarse!, dijo Silver escupiendo con el m\u00e1s altivo desd\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014Pues con el permiso de Vd., se\u00f1or, salt\u00f3 uno de los hombres. Vd. es bastante olvidadizo trat\u00e1ndose de algunas de nuestras reglas. Ser\u00eda, tal vez, con el fin de vigilar por el cumplimiento de las restantes. \u00a1Est\u00e1 bien! Pero esta tripulaci\u00f3n que ve Vd. aqu\u00ed, est\u00e1 descontenta; esta tripulaci\u00f3n est\u00e1 resuelta \u00e1 arriesgar el todo por el todo (dispensando la libertad) y as\u00ed es que, conforme \u00e1 nuestras propias reglas, seg\u00fan entiendo, nos retiramos \u00e1 celebrar consejo todos juntos. Vd. dispensar\u00e1, se\u00f1or, reconoci\u00e9ndolo como lo reconocemos por nuestro Capit\u00e1n \u00e1 estas horas todav\u00eda. Yo reclamo mi derecho y me salgo afuera para deliberar.<\/p>\n<p>\u2014Diciendo esto hizo un respetuoso y complicado saludo, \u00e1 estilo de marineros, y con la mayor calma y sangre fr\u00eda sali\u00f3 afuera del reducto. \u00c1 ese que era un sujeto alto, de aspecto enfermizo, con ojos amarillentos y como de treinta y cinco a\u00f1os, siguieron otro y otros de los de la banda, observando en todo su ejemplo. Cada uno iba haciendo su reverencia al pasar y cada uno a\u00f1ad\u00eda alguna excusa por el estilo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Conforme \u00e1 reglamento!, dijo uno.<\/p>\n<p>\u2014Sesi\u00f3n de afiliados, a\u00f1adi\u00f3 Morgan.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, ya con una expresi\u00f3n, ya con otra, todos salieron del reducto dej\u00e1ndonos \u00e1 Silver y \u00e1 m\u00ed solos, iluminados por la antorcha.<\/p>\n<p>El cocinero de <em>La Espa\u00f1ola<\/em> se quit\u00f3, al punto, la pipa de la boca y de una manera firme y resuelta, pero apenas perceptible, me habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014Pronto, ven ac\u00e1, Hawkins. Debes comprender que la cuchilla de la muerte est\u00e1 colgada de un solo cabello sobre tu cabeza y, lo que es todav\u00eda peor, acompa\u00f1ada de tormentos. En este instante van \u00e1 deponerme de mi cargo. Pero no importa, f\u00edjate en \u00e9sto: yo permanezco firme de tu lado, venga lo que viniere. No era esto lo que yo me propon\u00eda al principio, \u00a1no por cierto! Pero despu\u00e9s de que hablaste ya fu\u00e9 otra cosa. Me desesperaba la idea de perder todas mis bravatas y salir derrotado en el negocio. Pero he visto que t\u00fa eres el hombre que yo necesito. Me dije entonces \u00e1 m\u00ed mismo: \u201cJohn, t\u00fa ponte del lado de Hawkins y \u00e9l estar\u00e1 al lado tuyo del mismo modo. T\u00fa eres para \u00e9l la \u00faltima carta del juego, y por tu patr\u00f3n Satan\u00e1s, John, que \u00e9l puede ser tambi\u00e9n la tuya!\u201d Ayuda por ayuda, me dije: t\u00fa, Silver, salvas \u00e1 tu testigo y \u00e9l salvar\u00e1 tu pescuezo, de la horca!<\/p>\n<p>Aunque confusamente comenc\u00e9 \u00e1 comprender.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuiere Vd. decir que todo est\u00e1 perdido?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a1Ah! \u00a1por el infierno que s\u00ed!, me respondi\u00f3. El buque ido, cuesta el pescuezo: he all\u00ed la situaci\u00f3n en dos palabras. Una vez que yo ech\u00e9 una mirada \u00e1 esa bah\u00eda, Jim Hawkins, y v\u00ed que no hab\u00eda ya goleta sobre qu\u00e9 contar&#8230; yo soy duro y correoso, pero con todo, puedes creer que me sent\u00ed desorientado. En cuanto \u00e1 ese grupo y su concejo, te digo que no son m\u00e1s que unos est\u00fapidos y cobardes. Yo te sacar\u00e9 salvo de entre sus garras, en cuanto de m\u00ed dependa; pero lo dicho, Jim, servicio por servicio, t\u00fa salvas \u00e1 tu amigo Silver de la horca.<\/p>\n<p>Me sent\u00eda anonadado y aturdido. Parec\u00edame una cosa tan sin visos de esperanza lo que \u00e9l me ped\u00eda&#8230; \u00e9l,&#8230; el viejo pirata, \u00a1el cabecilla de la rebeli\u00f3n!<\/p>\n<p>\u2014Lo que est\u00e9 en mi mano hacer, eso har\u00e9, le respond\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pues trato hecho!, exclam\u00f3 John Silver. T\u00fa has sabido hablar con valor y con fiereza y \u00a1por el infierno! yo sabr\u00e9 cumplirte mi palabra.<\/p>\n<p>Se adelant\u00f3 luego hacia la antorcha que estaba, como he dicho antes, encajada entre la le\u00f1a, y all\u00ed volvi\u00f3 \u00e1 encender su pipa que se hab\u00eda apagado.<\/p>\n<p>\u2014Enti\u00e9ndeme bien, Jim, prosigui\u00f3 en seguida: yo tengo una verdadera cabeza sobre mis hombros. Lo que es ahora, nadie es m\u00e1s partidario del Caballero que yo. Comprendo muy bien que t\u00fa has puesto \u00e1 salvo ese buque en alguna parte&#8230; \u00bfC\u00f3mo?, no lo s\u00e9; pero s\u00ed afirmo que est\u00e1 en seguro. Tal vez lograste reducir y convencer \u00e1 Hands y \u00e1 O\u2019Brien. Yo nunca tuve en ellos una gran fe. Pero, f\u00edjate en \u00e9sto: yo nada pregunto ni dejar\u00e9 que los otros pregunten. Yo s\u00e9 y conozco bien cu\u00e1ndo un juego est\u00e1 de punto, \u00a1s\u00ed se\u00f1or! Pues te aseguro, chico, que lo que es \u00e9ste, \u00a1ya quema! \u00a1Ah! t\u00fa eres un ni\u00f1o todav\u00eda; pero t\u00fa y yo juntos \u00a1cu\u00e1ntas y cuan buenas cosas pudi\u00e9ramos haber hecho!<\/p>\n<p>Diciendo esto abri\u00f3 la llave del barrilillo y dej\u00f3 correr un poco de <em>cognac<\/em> en un vasito de lata.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQuieres un trago, camarada?, pregunt\u00f3me. Y como yo rehusase prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Necesito un t\u00f3nico, porque, de esta hecha, tenemos gresca dentro de pocos momentos. Y \u00e1 prop\u00f3sito de gresca, dime t\u00fa, \u00bfpor qu\u00e9 me entregar\u00eda el Doctor la carta de Flint?<\/p>\n<p>Mi rostro expres\u00f3 un asombro tan grande y tan natural, que Silver vi\u00f3 luego la inutilidad de hacerme m\u00e1s preguntas sobre el asunto.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! pues s\u00ed que lo hizo, a\u00f1adi\u00f3. Y no me cabe duda de que debajo de eso hay algo, no cabe duda, Jim; bueno \u00f3 malo, pero algo hay.<\/p>\n<p>Dicho esto, di\u00f3 un trago \u00f3 dos de <em>cognac<\/em>, oprimi\u00e9ndose despu\u00e9s su grande \u00e9 inteligente cabeza, con el adem\u00e1n de un hombre que prevee y teme todo lo que hay de m\u00e1s malo.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXIX. OTRA VEZ EL DISCO NEGRO<\/h2>\n<p>LA sesi\u00f3n de los filibusteros hab\u00eda durado ya por un rato bastante considerable, cuando uno de ellos volvi\u00f3 \u00e1 entrar al reducto y, no sin repetir el mismo saludo \u00f3 reverencia \u00e1 que antes me refer\u00ed y que, \u00e1 mi entender, era m\u00e1s ir\u00f3nico que sincero, rog\u00f3 \u00e1 Silver que por un momento se les prestase el hach\u00f3n. John accedi\u00f3 desde luego y el emisario se retir\u00f3 dej\u00e1ndonos sumidos en la oscuridad.<\/p>\n<p>\u2014Ya comienza \u00e1 soplar la brisa, Jim, dijo Silver que \u00e1 la saz\u00f3n hab\u00eda adoptado definitivamente un tono de todo punto amistoso y familiar conmigo.<\/p>\n<p>Me aproxim\u00e9 entonces \u00e1 la tronera que estaba m\u00e1s cerca de m\u00ed y ech\u00e9 una ojeada hacia afuera. Los le\u00f1os de la grande hoguera se hab\u00edan consumido casi por completo, brillando \u00e1 esa hora tan opaca y d\u00e9bilmente que, con s\u00f3lo verlos, me pareci\u00f3 comprender la raz\u00f3n de que los hombres aquellos quisieran el hach\u00f3n. Como \u00e1 la mitad del declive de la loma de la estacada aparec\u00edan todos reunidos en un grupo; uno de ellos ten\u00eda la antorcha; otro estaba medio arrodillado en medio del grupo, y pude advertir que en su mano brillaba el acero de una navaja abierta, produciendo cambiantes de varios colores, \u00e1 la doble claridad de la luna y de la antorcha. Los dem\u00e1s estaban un poco inclinados sobre el de en medio, como si vigilasen \u00f3 atendieran con inter\u00e9s \u00e1 lo que hac\u00eda. Pude notar tambi\u00e9n que el mismo hombre de en medio ten\u00eda en las manos un libro, y todav\u00eda no volv\u00eda de la extra\u00f1eza que me causaba ver en poder de aquellos piratas una cosa tan ajena de su car\u00e1cter y costumbres, cuando el personaje arrodillado se puso de pie y todos con \u00e9l comenzaron \u00e1 desfilar de nuevo hacia el reducto.<\/p>\n<p>\u2014Ya vuelven all\u00ed, dije; y al punto me apresur\u00e9 \u00e1 volver \u00e1 colocarme en mi posici\u00f3n anterior, porque me pareci\u00f3 indigno de m\u00ed el que me encontrasen espi\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>\u2014D\u00e9jalos que vengan, muchacho, d\u00e9jalos, exclam\u00f3 Silver con un gran acento de confianza. Creo tener todav\u00eda un tiro en mi cartuchera.<\/p>\n<p>La puerta di\u00f3 entrada \u00e1 los cinco hombres, juntos unos con otros en un apretado grupo; pero no dieron sino un paso adentro del umbral, y empujaron \u00e1 uno de ellos, de modo que ocupase la delantera. En cualesquiera otras circunstancias hubiera sido en extremo c\u00f3mico ver trastrabillar \u00e1 aquel pobre hombre en su avance lento y vacilante y teniendo su mano derecha empu\u00f1ada delante de s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Avanza, muchacho, avanza, exclam\u00f3 Silver; no creas que te voy \u00e1 comer. Entrega eso, harag\u00e1n; yo s\u00e9 bien las reglas, puedes creerlo y no he de meterme \u00e1 maltratar \u00e1 una <em>diputaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>Esto di\u00f3 al pirata diputado un poco m\u00e1s de \u00e1nimo y pudo ya adelantarse m\u00e1s f\u00e1cilmente. Entonces y cuando tuvo \u00e1 Silver al alcance de su mano, pas\u00f3 algo \u00e1 la del cocinero y en el acto retrocedi\u00f3 con la mayor ligereza hasta el grupo de sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>John Silver ech\u00f3 una ojeada sobre lo que se le acababa de pasar, y murmur\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El disco negro! \u00a1Ya me lo esperaba! Pero \u00bfen d\u00f3nde diablos han cogido Vds. papel! \u00a1Ah! \u00a1Vamos! \u00a1ya caigo! Aqu\u00ed est\u00e1 el secreto: pero, chicos, esto es de mal ag\u00fcero; han ido Vds. \u00e1 cortar el papel de una Biblia. \u00a1Pues yaya que no pod\u00eda darse nada de m\u00e1s tonto!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00bfqu\u00e9 tal?, dijo Morgan, \u00bfqu\u00e9 tal? \u00bfNo fu\u00e9 eso mismo lo que yo dije? \u00a1De all\u00ed no puede salir cosa buena!<\/p>\n<p>\u2014Tanto peor para los profanadores: \u00a1Vds. mismos se han condenado \u00e1 la horca!, continu\u00f3 Silver. Y \u00e1 todo esto, \u00bfqui\u00e9n era el santurr\u00f3n holgaz\u00e1n que ten\u00eda una Biblia?<\/p>\n<p>\u2014Era Dick, dijo uno.<\/p>\n<p>\u2014Conque Dick, \u00bfeh? Pues hijo m\u00edo, ya puedes encomendarte \u00e1 Dios, replic\u00f3 John. Creo que con esto ha conclu\u00eddo ya tu lote de buena suerte, puedes cre\u00e9rmelo.<\/p>\n<p>En esto el pirata flaco oji-amarillento, salt\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u2014Basta ya de charla in\u00fatil, John Silver. Esta tripulaci\u00f3n le ha pasado \u00e1 Vd. el disco negro, en sesi\u00f3n plena, y conforme \u00e1 las reglas; Vd. no tiene m\u00e1s que hacer sino voltearlo como las mismas reglas se lo mandan y leer lo que hay escrito en \u00e9l. Despu\u00e9s podr\u00e1 Vd. hablar.<\/p>\n<p>\u00a1Gracias, Jorge, un mill\u00f3n de gracias!, replic\u00f3 el cocinero de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>. Este muchacho siempre ha sido as\u00ed para todos los negocios, vivo y en\u00e9rgico. Adem\u00e1s se sabe de memoria todas nuestras reglas, lo cual me complace en sumo grado. Pero, en fin, veamos qu\u00e9 es ello, con lo cual nada se pierde. \u00a1Ah! vamos: \u201c<em>\u00a1Depuesto!<\/em>\u201d Eso es, \u00bfno es verdad? \u00a1Bonita escritura, hombre, muy bonita! Se dir\u00eda que era de un maestro de escuela! \u00a1Si hasta parece hecho con letras de molde! \u00bfFuiste t\u00fa quien escribi\u00f3 \u00e9sto, Jorge? Pues hombre, te felicito, porque, la verdad, se ve que ya te vas haciendo un personaje notable entre estos buenos chicos. \u00bfQu\u00e9 apostamos \u00e1 que t\u00fa vas \u00e1 ser mi sucesor, nombrado Capit\u00e1n con todos tus honores? Pero, entre tanto, \u00bfno me haces el favor de pasarme ese hach\u00f3n? Esta pipa no arde bien.<\/p>\n<p>\u2014Basta una vez m\u00e1s, dijo Jorge. Se acab\u00f3 el tiempo en que enredaba Vd. con su charla \u00e1 esta tripulaci\u00f3n. Vd. se tiene por muy gracioso, \u00e1 lo que entendemos; pero, por ahora, ya no es Vd. nadie, con lo cual har\u00eda Vd. muy bien en bajarse de ese barril y ayudarnos \u00e1 votar \u00e1 otro jefe.<\/p>\n<p>\u2014Me pareci\u00f3 haberte o\u00eddo decir que conoc\u00edas nuestro reglamento, dijo Silver desde\u00f1osamente. Pero si no es as\u00ed, yo s\u00ed lo conozco. Digo, en consecuencia, que no me muevo de aqu\u00ed, y a\u00f1ado que soy todav\u00eda el Capit\u00e1n de la banda,\u2014fijarse bien en esto\u2014hasta que Vds. hayan desembuchado, una por una, todas sus quejas y yo haya contestado \u00e1 ellas. Mientras tanto, su disco negro no vale un ardite. Despu\u00e9s de cumplir con ese requisito, \u00a1ya veremos!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! pues en cuanto \u00e1 eso no hay inconveniente en darle \u00e1 Vd. gusto. Aqu\u00ed todos somos llanos y parejos y no nos mordemos la lengua. He aqu\u00ed nuestras razones: Primera: Vd. ha convertido esta expedici\u00f3n en un mero jigote; supongo que no tendr\u00e1 Vd. el descaro de negarlo. Segunda: Vd. ha dejado escapar al enemigo, de esta ratonera, sin provecho alguno&#8230; \u00bfpor qu\u00e9 quer\u00edan ellos salirse? yo no lo s\u00e9, pero lo que es evidente es que salir quer\u00edan. Tercera: Vd. no nos ha permitido atacarlos despu\u00e9s de salidos&#8230; \u00a1ah! no se figure que dejamos de ver claro en esto: Vd. no juega limpio, John Silver, y eso es lo peor que puede hacer. Cuarta: ese muchacho que se nos ha colado esta noche y \u00e1 quien Vd. defiende.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEso es ya todo?, pregunt\u00f3 tranquilamente Silver.<\/p>\n<p>\u2014Con lo que basta y sobra, contest\u00f3 Jorge. Me parece que todos tendremos que vernos colgados y secando al sol, todo por culpa de Vd.<\/p>\n<p>\u2014Pues est\u00e1 bien. Voy \u00e1 contestar \u00e1 esos cuatro puntos, uno por uno. \u00bfCon que yo he hecho un jigote de esta expedici\u00f3n? \u00a1Vamos!&#8230; \u00bfacaso ignoran Vds. lo que yo quer\u00eda y lo que hab\u00eda resuelto? Vds. saben bien que si aquello se hubiera hecho esta noche estar\u00edamos todos \u00e1 bordo de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, como siempre, todos vivos, todos contentos, muy bien comidos, mejor bebidos y con el tesoro almacenado en la cala, \u00a1con mil demonios! Y bien, \u00bfqui\u00e9n se me interpuso? \u00bfqui\u00e9n forz\u00f3 mi mano que era la del leg\u00edtimo capit\u00e1n? \u00bfqui\u00e9n me hizo pasar el disco negro el mismo d\u00eda que desembarcamos y comenz\u00f3 esta danza?&#8230; \u00a1Ah! \u00a1bonita danza por cierto! Ya me veo en ella con Vds. hasta el verdadero fin. Esto me parece tan gracioso y divertido como si viera una gaita colgando en la punta de la horca en la Playa de los Ajusticiados. Pero \u00bfde qui\u00e9n es la culpa? Pues bien, fueron Anderson, y Hands, y t\u00fa, Jorge Merry, los que determinaron aquello. T\u00fa eres el \u00fanico que queda vivo de esos oficiosos impertinentes, y ahora te me vienes con la insolencia est\u00fapida y endemoniada de pon\u00e9rteme enfrente para tomar mi puesto de capit\u00e1n&#8230; t\u00fa que has hundido \u00e1 la mayor\u00eda de nuestra tripulaci\u00f3n! \u00a1Por mi patr\u00f3n Satan\u00e1s, esto s\u00ed que es el m\u00e1s alto colmo de la desverg\u00fcenza y del cinismo!<\/p>\n<p>Silver hizo una pausa durante la cual pude observar en los semblantes de Jorge y sus camaradas, que aquella fil\u00edpica tremenda no hab\u00eda sido pronunciada en vano.<\/p>\n<p>\u2014Eso es por lo que hace al cargo n\u00famero uno, dijo el acusado endulzando un poco el ce\u00f1o terriblemente adusto con que hasta all\u00ed hab\u00eda hablado, y bajando el diapas\u00f3n de aquella voz con que acababa hacer retemblar la casa.<\/p>\n<p>\u2014Es cosa que pone \u00e1 uno enfermo, prosigui\u00f3, el disgusto de tener que entenderse con Vds. De todos no hay uno que tenga ni entendimiento, ni memoria; y hasta me admiro de pensar c\u00f3mo se les ir\u00eda el santo al cielo \u00e1 sus mam\u00e1s que los dejaron meterse \u00e1 la mar. \u00a1\u00c1 la mar!&#8230; \u00a1Marinos Vds.! \u201c\u00a1caballeros de la fortuna!\u201d&#8230; Sastres; \u00e9se debe ser su oficio.<\/p>\n<p>\u2014Siga Vd., John, dijo Morgan. Pero h\u00e1blele \u00e1 los dem\u00e1s tambi\u00e9n; no, no m\u00e1s \u00e1 m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1s\u00ed! \u00a1los otros! \u00a1precioso hato de hombres! \u00bfno es verdad? Dicen Vds. que esta expedici\u00f3n est\u00e1 desconcertada y descuadernada. \u00a1Oh! \u00a1si pudieran Vds. comprender hasta qu\u00e9 punto est\u00e1 descuadernada! \u00a1ya ver\u00edan Vds. entonces! B\u00e1steme decirles que tenemos todos la horca tan cerca que casi huelo el c\u00e1\u00f1amo y siento el pescuezo oprimido, de s\u00f3lo pensar en ello. Ya Vds. hab\u00edan visto ese espect\u00e1culo&#8230; \u00a1qu\u00e9 hermoso! \u00bfno es verdad? Un hombre cargado de cadenas, suspenso de una cuerda, rodeado de buitres que revolotean sobre su cad\u00e1ver \u00f3 almuerzan tranquilamente con sus entra\u00f1as. Y los marineros horrorizados se\u00f1al\u00e1ndoselo con el dedo, unos \u00e1 otros, cuando \u00e1 la hora de la bajamar cruzan en sus barquillas junto al pat\u00edbulo. \u201c\u00bfQui\u00e9n es ese?\u201d dice uno\u2014\u201c\u00bfEse? \u00bfy lo preguntas? Pues es John Silver; yo lo conoc\u00ed muy bien,\u201d le contesta otro. Y entre tanto, puede llegar hasta los o\u00eddos del trabajador marino que cruza hacia la boya cercana, el ruido siniestro con que golpean unas con otras las cadenas de aquel ajusticiado&#8230; Pues hay que convencerse de que \u00e9so es lo que nos aguarda, \u00e1 cada hijo de su madre, en esta compa\u00f1\u00eda, gracias \u00e1 Jorge, y \u00e1 Hands y Anderson y \u00e1 todos los torpes que han arruinado este negocio. Ahora, si quieren Vds. que conteste \u00e1 su cuarto punto, es decir, \u00e1 ese muchacho Hawkins \u00a1por el diablo en persona! \u00bfse figuran Vds. que vamos \u00e1 asesinar \u00e1 un hu\u00e9sped? \u00a1No nosotros, por vida m\u00eda! Es muy posible que \u00e9l sea nuestra \u00faltima tabla en el naufragio y no me sorprender\u00e9 que as\u00ed sea. \u00bfMatar \u00e1 este chico? \u00a1Repito que no, camaradas! \u00bfY sobre el punto tercero? \u00a1Ah! mucho hay que decir sobre el tercer punto. Podr\u00e1 suceder que para Vds. nada significa tener un Doctor entero y verdadero que viene \u00e1 visitarlos diariamente, \u00e1 t\u00ed John con tu cabeza rota, \u00f3 \u00e1 t\u00ed Jorge Merry \u00e1 quien la malaria ha puesto all\u00ed con unos ojos amarillos como lim\u00f3n maduro y que todav\u00eda no hace seis horas estabas tiritando con el calofr\u00edo y delirando con la fiebre. Podr\u00e1 suceder tambi\u00e9n que ignoren Vds. que hay un segundo buque que debe venir \u00e1 buscar \u00e1 la tripulaci\u00f3n de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, si se dilata por cierto tiempo. Pues s\u00ed, se\u00f1ores, viene, y para entonces ya veremos quien se alegra \u00f3 quien siente recibir una visita. Y por lo que hace al n\u00famero dos, esto es, cu\u00e1l es la raz\u00f3n que tuve para hacer un trato, no tienen Vds. m\u00e1s que ponerse todos aqu\u00ed de rodillas, de rodillas como vinieron un d\u00eda \u00e1 ped\u00edrmelo, arrastr\u00e1ndose, para que lo hiciera yo. Pues all\u00ed es nada, vean Vds. la causa&#8230; \u00a1\u00e9sa es!<\/p>\n<p>Y diciendo esto, arroj\u00f3 en medio del grupo, sobre el piso, un papel que yo reconoc\u00ed en el instante y que no era otra cosa que el mapa en pergamino, con las tres cruces rojas, que yo encontr\u00e9 en la tela impermeable guardada en el fondo del cofre del Capit\u00e1n. Por qu\u00e9 raz\u00f3n el Doctor hab\u00eda pasado aquello \u00e1 Silver, era problema que yo no acertaba \u00e1 resolver.<\/p>\n<p>Pero si bien, para m\u00ed, aquello no ten\u00eda explicaci\u00f3n plausible, la carta fu\u00e9 en s\u00ed de un efecto incre\u00edble y m\u00e1gico para los revoltosos. Todos \u00e1 una saltaron sobre ella como gatos sobre un rat\u00f3n. Pas\u00e1ronsela de mano en mano, pero casi ara\u00f1\u00e1ndose unos \u00e1 otros para arrebat\u00e1rsela. Al oir los gritos, los juramentos, las carcajadas infantiles con que acompa\u00f1aban su examen, se habr\u00eda cre\u00eddo, no s\u00f3lo que ya ten\u00edan entre las manos el oro codiciado, sino que ya se ve\u00edan en alta mar, en posesi\u00f3n de \u00e9l, y en completamente en salvo.<\/p>\n<p>\u2014Por supuesto, dijo uno; esto es de Flint, luego se ve. Aqu\u00ed est\u00e1n sus iniciales J. F. y debajo una raya con un clavo atravesado encima, que era lo que \u00e9l siempre pon\u00eda en su nombre.<\/p>\n<p>\u2014Todo esto est\u00e1 muy bueno, dijo Jorge, pero la cosa es que \u00bfc\u00f3mo nos vamos \u00e1 llevar la hucha si ya no hay buque?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jorge Merry!, grit\u00f3 Silver poni\u00e9ndose violentamente de pie y apoy\u00e1ndose con una mano contra la pared. Voy \u00e1 hacerte una prevenci\u00f3n \u00e1 tiempo. Si sueltas una palabra m\u00e1s, tienes que salirte de aqu\u00ed all\u00e1 abajo y verte la cara conmigo, que tengo la certeza de aplastarte. \u00bfC\u00f3mo?&#8230; \u00a1Qu\u00e9 s\u00e9 yo! \u00bfTienes la insolencia de proferir lo que has dicho, t\u00fa, que con tus compinches has causado la p\u00e9rdida de mi goleta, \u00e1 causa de tu intervenci\u00f3n? \u00a1tr\u00e1guete el infierno! \u00a1No! no ser\u00e1s t\u00fa el que nos saque del atolladero, porque t\u00fa no puedes alcanzar ni \u00e1 la pobre inventiva de una cucaracha. En nada de este asunto puedes t\u00fa tomar la palabra, Jorge Merry; y cuenta con desobedecerme.<\/p>\n<p>\u2014Eso es muy claro, dijo el viejo Morgan.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Claro! \u00a1pues ya lo creo!, replic\u00f3 el cocinero. T\u00fa perdiste el buque y yo encontr\u00e9 el tesoro \u00bfqui\u00e9n vale de nosotros dos, Jorge Merry? Y ahora&#8230; presento mi renuncia. Pueden Vds. elegir Capit\u00e1n \u00e1 quien les d\u00e9 la gana. Yo tengo ya bastante del cargo \u00e9ste.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Silver!, gritaron todos en coro. \u00a1Barbacoa ahora y siempre! \u00a1Barbacoa es nuestro Capit\u00e1n! \u00a1Viva Barbacoa!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1En hora buena! esas tenemos \u00bfno es verdad?, exclam\u00f3 el cocinero.<\/p>\n<p>Pues ya lo ves, Jorge, por hoy me parece que tendr\u00e1s que aguardar otro turno para tener tu capitan\u00eda. Y da gracias al demonio de que yo no sea un hombre vengativo. Pero es la verdad, no es ese mi modo. Y ahora bien, camaradas&#8230; \u00bfeste disco negro?&#8230; Me parece que por hoy no vale ya gran cosa, \u00bfno es verdad? Todo se reducir\u00e1 \u00e1 que Dick haya oscurecido su buena estrella y maltratado su Biblia&#8230; \u00a1nada m\u00e1s!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo cree Vd. que la cosa se compondr\u00e1 besando severamente el libro?, exclam\u00f3 Dick que positivamente se sent\u00eda desazonado al pensar en la maldici\u00f3n celeste que cre\u00eda haber hecho caer sobre su cabeza.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Una Biblia con un pedazo recortado!, dijo Silver sarc\u00e1sticamente. \u00a1Imposible! Entre ella y una simple colecci\u00f3n de canciones no hay ya diferencia alguna.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCree Vd. que no?, replic\u00f3 Dick con cierta especie de alegr\u00eda. \u00a1Bueno! pues sin embargo, creo que todav\u00eda vale la pena de guardarla.<\/p>\n<p>\u2014Y ahora, Jim, dijo Silver, aqu\u00ed hay una curiosidad para tu colecci\u00f3n de ellas.<\/p>\n<p>Diciendo esto me pas\u00f3 el pedacillo de papel: era \u00e9ste como del tama\u00f1o de una moneda \u201ccorona.\u201d De un lado nada ten\u00eda impreso, porque era la \u00faltima hoja del libro: del otro lado conten\u00eda un vers\u00edculo de la Revelaci\u00f3n, y en \u00e9l me llamaron la atenci\u00f3n estas palabras de una manera particular: \u201cAfuera est\u00e1n los perros y los asesinos.\u201d El lado impreso hab\u00eda sido ennegrecido con carb\u00f3n de la hoguera, que \u00e1 la saz\u00f3n comenzaba ya \u00e1 desprenderse y \u00e1 manchar mis dedos; en el lado blanco hab\u00edase escrito con el mismo material la palabra \u201cDepuesto.\u201d Todav\u00eda al escribir este relato conservo en mi poder aquella curiosidad, y la tengo aqu\u00ed, sobre mi mesa; pero no podr\u00eda ya verse en ella la menor huella de escritura, si no es una especie de ara\u00f1o como el que alguien podr\u00eda hacer con la u\u00f1a de su dedo pulgar.<\/p>\n<p>Con aquello terminaron los sucesos de esa noche. \u00c1 pocos momentos se sirvi\u00f3 \u00e1 todos un vaso de <em>cognac<\/em> y nos tendimos todos \u00e1 dormir. La se\u00f1al de venganza que di\u00f3 Silver fu\u00e9 nombrar \u00e1 Jorge para hacer cuarto de centinela, amenaz\u00e1ndole con la muerte si no obraba con toda lealtad.<\/p>\n<p>Mucho rato se pas\u00f3 para que yo pudiera cerrar los ojos, y bien saben los cielos que raz\u00f3n me sobraba al solo recuerdo de aquel hombre \u00e1 quien por la tarde hab\u00eda yo quitado involuntariamente la vida, en el instante de mayor peligro para la m\u00eda. Pero lo que m\u00e1s contribu\u00eda \u00e1 desvelarme era aquella partida terrible y sagaz que acababa de ver jugar \u00e1 Silver, cuyos maravillosos esfuerzos tend\u00edan, por un lado, \u00e1 mantener unidos y \u00e1 raya \u00e1 los sublevados, y por el otro \u00e1 intentar todos los medios humanos, posibles \u00e9 imposibles, para obtener una reconciliaci\u00f3n y salvar su miserable existencia. Pero \u00e9l, por su parte, se durmi\u00f3 al momento de la manera m\u00e1s apacible y muy pronto comenc\u00e9 \u00e1 oir el estr\u00e9pito de sus ronquidos. Entre tanto mi coraz\u00f3n se oprim\u00eda penosamente al pensar en los riesgos inminentes que rodeaban \u00e1 aquel hombre, por m\u00e1s malvado que fuera; y en la horca infamante que ten\u00eda como \u00faltima perspectiva de su triste carrera.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXX. BAJO PALABRA<\/h2>\n<p>UNA voz clara y alegre que sonaba \u00e1 la orilla del bosque llamando \u00e1 los del reducto me despert\u00f3, y despert\u00f3 igualmente \u00e1 todos los dem\u00e1s; y el centinela mismo que se hab\u00eda buenamente recargado contra la puerta se estremeci\u00f3 enderez\u00e1ndose en su puesto.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ha del reducto!, gritaba la voz. Aqu\u00ed viene el Doctor.<\/p>\n<p>Y el Doctor era, no cab\u00eda dada. Yo sent\u00eda gusto, ciertamente en escuchar aquel acento amigo, pero mi alegr\u00eda no era muy pura que digamos. Record\u00e9, al punto, con gran bochorno, mi insubordinaci\u00f3n y conducta furtiva, y al ver \u00e1 qu\u00e9 extremo me hab\u00eda ella conducido, en qu\u00e9 compa\u00f1\u00eda y de qu\u00e9 peligros me rodeaba, sent\u00ed verg\u00fcenza de ver al Doctor \u00e1 la cara.<\/p>\n<p>\u00c9l debi\u00f3 haberse levantado muy de madrugada, por que la luz no llegaba a\u00fan decididamente, y cuando yo hube corrido \u00e1 una de las troneras para verle, le divis\u00e9 all\u00e1 abajo, de pie, y como \u00e1 Silver el d\u00eda de su misi\u00f3n, hundido hasta las rodillas en una niebla rastrera.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es Vd. Doctor! \u00a1Santos y buenos d\u00edas tenga vuesa merced!, dijo Silver perfectamente despierto y armado de excelente humor en un momento. Vivo y madrugador, no cabe duda, pero ya sabemos aqu\u00ed que, como lo dice el dicho \u201cel p\u00e1jaro madrugador es el que coge las raciones.\u201d Jorge, mu\u00e9vete, muchacho, y ayuda al Doctor Livesey \u00e1 saltar \u00e1 bordo de este nav\u00edo. Por aqu\u00ed todo va bien, Doctor; todos sus enfermos van mejorando mucho y todos est\u00e1n contentos.<\/p>\n<p>Hablando de esta suerte estaba all\u00ed, de pie en la cima de la loma, con su muleta bajo el brazo y con la otra mano apoy\u00e1ndose en una de las paredes de la casa. Su actitud, su acento, sus palabras, sus modales, ya eran, de nuevo, los del mismo John Silver que yo conociera en Br\u00edstol.<\/p>\n<p>\u2014Le tenemos preparada \u00e1 Vd., por hoy, una peque\u00f1a sorpresa Se\u00f1or Doctor, continu\u00f3. Tenemos aqu\u00ed un extra\u00f1ito. Un nuevo comensal y hu\u00e9sped, s\u00ed se\u00f1or, tan listo y templado como un viol\u00edn. Aqu\u00ed ha dormido toda la noche, como un sobrecargo, al lado mismo del viejo John.<\/p>\n<p>\u00c1 este tiempo, el Doctor Livesey hab\u00eda ya saltado la estacada y estaba muy cerca del cocinero, por lo cual pude observar muy bien la alteraci\u00f3n de la voz en que preguntaba:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSupongo que no ser\u00e1 Jim?<\/p>\n<p>\u2014El mismo Jim en cuerpo y alma, s\u00ed se\u00f1or, contest\u00f3 Silver.<\/p>\n<p>El Doctor se detuvo afuera, y aunque no respondi\u00f3 ya palabra alguna, pasaron algunos segundos antes de que pareciera poder moverse.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bien, bien!, dijo por \u00faltimo. Primero la obligaci\u00f3n y luego el placer, como se dir\u00eda Vd. \u00e1 s\u00ed mismo. Vamos \u00e1 ver y \u00e1 examinar \u00e1 esos enfermos.<\/p>\n<p>Un momento despu\u00e9s ya estaba adentro de la caba\u00f1a y sin tener para m\u00ed m\u00e1s que una torva inclinaci\u00f3n de cabeza, se puso en el acto \u00e1 la obra con sus enfermos. No parec\u00eda tener el m\u00e1s peque\u00f1o recelo, \u00e1 pesar de que debe haber comprendido muy bien que su vida en manos de aquellos traidores y endemoniados piratas estaba pendiente de un cabello. Con la misma naturalidad que si estuviera haciendo una ordinaria visita profesional \u00e1 una tranquila familia en Inglaterra, iba de paciente en paciente, sonando, componiendo y arregl\u00e1ndolo todo. Sus maneras, \u00e1 lo que creo, hab\u00edan ejercido una reacci\u00f3n saludable sobre aquellos hombres, porque el caso es que se comportaban con \u00e9l como si nada hubiera sucedido, como si todav\u00eda fuese el mismo m\u00e9dico de \u00e1 bordo y ellos marinos leales en sus puestos respectivos.<\/p>\n<p>\u2014Lo que es t\u00fa vas muy bien, dijo al individuo de la cabeza entrapajada. Y si hombre alguno en el mundo recibi\u00f3 un porrazo peligroso, \u00e9se has sido t\u00fa: tu cabeza debe ser dura como de acero. Vamos \u00e1 ver t\u00fa, Jorge, \u00bfc\u00f3mo est\u00e1s hoy? Bonito color de lim\u00f3n est\u00e1s echando all\u00ed, no te quepa duda: es que el h\u00edgado se te ha vuelto hacia abajo. \u00bfTomaste esa medicina? \u00c1 ver, muchachos, digan la verdad \u00bftom\u00f3 Jorge su medicina?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! en cuanto \u00e1 eso, s\u00ed se\u00f1or, de veras que s\u00ed, respondi\u00f3 Morgan.<\/p>\n<p>\u2014La cosa es que, desde que me he convertido en m\u00e9dico de rebeldes, \u00f3 dir\u00e9 mejor, en m\u00e9dico de c\u00e1rcel, continu\u00f3 el Doctor en el tono m\u00e1s afable, vengo considerando como un puesto de honor para m\u00ed el no perder ni un solo hombre para nuestro Rey Jorge (Q. D. G.) y para la horca.<\/p>\n<p>Los malvados aquellos se miraron unos \u00e1 otros, pero no hicieron m\u00e1s que tragar la p\u00edldora en silencio.<\/p>\n<p>\u2014Dick no est\u00e1 hoy muy bien, se\u00f1or, dijo uno.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEsas tenemos? \u00c1 ver, ven ac\u00e1, Dick, llam\u00f3 el Doctor. Ens\u00e9\u00f1ame esa lengua. No, no me sorprende que se sienta mal: esta lengua de por s\u00ed bastar\u00eda para espantar \u00e1 una armada francesa. \u00a1Otra malaria tenemos!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! dijo Morgan, eso resulta de andar profanando Biblias.<\/p>\n<p>\u2014Eso resulta de ser, como t\u00fa dices, unos asnos monteses, replic\u00f3 el Doctor; \u00f3 para hablarte m\u00e1s claro, de no saber distinguir un aire viciado y ponzo\u00f1oso, de un aire sano y vivificador, ni un pantano inmundo y envenenado de una tierra alta y seca. Me parece lo m\u00e1s probable (sin que pase esto de una opini\u00f3n, por supuesto) que todos Vds. sin excepci\u00f3n van \u00e1 tener que pagar el duro tributo de la fiebre antes de que logremos arrojar de sus cuerpos los g\u00e9rmenes de la malaria que absorbieron por todos los poros. \u00a1Acampar en un marjal!&#8230; Silver, me sorprende verle \u00e1 Vd. autorizar tal disparate. Vd. es mucho menos tonto que todos estos juntos, pero no se me figura que tenga Vd. ni los m\u00e1s peque\u00f1os rudimentos de higiene.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, a\u00f1adi\u00f3 despu\u00e9s que ya hubo medicinado \u00e1 todos, y cuando ya cada uno hab\u00eda tomado su droga respectiva con una humildad infantil que distaba mucho de denunciar \u00e1 aquellos hombres como sanguinarios rebeldes, y piratas. Est\u00e1 bien; por hoy ya no hay m\u00e1s que hacer. Y ahora, desear\u00eda tener un rato de conversaci\u00f3n con ese muchacho.<\/p>\n<p>Y diciendo esto me se\u00f1al\u00f3 con un desde\u00f1oso movimiento de cabeza.<\/p>\n<p>Jorge Merry estaba en la puerta escupiendo alguna medicina poco agradable, pero apenas el Doctor dijo sus \u00faltimas palabras, se volvi\u00f3 con un movimiento brusco y casi bram\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a1No! \u00a1por cien mil diablos!<\/p>\n<p>Silver golpe\u00f3 sobre la barrica con su mano abierta y rugi\u00f3 estas dos palabras, tomando el aspecto de un verdadero le\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Silencio t\u00fa!<\/p>\n<p>Y luego en su melifluo tono habitual prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Doctor, ya estaba yo pensando en ello, sabiendo lo mucho que siempre ha querido Vd. \u00e1 este chiquillo. Todos nosotros le estamos \u00e1 Vd. inmensamente agradecidos por su amabilidad y, como Vd. lo ve, ponemos la m\u00e1s gran fe en Vd. y tomamos sus drogas como empinar\u00edamos un jarro de <em>grog<\/em>. Creo pues, que he encontrado un medio que lo concilia todo. Hawkins, \u00bfquieres darme tu palabra de honor, como caballero, puesto que lo eres, aunque jovencito y pobre de nacimiento, de que no nos jugar\u00e1s una mala pasada?<\/p>\n<p>\u2014Cuente Vd. con mi palabra, le contest\u00e9 sin vacilar.<\/p>\n<p>\u2014Pues entonces, Doctor, a\u00f1adi\u00f3 Silver, no tiene Vd. que hacer m\u00e1s sino salir afuera del recinto de la estacada, y una vez all\u00ed, yo personalmente llevar\u00e9 abajo \u00e1 Jim para que, \u00e9l de este lado y Vd. del otro, puedan conversar \u00e1 trav\u00e9s de los grandes claros de los postes. Que Vd. lo pase muy bien, Doctor, y presente mis m\u00e1s humildes respetos al Caballero y al Capit\u00e1n Smollet.<\/p>\n<p>La explosi\u00f3n de descontento, mal reprimida por las miradas terribles de Silver, se produjo no bien el Doctor sali\u00f3 del reducto. Silver fu\u00e9 rotundamente acusado de jugar doble; de intentar una reconciliaci\u00f3n especial para s\u00ed; de sacrificar los intereses de sus c\u00f3mplices y v\u00edctimas y, en una palabra, de hacer precisamente lo mismo que en realidad estaba haciendo. Me parec\u00eda aquello, \u00e1 la verdad, tan claro, que no me era posible imaginar como podr\u00eda \u00e9l desarmar su furia. Pero lo cierto es que \u00e9l solo val\u00eda doble, como hombre, que todos aquellos juntos, y que su triunfo de la v\u00edspera le hab\u00eda asegurado una s\u00f3lida preponderancia sobre el \u00e1nimo de cada cual. D\u00edjoles muy formalmente la mayor sarta imaginable de sandeces y tonter\u00edas, para convencerlos; a\u00f1adi\u00f3 que era preciso de todo punto que hablase yo con el Doctor; les pase\u00f3 una vez m\u00e1s la carta por delante de los ojos y concluy\u00f3 por preguntarles si alguno se atrev\u00eda decididamente \u00e1 romper los tratados el d\u00eda mismo en que se les permit\u00eda ponerse ya en busca del tesoro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No! \u00a1por el infierno!, exclam\u00f3. Nosotros somos los que debemos romper el tratado, pero hasta su debido tiempo. Entre tanto yo he de mimar y embaucar \u00e1 ese Doctor, aun cuando me viera obligado \u00e1 limpiarle sus botas personalmente.<\/p>\n<p>Dicho esto les orden\u00f3 que arreglasen el fuego y se lanz\u00f3 afuera, sobre su muleta y apoyando una de sus manos sobre mi hombro, dej\u00e1ndolos desconcertados y silenciosos; pero m\u00e1s embotados por su palabrer\u00eda que convencidos con sus razones.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Despacio!, chico, \u00a1despacio!, d\u00edjome moderando la rapidez de mi marcha. Podr\u00edamos hacerlos caer sobre nosotros en un abrir y cerrar de ojos, si viesen que nos apresur\u00e1bamos demasiado.<\/p>\n<p>Ya entonces deteni\u00e9ndonos con toda deliberaci\u00f3n nos adelantamos \u00e1 trav\u00e9s de la arena basta el punto en que, habiendo ya cumplido la condici\u00f3n, el Doctor esperaba al otro lado de la empalizada.<\/p>\n<p>\u2014Vd. tomar\u00e1 nota de lo que hago en este momento, Doctor, dijo Silver en cuanto que llegamos \u00e1 distancia de poder hablar. Adem\u00e1s Jim le contar\u00e1 \u00e1 Vd. c\u00f3mo he salvado anoche su vida, y c\u00f3mo fu\u00ed depuesto por sola esa raz\u00f3n, no lo olvide Vd. Doctor, cuando un hombre hace cuanto est\u00e1 en su poder por dar \u00e1 su embarcaci\u00f3n el rumbo cierto, como yo lo hago; cuando con sus postreros esfuerzos trata a\u00fan de jugar al hoyuelo, \u00bfcree Vd. que ser\u00e1 mucho conceder \u00e1 semejante hombre el decirle una palabra de esperanza? Vd. no debe perder de vista que ahora no se trata ya simplemente de mi vida, sino de la de este muchacho, que est\u00e1 comprometida en nuestro trato; as\u00ed, pues, h\u00e1bleme Vd. claro, Doctor y d\u00e9me siquiera un rayo de esa esperanza que solicito, para seguir en mi obra; h\u00e1galo Vd. por favor.<\/p>\n<p>Silver era, en aquel momento, un hombre totalmente diverso del que parec\u00eda antes de volver la espalda \u00e1 sus amigos. All\u00ed estaba ahora, con la voz tr\u00e9mula, con las mejillas ca\u00eddas, y con toda la apariencia de una persona muerta positivamente.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es eso, John?, d\u00edjole el Doctor. \u00a1Me figuro que no tiene Vd. miedo!<\/p>\n<p>\u2014Doctor, replic\u00f3 \u00e9l. Yo no tengo de cobarde ni tanto as\u00ed. Si lo fuera no lo confesar\u00eda. Pero es el caso que creo ya sentir los horrendos estremecimientos del pat\u00edbulo. Vd. es un hombre bueno y leal; yo nunca v\u00ed sujeto mejor que Vd. As\u00ed, pues, lo que deseo es que Vd. no se olvide de lo bueno que yo haya hecho y procure olvidar lo malo. Con esto, me hago ya \u00e1 un lado, vea Vd., aqu\u00ed, para dejarlos \u00e1 Vds. hablar \u00e1 solas. Y quiero que a\u00f1ada Vd. esto m\u00e1s \u00e1 mi favor tambi\u00e9n, pues estamos pasando por una situaci\u00f3n m\u00e1s que espinosa.<\/p>\n<p>Diciendo esto se retir\u00f3 un poco hacia atr\u00e1s hasta colocarse donde no pudiera oirnos, y all\u00ed tom\u00f3 asiento en el tronco de uno de los abetos cortados y comenz\u00f3 \u00e1 silbar, girando en torno de su asiento una y otra con el objeto de vigilar tanto \u00e1 m\u00ed y al Doctor, como \u00e1 sus insubordinados secuaces de all\u00e1 arriba que se ocupaban en ir de aqu\u00ed para all\u00e1 en la arena arreglando el fuego y yendo y viniendo \u00e1 la caba\u00f1a de la cual sacaban tocino y pan para confeccionar su almuerzo.<\/p>\n<p>\u2014Conque s\u00ed, amiguito, d\u00edjome el Doctor en un tono triste, por fin ya est\u00e1s aqu\u00ed, \u00bfeh? Lo que has sembrado eso es lo que cosechas, muchacho. Bien sabe Dios que no me siento con la energ\u00eda necesaria para re\u00f1irte en regla, pero no omitir\u00e9 decirte esto, ya sea que te parezca suave \u00f3 duro: cuando el Capit\u00e1n Smollet estaba bueno y sano jam\u00e1s te atreviste \u00e1 salirte, pero en cuanto que lo viste herido y que nada pod\u00eda imped\u00edrtelo \u00a1por San Jorge! entonces te aprovechaste al punto. \u00a1Mira t\u00fa si conducta semejante no era ruin y cobarde!<\/p>\n<p>Debo confesar que al oir esto me ech\u00e9 \u00e1 llorar sin poderme contener. En cuanto pude hablar, dije:<\/p>\n<p>\u2014Doctor, Vd. puede disculparme; demasiados reproches me he hecho yo mismo; pero, como quiera que sea, mi vida est\u00e1 perdida, y ya hubiera yo muerto \u00e1 la hora de esta \u00e1 no ser porque Silver ha estado de mi parte, y\u2014cr\u00e9ame Vd. Doctor\u2014yo puedo muy bien morir y aun me atrevo \u00e1 decir que lo merezco, pero, francamente, la idea de ser torturado me aterroriza. Si, pues, llega el caso de que me den tormento&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Jim, me interrumpi\u00f3 el Doctor, en una voz bastante cambiada ya; Jim, no puedo consentir en semejante idea. \u00a1Salta al punto este cercado y correremos hasta ponernos en salvo!<\/p>\n<p>\u2014Doctor, le dije, tengo empe\u00f1ada mi palabra.<\/p>\n<p>\u2014Ya lo s\u00e9, ya lo s\u00e9, me replic\u00f3. No podemos evitar el faltar \u00e1 ella, Jim. Yo asumo la responsabilidad del acto; toda sobre m\u00ed, hijo m\u00edo. Verg\u00fcenza \u00f3 castigo, yo me comprometo \u00e1 sufrir lo que venga. Pero es imposible dejarte aqu\u00ed. \u00a1Vamos! date prisa&#8230; \u00a1brinca! de un solo salto ya estar\u00e1s al otro lado y te aseguro que correremos como ant\u00edlopes.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No!, le contest\u00e9. Vd. comprende bien que Vd. mismo ser\u00eda incapaz de hacer lo que me aconseja; y como Vd., no lo har\u00edan ni el Caballero, ni el Capit\u00e1n&#8230; Pues ni yo tampoco. Silver ha confiado en m\u00ed. Me ha dejado sin m\u00e1s lazo que la garant\u00eda de mi palabra&#8230; tengo, pues, que volver y volver\u00e9. Pero Vd. no me ha dejado terminar: si se llega el caso de que me den tormento, dec\u00eda yo, podr\u00eda suceder que se me escapara alguna confesi\u00f3n acerca del punto donde la goleta est\u00e1 ahora, puesto que yo he logrado capturarla, en parte por mi buena suerte y en parte arriesg\u00e1ndome un poco. <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, Doctor, est\u00e1 en estos momentos en la Bah\u00eda Norte, hacia su playa meridional, precisamente abajo de la marca de la pleamar. \u00c1 media marea debe encontr\u00e1rsela alta y en seco.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La goleta!, exclam\u00f3 asombrado el Doctor.<\/p>\n<p>Brevemente le refer\u00ed mis aventuras de mar que \u00e9l escuch\u00f3 en silencio.<\/p>\n<p>\u2014Hay en esto una especie de hado misterioso, d\u00edjome cuando hube concluido. \u00c1 cada paso eres t\u00fa el destinado \u00e1 salvar nuestras vidas. \u00bfY puedes suponer, por tanto, que vamos \u00e1 dejarte aqu\u00ed \u00e1 una perdici\u00f3n segura? Ser\u00eda eso una gratitud de muy mala calidad, amigo Jim. T\u00fa descubriste la conspiraci\u00f3n; t\u00fa encontraste \u00e1 Ben Gunn, haza\u00f1a la m\u00e1s notable que en tu vida has hecho y que har\u00e1s aun cuando vivas m\u00e1s que Matusal\u00e9m. \u00a1Oh! \u00a1por el cielo! y hablando de Ben Gunn, este es el da\u00f1o personificado. \u00a1Silver!, grit\u00f3; \u00a1Silver!&#8230;<\/p>\n<p>Y cuando el cocinero estuvo bastante cerca para poder oirlo, prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014No tengan Vds. ninguna prisa respecto de este tesoro: es consejo que me permito dar \u00e1 Vd.<\/p>\n<p>\u2014Puede Vd. creer, se\u00f1or, contest\u00f3 John, que hago todo cuanto est\u00e1 en mi mano para hacer tiempo. Pero tenga Vd. entendido que de emprender la descubierta del tal tesoro dependen mi vida y la de este muchacho; no hay que olvidarlo.<\/p>\n<p>\u2014En hora buena, Silver, replic\u00f3 el Doctor. Si ello es as\u00ed, dar\u00e9 todav\u00eda un paso m\u00e1s en mis advertencias: cuidado con un chubasco posible, cuando se encuentre.<\/p>\n<p>\u2014Doctor, dijo Silver, como de hombre \u00e1 hombre debo decir \u00e1 Vd. que sus palabras \u00f3 me dicen demasiado, \u00f3 bien poco. \u00bfQu\u00e9 es lo que Vds. persiguen; por qu\u00e9 dejaron este reducto; por qu\u00e9 me dieron la carta; todo eso lo ignoro, \u00bfno es verdad? Y sin embargo, ya ve Vd. que sigo sus instrucciones \u00e1 ojos cerrados sin haber recibido ni una sola palabra de esperanza. Pues bien, esto \u00faltimo es ya demasiado. Si no quiere Vd. decirme claramente qu\u00e9 es lo que Vd. quiere darme \u00e1 entender, decl\u00e1remelo as\u00ed sin rodeos y le ofrezco \u00e1 Vd. que al punto suelto el tim\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014No, contest\u00f3 el Doctor. No tengo derecho de decir nada m\u00e1s: no es un secreto m\u00edo, Silver; que si lo fuera, le empe\u00f1o \u00e1 Vd. mi palabra de que lo dir\u00eda. Sin embargo, me avanzo, en bien suyo, hasta donde creo que puedo atreverme, y un paso m\u00e1s todav\u00eda; porque me parece que el Capit\u00e1n va \u00e1 ajustarme la peluca si no me equivoco. Pero no importa: por primera vez, Silver, le doy \u00e1 Vd. alguna esperanza; si ambos salimos vivos de esta lobera, le ofrezco \u00e1 Vd. que, menos perjurar, har\u00e9 cuanto est\u00e9 en mi mano por salvarle.<\/p>\n<p>La fisonom\u00eda de Silver radi\u00f3 con una expresi\u00f3n brillante.<\/p>\n<p>\u2014Si fuera Vd. mi madre, exclam\u00f3 aquel hombre, no podr\u00eda Vd. decir nada que me consolara m\u00e1s; estoy seguro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bien!, esa es mi primera concesi\u00f3n, a\u00f1adi\u00f3 el Doctor. La segunda es algo como un nuevo consejo: guarde Vd. \u00e1 este muchacho muy cerca de s\u00ed, y si necesitare Vd. ayuda, no haga m\u00e1s que gritar. Yo voy \u00e1 asegur\u00e1rsela \u00e1 Vd., y eso mismo le probar\u00e1 que yo no hablo \u00e1 la ventura. Adi\u00f3s, Jim.<\/p>\n<p>Diciendo esto, el Doctor Livesey me apret\u00f3 la mano, al trav\u00e9s de los mal unidos postes, hizo una inclinaci\u00f3n \u00e1 Silver y se alej\u00f3 \u00e1 paso vigoroso perdi\u00e9ndose luego entre la arboleda.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO \u00a0\u00a0\u00a0 XXXI. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 EN \u00a0 BUSCA \u00a0 DEL \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 TESORO\u2014EL DIRECTORIO DE FLINT<\/h2>\n<p>\u2014JIM, d\u00edjome Silver en cuanto que estuvimos solos: si yo salv\u00e9 tu vida, t\u00fa has salvado tambi\u00e9n la m\u00eda y te ofrezco no olvidarlo. Ya not\u00e9 al Doctor urgi\u00e9ndote para que te fugases; lo he visto de reojo, s\u00ed se\u00f1or, y he visto que t\u00fa no has querido; lo he visto tan claro como si lo hubiera o\u00eddo. Jim, esto debo abon\u00e1rtelo en cuenta. Desde que el primer ataque fall\u00f3, este es el primer rayo de esperanza que me llega, y ese lo debo \u00e1 t\u00ed. Ahora, bien, es ya tiempo de que nos pongamos en marcha en busca de ese tesoro, llevando pliegos cerrados, como quien dice; lo cual no es de mi gusto; pero sea como fuere, t\u00fa y yo debemos mantenernos siempre juntos, casi espalda con espalda, y yo te aseguro que salvaremos nuestros pescuezos, \u00e1 despecho del hado y de la fortuna.<\/p>\n<p>En aquel mismo instante un hombre nos di\u00f3 voces desde arriba gritando que el almuerzo estaba listo; por lo cual, sin m\u00e1s deliberaciones, llegamos cerca de la hoguera y nos sentamos todos aqu\u00ed y all\u00e1, sobre la arena, haciendo los honores al bizcocho y al tocino frito.<\/p>\n<p>Hab\u00edan encendido los piratas una hoguera capaz de asar un buey entero y verdadero; y esa hoguera se hab\u00eda puesto tan ardiente que no era posible acerc\u00e1rsele, sino por el lado que soplaba el viento, y eso con bastantes precauciones. Con el mismo esp\u00edritu de desperdicio, \u00e1 lo que supongo, hab\u00edan cocinado una cantidad de carne, por lo menos, tres veces mayor de la que necesit\u00e1bamos y pod\u00edamos comer, por lo cual uno de ellos, con una est\u00fapida risotada arroj\u00f3 \u00e1 la hoguera todo cuanto qued\u00f3 sobrante, atiz\u00e1ndose en gran manera el fuego con este nuevo p\u00e1bulo. Nunca en mi vida he visto hombres m\u00e1s descuidados del ma\u00f1ana; \u201cmano \u00e1 la boca\u201d es lo \u00fanico que puede describir su manera de ser y obrar. Con desperdicio de v\u00edveres y centinelas que se dorm\u00edan, pod\u00edan aquellos hombres estar buenos, quiz\u00e1s, para una escaramuza de momento y salir con bien en ella, pero era evidente que no serv\u00edan en manera alguna para algo que se pareciese \u00e1 una campa\u00f1a prolongada.<\/p>\n<p>El mismo Silver corriendo con su <em>Capit\u00e1n Flint<\/em> posado en su hombro, no ten\u00eda una sola palabra de reproche para su falta de previsi\u00f3n y de cuidado. Y esto me sorprendi\u00f3 tanto m\u00e1s cuanto que me parec\u00eda que aquel hombre jam\u00e1s se hab\u00eda mostrado tan astuto y marrullero como aquel d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, camarada, dijo: deben Vds. tenerse por muy felices con tener por Capit\u00e1n \u00e1 este Barbacoa para que piense en vez de Vds. con esta cabeza que Dios le ha dado. Ya he dado con lo que quer\u00eda, prosigui\u00f3. Esas gentes tienen el buque \u00bfen d\u00f3nde? a\u00fan no lo descubro; pero una vez que demos con la hucha, ya sabremos descubrirlo. Adem\u00e1s, muchachos, nosotros tenemos los botes, es decir, les llevamos la ventaja.<\/p>\n<p>Sobre este tema continu\u00f3 disertando, sin esperar \u00e1 que su boca estuviese libre de los tremendos bocados de tocino que se llevaba \u00e1 ella. Esto sirvi\u00f3 para restablecer la esperanza y la fe de los piratas; pero yo en cambio torn\u00e1ndome desconfiado, sent\u00ed rebajarse mucho las que hab\u00eda cobrado, poco rato hac\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014En cuanto \u00e1 nuestro hu\u00e9sped, continu\u00f3, me parece que no volver\u00e1 \u00e1 tener otra conversaci\u00f3n con aquellos \u00e1 quienes tanto quiere. Ya he recibido mis pocas de noticias y gracias le sean dadas por ello; pero eso ya est\u00e1 hecho y pasado. Por ahora me lo llevo entre filas mientras dura nuestra busca del tesoro, pues creo que el guardarlo con nosotros es tanto como guardar oro molido, por \u201clo que pudiera suceder\u201d \u00bfno es verdad? Pero una vez que tengamos el dinero y el nav\u00edo\u2014las dos cosas\u2014y nos demos \u00e1 la mar como buenos camaradas, entonces \u00a1qu\u00e9! nos despediremos del Sr. Hawkins, s\u00ed se\u00f1or, y le daremos su parte, sin que quepa la menor duda, agradeci\u00e9ndole todos sus servicios y amabilidades para con sus amigos.<\/p>\n<p>No era de sorprender que aquellos hombres estuvieran de buen humor; mas por lo que hace \u00e1 m\u00ed me sent\u00eda terriblemente descorazonado. Me parec\u00eda que en el caso de que el proyecto que acababa de bosquejar pareciese factible; Silver, doblemente traidor, no vacilar\u00eda ciertamente en adoptarlo. En aquellos momentos ten\u00eda todav\u00eda un pie en cada campamento, pero no era de dudarse que preferir\u00eda la riqueza y la libertad, con los piratas, \u00e1 la d\u00e9bil probabilidad de escapar al verdugo, lo cual era lo m\u00e1s que le esperaba de nuestro lado.<\/p>\n<p>Pero aun suponiendo que los sucesos se presentaran de tal manera que aquel hombre se viese constre\u00f1ido \u00e1 guardar la fe del pacto con el Doctor Livesey; aun suponiendo esto, \u00a1qu\u00e9 peligro tan terrible no ten\u00edamos en frente! \u00a1qu\u00e9 momento tan cr\u00edtico aquel en que las sospechas de sus secuaces y c\u00f3mplices se trocaran en perfecta realidad! \u00a1qu\u00e9 lucha tan \u00e1 muerte y tan desigual, la de cinco marineros vigorosos, \u00e1giles y decididos, contra un viejo inv\u00e1lido y un d\u00e9bil ni\u00f1o!<\/p>\n<p>A\u00f1\u00e1dase \u00e1 esta doble preocupaci\u00f3n el misterio que aun envolver\u00eda, \u00e1 mis ojos, la conducta de mis compa\u00f1eros; su inexplicable abandono de la estacada; su no menos extra\u00f1a cesi\u00f3n del mapa de Flint, \u00f3, lo que todav\u00eda era para m\u00ed m\u00e1s incomprensible, aquella \u00faltima prevenci\u00f3n del Doctor \u00e1 Silver: \u201cCuidado con un chubasco posible cuando se encuentre.\u201d A\u00f1\u00e1dase todo esto y se comprender\u00e1 sin dificultad qu\u00e9 poco sabor pude tomar \u00e1 mi almuerzo y con qu\u00e9 poca tranquilidad me puse en marcha detr\u00e1s de mis capturadores, en busca del dichoso tesoro.<\/p>\n<p>Nuestro aspecto era bien curioso y hubiera divertido \u00e1 cualquiera que hubiese podido vernos: todos con trajes de marino perfectamente sucios, y todos, excepto yo, armados hasta los dientes. Silver llevaba dos fusiles colgados, uno sobre el pecho y el otro \u00e1 la espalda, ambos en bandolera; al cinto llevaba ce\u00f1ida su gran cuchilla y en cada bolsa de su saco una pistola. Para completar esta extra\u00f1a figura <em>Capit\u00e1n Flint<\/em> iba posado sobre su hombro chapurreando toda clase de tonteras y frases incoherentes de charlas marinas. Yo marchaba atado \u00e1 la cintura por una cuerda cuyo extremo llevaba el cocinero \u00e1 ratos con su mano desocupada, \u00e1 ratos sujeta con su poderosa dentadura; no me quedaba m\u00e1s recurso que seguirle humildemente, pero lo cierto es que parec\u00eda yo un oso de feria.<\/p>\n<p>Los restantes iban diversamente cargados: unos, con picos, palas y azadones, que hab\u00edan cuidado de sacar de <em>La Espa\u00f1ola<\/em> desde el primer momento; y otros con v\u00edveres para la comida de medio d\u00eda. Todas las provisiones eran las mismas nuestras; lo que prob\u00f3 que Silver hab\u00eda dicho la verdad la noche anterior. Si el Doctor y \u00e9l no hubiesen conclu\u00eddo un verdadero convenio, tanto \u00e9l como sus secuaces se ver\u00edan precisados \u00e1 subsistir con agua clara y con el producto de sus cacer\u00edas. El agua habr\u00eda sido bien poca cosa para su paladar y, por lo que hace \u00e1 la caza, un marinero no es precisamente lo que se llama un buen tirador; \u00e1 lo cual hay que a\u00f1adir que es muy probable que si andaban escasos de provisiones no deb\u00edan estar m\u00e1s bien provistos de p\u00f3lvora y municiones.<\/p>\n<p>Ahora bien; as\u00ed dispuestos y equipados nos pusimos en camino, sin exceptuar ni el sujeto de la cabeza rota, el cual, por lo visto, deber\u00eda haber qued\u00e1dose \u00e1 la sombra. Uno tras de otro fuimos hasta la playa en que los botes estaban amarrados. En ellos not\u00e1banse tambi\u00e9n las huellas de las brutales borracheras de los piratas; uno ten\u00eda un travesa\u00f1o roto y ambos estaban positivamente asquerosos con lodo y toda clase de inmundicias. Por v\u00eda de precauci\u00f3n se tomaron ambos esquifes, dividi\u00e9ndose la banda en ellos, y ya embarcados en esa disposici\u00f3n nos pusimos en movimiento hacia el centro del ancladero.<\/p>\n<p>Al ponernos en movimiento no dej\u00f3 de suscitarse alguna discusi\u00f3n acerca del mapa. Por de contado la cruz roja era demasiado grande para que por s\u00ed sola pudiera servirnos de gu\u00eda, y los t\u00e9rminos en que estaba concebida la nota \u00e1 espaldas del pergamino no dejaban de contener alguna ambig\u00fcedad. Como se recordar\u00e1, dec\u00edan as\u00ed:<\/p>\n<p>\u201c\u00c1rbol elevado en el declive del \u2018Vig\u00eda\u2019 en direcci\u00f3n de Norte \u00e1 NorNordeste.<\/p>\n<p>\u201cIslote del Esqueleto, Este Sudeste, cuarta al Este.<\/p>\n<p>\u201cDiez pies.\u201d<\/p>\n<p>Un \u00e1rbol elevado era la se\u00f1a principal. Ahora bien; precisamente frente \u00e1 nosotros, el ancladero estaba ce\u00f1ido por una meseta de dos \u00e1 trescientos pies de elevaci\u00f3n, junt\u00e1ndose hacia el Norte con la pendiente Sur de \u201cEl Vig\u00eda\u201d y alej\u00e1ndose otra vez, en direcci\u00f3n Sur, hacia la eminencia abrupta y rocallosa designada con el nombre de Cerro de Mesana. Toda la cima del declive estaba espesamente arbolada con pinos de diversas alturas. Aqu\u00ed y all\u00e1, alguno, de especie diferente, se alzaba cuarenta \u00f3 cincuenta pies sobre las cumbres de los que lo rodeaban&#8230; \u00bfcu\u00e1l de estos era, entonces, el que estaba especialmente designado por el Capit\u00e1n Flint con el nombre de \u201c\u00e1rbol elevado?\u201d Esto no pod\u00eda decidirse sino sobre el sitio mismo con las indicaciones precisas de la br\u00fajula.<\/p>\n<p>Pero aunque esto \u00faltimo era palmario, cada uno de los que tripulaban los botes eligi\u00f3 su \u00e1rbol favorito, antes de que estuvi\u00e9ramos \u00e1 medio camino, y s\u00f3lo John Silver permanec\u00eda encogi\u00e9ndose de hombros y diciendo \u00e1 sus gentes que se esperasen hasta estar en tierra.<\/p>\n<p>Remamos sin hacer grandes esfuerzos, conforme \u00e1 las instrucciones de Silver, para no cansarnos prematuramente, y despu\u00e9s de una traves\u00eda, no muy corta por cierto, desembarcamos cerca de la boca del segundo riachuelo, el que corre, tierra abajo, por una de las m\u00e1s arboladas cuencas del \u201cVig\u00eda.\u201d Una vez desembarcados, volvimos nuestros pasos sobre la izquierda y comenzamos \u00e1 ascender el declive del terreno hacia la meseta superior.<\/p>\n<p>Al principio, un terreno pesado y cenagoso y una tupida vegetaci\u00f3n de marjal demoraron en gran manera nuestra marcha; pero poco \u00e1 poco la loma se iba escarpando un poco, ofreci\u00e9ndonos ya camino un tanto pedregoso, al par que la vegetaci\u00f3n aparec\u00eda con otro car\u00e1cter muy diverso, presentando sus \u00e1rboles en una disposici\u00f3n m\u00e1s abierta y ordenada. Positivamente la parte de la isla en que \u00edbamos entrando era la m\u00e1s grata de toda ella. Finas retamas de un aroma delicioso y arbustillos vestidos de flores hab\u00edan ocupado casi enteramente el lugar del c\u00e9sped. Peque\u00f1os boscajes de verdegueantes mimosas se apretaban aqu\u00ed y all\u00e1 entre las erguidas columnas de los pinaletes y bajo su sombra protectora, mezclando todos aquellos vegetales y flores sus esencias y sus perfumes en un solo perfume que embriagaba los sentidos. La brisa, adem\u00e1s, era fresca y regeneradora, lo cual, bajo los destellos clar\u00edsimos del sol, refrigeraba y tonificaba asombrosamente todos nuestros sentidos.<\/p>\n<p>Los expedicionarios se desparramaron en forma de abanico, gritando y saltando como chicuelos. Hacia el centro y bastante atr\u00e1s del cuerpo de expedicionarios, segu\u00edamos Silver y yo; \u00e9l tropezando \u00e1 cada paso en las resbaladizas piedras, y yo, tras \u00e9l, tirado por la cuerda \u00e1 que me he referido. Empero, de cuando en cuando me ve\u00eda precisado \u00e1 sostenerle, porque, de lo contrario, hubiera perdido el pie y ca\u00eddo de espaldas, loma abajo. De esta manera hab\u00edamos avanzado como por una media milla y ya casi toc\u00e1bamos al borde de la meseta cuando el hombre que caminaba m\u00e1s alejado hacia nuestra izquierda comenz\u00f3 \u00e1 gritar con todas sus fuerzas, con un marcado acento de terror. Una vez y otra y otra llamaba \u00e1 sus compa\u00f1eros; ya \u00e9stos comenzaban \u00e1 correr hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014Se me figura que no ha de haber encontrado la hucha, dijo el viejo Morgan pasando del lado derecho junto \u00e1 nosotros en direcci\u00f3n del que gritaba. Esta es una cumbre muy pelada para haber hecho tal descubrimiento.<\/p>\n<p>Y en verdad que, cuando Silver y yo llegamos al sitio aquel, nos encontramos con que era algo totalmente distinto. Al pie de un pino bastante alto y medio envuelto en las espirales de una verde trepadora, estaba un esqueleto humano, y \u00e1 su lado, en el suelo, uno que otro andrajo de vestido. La exuberancia de la enredadera hab\u00eda ya cubierto algunos de los miembros de aquella osamenta. Me parece que un calofr\u00edo involuntario se apoder\u00f3 de todos nosotros, lleg\u00e1ndonos hasta el coraz\u00f3n en aquel momento.<\/p>\n<p>\u2014Este era un marinero, dijo Jorge Merry que m\u00e1s atrevido que los otros se hab\u00eda acercado y examinaba los andrajos esparcidos por el suelo. Por lo menos, esto no es m\u00e1s que un buen pa\u00f1o marino.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Por vida m\u00eda!, dijo Silver, \u00a1me gusta el descubrimiento! \u00bfAcaso podr\u00edamos esperar encontrarnos aqu\u00ed el cuerpo de un arzobispo? Pero \u00bfqu\u00e9 especie de postura es esa para un cad\u00e1ver? Me parece muy poco \u00f3 nada natural, \u00bfno creen Vds.?<\/p>\n<p>Y ciertamente una segunda ojeada nos convenci\u00f3 de la inverosimilitud de aquella postura extraordinaria. Por qui\u00e9n sabe qu\u00e9 causas, tal vez por la obra de los p\u00e1jaros que hab\u00edan comido sus carnes, tal vez por la acci\u00f3n de crecimiento de la enredadera, el hecho es que el hombre aquel yac\u00eda perfectamente recto con sus pies apuntando en una direcci\u00f3n, y sus manos tendidos paralelamente sobre su cabeza, se\u00f1alando r\u00edgidamente en direcci\u00f3n opuesta.<\/p>\n<p>\u2014Me acaba de entrar una idea en la vieja calavera, dijo Silver chocarreramente. Aqu\u00ed est\u00e1 la br\u00fajula; all\u00ed se ve la cima principal del Islote del Esqueleto sobresaliendo como un gran colmillo: sigan Vds. la direcci\u00f3n marcada por los huesos y tomen una visual hacia aquella punta.<\/p>\n<p>H\u00edzose como lo orden\u00f3 Silver. Las manos del esqueleto apuntaban directamente hacia el Islote y la br\u00fajula marc\u00f3, con toda claridad: Este Sudeste, cuarta al Este.<\/p>\n<p>\u2014Bien me lo figur\u00e9, exclam\u00f3 el cocinero; este sujeto es un directorio. Pues all\u00ed derecho tenemos la l\u00ednea que nos gu\u00eda hacia la estrella polar y las benditas talegas. Pero ll\u00e9veme el diablo si no me da calofr\u00edo el pensar en el amigo Flint. Esta es una de las bromas que \u00e9l usaba, no cabe duda. \u00c9l y sus seis marineros vinieron solos hasta aqu\u00ed: los seis murieron \u00e1 sus manos, sabe el demonio de qu\u00e9 manera, y \u00e1 este le cupo en suerte ser colocado aqu\u00ed, de apuntador, con todas las medidas n\u00e1uticas muy bien tomadas, \u00a1voto al infierno! Esos huesos son muy largos y el cabello parece haber sido amarillo. De seguro que este era Allan&#8230; \u00bfte acuerdas de Allan, Tom Morgan?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vaya si me acuerdo!, contest\u00f3 Morgan. Por cierto que me deb\u00eda algunas guineas que le prest\u00e9, s\u00ed se\u00f1or; y, adem\u00e1s, se trajo consigo mi cuchilla cuando baj\u00f3 \u00e1 tierra.<\/p>\n<p>\u2014Y \u00e1 prop\u00f3sito de cuchilla, dijo otro, \u00bfpor qu\u00e9 no encontramos la de Allan, por aqu\u00ed cerca de \u00e9l, ni su dinero? El Capit\u00e1n Flint no era hombre que se entretuviera en recoger la bolsa de un marinero, y en cuanto \u00e1 los p\u00e1jaros no me parece que excitara su codicia semejante hallazgo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Por mi patr\u00f3n Satan\u00e1s!, exclam\u00f3 Silver. Eso me parece muy racional.<\/p>\n<p>\u2014Pues no hay por todo esto ni trazas de cosa alguna, dijo Merry, que registraba todav\u00eda en todo el derredor de la osamenta; ni un pobre penique de cobre, ni nada parecido. Pues esto s\u00ed que no es natural.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No, por vida m\u00eda!, agreg\u00f3 Silver; ni natural ni tranquilizador, ni agradable en manera alguna. \u00a1Mil carronadas!, compa\u00f1eros&#8230; la verdad es que si Flint estuviera a\u00fan vivo, ya tendr\u00edamos aqu\u00ed cuentas largas que entregar. Seis eran los que le acompa\u00f1aron; seis somos nosotros, y de aqu\u00e9llos, ya lo hemos visto, no quedan m\u00e1s que las osamentas.<\/p>\n<p>\u2014Yo lo v\u00ed muerto con estos ojos que se ha de comer la tierra, dijo Morgan. Billy Bones me llev\u00f3 \u00e1 verlo. Tendido estaba all\u00ed con un penique de cobre sobre cada ojo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Muerto, s\u00ed!, ya lo creo, y sepultado en los infiernos, dijo el herido de la cabeza. Pero yo creo, de veras, que si alguna vez hubo \u00e1nima en pena, \u00a1esa ha de ser el alma condenada de Flint! \u00a1C\u00e1spita! \u00a1pues vaya si tuvo una mala y horrible muerte aquel hombre!<\/p>\n<p>\u2014En cuanto \u00e1 eso, ni quien lo dude, observ\u00f3 un tercero. En su agon\u00eda, ya blasfemaba como un condenado, ya deliraba con el rom, ya prorrump\u00eda con una voz hueca como si saliera de la sepultura, en su canci\u00f3n eterna:<\/p>\n<p>\u201c<em>\u00a1Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Dij\u00e9rase que no sab\u00eda otra canci\u00f3n m\u00e1s que esa y, la verdad, camaradas, desde entonces no es mucho lo que me divierte esa canturria. Hac\u00eda un calor horrible; la ventana del agonizante estaba abierta y yo pod\u00eda oir clara, cada vez m\u00e1s clara, la l\u00fagubre tonada que el hombre dejaba escapar, interrumpida por el hipo de la muerte, y ya con las sombras del cad\u00e1ver sobre el rostro&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Vamos, vamos!, dijo Silver, \u00bfquieres dejar semejante conversaci\u00f3n? Muerto est\u00e1 el hombre, muy bien muerto, y los que se mueren no vuelven, que yo sepa; \u00f3 si vuelven no pasean de d\u00eda; \u00e1 lo menos, estemos seguros. Se acab\u00f3 el cuento: \u201c\u00a1entro por un ca\u00f1o dorado y salgo por otro, y basta!\u201d \u00a1Adelante! \u00a1adelante que la hucha nos espera!<\/p>\n<p>Diciendo y haciendo, partimos otra vez. Pero \u00e1 despecho del ardiente sol y de la deslumbradora claridad, los piratas ya no marcharon separados, corriendo y gritando por la espesura, sino todos juntos, apretados unos contra otros y hablando con la respiraci\u00f3n agitada. El terror del filibustero difunto hab\u00eda ca\u00eddo como una sombra densa sobre sus esp\u00edritus.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXXII. LA VOZ DEL ALMA EN PENA<\/h2>\n<p>EN parte por la influencia aterrorizadora de aquella alarma y en parte para que descansaran Silver y sus compa\u00f1eros enfermos, todos los expedicionarios tomaron asiento en cuanto que hubimos ganado definitivamente el borde superior de la meseta. Estando \u00e9sta un poco empinada hacia el Oeste, el lugar en que nos hab\u00edamos detenido nos descubr\u00eda un ancho panorama \u00e1 un lado y otro. Frente \u00e1 nosotros, sobre las cumbres de los \u00e1rboles mir\u00e1bamos el Cabo de la Selva con su inmensa franja de espumantes ondas. Detr\u00e1s no solamente domin\u00e1bamos el ancladero y el Islote del Esqueleto, sino que pod\u00edamos divisar por sobre la punta arenosa en que est\u00e1 la <em>Pe\u00f1a blanca<\/em>, y por encima de las tierras bajas, una gran extensi\u00f3n de mar abierto hacia el Oriente. Por cima de nosotros se destacaba el \u201cVig\u00eda,\u201d ya matizado \u00e1 trechos por pinos aislados, ya negreando con profundos barrancos y desfiladeros. Ning\u00fan ruido llegaba hasta all\u00ed, \u00e1 no ser el mon\u00f3tono golpear de las rompientes lejanas subiendo en oleadas de rumor incesante hasta nuestros o\u00eddos, y el zumbido de insectos incontables bullendo en la espesura. Ni un hombre, ni una vela en el oc\u00e9ano: lo inmenso de aquel vasto panorama parec\u00eda aumentar su triste soledad.<\/p>\n<p>En cuanto que Silver se hubo sentado hizo ciertos c\u00e1lculos con la br\u00fajula.<\/p>\n<p>\u2014Hay tres \u201c\u00e1rboles elevados\u201d dijo, hacia la direcci\u00f3n de la l\u00ednea marcada rectamente del Islote del Esqueleto. \u201cLa vertiente del Vig\u00eda,\u201d ya lo entiendo; esto significa aquel punto en declive hacia all\u00e1. Pues ahora es ya un juego de ni\u00f1os el encontrar la hucha. Me parece, sin embargo, que har\u00edamos bien en comer primeramente.<\/p>\n<p>\u2014No me siento muy filoso, murmur\u00f3 Morgan. Este pensamiento de Flint me ha quitado el apetito. \u00a1Ah! si Flint estuviera vivo, yo podr\u00eda darme ya por muerto.<\/p>\n<p>\u2014Ah, vamos, hijo m\u00edo, dijo Silver; dale gracias \u00e1 tu buena suerte. Flint no tiene nada que hacer ya en este mundo.<\/p>\n<p>\u2014Era un diablo bien horroroso el tal Flint, exclam\u00f3 el tercer pirata. \u00a1Con aquella eterna cara de murria!<\/p>\n<p>\u2014Fu\u00e9 el rom el que le produjo aquel tinte azulado y aquella expresi\u00f3n de espl\u00edn; aunque \u201cmurria\u201d como t\u00fa dices, me supongo que es una mejor palabra.<\/p>\n<p>Desde que hab\u00edamos descubierto el esqueleto de Allan y dado margen con \u00e9l \u00e1 esta clase de pensamientos, la voz de los piratas hab\u00eda ido bajando, bajando, hasta que, en aquel punto, ya no era casi m\u00e1s que un ligero murmullo cuyo sonido escasamente podr\u00eda decirse que interrumpiese el silencio misterioso de la selva.<\/p>\n<p>De repente, como del medio de los \u00e1rboles que hab\u00eda frente \u00e1 nosotros, una voz aguda, penetrante, temblorosa, prorrumpi\u00f3 en la l\u00fagubre y conocida cantilena:<\/p>\n<p>\u201c<em>Son quince los que quieren el cofre de aquel muerto,<\/em><\/p>\n<p><em>Son quince \u00a1yo\u2014ho\u2014h\u00f3! son quince \u00a1viva el rom!<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Jam\u00e1s he visto ni espero volver \u00e1 ver hombres m\u00e1s horriblemente asustados que los piratas. Como por arte de encantamiento sus caras se quedaron, de s\u00fabito, l\u00edvidas como la cera: algunos se pusieron de pie; algunos se asieron tr\u00e9mulos y trastornados al brazo \u00f3 \u00e1 la ropa del m\u00e1s cercano; Morgan murmur\u00f3, sin levantarse, palabras sin sentido.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ese es Flint, por el infierno!, exclam\u00f3 Merry.<\/p>\n<p>La canci\u00f3n aquella hab\u00eda cesado de una manera tan s\u00fabita como empez\u00f3; cortada, pod\u00eda decirse, como si alguien hubiera cubierto bruscamente con su mano la boca del cantor. Viniendo de la distancia \u00e1 que ven\u00eda \u00e1 trav\u00e9s de la atm\u00f3sfera clara y luminosa y de entre las cumbres de los \u00e1rboles, me pareci\u00f3 \u00e1 m\u00ed que la voz aquella hab\u00eda sonado dulce y airosa, y lo que hab\u00eda que extra\u00f1ar era el efecto producido sobre mis compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos!, dijo Silver pugnando con sus labios cenicientos por hacer salir las palabras, \u00a1Esa no pega! \u00c1 otro perro con ese hueso. Ese es alguno que comienza \u00e1 ponerse la mona y se va por all\u00ed haci\u00e9ndonos la calandria; es alguno que tiene su carne y huesos, no lo duden Vds.<\/p>\n<p>Conforme hablaba le iba volviendo m\u00e1s y m\u00e1s el alma al cuerpo y con ella el color al rostro. Los otros ya comenzaban tambi\u00e9n \u00e1 dar o\u00eddos \u00e1 su envalentonamiento, y ya iban recobr\u00e1ndose poco \u00e1 poco, cuando el mismo acento prorrumpi\u00f3 de nuevo, esta vez ya no cantando, sino con un voceo lejano que los ecos de las cuencas en el \u201cVig\u00eda\u201d repet\u00edan muy d\u00e9bilmente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Darby Grow!, gimi\u00f3 aquel acento, \u00a1Darby Grow! \u00a1Darby Grow!, y segu\u00eda repitiendo aquel nombre; y luego en un diapas\u00f3n un poco m\u00e1s alto y no sin acompa\u00f1ar un horrible juramento, concluy\u00f3 as\u00ed: \u00a1Corre \u00e1 traerme rom; pronto Darby!<\/p>\n<p>\u2014Eso ya no deja duda, murmur\u00f3 uno. \u00a1V\u00e1monos!<\/p>\n<p>\u2014Esas fueron las \u00faltimas palabras de Flint, murmur\u00f3 Morgan; sus \u00faltimas palabras \u00e1 bordo de este mundo.<\/p>\n<p>Dick hab\u00eda sacado un Biblia y rezaba mec\u00e1nicamente, como un maniaco. Este pobre muchacho hab\u00eda recibido una mediana educaci\u00f3n antes de venir \u00e1 la marina con tan malas compa\u00f1\u00edas.<\/p>\n<p>Sin embargo, Silver a\u00fan permanec\u00eda luchando. Sus dientes casi casta\u00f1eteaban de cuando en cuando, pero \u00e9l no se rend\u00eda al terror ni mucho menos.<\/p>\n<p>\u2014Nadie ha podido oir hablar en esta isla acerca de Darby, clam\u00f3; nadie m\u00e1s que los que aqu\u00ed estamos.<\/p>\n<p>Pero luego, como para contrapesar esas palabras, prosigui\u00f3 haci\u00e9ndose un esfuerzo:<\/p>\n<p>\u2014Camaradas: yo he venido aqu\u00ed para encontrar esa hucha y ni alma en pena ni hombre de carne y hueso podr\u00e1n imped\u00edrmelo. Jam\u00e1s, durante su vida, tuve miedo al viejo Flint y \u00a1por Satan\u00e1s mi patr\u00f3n! yo le har\u00e9 frente hasta \u00e1 su misma alma condenada. \u00c1 menos de un cuarto de milla de aqu\u00ed est\u00e1n setecientas mil libras en oro&#8230; \u00bfCu\u00e1ndo se ha visto que un caballero de la fortuna haya volteado la popa \u00e1 una hucha de ese tama\u00f1o nada m\u00e1s que por miedo \u00e1 la memoria de un viejo borracho, con su cubilete de rom, y ya muerto y enterrado?<\/p>\n<p>Los piratas no daban se\u00f1al alguna de reanimarse con este discurso; antes bien pareci\u00f3 que la notoria irreverencia de aquellas palabras aumentaba su terror.<\/p>\n<p>\u00a1Cuidado, cuidado, John!, dijo Merry. \u00a1No es bueno enojar \u00e1 los <em>espritus<\/em>!<\/p>\n<p>En cuanto \u00e1 los otros estaban sobrado aterrorizados para que pudiesen contestar. Varios de ellos habr\u00edan emprendido una retirada \u00e1 carrera abierta si se hubieran encontrado con valor, siquiera para esto; pero el miedo los hac\u00eda querer estarse juntos en torno de John, como si encontraran ayuda en el valor de \u00e9ste. Silver, por su parte, hab\u00eda ya logrado sobreponerse bastante \u00e1 su debilidad.<\/p>\n<p>\u2014<em>\u00bfSpritu?<\/em>, dijo. \u00a1Bueno! Podr\u00eda ser. Pero noto una cosa que no me parece muy clara, y es que la voz del tal <em>espritu<\/em> ha tenido un eco. Ahora bien, yo digo que ning\u00fan hombre ha visto que las almas hagan sombra. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda entonces su voz hacer un eco? Quisiera averiguar esto. \u00c1 m\u00ed, por lo pronto, no me parece natural.<\/p>\n<p>Aquel argumento me pareci\u00f3 \u00e1 m\u00ed bastante d\u00e9bil. Pero es imposible decir qu\u00e9 cosas afectar\u00e1n \u00e1 la superstici\u00f3n; as\u00ed es que, con no poca sorpresa de mi parte, v\u00ed que Jorge Merry se mostraba muy consolado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vaya! \u00a1pues de veras!, exclam\u00f3. John, Vd. lleva una verdadera cabeza sobre sus hombros, no hay duda en eso. \u00c1 prop\u00f3sito, camaradas: esta tripulaci\u00f3n lleva su vela sobre una mala amura. Dec\u00edamos que esa voz se parece \u00e1 la de Flint; un poco, digo yo; pero \u00e1 esa distancia tan larga no era f\u00e1cil juzgar tan bien del parecido. Puede ser muy bien la voz de otro&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Por el infierno!, grit\u00f3 Silver; \u00a1ese fu\u00e9 Ben Gunn!<\/p>\n<p>\u2014Ben Gunn ha sido, le ha acertado Vd., dijo Morgan incorpor\u00e1ndose hasta ponerse de rodillas. \u00a1Ben Gunn y muy Ben Gunn!<\/p>\n<p>\u2014Pues ahora no tiene ya mucho de extraordinario, dijo Dick. Ben Gunn no anda con nosotros, es verdad, pero supongo que tampoco andar\u00e1 con Flint.<\/p>\n<p>Los de m\u00e1s edad en la compa\u00f1\u00eda recibieron la sosa observaci\u00f3n de Dick con el m\u00e1s marcado desprecio.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Y qu\u00e9 nos importa Ben Gunn!, exclam\u00f3 Merry. Vivo \u00f3 muerto, aqu\u00ed nadie le tiene miedo \u00e1 Ben Gunn.<\/p>\n<p>Era cosa sorprendente el ver hasta qu\u00e9 punto hab\u00eda vuelto el \u00e1nimo \u00e1 sus corazones y el color natural \u00e1 sus caras, poco antes l\u00edvidas. Poco rato despu\u00e9s ya estaban charlando unos con otros, si bien todav\u00eda de cuando en cuando prestaban o\u00eddo atentamente; m\u00e1s como no percibiesen ya sonido alguno, concluyeron por echarse \u00e1 cuestas todos sus aperos y la caravana entera se puso de nuevo en marcha. Merry iba \u00e1 la vanguardia llevando consigo la br\u00fajula de Silver \u00e1 fin de seguir, sin desviarse, la l\u00ednea recta tirada del Islote del Esqueleto. Jorge hab\u00eda dicho la verdad; vivo \u00f3 muerto, nadie all\u00ed ten\u00eda miedo de Ben Gunn.<\/p>\n<p>Dick, sin embargo, todav\u00eda conservaba su Biblia en la mano, como un amuleto, y echaba en torno ojeadas llenas de temor; pero su cobard\u00eda no encontr\u00f3 ya pros\u00e9litos, y Silver no le hizo poca burla \u00e1 causa de sus precauciones.<\/p>\n<p>\u2014Ya te lo hab\u00eda yo dicho, Dick, exclamaba el cocinero; ya te hab\u00eda yo dicho que tu Biblia estaba profanada, y si tal como est\u00e1 ya no sirve ni para jurar por ella, \u00bfqu\u00e9 fuerza quieres t\u00fa que tenga para libertarte de un <em>espritu <\/em>? \u00a1Ninguna por cierto!<\/p>\n<p>Pero Dick no estaba para oir razones: la verdad es que, seg\u00fan ya not\u00e9, el pobre muchacho se estaba poniendo muy enfermo; la fiebre que el Doctor le hab\u00eda anunciado en la ma\u00f1ana se apoderaba de \u00e9l \u00e1 toda prisa, espoleada por el susto, el calor y la fatiga.<\/p>\n<p>Ya sobre la cima, el terreno era abierto, y nuestro camino descend\u00eda un poco, porque, como he dicho antes la meseta se inclinaba un tanto en direcci\u00f3n del Oeste. Los pinos, peque\u00f1os y grandes, crec\u00edan \u00e1 buena distancia unos de otros, y aun entre los espesos lunarcillos de azaleas y mimosas, quedaban grandes claros al descubierto en que el sol reverberaba con ins\u00f3lita fuerza. Prosiguiendo como \u00edbamos, en direcci\u00f3n Noroeste, al trav\u00e9s de la isla, nos acerc\u00e1bamos cada vez m\u00e1s, por una parte, \u00e1 los declives del \u201cVig\u00eda,\u201d y por otra \u00e1 aquella bah\u00eda occidental formada por el Cabo de la Selva en la cual hab\u00eda yo pasado tales angustias \u00e1 bordo del llevado y tra\u00eddo <em>coracle<\/em>.<\/p>\n<p>Llegamos al primero de los grandes \u00e1rboles, pero tomada la direcci\u00f3n con la br\u00fajula result\u00f3 no ser aqu\u00e9l el que busc\u00e1bamos. Lo mismo sucedi\u00f3 con el segundo. El tercero se alzaba como \u00e1 unos doscientos pies sobre la cima de un boscaje de arbustos. Era este un verdadero gigante de los bosques con una columna recta y majestuosa como los pilares de una bas\u00edlica y con una copa ancha y tupida bajo cuya sombra podr\u00eda muy bien haber maniobrado una compa\u00f1\u00eda de soldados. Tanto desde el Este como desde el Oeste pod\u00eda distinguirse muy bien en el mar aquel coloso y pudiera hab\u00e9rsele marcado en el mapa, como una se\u00f1al mar\u00edtima.<\/p>\n<p>Pero no era por cierto su corpulencia imponente lo que impresionaba \u00e1 mis compa\u00f1eros, sino la seguridad de que nada menos que setecientas mil libras en oro yac\u00edan sepultadas en un punto cualquiera bajo el c\u00edrculo extenso de su sombra. La idea de las riquezas que les aguardaban concluy\u00f3 por dar al traste con todos sus terrores precedentes en cuanto que se acercaban al sitio codiciado. Sus ojos lanzaban rayos; sus pies parec\u00edan m\u00e1s ligeros y expeditos; su alma entera estaba absorta en la expectativa de aquella riqueza fabulosa que hab\u00eda de asegurarles para toda la vida una no interrumpida serie de extravagancias y placeres sin l\u00edmites, cuyas im\u00e1genes danzaban tumultuosamente en sus imaginaciones.<\/p>\n<p>Silver gru\u00f1\u00eda, cojeando m\u00e1s que nunca, sobre su muleta; su nariz aparec\u00eda ancha y dilatada, estremeci\u00e9ndose de cuando en cuando; si una mosca se paraba sobre cualquiera parte de su rostro, juraba y maldec\u00eda como un pose\u00eddo; tiraba furiosamente de la cuerda con que me llevaba sujeto y de tiempo en tiempo echaba sobre m\u00ed ojeadas con que hubiera querido aniquilarme. La verdad es que no se tomaba ya el menor trabajo para disimular sus pensamientos, y \u00e1 m\u00ed me era tan f\u00e1cil leerlos como si los llevara escritos sobre la frente. \u00c1 la aproximaci\u00f3n del oro, todo otro pensamiento se hab\u00eda borrado de su memoria; su promesa, las advertencias del Doctor, todo era para \u00e9l como no existente, y no me cab\u00eda la menor duda de que su esperanza, en aquellos momentos, era apoderarse del tesoro, encontrar y fletar <em>La Espa\u00f1ola<\/em> \u00e1 favor de la oscuridad de la noche, degollar sin compasi\u00f3n \u00e1 cuantas gentes honradas hab\u00eda en la isla y hacerse \u00e1 la mar, como lo hab\u00eda primeramente meditado, con su doble cargamento de cr\u00edmenes y de oro.<\/p>\n<p>Impresionado con pensamientos tan poco consoladores, era para m\u00ed cosa dif\u00edcil el seguir el paso r\u00e1pido y agitado de los buscadores de oro. De vez en cuando tropezaba y entonces era cuando Silver daba violentos tirones \u00e1 la cuerda con que me conduc\u00eda y me arrojaba, como dardos, sus miradas asesinas. Dick que se hab\u00eda quedado \u00e1 nuestra espalda y que, \u00e1 la saz\u00f3n, formaba la retaguardia de la caravana, ven\u00eda murmurando para s\u00ed, todo mezclado, oraciones y juramentos. Esto no hac\u00eda m\u00e1s que aumentar mi desaz\u00f3n y malestar y, para coronarlo todo, me acord\u00e9 en aquellos momentos de la tragedia que se hab\u00eda desenlazado una vez en esa misma meseta, cuando aquel pirata sin Dios que muri\u00f3 en Savannah cantando y pidiendo rom, hab\u00eda asesinado all\u00ed \u00e1 sus seis c\u00f3mplices. Ese bosque, tan tranquilo y silencioso \u00e1 la saz\u00f3n, debi\u00f3 resonar entonces con los alaridos de terror y de agon\u00eda de las v\u00edctimas sacrificadas, alaridos que el terror hac\u00eda resonar \u00e1 los o\u00eddos de mi imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nos encontr\u00e1bamos, en aquel momento, al borde del boscaje.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hurra, muchachos!, grit\u00f3 Merry; \u00a1todos juntos!<\/p>\n<p>Y al decir esto el hombre de vanguardia ech\u00f3 \u00e1 correr.<\/p>\n<p>Repentinamente, y antes de que hubiera avanzado diez yardas vimos al grupo detenerse. Un grito ahogado se escap\u00f3 de cada pecho. Silver aceler\u00f3 el paso, empuj\u00e1ndose con el apoyo de la muleta \u00e1 distancias inveros\u00edmiles, y un momento despu\u00e9s tanto \u00e9l como yo hab\u00edamos tenido que hacer alto como los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00c1 nuestros pies se ve\u00eda una gran excavaci\u00f3n nada reciente, porque se ve\u00edan los costados de la fosa desprendidos, y en el fondo hab\u00eda ya brotado el c\u00e9sped. All\u00ed yac\u00eda, roto en dos pedazos, el mango de una azada, y las tablas de varias cajas de empaque se miraban esparcidas aqu\u00ed y acull\u00e1. En una de esas tablas pude leer esta marca hecha con un hierro candente: \u201c<em>Walrus<\/em>,\u201d nombre del buque de Flint, como se recordar\u00e1 quiz\u00e1s.<\/p>\n<p>Aquello era claro como la luz del d\u00eda. El escondite hab\u00eda sido descubierto y explotado. \u00a1Las setecientas mil libras hab\u00edan desaparecido!<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXXIII. LA CA\u00cdDA DE UN CAUDILLO<\/h2>\n<p>JAM\u00c1S trastorno alguno en la vida ha sido m\u00e1s sentido que aquel. Se dir\u00eda que un rayo hab\u00eda herido \u00e1 todos aquellos hombres. Pero \u00e1 Silver el golpe le pas\u00f3 en un instante. Todas las facultades de su alma se hab\u00edan concentrado por un rato en aquel tesoro, es verdad; pero el instinto le hizo recobrarse en un segundo: su cabeza se alz\u00f3 firme, su valor apareci\u00f3 al instante y ya hab\u00eda formado todo su plan cuando los otros a\u00fan no acertaban \u00e1 darse cuenta exacta del terrible chasco.<\/p>\n<p>Y al punto, d\u00e1ndome una pistola de dos ca\u00f1ones, me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Toma esto, Jim, y prepar\u00e9monos para una querella.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo comenz\u00f3 \u00e1 trasladarse sin precipitaci\u00f3n hacia el Norte, y \u00e1 pocos pasos ya hab\u00eda puesto la excavaci\u00f3n entre nosotros y los otros cinco. En seguida me dirigi\u00f3 una mirada y me hizo con el dedo una se\u00f1al muy significativa como diciendo: \u201cAqu\u00ed se juega el pellejo,\u201d en lo cual estaba yo de acuerdo. Empero sus miradas eran ya de todo punto amistosas, y yo me sent\u00ed tan indignado con estos frecuentes cambios, que no pude menos que decirle:<\/p>\n<p>\u2014Por lo visto ya es Vd. de los nuestros otra vez.<\/p>\n<p>No tuvo tiempo para contestarme. Los filibusteros, con gritos y maldiciones de todo g\u00e9nero, comenzaban \u00e1 brincar adentro del hoyo unos tras de otros, cavando rabiosamente con sus propias u\u00f1as y haciendo caer los bordes de la fosa al hacer esto. Morgan se encontr\u00f3 una pieza de oro. Alz\u00f3la en sus manos con una verdadera explosi\u00f3n de juramentos: era una moneda de valor de dos guineas y fu\u00e9 pasando de mano en mano durante unos quince segundos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dos guineas!, rugi\u00f3 Merry ense\u00f1ando aquella pieza \u00e1 Silver y sacudi\u00e9ndola en alto. \u00bfSon estas tus setecientas mil libras? \u00a1De veras que eres t\u00fa el hombre para hacer contratos! T\u00fa eres el que aseguras que jam\u00e1s empresa se ha echado \u00e1 perder entre tus manos, viejo imb\u00e9cil, harag\u00e1n, \u00a1cabeza de alcornoque!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Escarben, escarben, muchachos!, grit\u00f3 Silver con la m\u00e1s fr\u00eda insolencia; no me sorprender\u00e1 que todav\u00eda encuentren algunos cacahuates.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacahuates!, repiti\u00f3 Merry en un grito salvaje. \u00bfCamaradas, lo han o\u00eddo Vds.? Pues ahora tengo la seguridad de que ese infame lo sab\u00eda todo. No hay m\u00e1s que mirarle \u00e1 la cara; all\u00ed le leo yo su traici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hola, Merry!, le grit\u00f3 Silver; \u00bfya piensas proponerte de nuevo para capit\u00e1n? \u00a1Eres un chico emprendedo, no cabe duda!<\/p>\n<p>Pero lo que es por esta vez todos estaban decididamente del lado de Merry. Uno tras de otro, todos fueron ech\u00e1ndose afuera de la excavaci\u00f3n, arrojando miradas furiosas tras de s\u00ed. Una cosa observ\u00e9 en aquellos cr\u00edticos momentos, que por cierto nos favorec\u00eda en gran manera, y es que todos saltaban del lado opuesto al que ocup\u00e1bamos Silver y yo.<\/p>\n<p>Por fin, est\u00e1bamos all\u00ed frente \u00e1 frente, dos de un lado y cinco del otro, con el socav\u00f3n separando ambas facciones y sin que ninguna de ellas pareciera resuelta \u00e1 dar el primer golpe. Silver permanec\u00eda inm\u00f3vil, observando simplemente al enemigo, erguido sobre su muleta y con una frialdad que parec\u00eda inveros\u00edmil. Aquel bandido era valiente, no cabe duda.<\/p>\n<p>Merry, al cabo, crey\u00f3 que un discurso acelerar\u00eda la conclusi\u00f3n de la escena.<\/p>\n<p>\u2014Camaradas, dijo, all\u00ed est\u00e1n dos individuos solos de los cuales el uno es el viejo derrengado, \u00e1 quien trague el infierno, que se ha burlado de nosotros tray\u00e9ndonos \u00e1 sufrir una decepci\u00f3n inmerecida. El otro no es m\u00e1s que ese cachorro del diablo \u00e1 quien pienso arrancarle por esta vez hasta las entra\u00f1as. No hay temor, \u00a1\u00e1 ellos, camaradas!&#8230;<\/p>\n<p>Al decir esto alz\u00f3 la voz y el brazo como para guiar al ataque; pero en aquel mismo instante&#8230; \u00a1crac! \u00a1crac! \u00a1crac!, tres detonaciones de mosquete sonaron casi simult\u00e1neamente y tres rel\u00e1mpagos se vieron brillar en la espesura m\u00e1s cercana. Merry se desplom\u00f3 de cabeza dentro de la excavaci\u00f3n; el hombre de la cara vendada di\u00f3 vueltas girando como una peonza que espira y cay\u00f3 de lado cuan largo era, completamente muerto, por m\u00e1s que todav\u00eda hiciera algunos movimientos, inconscientes ya, despu\u00e9s de ca\u00eddo. En cuanto \u00e1 los tres restantes no esperaron nuevas razones, sino que en el acto volvieron la espalda y se pusieron en precipitada fuga, corriendo como ciervos espantados.<\/p>\n<p>En un abrir y cerrar de ojos Silver hab\u00eda disparado los dos ca\u00f1ones de una doble pistola sobre el agonizante Merry, y como este desdichado levantase hasta \u00e9l los ojos en sus \u00faltimas convulsiones, le grit\u00f3 el implacable cocinero:<\/p>\n<p>\u2014Me parece, Jorge, que te he ajustado las cuentas.<\/p>\n<p>En el mismo instante, el Doctor, Gray y Ben Gunn sal\u00edan, \u00e1 reun\u00edrsenos, de un bosquecillo de mimosas, trayendo entre las manos sus mosquetes humeando todav\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adelante, muchachos!, grit\u00f3 el Doctor. No hay que perder un instante, para impedirles que se apoderen de los botes: \u00a1adelante! \u00a1adelante!<\/p>\n<p>Con esta excitativa tan apremiante partimos \u00e1 paso veloz, sumergi\u00e9ndonos, algunas veces, hasta el pecho, en las espesuras de retamas y matorrales de toda clase de yerbas.<\/p>\n<p>Silver, en aquellas circunstancias, demostraba el mayor empe\u00f1o por no separarse de nosotros. Y lo que aquel viejo inv\u00e1lido hizo, abri\u00e9ndose paso por donde nosotros \u00edbamos, saltando fren\u00e9ticamente sobre su muleta hasta hacer casi que se destrozaran los m\u00fasculos de su pecho, todo eso no lo habr\u00eda podido hacer con m\u00e1s energ\u00eda y resoluci\u00f3n un hombre sano. El Doctor fu\u00e9 de la misma opini\u00f3n que yo en este particular. Con todo y eso, cuando llegamos \u00e1 la ceja de la mesa en v\u00eda de descender, el hombre aquel ven\u00eda \u00e1 unas treinta yardas tras de nosotros y su fatiga era tal que parec\u00eda \u00e1 punto de ahogarse.<\/p>\n<p>\u2014Doctor, grit\u00f3: mire Vd. all\u00e1; ya no hay prisa ninguna.<\/p>\n<p>En efecto, no la hab\u00eda. Por un claro bastante grande de la meseta pod\u00edamos divisar \u00e1 los tres fugitivos, corriendo todav\u00eda en la misma direcci\u00f3n en que partieron, esto es, en derechura hacia el Cerro de Mesana. Nosotros est\u00e1bamos ya, \u00e1 aquella hora, entre ellos y los botes, por lo cual todos cuatro nos sentamos para tomar aliento, en tanto que John Silver, enjug\u00e1ndose el rostro, llegaba, ya lentamente, hasta nosotros.<\/p>\n<p>\u2014Doy \u00e1 Vd. las m\u00e1s rendidas gracias, Doctor, dijo. Ha llegado Vd. en el momento cr\u00edtico, \u00e1 lo que creo, para Hawkins y para m\u00ed. \u00a1Hola!, con que Ben Gunn est\u00e1 tambi\u00e9n por aqu\u00ed, \u00bfeh? \u00a1Bien! \u00a1bien! T\u00fa eres un buen chico, \u00e1 no dudarlo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ben Gunn, y muy Ben Gunn!, replic\u00f3 el hombre de la isla, mene\u00e1ndose como una anguila con un embarazo bastante visible.<\/p>\n<p>Y luego, despu\u00e9s de una pausa, a\u00f1adi\u00f3 aquel m\u00edsero <em>aislado<\/em>:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 tal est\u00e1 Vd., Sr. Silver? Muy bien, dir\u00e1 Vd., no es esto; \u00a1pues tanto que me alegro!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00a1Ben, Ben!, murmur\u00f3 Silver. \u00a1Y pensar en la que nos has jugado!<\/p>\n<p>El Doctor envi\u00f3 \u00e1 Gray \u00e1 que recogiera uno de los picos abandonados por los piratas en su precipitada fuga, y en seguida fuimos ya bajando, con todo despacio, hacia el punto en que los botes yac\u00edan amarrados, en cuyo tiempo el mismo Doctor nos refiri\u00f3, en pocas palabras, lo que hab\u00eda pasado. Pero su narraci\u00f3n interes\u00f3 profund\u00edsimamente \u00e1 Silver; sobre todo al ver que, desde el principio hasta el fin, era el \u00fanico h\u00e9roe de ella aquel Ben Gunn, el semi-idiota abandonado hac\u00eda tres a\u00f1os en la isla.<\/p>\n<p>Ben, en sus solitarias y vagabundas excursiones por la isla, hab\u00eda encontrado el esqueleto de Allan y lo hab\u00eda despojado de sus armas y dinero. Despu\u00e9s hab\u00eda encontrado el tesoro; hab\u00eda hecho la excavaci\u00f3n, dejando en ella, por \u00faltimo, su azada rota y ya in\u00fatil; hab\u00eda cargado sobre sus hombros todo el oro, en incontables viajes penos\u00edsimos, desde el pie del gigantesco pino, hasta una gruta que \u00e9l ten\u00eda en la loma de las dos puntas, en el \u00e1ngulo Nordeste de la isla y all\u00ed, por \u00faltimo, lo ten\u00eda todo almacenado, dos meses hac\u00eda, perfectamente \u00e1 salvo.<\/p>\n<p>Cuando el Doctor se hubo hecho due\u00f1o de este secreto, en la tarde del d\u00eda del ataque, y al ver \u00e1 la ma\u00f1ana siguiente desierto el ancladero, no vacil\u00f3 ya en ir \u00e1 ver \u00e1 Silver, darle el mapa que era ya perfectamente in\u00fatil, y cederle todas las provisiones, puesto que la gruta de Ben Gunn estaba abundantemente surtida con carne de cabras monteses y de venados, salada por \u00e9l mismo; sin reservarse, en una palabra, cosa alguna, \u00e1 fin de asegurarse la retirada del reducto hacia la colina de las dos puntas, en donde no hab\u00eda el menor peligro de malaria y se mantendr\u00eda una vigilancia efectiva sobre el tesoro.<\/p>\n<p>\u2014En cuanto \u00e1 t\u00ed, Jim, dijo, la cosa me pod\u00eda mucho; pero yo hice lo que me pareci\u00f3 mejor para los que hab\u00edan permanecido fieles \u00e1 su deber, y si t\u00fa no estabas entre ellos, \u00bfde qui\u00e9n era la culpa?<\/p>\n<p>Pero aquella ma\u00f1ana, comprendiendo que iba yo \u00e1 verme envuelto en el horrible desenga\u00f1o que hab\u00eda preparado para los rebeldes, hab\u00eda corrido hasta llegar \u00e1 la gruta, y, dejando al Caballero para cuidar al Capit\u00e1n, hab\u00eda tra\u00eddo consigo al hombre <em>aislado<\/em> y \u00e1 Gray, y describiendo una diagonal \u00e1 trav\u00e9s de la isla, se preparaba para estar \u00e1 la mano, cerca del gran pino. Pronto vi\u00f3, sin embargo, que los sublevados le llevaban la ventaja, y por tanto Ben Gunn, que ya casi volaba en aquellos terrenos, como se recordar\u00e1, fu\u00e9 despachado \u00e1 vanguardia para que, solo de por s\u00ed, hiciera lo posible por detener el avance de los sublevados. En estas circunstancias fu\u00e9 cuando al hombre de la isla le ocurri\u00f3 prevalerse de la superstici\u00f3n de los piratas, y tuvo tal \u00e9xito en su ensayo que el Doctor y Gray pudieron bien llegar al gran pino y emboscarse cerca de \u00e9l antes de que se presentaran los buscadores del tesoro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, dijo Silver. Por lo visto ha sido para m\u00ed una gran fortuna el tener \u00e1 Jim conmigo. \u00c1 no ser por \u00e9l, hubieran Vds. dejado hacer picadillo al pobre viejo John, sin consagrarle un pensamiento siquiera, \u00bfno es verdad?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ni un pensamiento!, dijo el Doctor jovialmente.<\/p>\n<p>\u00c1 este tiempo ya hab\u00edamos llegado \u00e1 los botes. El Doctor, sirvi\u00e9ndose del pico destruy\u00f3 uno de ellos, y luego todos nos pusimos \u00e1 bordo en el restante y nos arreglamos para ir rodeando por mar hasta la Bah\u00eda del Norte.<\/p>\n<p>Era aquel un viaje de unas ocho \u00f3 nueve millas. Silver, aunque casi muerto de fatiga, fu\u00e9 asignado \u00e1 uno de los remos como todos nosotros, y muy pronto ya iba nuestro esquife desliz\u00e1ndose ligero sobre un mar terso y favorable. Antes de mucho ya hab\u00edamos pasado el estrecho, doblamos la punta Sudeste de la isla, en torno de la cual, cuatro d\u00edas antes, hab\u00edamos remolcado tan penosamente <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando pasamos frente \u00e1 la colina de los dos picos, pudimos ver la negra boca de la gruta de Ben Gunn y una figura humana, de pie, cerca de ella, recarg\u00e1ndose sobre un fusil. Era el Caballero, \u00e1 quien saludamos ondeando nuestros pa\u00f1uelos y lanzando tres hurras en los cuales la voz de Silver se uni\u00f3 tan calurosamente como la de cualquiera de nosotros.<\/p>\n<p>Tres millas m\u00e1s lejos y muy cerca de la entrada de la Bah\u00eda del Norte, \u00bfqu\u00e9 otra cosa hab\u00edamos de encontrar sino <em>La Espa\u00f1ola<\/em> navegando sola? La \u00faltima creciente la hab\u00eda levantado de la posici\u00f3n en que la dej\u00e9, y si hubiera dado la casualidad de que soplase un viento fuerte, \u00f3 que la marea hubiese engendrado una corriente en\u00e9rgica como suced\u00eda en el ancladero Sur, es seguro que jam\u00e1s la habr\u00edamos vuelto \u00e1 ver \u00f3 la hubi\u00e9ramos encontrado encallada en alg\u00fan arrecife fuera de toda probabilidad de ponerla de nuevo \u00e1 flote. Tal como se nos presentaba, hab\u00eda muy poco que reparar y componer, excepto el destrozo de la vela mayor. Alist\u00f3se una nueva ancla y la tiramos \u00e1 braza y media de agua y en seguida todos volvimos al bote remando hacia la \u201cCaleta del Rom,\u201d que era el abrigo m\u00e1s pr\u00f3ximo \u00e1 la gruta del tesoro de Ben Gunn. Gray, sin nadie m\u00e1s que lo acompa\u00f1ara, fu\u00e9 despachado de nuevo en el esquife hasta <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, \u00e1 fin de que pasara en ella la noche en guardia.<\/p>\n<p>Un ligero declive llevaba desde la playa de la caleta hasta la entrada de la cueva. En la parte m\u00e1s alta el Caballero sali\u00f3 \u00e1 nuestro encuentro. Cordial y amable fu\u00e9 conmigo, omitiendo toda referencia \u00e1 mi escapatoria, lo mismo para alabarla que para condenarla. Al recibir el saludo cort\u00e9s de Silver, se puso encendido y dijo as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014John Silver, es Vd. el m\u00e1s prodigioso villano \u00e9 impostor que jam\u00e1s vivi\u00f3 sobre la tierra&#8230; un impostor monstruoso, s\u00ed se\u00f1or. Se me ha dicho que debo renunciar \u00e1 perseguir \u00e1 Vd. ante los tribunales. En hora buena: no lo har\u00e9. Pero eso no impedir\u00e1 que todos esos hombres que han perecido pesen al cuello de Vd. como piedras de molino.<\/p>\n<p>\u2014Gracias de nuevo, gracias muy cordiales, se\u00f1or, exclam\u00f3 Silver saludando otra vez.<\/p>\n<p>\u2014Le desaf\u00edo \u00e1 Vd. \u00e1 que vuelva \u00e1 pronunciar esas palabras, dijo con vehemencia el Caballero. He all\u00ed una irrisi\u00f3n de mi deber. \u00a1Qu\u00e9dese Vd. detr\u00e1s de todos!<\/p>\n<p>Dicho esto entramos todos \u00e1 la gruta. Era esta una gran estancia bien ventilada, con una fuentecilla y una represa peque\u00f1a de agua clara circundada de helechos. El piso estaba enarenado. Ante un grande y confortable fuego yac\u00eda el Capit\u00e1n Smollet, y en un rinc\u00f3n m\u00e1s apartado, mal iluminado por los resplandores obl\u00edcuos de la hoguera, advert\u00ed un gran mont\u00f3n de monedas y un cuadril\u00e1tero formado con barras de oro. Aquel era el tesoro de Flint que desde tan lejos hab\u00edamos venido \u00e1 buscar y que, \u00e1 aquellas horas, hab\u00eda costado ya las vidas de diez y siete de los tripulantes de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>. \u00bfCu\u00e1ntas m\u00e1s habr\u00eda costado el reunirlo, cu\u00e1nta sangre vertida, cu\u00e1ntos amargos duelos ocasionados, cu\u00e1ntos buques arrojados al fondo inmenso del oc\u00e9ano, cuantos hombres haciendo con los ojos vendados el horrible \u201cpaseo de la tabla,\u201d cuantos ca\u00f1onazos disparados, cuanta mentira, cuanto enga\u00f1o, y cuantas crueldades?&#8230; He aqu\u00ed una cosa imposible de inquirir. Y sin embargo, all\u00ed mismo, en aquella isla, andaban a\u00fan tres hombres que hab\u00edan tenido su participaci\u00f3n en aquellos cr\u00edmenes: Silver, el viejo Morgan y Ben Gunn; y cada uno de ellos hab\u00eda esperado en vano tener su participaci\u00f3n en la recompensa.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, Jim, d\u00edjome el Capit\u00e1n. T\u00fa eres un buen muchacho en tu clase; pero no creo que t\u00fa y yo volveremos juntos \u00e1 la mar de nuevo. Eres demasiado lo que se llama un ni\u00f1o mimado para que pudieras ir bajo mis \u00f3rdenes por mucho tiempo, \u00bfEs Vd., John Silver? \u00bfQu\u00e9 vientos lo arrojan \u00e1 Vd. por ac\u00e1, amigo?<\/p>\n<p>\u2014Vuelvo \u00e1 mis obligaciones, se\u00f1or, contest\u00f3 Silver.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah!, dijo el Capit\u00e1n, y no a\u00f1adi\u00f3 una palabra m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00a1Dios m\u00edo! \u00a1y qu\u00e9 cena que tuve aquella noche, junto \u00e1 todos mis amigos, con las carnes saladas por Ben Gunn y golosinas exquisitas tra\u00eddas de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, con m\u00e1s una botella de magn\u00edfico vino! Estoy seguro de que jam\u00e1s hubo sobre la tierra gentes m\u00e1s alegres y felices. Y con nosotros estaba all\u00ed Silver, sentado detr\u00e1s de nuestro grupo, casi fuera del radio de luz de la hoguera, pero comiendo con gran apetito, listo para levantarse y servir algo que hiciera falta y hasta uni\u00e9ndose \u00e1 nuestras risas de una manera poco ruidosa; en una palabra, el mismo hombre obsequioso, comedido y agradable que sali\u00f3 con nosotros de Br\u00edstol.<\/p>\n<h2>CAP\u00cdTULO XXXIV. SE CUENTA EL FIN DE ESTA VERDADERA HISTORIA<\/h2>\n<p>\u00c1 LOS primeros albores de la ma\u00f1ana siguiente ya todos est\u00e1bamos en movimiento y \u00e1 la obra, porque lo cierto es que no era trabajo tan sencillo el trasporte de toda aquella masa de oro por cerca de una milla, en tierra, y por tres millas, en el bote, hasta llegar \u00e1 <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, siendo como \u00e9ramos tan escaso en n\u00famero los operarios. Los tres rebeldes escapados la v\u00edspera y que forzosamente permanec\u00edan a\u00fan en la isla, no nos dieron ning\u00fan quehacer. Pusimos un centinela en el declive de la loma para evitarnos una sorpresa, y por lo dem\u00e1s, nos tranquilizaba la idea de que ya no deber\u00edan tener mucha gana de pelear despu\u00e9s de los sucesos de cuatro d\u00edas infructuosos para ellos.<\/p>\n<p>Con esta creencia, la obra del trasporte fu\u00e9 activada vigorosamente. Gray y Ben Gunn iban y ven\u00edan con el bote, mientras los restantes, durante sus ausencias apilaban oro en la playa. Dos de aquellas barras atadas con un cabo de cuerda hac\u00edan una carga suficiente para un hombre formal, y puede cre\u00e9rseme que todos se sent\u00edan contentos hasta no poder m\u00e1s de ir marchando lentamente con semejante carga. Por lo que hace \u00e1 m\u00ed, como no les era muy \u00fatil para el acarreo, me ocuparon todo el d\u00eda en la gruta en empacar las monedas en cajas y sacos que se hab\u00edan tra\u00eddo exprofeso para el objeto en <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>Como en la talega de Billy Bones, hab\u00eda all\u00ed la m\u00e1s extra\u00f1a colecci\u00f3n de monedas, s\u00f3lo que en cantidad infinitamente superior, por de contado, y en mucha mayor variedad, al grado de que no creo haber gozado m\u00e1s en mi vida que al separarlas y arreglarlas. Monedas francesas, inglesas, espa\u00f1olas, portuguesas, Jorges y Luises, doblones y dobles guineas, moidores y zequ\u00edes, con los retratos de todos los soberanos de Europa, lo menos por un siglo; y extra\u00f1as piezas orientales marcadas con lo que me parec\u00eda haces de cuerdas \u00f3 trocitos de telara\u00f1as, piezas circulares, y otras agujereadas como si se las hubiera destinado \u00e1 llevarse al cuello \u00e1 guisa de collar; casi todas las variedades de moneda conocida, en una palabra, ten\u00edan sus representantes en aquella colecci\u00f3n. En cuanto al n\u00famero, tengo por cierto que eran tan incontables como las hojas que el oto\u00f1o esparce; de tal suerte que la espalda me dol\u00eda ya terriblemente de tanto estar inclinado y las u\u00f1as me punzaban con el trabajo de la separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un d\u00eda y otro d\u00eda repet\u00edamos el mismo trabajo y \u00e1 la llegada de cada noche una verdadera fortuna se hab\u00eda llevado \u00e1 bordo de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>, en tanto que otra fortuna m\u00e1s quedaba a\u00fan esperando para el d\u00eda siguiente. En cuanto \u00e1 los tres rebeldes sobrevivientes, para nada nos molestaron.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo\u2014y creo que esto fu\u00e9 la tercera noche\u2014el Doctor y yo vag\u00e1bamos por el declive de la loma en el punto en que pueden dominarse desde ella todas las partes bajas de la isla, cuando en medio de la oscuridad de la noche el viento trajo hasta nosotros un rumor entre ahullido y canto. Fu\u00e9 una mera r\u00e1faga lo que lleg\u00f3 \u00e1 nuestros o\u00eddos y luego se restableci\u00f3 de nuevo el silencio.<\/p>\n<p>\u2014Dios los tenga de su mano, dijo el Doctor; esos son los rebeldes.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Borrachos, s\u00ed se\u00f1or!, a\u00f1adi\u00f3 la voz de Silver tras de nosotros.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed es la oportunidad de decir que \u00e1 Silver se le hab\u00eda dejado el pleno goce de su libertad y que, \u00e1 pesar de que tuvo que sufrir diarios y constantes desaires, parec\u00eda \u00e9l considerarse, una vez m\u00e1s, como un dependiente querido y privilegiado. Lo cierto es que era de admirar la prudencia con que sobrellevaba todas sus humillaciones y la invariable urbanidad con que trataba de congraciarse con todos. Sin embargo, tengo entendido que nadie lo trat\u00f3 mejor que si hubiese sido un perro; \u00e1 no ser Ben Gunn, que continuaba sintiendo un terror p\u00e1nico por su antiguo contramaestre, y yo que, en realidad, ten\u00eda algo que agradecerle, si bien es cierto que aun en esto pod\u00eda yo haberme sentido tan predispuesto como otro cualquiera en contra suya, puesto que recordaba muy bien haberle visto meditando en la meseta una nueva traici\u00f3n en contra m\u00eda. En virtud de esto, no fu\u00e9 sino muy \u00e1speramente que el Doctor le respondiera:<\/p>\n<p>\u2014Borrachos \u00f3 delirando, \u00bfqu\u00e9 sabe Vd.?<\/p>\n<p>\u2014Tiene Vd. raz\u00f3n que le sobra, replic\u00f3 John. Pero ll\u00e9veme el diablo si ni \u00e1 m\u00ed ni \u00e1 Vd. nos importa que sea lo uno \u00f3 lo otro.<\/p>\n<p>\u2014No creo que tenga Vd. muchas pretensiones \u00e1 ser considerado un miembro real de la humanidad, dijo el Doctor, con una mirada de desprecio para su interlocutor; por lo mismo, Maese Silver, es muy probable que mis sentimientos le sorprendan \u00e1 Vd.; pero si yo tuviera la certeza moral de que los tres est\u00e1n delirando, como la tengo de que uno, por lo menos, debe estar postrado por la fiebre, crea Vd. que dejar\u00eda al punto este campo y \u00e1 riesgo de mi propio pellejo, ir\u00eda \u00e1 llevarles los auxilios de mi profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Vd. me perdonar\u00e1 mucho, se\u00f1or, si le digo que ese ser\u00eda un gran error, a\u00f1adi\u00f3 Silver. Vd. perder\u00eda con toda certeza su preciosa vida y no le quepa \u00e1 Vd. duda de ello. Yo estoy ahora en las filas de Vds., en cuerpo y alma, y no consentir\u00eda yo jam\u00e1s en que se debilitara nuestra fuerza, dejando \u00e1 Vd. ir solo, \u00e1 Vd. \u00e1 quien muy bien s\u00e9 todo lo que debo. Adem\u00e1s, aquellos hombres no sabr\u00edan nunca mantener su palabra, aun suponiendo que se lo propusieran, y\u2014lo que es peor todav\u00eda\u2014nunca podr\u00edan tener fe en la promesa de un hombre de honor como Vd.<\/p>\n<p>\u2014Es verdad, dijo el Doctor; pero, en cuanto \u00e1 hombres que cumplen su palabra, all\u00ed est\u00e1 Vd. que se pinta solo para ello.<\/p>\n<p>Ahora bien, aquellas fueron casi las \u00faltimas noticias que tuvimos de los tres piratas. S\u00f3lo una vez o\u00edmos un disparo lejano, y supusimos que andar\u00edan cazando. Celebramos, \u00e1 prop\u00f3sito de ellos, consejo de guerra, y se les sentenci\u00f3 \u00e1 ser abandonados en la isla, con indecible regocijo de Ben Gunn y con la m\u00e1s cordial aprobaci\u00f3n de Gray. Les dejamos un abundante surtido de p\u00f3lvora y balas, todas las provisiones de carne salada por Ben, algunas medicinas, ropa, una peque\u00f1a vela, algunas brazas de cuerda, aperos de labranza y otros muchos \u00fatiles y, por deseo expreso del Doctor, una buena cantidad de tabaco como el mejor regalo, seg\u00fan \u00e9l.<\/p>\n<p>Esto fu\u00e9 casi ya lo \u00faltimo que hicimos en la Isla del Tesoro. Antes de esto ya hab\u00edamos embarcado cuidadosamente todo el oro, lo mismo que agua en abundancia, y v\u00edveres de sobra para el caso de alg\u00fan accidente, por lo cual, en una ma\u00f1ana, por cierto muy hermosa, levamos el ancla, que era todo lo que nos restaba que hacer; y levantando al tope de nuestro palo mayor la misma bandera que izara el Capit\u00e1n en la empalizada y bajo la cual peleamos, salimos mansamente afuera de la Bah\u00eda del Norte.<\/p>\n<p>Los tres rebeldes deben haber estado \u00e1 la mira de nuestros movimientos m\u00e1s cerca de lo que nosotros cre\u00edamos. Comprob\u00f3 este aserto el hecho de que, al cruzar el estrecho que da paso al mar abierto, tuvimos que ir casi costeando la punta Sur y all\u00ed los divisamos \u00e1 todos tres en una peque\u00f1a eminencia de arena, arrodillados, y tendi\u00e9ndonos los brazos con aire suplicante. Lo que hac\u00edamos era muy en contra de nuestros sentimientos, dej\u00e1ndolos en aquella isla salvaje y abandonada; pero era imposible exponernos \u00e1 los riesgos de un nuevo mot\u00edn \u00e1 bordo, y llevarlos \u00e1 bordo para entregarlos al verdugo en Inglaterra hubiera sido una compasi\u00f3n de una especie enteramente cruel. El Doctor les di\u00f3 voces avis\u00e1ndoles de las provisiones de todo g\u00e9nero que les dej\u00e1bamos y el punto en donde podr\u00edan encontrarlas. Empero ellos continuaban llam\u00e1ndonos \u00e1 todos por nuestros nombres con unos gritos que part\u00edan el coraz\u00f3n, y pidi\u00e9ndonos que por el amor de Dios no los conden\u00e1ramos \u00e1 morir en semejante paraje.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, viendo que el buque segu\u00eda inflexiblemente su marcha y se iba ya poniendo fuera del alcance de la voz, uno de ellos, que bien s\u00e9 cual fu\u00e9, se puso en pie de un salto lanzando un grito ronco, apoy\u00f3 el mosquete en su hombro, apunt\u00f3 \u00e9 hizo fuego, lanzando una bala que pas\u00f3 casi rozando la cabeza de Silver y perfor\u00f3 la vela mayor.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto nos pusimos \u00e1 cubierto tras la balaustrada de cubierta, y cuando, alg\u00fan rato despu\u00e9s, saqu\u00e9 la cabeza para verlos, hab\u00edan ya desaparecido de sobre la eminencia de arena, y la eminencia misma se fu\u00e9 perdiendo poco \u00e1 poco en la bruma de la distancia. Aquel fu\u00e9, en realidad, el fin del drama representado en la Isla del Tesoro; y como \u00e1 eso de mediod\u00eda, con indecible regocijo de mi \u00e1nima, la punta m\u00e1s elevada, la del \u201cVig\u00eda,\u201d se sumerg\u00eda, por fin, en la azul inmensidad del oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>Nuestra tripulaci\u00f3n era tan escasa que cada uno de nosotros ten\u00eda precisi\u00f3n de prestar su ayuda personal \u00e1 la maniobra, excepto el Capit\u00e1n que tendido \u00e1 popa sobre un colch\u00f3n, daba sus \u00f3rdenes con toda propiedad, pues aunque ya muy mejorado de su grave herida, ten\u00eda a\u00fan que guardar una inmovilidad casi absoluta.<\/p>\n<p>Hicimos proa \u00e1 uno de los puertos m\u00e1s inmediatos de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola, porque no nos era posible arriesgarnos \u00e1 hacer todo el viaje sin tripulantes de refresco, pues aun en aquella corta traves\u00eda nos bast\u00f3 tener uno \u00f3 dos d\u00edas de malos vientos y unas dos fugadas recias para que casi todos qued\u00e1ramos, como quien dice, fuera de combate.<\/p>\n<p>Era precisamente la puesta del sol, cuando tiramos el ancla en un precioso golfo admirablemente protegido, y al punto nos vimos rodeados por lanchones de ind\u00edgenas y negros y mestizos que vend\u00edan frutas y legumbres de toda especie y ofreci\u00e9ndonos bucear, para divertirnos, por recompensas verdaderamente miserables. La vista de tantos rostros placenteros y amigables, especialmente los de los negros; el gustar las deliciosas frutas tropicales y, sobre todo, las luces que comenzaban \u00e1 brillar en la poblaci\u00f3n en calles, puertas y ventanas, me hac\u00edan sentir la inmensidad del contraste m\u00e1s grato con nuestra sangrienta estancia en la isla. El Doctor y el Caballero, llev\u00e1ndome consigo, bajaron \u00e1 tierra con el \u00e1nimo de pasar en ella las primeras horas de la noche. Pero una vez all\u00ed encontraron al Capit\u00e1n de un buque de guerra ingl\u00e9s anclado en la bah\u00eda, entraron en conversaci\u00f3n con \u00e9l, fueron \u00e1 bordo de su nav\u00edo y, en una palabra, se divirtieron tanto y tan bien que ser\u00eda como el amanecer del d\u00eda siguiente cuando volvimos \u00e1 bordo de <em>La Espa\u00f1ola<\/em>.<\/p>\n<p>Ben Gunn estaba solo sobre cubierta y, no bien hubimos entrado \u00e1 bordo, cuando comenz\u00f3 con las m\u00e1s estramb\u00f3ticas contorsiones \u00e1 hacernos una confesi\u00f3n. Silver se hab\u00eda marchado. El hombre de la isla hab\u00eda favorecido su escape en un lanch\u00f3n costanero, hac\u00eda algunas horas, y ahora nos aseguraba que lo hab\u00eda hecho as\u00ed con el solo \u00e1nimo de salvar nuestras vidas, que de seguro habr\u00edan corrido riesgo inmenso si aquel \u201cmarino de una sola pierna\u201d hubiera seguido \u00e1 bordo. Pero no era eso todo. El cocinero no se hab\u00eda marchado con las manos vac\u00edas. Hab\u00eda hecho un agujero disimuladamente y se hab\u00eda sacado uno de los sacos que conten\u00edan unas quinientas guineas, para ayudarse seguramente en sus correr\u00edas posteriores. Creo, de veras, que todos nos sentimos archisatisfechos de vernos libres de \u00e9l \u00e1 tan poca costa.<\/p>\n<p>Ahora bien, para abreviar lo que a\u00fan queda por referir, dir\u00e9 que contratamos all\u00ed algunos nuevos y honrados marinos para completar nuestra tripulaci\u00f3n; que hicimos una traves\u00eda feliz, y que <em>La Espa\u00f1ola<\/em> tir\u00f3 el ancla en Br\u00edstol, precisamente en momentos en que ya el Sr. Blandy comenzaba \u00e1 pensar en la precisi\u00f3n de enviar otro buque en busca nuestra. S\u00f3lo cinco de las personas que hab\u00edan partido en la goleta volv\u00edan en ella,<\/p>\n<p>\u201c<em>El diablo y la bebida hicieron, todo el resto,<\/em>\u201d<\/p>\n<p>con la a\u00f1adidura de una venganza. Sin embargo, \u00e1 no caber la menor duda, nuestra condici\u00f3n no era tan mala, ni con mucho, como la de aquel nav\u00edo del que dec\u00eda la canci\u00f3n que<\/p>\n<p>\u201c<em>No torn\u00f3 \u00e1 bordo sino un hombre vivo,<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando eran, al zarpar, setenta y cinco.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>Todos nosotros recibimos una porci\u00f3n considerable del tesoro, y la usamos, ya cuerda, ya tontamente, seg\u00fan nuestras respectivas inclinaciones. El Capit\u00e1n Smollet vive ahora retirado ya del mar, en una posici\u00f3n c\u00f3moda y desahogada; Gray, no solo guard\u00f3 su dinero, sino que sintiendo el deseo vivo de acrecerlo, estudi\u00f3 cuidadosamente su profesi\u00f3n, y ahora es piloto y propietario, en parte, de un grande y magn\u00edfico buque mercante. Adem\u00e1s, se ha casado, y es padre de una familia enteramente dichosa. En cuanto \u00e1 Ben Gunn, le tocaron cinco mil libras, que dilapid\u00f3 con una prontitud asombrosa, encontr\u00e1ndose, al cabo de pocas semanas, pidiendo limosna para vivir. Entonces se le di\u00f3 precisamente lo que \u00e9l tanto repugnaba en la isla; esto es, la conserjer\u00eda de una casa, en la cual vive \u00e1 estas horas siendo el gran favorito de todos los chicuelos de la vecindad \u00e1 quienes embelesa con la narraci\u00f3n de sus haza\u00f1as y aventuras. Por lo dem\u00e1s, su piadosa costumbre de orar los domingos en el agreste cementerio de la isla, le ha conducido \u00e1 ser ahora un excelente cantor en la iglesia, lo mismo los domingos que en las fiestas de los grandes santos.<\/p>\n<p>De Silver jam\u00e1s volvimos \u00e1 saber ni una palabra. Aquel formidable \u201cmarino de una sola pierna,\u201d hab\u00eda, por fin, desaparecido del escenario de mi vida. Pero no ser\u00eda extra\u00f1o que al cabo se hubiese reunido con su mulata y tal vez \u00e1 la hora de esta vive a\u00fan c\u00f3modamente con ella y en la inseparable sociedad de su loro. Quiero creerlo as\u00ed, porque si en esta vida no le es dable gozar algo, lo que es en la otra, mucho me temo que no le espere cosa alguna que sea de envidiarse.<\/p>\n<p>La gran barra de plata y las armas a\u00fan permanecen, \u00e1 lo que me figuro, en el mismo lugar en que el terrible pirata las sepultara, y permanecer\u00e1n all\u00ed ciertamente hasta que yo vaya por ellas. Empero ni monjas y frailes descalzos me persuadir\u00e1n \u00e1 que vaya de nuevo \u00e1 aquel maldito lugar. Cr\u00e9aseme que las m\u00e1s siniestras pesadillas que suelen a\u00fan turbar el reposo de mis tranquilas noches, son aquellas en que me veo trasportado \u00e1 la Isla del Tesoro, y oigo el sordo mugido de la mar estrell\u00e1ndose en sus escarpadas costas, hasta que me despierto sudoroso sobre mi lecho tan luego como la pesadilla me hace oir la voz aguda y penetrante de <em>Capit\u00e1n Flint<\/em>, gritando desesperadamente: \u201c\u00a1Piezas de \u00e1 ocho! \u00a1Piezas de \u00e1 ocho! \u00a1Piezas de \u00e1 ocho!\u201d<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This is the Spanish version of the Treasure Island del escritor Robert Louis Stevenson. and although this is the English version of Korespa we do not lose sight of the fact that the reason for Korespa is the world of Spanish, that is why we show this version of the book here. 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